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En detalle

Daño en la Tierra para llegar a Marte: el plan de Elon Musk que amenaza las aguas cristalinas de Hawái

La enorme nave Starship de la empresa aeroespacial SpaceX, propiedad del magnate Elon Musk, cumplió con éxito este martes su décimo lanzamiento de prueba después de varios intentos fallidos

Dara Kerr

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Se dice que Mokumanamana (Isla de muchas aves), una de las islas al noroeste de Hawái, está tocada por los dioses. Dividida en dos por la línea del trópico de Cáncer, se encuentra en lo profundo del océano Pacífico, a unos 690 kilómetros de Honolulu. Los escarpados acantilados rocosos de la isla dan paso a aguas azul índigo salpicadas de focas monje y corales pétreos. A pesar de que ningún ser humano ha vivido en Mokumanamana, la isla cuenta con la mayor densidad de antiguos lugares religiosos hawaianos en el mundo, en especial, plataformas ceremoniales (heiau).

“Se encuentra en la frontera entre lo que los nativos hawaianos llaman ”pō“, la oscuridad, y ”au“, la luz”, explica William Aila, expresidente del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái. “Cuando un hawaiano muere, su alma viaja desde cualquier lugar de las islas principales de Hawái hasta las islas del noroeste. Y en ese punto, en pō, se encuentra con sus antepasados”. Según cuenta Aila, si una persona ha sido buena, puede pasar a y reunirse con sus antepasados, que habitan en las aguas del Pacífico al oeste de Mokumanamana.

Algunos ecologistas y científicos han alertado de que cientos de kilómetros de océano que rodean Mokumanamana y otras islas hawaianas están amenazados. En mayo, la Administración Federal de Aviación (FAA), la agencia que supervisa el transporte aéreo y espacial en Estados Unidos, anunció que había concedido a Elon Musk permiso para detonar cohetes de su empresa SpaceX sobre estas aguas protegidas.

SpaceX presentó por primera vez su solicitud, una propuesta denominada Starship Super Heavy Project, a la FAA en 2022. Un año más tarde, la empresa obtuvo una licencia que le permite lanzar su enorme cohete Starship cinco veces al año. En 2024 Musk propuso quintuplicar esa cifra, para hacer 25 lanzamientos anuales. La base de lanzamiento de SpaceX se encuentra en Boca Chica, Texas, rodeada por un parque estatal y un refugio federal de vida silvestre. Hasta la fecha, 10 cohetes Starship han intentado despegar desde esta localización. La mayoría de los lanzamientos han terminado en explosiones dispersas, esparciendo metralla y escombros desde el Golfo de México hasta el Océano Índico.

Este martes, la nave Starship cumplió este martes su décimo lanzamiento de prueba después de tres intentos fallidos este año.

Imagen de un lanzamiento de SpaceX el 1 de julio.

Musk no solo solicitó aumentar el número de lanzamientos. También propuso ampliar la zona del océano Pacífico donde pueden caer los restos de sus Starships, en un área del Pacífico 75 veces mayor que la permitida hasta ahora. Esta nueva zona abarca vastas regiones de todo el Pacífico, incluyendo las ocho islas principales de Hawái, Mokumanamana y toda la cadena de islas del noroeste de Hawái, que se encuentran dentro del monumento nacional marino Papahānaumokuākea, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El monumento está considerado como una de las zonas más singulares y diversas del mundo desde el punto de vista ecológico, con 7000 especies de aves, tortugas, mamíferos marinos, peces y corales, algunos de los cuales se encuentran en peligro crítico de extinción. También es la zona protegida más grande de la Tierra, con una superficie de aproximadamente 1,5 millones de kilómetros cuadrados. Los antepasados de los hawaianos modernos exploraron el océano abierto desde esta zona protegida, navegando por las estrellas. Durante los últimos días de la presidencia de Joe Biden, designó el monumento como santuario, otorgándole una mayor protección legal.

Peligro en Mokumanamana

Según miles de páginas de documentos gubernamentales revisados por The Guardian y entrevistas con más de una docena de personas, entre ellas oceanógrafos, ingenieros aeroespaciales, antiguos empleados del Gobierno, abogados y residentes hawaianos, cuando se aumente la cifra de lanzamientos, las aves y la vida marina podrían enfrentarse a derrames de materiales peligrosos, caída de objetos y estampidos sónicos. Temen que el enfoque de Musk consistente en “fracasar rápido” en los lanzamientos de cohetes para aprender de esos fallos lo antes posible, corregir errores y mejorar la siguiente versión, junto con sus vínculos con la Casa Blanca, pueda significar que SpaceX vaya a tener vía libre en la región. Muchos en Hawái dicen que la revisión de la FAA sobre las posibles consecuencias medioambientales no es lo suficientemente exhaustiva.

La evaluación de la Administración Federal de Aviación tiene un detalle significativo: en realidad fue elaborada por la propia SpaceX

“Nosotros, especialmente como nativos hawaianos que tenemos una relación especial con ese lugar, simplemente queremos una evaluación imparcial y objetiva del riesgo antes de consentir que lluevan miles de piezas de un cohete fallido”, señala Aila, expresidente del consejo asesor de Papahānaumokuākea.

Musk, la persona más rica del mundo, ha enmarcado su plan de expansión de SpaceX como existencial, crucial para la supervivencia de la raza humana. Afirma que un día, en un futuro no muy lejano, el desarrollo del cohete Starship de SpaceX culminará con su objetivo final de colonizar el planeta Marte.

Starship es la nave espacial más grande y potente jamás construida, con una altura de 40 pisos cuando se apilan todas sus partes. Está diseñada para ser totalmente reutilizable y está equipada con un propulsor Super Heavy y motores que queman gas metano y oxígeno líquido. Musk la bautizó con el nombre en clave BFR (Big Fucking Rocket) (jodido gran cohete).

Elon Musk recibe una motosierra como regalo del presidente argentino Javier Milei durante su aparición en la CPAC

En un discurso pronunciado el año pasado, Musk afirmó que “Starship es el primer cohete verdaderamente capaz de llevar la vida más allá de la Tierra”. “No queremos ser una civilización confinada a un solo planeta. Queremos ser una civilización multiplanetaria y, en última instancia, multiestelar, estar ahí fuera, entre las estrellas”, concluyó.

Para Musk, el coste de dañar el delicado ecosistema oceánico se ve compensado por los beneficios de la exploración espacial.

“Si el [Starship] golpeara a una ballena es que tal vez esa ballena se lo merecía, porque las probabilidades son muy bajas”, ironizó en octubre, cuando hacía campaña a favor de Donald Trump, entonces candidato a la presidencia del Partido Republicano.

“Es como Destino Final (saga de películas de terror y suspense), edición ballena. Como si el destino hubiese elegido a esa ballena como protagonista.

Musk, la compañía SpaceX y la Casa Blanca no han respondido a las peticiones de The Guardian para hacer declaraciones.

Informes elaborados por SpaceX

Según la FAA, cuando una Starship detona y se precipita al mar, hay tres posibles resultados. En primer lugar, podría tener un aterrizaje forzoso a “velocidad terminal”, lo que provocaría que el cohete se rompiera con el impacto y creara un “evento explosivo” en la superficie del agua. En segundo lugar, podría tener un “aterrizaje suave en el agua y volcarse y hundirse”. O, por último, el cohete podría romperse durante la reentrada en la atmósfera, provocando que los restos se esparcieran por el océano.

En el periodo previo a la aprobación por parte de la FAA de los 25 lanzamientos anuales de SpaceX, las agencias federales que trabajan con especies en peligro de extinción emitieron dictámenes biológicos sobre el posible impacto de estos tres escenarios.

El Servicio Nacional de Pesquerías Marinas dijo que decenas de especies se verían afectadas“, entre ellas varias especies de ballenas, tortugas, focas, peces, tiburones, corales y otras formas de vida marina. La agencia señaló específicamente tres tipos de tortugas marinas —la verde, la de Kemp y la boba— como ”impactadas de manera negativa“. Según la agencia, esos efectos adversos podrían provenir de cosas como estampidos sónicos, caída de escombros y derrames de combustible y petróleo.

En su dictamen biológico, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre repasó lo que salió mal durante los siete primeros lanzamientos de prueba de Starship en Boca Chica, Texas. El primer lanzamiento pulverizó la plataforma de lanzamiento y lanzó trozos de hormigón a varios kilómetros a la redonda por todo el refugio de vida silvestre. El segundo vuelo transcurrió sin incidentes, pero el tercero provocó dos incendios forestales y el cuarto lanzó láminas de metal al parque estatal circundante y dañó los huevos de nueve nidos de aves. Los tres vuelos siguientes provocaron quemaduras en la vegetación, una “nube de grava” similar a un tornado y los cadáveres de una cigüeñuela cuellinegra y un pelícano pardo.

A pesar de las evaluaciones de las agencias federales, estas concluyeron que el impacto de los lanzamientos bimestrales de Starship probablemente sería inusual y, por lo tanto, “insignificante”. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre se negó a hacer más declaraciones. Un portavoz de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa), que dirige el servicio de pesca marina, ha señalado que recomienda medidas de conservación, como la recopilación de datos acústicos sobre las explosiones y la vigilancia de los desechos que caen.

En su evaluación medioambiental de 90 páginas sobre la propuesta de SpaceX, la FAA llegó a la misma conclusión de “impacto insignificante”. La agencia reconoció las amenazas potenciales, pero dijo que serían poco frecuentes y que el riesgo era bajo. Como resultado, la FAA aprobó una licencia de cinco años para 25 lanzamientos de Starship al año y permitió que la vasta zona del Pacífico fuera una “zona de acción” para los desechos. Si los restos de cohetes caen fuera de la zona permitida, la FAA u otras agencias federales pueden investigar, aunque la aprobación no delimita sanciones específicas.

La evaluación de la FAA tiene un detalle significativo: en realidad fue elaborada por la propia SpaceX. Según la lista de redactores, el documento de 90 páginas fue elaborado por empleados de SpaceX y consultores de la empresa SWCA, contratada por SpaceX. Cuatro empleados de la FAA figuraban como “evaluadores independientes”. Otra evaluación biológica de 106 páginas utilizada por la FAA para evaluar el impacto de Starship en una especie en peligro de extinción de la lista, también fue elaborada por otra empresa contratada por SpaceX, el contratista de defensa ManTech SRS Technologies.

Un portavoz de la FAA ha señalado que los solicitantes pueden preparar evaluaciones ambientales (EA) para la agencia y, si lo hacen, “la FAA asesora y ayuda al solicitante durante la preparación de la EA y evalúa de forma independiente y asume la responsabilidad de la EA antes de su publicación”.

Esta evaluación medioambiental, que se publicó por primera vez en 2022 y se actualizó posteriormente, es el quid de la demanda presentada contra la FAA por una coalición de organizaciones sin ánimo de lucro. Afirman que la evaluación no fue suficiente y que viola la Ley Nacional de Política Medioambiental. La coalición pide a la FAA que lleve a cabo lo que se conoce como una Declaración de Impacto Medioambiental, que requeriría una revisión más rigurosa del impacto de SpaceX sobre las especies en peligro de extinción, así como la consulta con los nativos hawaianos y otros grupos culturales.

“Todos estos documentos fueron elaborados por SpaceX y luego la FAA simplemente los aprobó como si fueran suyos”, afirma Jill Heaps, directora principal del departamento jurídico de la Fundación Surfrider, que forma parte de la coalición. “Es deber de la FAA examinar de forma exhaustiva los impactos potencialmente significativos para la vida marina... Están solicitando una zona geográfica muy amplia en la que se puedan verter estos residuos al océano, algunos de los cuales podrían estar cerca de la ballena de Rice, y otros cerca de zonas muy sensibles alrededor de Hawái”.

Monumento Nacional Marino Papahanaumokuakea visto desde arriba

Cuando se le preguntó por qué la FAA no había emitido una declaración de impacto, el portavoz de la agencia dijo que la evaluación “ofrece un análisis completo de los efectos razonablemente previsibles de la concesión de una licencia para las operaciones propuestas por SpaceX”.

Ella Atkins, profesora y jefa del departamento de ingeniería aeroespacial y oceánica de Virginia Tech, explica que los cohetes son un conglomerado de materiales, como metales pesados, plásticos, cableado y productos químicos. Cuando uno explota, normalmente se rompe en varios pedazos separados. “Eso incluye el casco exterior, los tanques de combustible, los motores y todas las tuberías... El combustible que quede sin quemar caerá donde sea”.

Atkins señala que los grandes paneles laterales de acero inoxidable del cohete podrían flotar durante un tiempo y ser recuperados antes de que finalmente se hundieran. Las piezas más densas, como las partes del motor, se hundirían inmediatamente hasta el fondo del mar. En su opinión, los tres escenarios explosivos planteados por la FAA podrían dañar la vida marina.

Según Britta Baechler, directora de investigación de plásticos oceánicos de la organización medioambiental Ocean Conservancy, tirrar esos materiales al agua también podría tener consecuencias imprevistas. Precisa que dañar un arrecife de coral podría matar no solo al coral, sino al ecosistema que depende de él, desde los mamíferos marinos y las aves hasta los peces de los que dependen para sobrevivir. “A lo largo de la historia hemos considerado el océano como un vertedero, como si fuera imposible agotarlo o dañarlo, como si la solución a la contaminación fuera la dilución”, dijo Baechler. “Y realmente no es así”.

“Éxito incierto, pero entretenimiento garantizado”

SpaceX tiene un largo historial de dispersar restos de cohetes en el océano. En sus inicios, la empresa se enfrentó a dificultades para obtener permiso para lanzar sus cohetes. Así que, en 2005, la empresa puso sus ojos en un pequeño y remoto atolón de las Islas Marshall llamado Kwajalein.

En los cuatro años que SpaceX pasó en Kwajalein, la empresa lanzó con éxito dos de sus pequeños cohetes Falcon 1 por primera vez. Pero antes fueron necesarios varios intentos fallidos. El lanzamiento inaugural del Falcon 1 terminó en llamas, con el cohete precipitándose al océano y esparciendo restos en llamas por un arrecife de coral cercano. Según un relato de Wired de 2007, una revista y medio digital estadounidense especializado en tecnología, ciencia, cultura digital e innovación, la carga útil de la nave espacial atravesó el techo del taller mecánico de SpaceX y se extendió una mancha de combustible en alta mar. Posteriormente la empresa afirmó que recuperó el 75% de los restos de la detonación.y

Desde entonces, SpaceX ha hecho enormes progresos. Ha lanzado cientos de cohetes Falcon y ahora es responsable de transportar carga y tripulación hacia y desde la Estación Espacial Internacional. La empresa afirma que también ha puesto en órbita más de 7800 satélites Starlink, más de la mitad de todos los satélites activos en el espacio.

SpaceX lanza la misión Starlink 10-16

Starship es la nueva frontera de SpaceX, un cohete construido con el objetivo de llegar a Marte, pero antes de alcanzar este reto tiene un largo camino por recorrer. La mayoría de sus 10 vuelos de prueba han encontrado errores fatales, con toda la nave envuelta en llamas y pocas piezas que puedan reutilizarse.

Musk tiene una filosofía empresarial de “fracasar rápido, aprender más rápido”. Ya en 2005, poco antes de que SpaceX se estableciera en Kwajalein, Musk dijo en una entrevista que “en la NASA existe la idea absurda de que el fracaso no es una opción. (En mi empresa), el fracaso es una opción. Si las cosas no fracasan, es que no se está innovando lo suficiente”.

Uno de los fracasos más espectaculares de SpaceX se produjo durante el primer lanzamiento de prueba de Starship, el 20 de abril de 2023. La colosal nave espacial despegó de Boca Chica, pero rápidamente sufrió un fallo en los motores. Justo sobre la Tierra, el cohete comenzó a girar sin control y SpaceX se vio obligada a detonar la nave. El problema comenzó durante el despegue, cuando Starship demolió su plataforma de lanzamiento, pulverizándola y lanzando trozos de hormigón a 9,6 kilómetros de distancia.

La explosión provocó un incendio de pastizales que arrasó casi 1,6 hectáreas de un parque estatal y, según lo que se sabe, destruyó un nido de huevos de codorniz bobwhite y una colonia de cangrejos azules de tierra, de acuerdo con correos internos del Servicio de Pesca y Vida Silvestre obtenidos por Bloomberg. El fuerte estruendo también hizo huir a una pareja de chorlitos nevados en peligro de extinción y, mientras estaban fuera, la “cámara de caza” de un científico especializado en vida silvestre captó a un coyote comiéndose dos de los tres huevos del nido.

La FAA atribuyó el fallo a “múltiples causas fundamentales” y citó 63 medidas que SpaceX debía implementar, entre ellas el rediseño del hardware de Starship para evitar fugas e incendios, así como el rediseño de su plataforma de lanzamiento. Según la biografía de Elon Musk, de Walter Isaacson, cuando SpaceX construyó la plataforma de lanzamiento en 2020, Musk exigió que no se cavara una zanja para las llamas debajo del soporte, como tienen la mayoría de las plataformas.

“No queremos diseñar con el objetivo de eliminar todos los riesgos”, dijo Musk a Isaacson después del episodio. “De lo contrario, nunca llegaremos a ninguna parte”.

Solo en 2025 explotaron otros cuatro cohetes Starship de SpaceX. El primero, en enero, se incendió y se convirtió en una bola de fuego que iluminó el cielo desde las Bahamas hasta Haití. La FAA tuvo que desviar decenas de vuelos comerciales para evitar la caída de escombros. Después, los residentes de las islas Turcas y Caicos dijeron que sus islas estaban llenas de restos de la nave espacial. SpaceX había planeado inicialmente un “amerizaje controlado” en el océano Índico una hora después del despegue, pero la explosión se produjo solo nueve minutos después del inicio del viaje de la Starship.

Imagen de la explosión provocada por SpaceX

“El éxito es incierto, ¡pero el entretenimiento está garantizado!”, publicó Musk en X.

Luego, en marzo, mayo y junio, explotaron más Starships.

La explosión de mayo terminó con montones de escombros, incluidos tanques de combustión y fragmentos de metal y plástico, que llegaron a la playa Bagdad en Matamoros, México, poniendo en peligro a miles de crías de tortugas golfina, según grupos ecologistas.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió a funcionarios del Gobierno a la playa para evaluar los daños. Mientras tanto, la nave espacial de junio se incendió. Días más tarde, Sheinbaum amenazó con demandar a SpaceX, concluyendo que “efectivamente hay contaminación” en Playa Bagdad.

Miles de millones de dinero público

A mediados de enero, la FAA celebró una reunión virtual sobre el plan Starship de Musk que estuvo abierta al público. Los residentes de Texas y Hawái se conectaron, la mayoría de ellos profundamente en contra del proyecto. Lynda Williams, profesora de física jubilada y activista que vive en Hilo, Hawái, fue la primera en intervenir. Llevaba meses intentando dar a conocer los planes de Musk y escribió un artículo de opinión en el que destacaba el hecho de que no se había consultado a los residentes ni a los funcionarios de Hawái.

Durante la reunión, Williams dijo que centró sus comentarios en la idea de que “la Tierra no es una zona a sacrificar en beneficio del viaje egocéntrico de Elon Musk a Marte”. Dijo que quería “destrozar el [argumento de Musk sobre] de que 'tenemos que extender la luz de la conciencia e ir a la jodida Marte'”.

Varios participantes en la reunión hablaron del hecho de que SpaceX es una empresa comercial privada que utiliza recursos públicos para obtener beneficios. El gigante aeroespacial ha recibido miles de millones en contratos gubernamentales y está a punto de obtener muchos más. La mayor parte de su financiación proviene de la NASA y del Departamento de Defensa. Según un portavoz de la NASA, la agencia ha invertido más de 16.000 millones de dólares (14 730 millones de euros ) en SpaceX a través de numerosos contratos.

La FAA también abrió un periodo de comentarios públicos por escrito y se recibieron más de 12.000 comentarios durante los dos meses que duró, hasta el 17 de enero. Los comentarios procedían del sur de Texas, donde los residentes llevan media década conviviendo con los estruendosos lanzamientos de SpaceX y sus ensordecedoras explosiones. “Es aterrador para los residentes despertarse con lo que parecen terremotos”, lamentó un lugareño. Otro suplicó: “Por favor, detengan la destrucción de nuestras tierras por lucro”.

Algunas personas expresaron su apoyo al proyecto, entre ellas decenas que utilizaron la misma plantilla para argumentar que quintuplicar los lanzamientos de cohetes ayudaría a “mantener el liderazgo estadounidense en el espacio frente a competidores como China”. Varios proveedores locales también enviaron cartas idénticas, pero utilizando su propio membrete.

Solo tres días después de que la FAA cerrara el plazo de comentarios sobre la propuesta de SpaceX, Trump tomó posesión como presidente. Una de sus primeras medidas oficiales fue firmar un decreto ejecutivo por el que se creaba el llamado “departamento de eficiencia gubernamental” (Doge). Trump puso a Musk al frente de este departamento y le permitió controlar de facto el personal de las agencias federales encargadas, precisamente, de regular sus negocios.

Donald Trump participa en una conferencia de prensa con Elon Musk

Michael Whitaker, director de la FAA, dimitió ese mismo día. Llevaba mucho tiempo en el punto de mira de Musk, especialmente después de que la agencia multara a SpaceX con 633000 dólares (583 000 euros) el pasado mes de septiembre por supuestamente violar su licencia de lanzamiento en materia de protocolos de seguridad. Musk escribió en X que iba a demandar a la FAA por “extralimitación regulatoria” y que “el problema fundamental es que la humanidad estará confinada para siempre en la Tierra a menos que se produzca una reforma radical en la FAA”. Días más tarde, Musk publicó que Whitaker “debería dimitir”.

Desde entonces, con el respaldo de Trump, Doge ha despedido a cientos de empleados de la FAA. También ha despedido a miles de científicos con recortes profundos en la NOAA y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, ambos encargados de gestionar Papahānaumokuākea.

Desde entonces, la relación entre Trump y Musk se ha deteriorado, pero Trump ha seguido recortando la financiación de proyectos medioambientales y atacando a los organismos reguladores que salvan el medioambiente. En el Pacífico, ha firmado órdenes ejecutivas que permiten la minería en aguas profundas y abren a la pesca comercial el monumento nacional marino Pacific Islands Heritage, adyacente a Papahānaumokuākea.

“El Gobierno está impulsando una serie de medidas para intentar reducir la influencia y el impacto de las leyes medioambientales”, afirma Aila, expresidente del consejo asesor de Papahānaumokuākea. “¿A quién beneficia eso? A Elon Musk. Y eso debería ser un enorme problema ético”.

“El océano es vasto y no se puede evitar”

Los antepasados de los hawaianos fueron pioneros en la exploración oceánica guiándose por las estrellas. Pero su cultura de reverencia no podría ser más diferente del enfoque de “fracasar rápido” de Musk para la exploración espacial.

“Es muy fácil presentar los ideales indígenas hawaianos como anticientíficos, pero yo no lo veo así en absoluto”, afirma Kau’inohea Wawae’iole, estudiante universitario y residente en Puna, Hawái, quien se mostró consternado al conocer los planes de SpaceX. “Creo que simplemente tenemos una conexión muy profunda con este lugar”.

De manera similar, cuando Kyle Kajihiro se enteró de que las aguas que rodean Papahānaumokuākea se iban a utilizar como lugar de vertido de restos de cohetes, dijo que le recordó cómo se ha tratado al Pacífico durante siglos. Es profesor adjunto de estudios étnicos en la Universidad de Hawái en Manoa, cuya familia emigró originalmente de Japón y lleva cinco generaciones viviendo en Hawái.

Kajihiro señala que “los países poderosos de todo el mundo han imaginado el océano Pacífico, Hawái y otras islas del Pacífico como una especie de espacio vacío”. “Es como si fuera este vasto océano con estos pequeños puntos remotos que son insignificantes. Y así, esa pequeñez y esa idea de lejanía, aislamiento y distancia significan que la zona puede utilizarse de esta manera”, lamenta.

Según documentos revisados por The Guardian, antes de que la FAA concediera la aprobación al plan de SpaceX, la agencia recibió una avalancha de cartas críticas de oficinas del gobierno local, grupos ecologistas y científicos. Uno de esos grupos, la Surfrider Foundation, se había centrado en el impacto de SpaceX en Texas, pero ahora también está estudiando el Pacífico.

“La [evaluación medioambiental] no analiza el impacto de la explosión de piezas metálicas de cohetes u otros materiales peligrosos en la vida marina, incluida la calidad del agua del océano, en las proximidades del hábitat marino protegido, ni en aquellos que finalmente se hunden en el fondo del mar”, denunciaron en su carta los responsables de Surfrider, añadiendo que SpaceX no ha mostrado ninguna prueba de que vaya a evitar las zonas con especies en peligro de extinción.

La FAA respondió que su evaluación no afirma que se evitarán todos los hábitats de especies potencialmente en peligro de extinción, “ya que el océano es vasto y no se puede evitar”.

Sin embargo, la FAA hizo una concesión. Con su aprobación en mayo, la agencia ajustó algunos de los límites en los que se permite que los restos de Starship caigan cerca de las principales islas hawaianas. También añadió una zona de amortiguación de 80,47 kilómetros alrededor de Papahānaumokuākea. La FAA dijo que hizo estas revisiones basándose en la avalancha de comentarios sobre el daño a la vida marina y a los recursos culturales hawaianos, como el conjunto de antiguos sitios religiosos de Mokumanamana.

Kajihiro dijo que, aunque ahora hay límites alrededor de estas áreas sagradas, sigue preocupado por la posibilidad de que los cohetes Starship fallen y los restos caigan allí.

“Ellos solo ven esto como un espacio vacío”, reiteró Kajihiro. “Pero lo que los nativos hawaianos nos han ayudado a comprender, y lo que otros pueblos de las islas del Pacífico han comprendido a lo largo de su historia, es que el océano es realmente un tejido de conexión entre todas estas civilizaciones”.

Traducción por Emma Reverter.

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