El anuncio de la reapertura de Ormuz y la tregua en Líbano sirven de palanca a una segunda ronda de diálogo de EE.UU. e Irán
Unas doce horas después de la entrada en vigor del alto el fuego en Líbano, Irán anunciaba la reapertura “completa” del estrecho de Ormuz. Ambos desarrollos fueron bienvenidos por la comunidad internacional y por los mercados y apuntan a que empiezan a desatascarse algunas de las cuestiones clave que estaban dificultando un acuerdo más amplio para poner fin al conflicto entre Estados Unidos e Irán iniciado por Washington.
“Lo que estamos viendo no es tanto un gran avance repentino, sino un proceso de desescalada muy cuidadosamente pensado y coreografiado”, dijo a elDiario.es Samuele C. Abrami, investigador principal del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB).
“Trump insiste en que no hay ninguna conexión entre el frente Libanés y esta decisión sobre Ormuz, pero cuesta creerlo. Más bien, parece una secuencia pactada y bien pensada: Primero desactivar el frente libanés, segundo permitir la navegación por Ormuz —que también estaba causando problemas con los aliados en Europa— y, por último, avanzar hacia un acuerdo marco entre Washington y Teherán”, explicó Abrami.
“Ormuz funciona más como una palanca diplomática que como una concesión definitiva. EE.UU. puede venderlo como un éxito de su presión militar y económica, mientras Irán mantiene de verdad la capacidad de cerrar el grifo si las negociaciones se estancan”, señaló el experto. “Todavía no está sobre la mesa el acuerdo final, sino un marco negociador que podría cristalizar en un pacto provisional seguido de un periodo de 30 a 60 días para cerrarlo del todo. Y ese es especialmente el momento más vulnerable de todo el proceso”.
El analista alertó del posible papel de Israel. “Si se repiten dinámicas pasadas, Israel intentará torpedear cualquier acuerdo. Si Trump quiere llegar hasta el final, el gran test no será Irán, sino su capacidad de contener a Netanyahu”, dijo. “El hecho de que Israel haya aceptado esta tregua sugiere una presión directa de Washington más elevada de lo visto hasta ahora y probablemente vinculada con el relanzamiento del canal diplomático con Irán”, añadió el experto, que aclaró que es importante matizar que Irán no ha reabierto el estrecho sin condiciones: “Es una señal de buena voluntad, pero sin renunciar al principal elemento de presión que tiene Irán”.
El ministro de Exteriores iraní, Abás Araghchi, vinculó la tregua en Líbano con la reapertura de Ormuz. “En línea con el alto el fuego en Líbano, el paso de todos los buques comerciales a través de Ormuz está completamente abierto para el resto del periodo del alto el fuego”, escribió en X, sin especificar si se refiere al alto el fuego con EE.UU., que expira el próximo martes, o el de diez días que comenzó el jueves a medianoche. En cualquier caso, la noticia fue bien recibida, con el precio del barril de petróleo Brent, de referencia en Europa, que se ha desplomado más de un 10% después del anuncio.
Irán afirmó durante la guerra que el estrecho está abierto a buques “no hostiles” y algunos expertos se toman las declaraciones del ministro iraní con cautela y creen que no equivale a una plena libertad de navegación. Aragchi especifica en su tuit que el estrecho estará abierto a los barcos que utilicen una ruta que discurre cerca de la costa iraní.
Según indicó una fuente iraní a Reuters, todos los planes de los buques comerciales para navegar por el estrecho de Ormuz deben coordinarse con la Guardia Revolucionaria iraní. El tránsito se restringiría a las rutas que Irán considera seguras, y añadió que los buques militares siguen teniendo prohibido cruzar el estrecho.
El presidente Donald Trump –que llegó a amenazar con destruir Irán si el país no reabría la estratégica vía marítima– celebró la reapertura, afirmando que el estrecho ya no va a ser usado como “un arma contra el mundo”, pero dijo que mantendrá el bloqueo naval impuesto a principios de la semana hasta que no haya un acuerdo definitivo con Teherán. El mandatario se mostró optimista respecto a las negociaciones con Irán, que continuaron esta semana con la mediación discreta de Pakistán, que está intentando limar las principales diferencias entre los dos enemigos antes de que expire la tregua de dos semanas. “Este proceso debería ser muy rápido ya que la mayoría de los puntos han sido negociados”, aseguró Trump en su red Truth Social.
En este sentido, el medio estadounidense Axios informó de que EE.UU. e Irán están negociando sobre un plan para acabar la guerra que incluye una cláusula mediante la cual EE.UU. entregaría 20.000 millones de dólares congelados a Irán a cambio de que Teherán entregue sus reservas de uranio enriquecido.
“Un acuerdo razonable es mejor que una vuelta a la guerra y yo lo apoyaré, pero recordemos que esto es un fracaso colosal para Trump y los intereses de EE.UU.”, señaló en redes Ilan Goldenberg, vicepresidente del grupo J Street, organización proisraelí que defiende una solución de dos Estados con un Israel democrático. Goldenberg fue asesor de Kamala Harris y formó parte del equipo negociador del secretario de Estado de Obama John Kerry.
Parece una secuencia pactada y bien pensada: Primero desactivar el frente libanés, segundo permitir la navegación por Ormuz —que también estaba causando problemas con los aliados en Europa— y, por último, avanzar hacia un acuerdo marco entre Washington y Teherán
“Podríamos haber alcanzado este acuerdo o uno similar antes de la guerra sin la muerte y la destrucción en todo Oriente Medio; los daños masivos sufridos por los aliados y socios de EE.UU. y las relaciones internacionales; el enorme despliegue de recursos militares, cuya recuperación llevará años; y el grave perjuicio causado a la economía mundial”, señaló. “Si Trump no se hubiera retirado del acuerdo nuclear, probablemente estaríamos ahora mismo en medio de las negociaciones para prorrogar elementos fundamentales y alcanzar acuerdos posteriores, pero desde una posición mucho más sólida”.
Los mediadores paquistaníes dijeron que aún no hay fecha para una segunda ronda de conversaciones, después del fracaso de la primera celebrada el pasado sábado en Islamabad, pero se mostraron esperanzados respecto a la posibilidad de que las negociaciones lleven a un principio de entendimiento antes de que termine el alto el fuego o que este pueda extenderse para seguir negociando. Uno de los principales puntos de fricción en las conversaciones era la insistencia de Israel en continuar e, incluso, incrementar sus ataques contra Líbano después de la entrada en vigor del acuerdo entre EE.UU. e Irán, pero ese foco de tensión ha quedado desactivado, de momento.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, dio la bienvenida al acuerdo alcanzado entre Líbano e Israel, “a través de los audaces y sagaces esfuerzos diplomáticos liderados por el presidente Donald Trump”, tal y como escribió en X, expresando su deseo de que la tregua en Líbano “allane el camino para una paz sostenible” en todo Oriente Medio. Los dos escenarios del conflicto, Irán y Líbano, están interconectados por las dinámicas entre los actores regionales y por un elemento común: Israel ha lanzado sendas ofensivas contra el régimen de Teherán y el grupo chií libanés Hizbulá al considerarlos parte de una misma “amenaza existencial” contra el Estado judío.
También los líderes europeos dieron la bienvenida al alto el fuego en Líbano y al anuncio de Irán, pero pidieron que la apertura de Ormuz sea permanente y que el paso por el estrecho sea seguro. “Todo esto va en la dirección correcta”, afirmó el presidente francés, Emmanuel Macron, en una rueda de prensa con el primer ministro británico, Keir Starmer, en París. Ambos lanzaron una iniciativa para crear una misión internacional que asegure la navegación por Ormuz, aunque no dieron mucha información ni de los países que van a participar ni de cómo lo harán. En la reunión participaron los mandatarios de Italia y Alemania, quienes señalaron que sus países podrían contribuir con el desminado del estrecho. Los detalles militares se decidirán en una segunda reunión la próxima semana en Londres, según Starmer, aunque todos los Gobiernos involucrados dejaron claro que será una misión “defensiva” y la primera ministra Giorgia Meloni la comparó a la misión Atalanta de la Unión Europea contra la piratería.
“No todo el mundo en Irán está de acuerdo. La reapertura de Ormuz parece haber sorprendido a algunos sectores de la élite política, lo que ha desencadenado críticas por parte de los partidarios de la línea dura”, señaló el analista Hamidreza Azizi.
El frente libanés es clave
Trump quiso dejar claro que un acuerdo con Irán no depende de Líbano, al mismo tiempo que admitió que EE.UU. prohibió a Israel bombardear Líbano. El jueves fue evidente que fue el republicano quien obligó a Israel a aceptar un alto el fuego en Líbano, pero el acuerdo mediado por Washington es favorable a su aliado y deja la puerta abierta a que Israel pueda tomar “todas las medidas necesarias en legítima defensa”. El texto no exige tampoco la retirada de las fuerzas israelíes del territorio libanés, que invadieron de nuevo el pasado mes de marzo cuando lanzaron una renovada ofensiva a gran escala contra el país vecino.
Ormuz funciona más como una palanca diplomática que como una concesión definitiva. EEUU puede venderlo como un éxito de su presión militar y económica, mientras Irán mantiene de verdad la capacidad de cerrar el grifo si las negociaciones se estancan
De momento, Israel aseguró que no retirará esas tropas, que penetraron varios kilómetros en el sur de Líbano y ordenaron la evacuación de toda la población de una amplia área que representa alrededor del 10% de la superficie del país árabe. Se calcula que unos 600.000 residentes abandonaron sus hogares en el sur y este viernes muchos regresaron tras la entrada en vigor de la tregua, a pesar de que el Ejército israelí advirtió de que no lo hicieran. Sin embargo, no son pocos los que se encontraron sus hogares destruidos, bien por los bombardeos israelíes o por las explosiones controladas y excavadoras de las tropas, que empezaron a vaciar y destruir las localidades más próximas a la frontera para crear una “zona de seguridad”. De hecho, un dron israelí asesinó a una persona este viernes, primer día de la tregua.
“La guerra en el Líbano ha sido una catástrofe para el pueblo libanés y ha amenazado con socavar la diplomacia para poner fin al conflicto. En este contexto, un alto el fuego representa un respiro urgentemente necesario para los libaneses y un paso indispensable para el éxito de esos esfuerzos diplomáticos”, señaló Michael Hanna, director del programa de EE.UU. del centro de análisis International Crisis Group. El experto escribe que también es una demostración “de la influencia y el poder de negociación que el presidente Trump puede ejercer sobre Israel cuando así lo decide”.
Hanna consideró que “un alto el fuego garantiza, por el momento, que los desafíos de Líbano no determinen los próximos pasos en los ya complejos esfuerzos por convertir la [actual] desescalada en el final definitivo de la guerra regional”.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago, Robert A. Pape, va más allá en su análisis de cómo el alto el fuego en Líbano es clave para entender el desarrollo de los acontecimiento en Oriente Medio: “La tregua de Israel-Líbano no es sólo un alto el fuego. Es una señal para el futuro. Por primera vez en décadas, Estados Unidos está limitando militarmente a Israel en medio de una guerra. Eso no sucede sin un cambio importante en el equilibrio de poder”, afirmó en X. Según el experto, Irán ha empleado su capacidad de presionar, a través del control de Ormuz, para exigir el fin de la ofensiva israelí en Líbano, obligando a EE.UU. a acatar sus exigencias. “Irán se está consolidando como el cuarto centro de poder mundial, junto a Estados Unidos, China y Rusia. No por su mayor poderío militar, sino por su capacidad para influir en las decisiones de la cúpula del sistema”, aseguró y agregó: “Esto hubiera sido impensable antes de esta guerra”.
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