“Todas las torturas fueron aprendidas en EE.UU.”: víctimas y congresistas presentan una resolución contra la doctrina Monroe en el Capitolio
Más de dos siglos de injerencias, golpes de Estado, torturas, asesinatos y dictaduras. “Fui secuestrada junto a mi padre, Carlos, y mi hermano menor, Tato, por los servicios de inteligencia de la DINA de Pinochet, quien dio un golpe de Estado respaldado por los Estados Unidos de Norteamérica contra el gobierno democráticamente elegido por el pueblo del presidente Salvador Allende en el marco de la Operación Cóndor”. Así empezó su relato Luz de las Nieves Ayress Moreno, una víctima del imperialismo estadounidense que participó en la presentación de la iniciativa legislativa en la Cámara de Representantes de EE.UU.
La resolución está impulsada por un grupo de congresistas progresistas demócratas, entre ellas Nydia Velázquez (D-NY), Delia Ramírez (D-IL), Rashida Tlaib (D-MI) y Chuy Garcia (D-IL), para poner fin a la Doctrina Monroe y reemplazarla por una “Nueva Política del Buen Vecino” hacia América Latina y el Caribe.
“Fui secuestrada, desaparecida y torturada por argentinos, uruguayos, paraguayos, brasileños y chilenos después, y gente que hablaba inglés y alemán me desnudaron y me vendaron los ojos”, prosigue Ayress Moreno: “Me aplicaron corriente eléctrica en todo el cuerpo y en las partes más sensibles. Me violaron en muchas oportunidades. Me hicieron los teléfonos que te rompen los tímpanos. Me obligaban a tener contacto sexual con mi padre y con mi hermano. Me sumergían con aguas y excrementos llamados submarinos. Me cortaron los senos, el cuerpo, con hojas de afeitar y me ponían alcohol y electricidad en las heridas. Me cortaron el vientre con una cuchilla que usan los militares. Me cortaron las orejas. Me raparon la cabeza”.
Y añadió: “Estas torturas las realizaron los militares dirigidos por Manuel Contreras, jefe de la DINA, de los servicios de Inteligencia. Y todas estas torturas fueron aprendidas aquí en las escuelas de las Américas, aquí en los Estados Unidos. Yo acuso y culpo al Gobierno norteamericano de Nixon y Kissinger, que ayudaron con armas, instrucciones y dinero a la dictadura militar de Chile. Esto es parte de la doctrina Monroe que han aplicado todos los presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica. Llamamos a anular la doctrina Monroe. Todos somos americanos. Solo el pueblo salva al pueblo”.
La iniciativa legislativa está impulsada por la congresista demócrata por Nueva York Nydia Velázquez, quien señaló que la resolución pide cuatro cosas principales: “Primero, el Departamento de Estado debe confirmar formalmente que la Doctrina Monroe ya no es política estadounidense; segundo, terminar las sanciones unilaterales que crean crisis humanitarias sin lograr sus objetivos; tercero, desclasificar archivos sobre golpes de Estado y dictaduras respaldados por Estados Unidos; y cuarto, reformar las instituciones financieras internacionales para dar a los países latinoamericanos una voz real”.
En este sentido, Velázquez señaló que “la intervención militar en Venezuela no es para procurar la democracia, es para extraer los recursos naturales como han hecho en Ecuador, en Centroamérica. Y luego se preguntan por qué la migración. La migración ha sido forzada por la intervención de Estados Unidos en la extracción de recursos naturales en todos esos países, pagando salarios de miseria, obligando a estas familias a emigrar y dejar a sus países”.
Jennifer Harbury, abogada, activista de derechos humanos y esposa de un líder maya desaparecido por el ejército guatemalteco, participó en la presentación este martes en el Capitolio para “describir personalmente” las consecuencias de la doctrina Monroe:
“Mi esposo fue torturado hasta la muerte por los militares que pusimos en el poder en Guatemala en virtud de la doctrina Monroe en 1954. El primer gobierno reformista liderado por el presidente Arbenz buscó implementar reformas humanitarias y políticas muy básicas en Guatemala para abordar la pobreza, el hambre y la injusticia rampantes que azotaban el país. Esto incluyó algunas reformas agrarias básicas que solo se aplicaban a los mayores propietarios de plantaciones. La United Fruit Company se sintió ofendida. Denunció el comunismo y la CIA llevó a cabo su habitual golpe, dejando en el poder a una dictadura militar, y se mantuvo en el poder hasta bien entrada la década de 1980. Estados Unidos insistió en que convertiría a Guatemala en un ejemplo de democracia aportando enormes cantidades de fondos a esta brutal y corrupta dictadura militar. Se desató un previsible baño de sangre. Estalló la guerra civil, que duró hasta 1996. La Comisión de la Verdad informó que 200.000 personas habían sido asesinadas, entre civiles, y 40.000 habían desaparecido, torturado y asesinado, y que 660 aldeas mayas habían sido borradas del mapa por una campaña genocida del gobierno guatemalteco”.
“Mi esposo fue desaparecido forzosamente en 1992 por el ejército guatemalteco”, explicó Harbury: “Fue capturado y torturado durante al menos dos años en un centro secreto. Hay muchas versiones sobre su ejecución. Una es que lo llevaron en helicóptero, quizás encapsulado en cemento, y lo arrojaron al océano. La otra, más probable, es que lo desmembraron en un cañaveral y lo esparcieron por todas partes. Esto se debe a que los cañaverales se queman todos los años durante la cosecha. De esa manera, jamás podría recuperar sus restos. Según archivos estadounidenses desclasificados, muchos miembros del equipo de inteligencia que lo torturó y lo mató se formaron en la Escuela de las Américas, al igual que Pinochet”.
Rashida Tlaib, congresista demócrata por Michigan, insistió en la denuncia del neoimperialismo trumpista: “No se trata de democracia ni de derechos humanos. Se trata de los intereses corporativos estadounidenses que dominan la región, desde el petróleo hasta el litio, la tecnología y las telecomunicaciones, y que sofocan los intentos de reclamar la soberanía de los pueblos. Y se trata de cambios de gobierno y dominación. Lo vemos en el bombardeo de Venezuela por parte de la Administración Trump y el secuestro de su presidente. Lo vemos en la interferencia ilegal de Trump en las elecciones de Honduras y Argentina. Y lo vemos en la horrible orden ejecutiva nueva de la administración Trump para aislar y estrangular al pueblo de Cuba. El pueblo de Cuba se muere de hambre por culpa de nuestro país. Lo están aislando del resto del mundo mediante sanciones y un bloqueo total de combustible. Un país de 11 millones de personas sin combustible. Piensen en eso. Hogares, escuelas, hospitales sin electricidad. Niños sin comida ni medicinas. La hambruna de todo el pueblo cubano es pura crueldad. Los pueblos de América se enfrentan a las mismas fuerzas represivas que nuestro pueblo afronta aquí. Las tácticas del Comando Sur de EE.UU. en el extranjero están íntimamente ligadas a los secuestros de ICE aquí y a los asesinatos en Estados Unidos. Estamos unidos en esta historia, es la militarización estadounidense, que Trump ahora pretende expandir con un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares”.
Francesca Emanuele, analista del think tank CEPR (Centro de Investigación Económica y Política), explicó durante la presentación de la resolución, que consideró “un acto de memoria histórica, un acto de justicia y un acto que también representa el reconocimiento de la responsabilidad de este gobierno y de parte de este Congreso y de este país en una larga lista de crímenes y abusos, muchos de los cuales están enumerados en esta legislación”.
“Desde principios del siglo XX, Estados Unidos participó, directa o indirectamente, en al menos 23 golpes de Estado y muchas intervenciones militares en la región”, prosiguió Emanuele: “El ataque ilegal no provocado contra Venezuela es el legado continuo de la doctrina Monroe, una doctrina que impone el dominio estadounidense en el hemisferio occidental por cualquier medio necesario. Por eso, hoy quiero destacar especialmente el daño causado por las sanciones estadounidenses, ahora acompañadas de aranceles punitivos, aranceles impulsados políticamente que han tenido efectos devastadores, y actualmente estamos viendo estos efectos devastadores en el bloqueo petrolero ilegal contra Cuba, que pronto podría resultar en un colapso humanitario, como advirtió el secretario general de las Naciones Unidas. Es hora de dejar atrás estas políticas imperialistas fallidas e iniciar una nueva política de buena vecindad que pueda contribuir a la paz regional, a la prosperidad y a la cooperación. Superar la Doctrina Monroe no es solo una cuestión de justicia histórica, sino una elección por un futuro diferente”.
La congresista demócrata por Chicago Delia Ramírez añadió: “Durante más de 200 años, EE.UU. utilizó la Doctrina Monroe para justificar un enfoque paternalista, violento y perjudicial en las relaciones con nuestros vecinos de América Latina y el Caribe. Demasiados momentos devastadores han sido obra de esta doctrina obsoleta: dictadura en Chile, inestabilidad económica en Venezuela, interferencia electoral en Honduras, hambruna y pobreza extrema en Cuba, contaminación ambiental en Guatemala, asesinatos de independentistas en Puerto Rico o defensores de la tierra en Honduras. La migración extrema a través del colonialismo del Darién, la intervención militar, la privatización de tierras, y la lista podría seguir. Desde Monroe hasta Trump, nuestro legado en el hemisferio occidental ha sido doloroso. Ha sido de destrucción y desconfianza. Por eso, ya es hora de que cambiemos nuestro enfoque, porque no se puede lograr la paz a partir de las semillas de la violencia”.
Chuy García, congresista demócrata por Illinois de origen latino, señaló, por su parte: “Soy uno de esos inmigrantes, como muchos de mis electores, latinos de todo Estados Unidos. Somos testimonio viviente de las consecuencias humanas de la política de más de 200 años de utilización de la doctrina Monroe como excusa para justificar un intervencionismo de gran alcance en el hemisferio occidental. Esto ha abarcado desde ocupaciones militares hasta golpes de estado, invasiones y guerras. Hasta 70 intervenciones en todo Estados Unidos han permitido y apoyado dictaduras brutales como la de Pinochet en Chile, la ocupación militar de Haití durante 19 años, la invasión de la diminuta Granada. La lista es interminable. Y más recientemente, el legado de la Doctrina Monroe se ha manifestado de maneras menos visibles, como la violencia económica contra la población civil mediante sanciones o la intromisión en las elecciones. En su segundo mandato, Trump nos está devolviendo a la fuerza bruta del militarismo, a la vez que perpetúa la guerra económica. Esto incluye el secuestro de Nicolás Maduro, los ataques a pequeñas embarcaciones en el Mar Caribe y el estrangulamiento humanitario de Cuba”.
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