OPINIÓN

Amor y dinero

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Hay dos variables que, para Sigmund Freud, constituyen el núcleo de la transferencia: tiempo y dinero.

Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una época en que había tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.

El amor de transferencia es algo mucho más complejo que una pasión. Es un tipo de formación que, en el centro del análisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.

Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posición histérica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posición (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este vínculo nuestro ¿es solo un servicio reducible a un contrato profesional?

Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto histérico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo más, irreductible, en la relación entre analista y paciente.

Digámoslo de otro modo, con una reformulación de la pregunta histérica: ¿cómo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasión, decía, “Yo no podría analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de algún modo me quiere; es más, ¡tengo la certeza de que me quiere!”.

Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el análisis) es llegar al Otro por la vía del amor. De ahí que el histérico tienda a presentar su sufrimiento en términos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.

Podríamos decir que el sujeto histérico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el vínculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un más allá del análisis.

Ahora bien, esta posición no es la más frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son más bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotomanías que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.

Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisión, aislamos el siguiente hecho: cada vez son más colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo “olvidan”.

No tendría sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociológicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.

Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa decía que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.

Propongamos una hipótesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del “más allá” del pago de la histeria, sino de un “más acá”. Esta posición se parece más bien a la del sujeto melancólico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.

Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificación. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.

El sujeto histérico paga por su deuda, incluso paga de más, cuando –por ejemplo– es capaz de agregar un “regalito” para el analista, ese plus cuyo valor no se mide con el dinero. He aquí el amor de transferencia.

Mientras que el sujeto actual, narcisista y melancólico, vive en función de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a sí mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formación que podríamos llamar: la deuda de transferencia.

Esta es una cuestión sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un análisis.

LL/MF