ANÁLISIS

Como Hamas se dotó del mayor arsenal de su historia, Israel amenaza invadir Gaza con más violencia que nunca

Al aumentar su potencia de fuego contra Israel multiplicando los lanzamientos sucesivos o simultáneos de cohetes desde la Franja de Gaza, Hamas consigue abrir y aprovechar una brecha en el sistema antimisiles israelí y causar mayor impacto y destrucción.

Peter Beaumont

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En las rondas de enfrentamientos y violencia entre Hamas e Israel que en los últimos doce años tuvieron a la Franja de Gaza como escenario, siempre ha aparecido algo que obstruía el acabamiento de los planes de las organizaciones islámicas. A pesar de toda su capacidad de trabajo y profesionalismo e intentos de innovación en el desarrollo de armas y formas de ataque, Hamas y la Jihad Islámica -que lucha por la causa de Dios y la defensa del Islam- han resultado, en el mejor de los casos, finalmente ineficaces cuando se trató de atacar a Israel desde el interior de la Franja de Gaza.

Desde los primeros sistemas de cohetes hasta los túneles subterráneos, que requieren mano de obra intensiva, excavados para hacer entrar a la ofensiva al territorio israelí o hasta la fabricación y lanzamiento de globos incendiarios, los esfuerzos fueron extremos pero infructuosos. Incluso cuando los cohetes se volvieron más sofisticados en el momento del conflicto de 2014, volando más lejos y con ojivas más grandes, la mayoría de ellos eran interceptados desde el cielo.

En cambio, el atributo militar clave y decisivo de Hamas parecía ser su resiliencia para resistir en Gaza, una vez que, atacada por las divisiones de blindados, ya no podía detener el ingreso de los tanques israelíes.

Sin embargo, esta vez algo ha cambiado. En las horas de apertura de los combates actuales, los grupos armados de Gaza dan muestras de ser mucho más eficaces y mucho más decididos.

Han emitido ultimátums a Israel y luego han disparado enormes ráfagas de misiles en un esfuerzo por abrumar al sistema de defensa antimisiles ‘Iron Dome’ -la Cúpula de Hierro-, el sistema de defensa área de Israel, que generalmente intercepta entre el 85% y el 95% de los cohetes. Con estos lanzamientos multitudinarios, han logrado causar lesiones y muertes en la población israelí. Esto ha llevado a algunos a preguntarse si Hamas ha entendido las limitaciones de Iron Dome y aprendido a aprovecharse de ellas, para entrar por esa brecha abierta.

Por encima de todo hasta ahora, lo más devastador es la repentina lucidez de que una ilusión óptica llegó a su fin irreversible. Después de los años de operaciones israelíes contra Gaza, con su población bloqueada, encerrada en un territorio de 11km de lado y 40 km de largo, con pobreza extrema y guerra intermitente, la señal inequívoca que Hamas ha dado no es sólo informar que sigue allí, sino hacerle saber al Estado de Israel que quizás sea más peligrosa que nunca antes.

La escala y la magnitud alcanzadas por los últimos lanzamientos de misiles de Gaza sugieren que hubo meses, años, durante los cuales el Ejército y los Servicios de Inteligencia israelíes durmieron la siesta. Durante la guerra de Gaza de 2014, los cohetes -que salieron del enclave costero durante todo el conflicto que duró 50 días- sumaron aproximadamente 4.000 y el número diario más alto rondó cerca de 200.

En la actualidad, el número de cohetes procedentes de Gaza es mucho mayor, y hubo al menos dos ocasiones en las que se han disparado más de 100 cohetes en unos pocos minutos.

Resulta bien claro que desde 2014, el último gran conflicto en Gaza, Hamas y los otros grupos armados en el enclave costero han reconstruido silenciosamente sus arsenales de misiles a una escala mucho mayor de lo que se pensaba.

El año pasado, en una medida inusual, Hamas compartió detalles de su adquisición de armas con un programa de la cadena de noticias Al Jazeera cuyo objetivo principal parecía ser demostrar cómo los esfuerzos de Israel y Egipto, en la frontera sur de Gaza, no le habían impedido reconstruir sus arsenales, a la vez que asumía la ayuda de Siria e Irán.

Sin embargo, es una jactancia que puede volverse en contra de Hamas y la Jihad Islámica.

El éxito relativo -desde el punto de vista de Hamas- de sus tácticas recientes, que parecen haber estado preparándose durante mucho tiempo, sin duda desafiarán al establishment político y de seguridad israelí a enfrentar una amenaza que, de pronto, se hizo muy real.

Si bien el ejército israelí ha estado bombardeando sitios de lanzamiento, sobre todo en el norte de Gaza, y apuntando a figuras clave, la evidencia de conflictos pasados ​​de Gaza sugiere que esto rara vez es muy efectivo.

Anteriormente, esto ha llevado a Israel a lanzar incursiones terrestres a gran escala con tanques en Gaza, esfuerzos que siempre se han detenido ante la creciente indignación internacional y los intentos de mediación.

Esta vez, quizás, sea significativo que, entre las otras armas adquiridas por Hamas, se encuentran los suministros de misiles antitanques Kornet de alta precisión, el mismo sistema que utilizó con mucho efecto la organización terrorista Hezbolá contra los tanques israelíes en la segunda guerra del Líbano en 2006.

Uno de estos misiles se utilizó el domingo para apuntar a un automóvil israelí cerca de la frontera de Gaza. Un segundo, fue disparado en la madrugada del miércoles contra un vehículo 4x4, matando a un ocupante e hiriendo gravemente a otros dos. Transmitió un mensaje claro sobre lo que podrían enfrentar las tropas israelíes que ingresan a Gaza.

Todo lo sucedido contribuye a una dinámica muy peligrosa en la que incluso si Hamas quisiera negociar el fin de la violencia, como sugieren algunos, incluido Ismail Haniyeh, el jefe de la oficina política de Hamas, la presión política en Israel podría actuar en contra de Gaza, que ya despunta en el horizonte como objetivo inmediato de una inmisericorde guerra a muerte. 

Traducción de Alfredo Grieco y Bavio

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