Las presidenciales de octubre

El ausentismo, un desafío que crece para las elecciones en Brasil

El ausentismo, una preocupación que crece en Brasil

El interés ciudadano en las elecciones presidenciales tiene una forma concreta de medida, analizada en el contexto de la historia reciente: es la evolución de la cantidad de personas que deciden abstenerse más aquellos que votan en blanco, como porcentaje del total empadronado. Los últimos comicios en Brasil, que dieron la victoria a Jair Bolsonaro hace poco menos de 4 años, revelan comparativamente con procesos electivos anteriores, una fuerte tendencia a la abstención. La porción de quienes decidieron faltar trepó de 17% en 2006 a 22% en octubre de 2018. Y la franja de aquellos que optaron por el voto blanco trepó de 7 a casi 10 por ciento. 

Para muchos especialistas, 2022 puede registrar un fenómeno semejante. No debería extrañar un ausentismo y una anulación del mismo orden, dado que estas elecciones se presentan muy polarizadas entre el ex presidente Lula da Silva, en condiciones de ganar en la primera vuelta, y el actual jefe de Estado Jair Bolsonaro quien busca un segundo mandato. 

Ocurre que frente al gran caudal de apoyos que ambos mantienen, desapareció de hecho la tercera vía que con tanta insistencia había buscado el establishment productivo y financiero. Y eso tiene, según los consultores, un efecto en las expectativas: un sector de la sociedad puede no sentirse representado. Son quienes podrían apostar a otros candidatos, especialmente de centro.

No es casual que la región más sureña de Brasil, que abarca Río Grande del Sur, Santa Catarina y Paraná, se muestra como la más abúlica frente al desafío que se avecina: dos postulantes, “más admirados” por las poblaciones de esos estados, defeccionaron antes de ser efectivizados como candidatos. Uno de los casos es el ex juez y ex ministro Justicia Sergio Moro, personalidad insigne del Lava Jato. Tuvo que desistir al ver que, en el nivel nacional, su figura no lograba concitar más del 7% de favoritismo. Menos conocido, pero con algunas cualidades juveniles y de imagen, el ex gobernador gaúcho socialdemócrata Eduardo Leite, siguió el mismo camino de Moro poco tiempo después. Es cierto que ambos fueron abandonados por sus propios partidos tal vez tempranamente, al considerarlos como “políticamente muertos”. De lo que quedó de aspirantes a gobernar, queda una única personalidad con algún nivel que le permita competir sin enrojecer. Es Ciro Gomes, del partido laborista, que se lleva todavía 6%.

Desde luego, la falta de interés del segmento ciudadano más centrista de la población está relacionada con el desprestigio que experimentó, y aún sufre, el mundo político. Y la máxima expresión es el creciente desprestigio del Congreso. Nara Pavón, de la Universidad Nacional de Pernambuco, entiende que hay un retroceso de las esperanzas en la democracia, fenómeno que no ocurre solo en Brasil. “Aquí hubo un gran entusiasmo al salir de la dictadura (1985) cuando todo el mundo pensó que la democracia iría automáticamente a resolver los problemas. Desde luego, los diversos gobiernos que se sucedieron, en muchas ocasiones frustraron las ilusiones”. Eso explica, señaló la politóloga, “la existencia de partidos débiles y el auge de movimientos anti-política”.

 No obstante, no es simple establecer comparaciones del proceso electoral actual con aquel de 2018 . En esa época, apenas 40 días antes de los comicios, el expresidente Lula mantenía 39% de las preferencias y Bolsonaro cosechaba bastante menos:19%. Cuando se tornó evidente que el líder petista no podría participar de esa carrera, al mantenerse su prisión en Curitiba por supuestas denuncias de corrupción que nunca se probaron, Lula debió dejar su lugar en la fórmula presidencial del Partido de los Trabajadores al filósofo y politólogo Fernando Haddad. Fue en ese momento que se produjo el gran cambio: un ex capitán del Ejército y entonces diputado, Bolsonaro, tomó la delantera con un discurso agresivo de extrema derecha. 

Donde más se percibe el desencanto del electorado es en el terreno legislativo. Es allí donde el discurso anti partidos políticos prendió más fuerte, justificadamente o no. “Los escándalos de corrupción fueron muy decisivos sobre la conciencia de la gente” expresó el director de la encuesta del Instituto Votorantim, sobre la notoria caída del interés ciudadano en los procesos electivos. El documento con los resultados fue publicado este martes último bajo el título: “Alienación Electoral en el Brasil Democrático”. Se basó en los resultados de las distintas elecciones desde 1985 en adelante. El estudio revela, entre otras cosas, la alta proporción de brasileños que se niega a elegir senadores y diputados. En 2018, 26,4% de los votantes dejó en blanco ese casillero; para el Senado, la abstención fue de 37%.

CC

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