Opinión

Las contradicciones ambientales del discurso de Fernández

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner

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La inauguración del período legislativo sirvió como marco para que el presidente Alberto Fernández renueve el modelo de desarrollo que impulsa su gestión. Un modelo que, aún con referencias a la crisis climática, profundiza la matriz desarrollista clásica basada en la explotación intensiva y exportación de recursos naturales.

Luego de la invitación realizada por el enviado climático del gobierno de Estados Unidos, John Kerry, para participar de la Cumbre de Líderes organizada por Biden para el 22 de abril, se esperaban anuncios importantes del presidente en materia ambiental. Sin embargo, el eje del discurso estuvo signado por una continuidad con las políticas extractivas vinculadas a los hidrocarburos y al sector agrícola-ganadero. También en la promesa de industrialización del oro blanco: el litio del norte del país. 

Fernández se declaró “absolutamente comprometido” con los principios del Acuerdo de París, y sentenció que “el desarrollo del futuro será verde o no será”. Acto seguido, anunció que pretendía “promover la industria hidrocarburífera mediante el envío de una ley que aborde en forma integral al sector, desde su extracción hasta su industrialización”, como uno de los seis pilares del Proyecto Nacional de Desarrollo. Añadió el objetivo de “convertirnos en exportadores de energía a nivel regional y mundial”, destacando que el gas de Vaca Muerta es “un combustible clave en la transición energética para minimizar los impactos del cambio climático”.

El Acuerdo de París exige limitar el aumento de la temperatura en 1,5°C, en relación a la era preindustrial, para evitar impactos irreversibles de la crisis climática. Para eso, la ciencia demostró que es necesario reducir el consumo de hidrocarburos en forma drástica. Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por la sigla en inglés), para 2030 el consumo de petróleo tiene que caer un 37% en relación a 2010, y el consumo de gas un 25%. Para mitad de siglo, prácticamente tienen que desaparecer. Esta hoja de ruta, con la que Fernández dice estar comprometido, está muy alejada del desarrollo basado en la exportación de fósiles de Vaca Muerta, la segunda mayor reserva de gas no convencional del planeta. El mundo no debe consumir más gas, debe consumir menos. En especial Argentina, que todavía depende un 85% de los hidrocarburos para generar su energía.

Esta hoja de ruta, con la que Fernández dice estar comprometido, está muy alejada del desarrollo basado en la exportación de fósiles de Vaca Muerta, la segunda mayor reserva de gas no convencional del planeta

“El discurso promueve el desarrollo con una base claramente extractiva”, consideró Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). “Agroindustria por un lado, fósiles por el otro, apertura de rutas de salida como la Hidrovía por otro; es una profundización del modelo extractivo que se contradice con el apoyo a los objetivos climáticos”. En otro pasaje, Fernández mencionó que “el propósito último de los subsidios (energéticos) es que sólo amparen a quienes los necesitan”. Nápoli encuentra otra contradicción: “considerando la continuidad del Plan Gas para las grandes petroleras, el sinceramiento de las tarifas de luz y gas es una transferencia neta de recursos de la población a las empresas productoras”.

Es que, más allá del discurso, FARN analizó el Presupuesto 2021 y reveló que, por cada peso que se invierte en medidas que protegen el ambiente, $15 se destinan a medidas que lo degradan. Las renovables y la eficiencia energética reciben $1 por cada $184 que reciben los fósiles, y el presupuesto del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible es un 10% de lo que recibirán las petroleras como subsidios a la producción de gas. Números que sostienen un discurso con fuerte carácter extractivo.

Más allá de la cuestión de los hidrocarburos, el Proyecto Nacional de Desarrollo que presentó Fernández se apoya también en la inversión para “aumentar la producción y las exportaciones del sector agroindustrial”. A pesar de la cuarentena, informó Greenpeace, la deforestación interanual en el norte del país creció en el 2020, incluso sin contar las más de 1.300.000 hectáreas incendiadas en todo el país. De acuerdo al IPCC, un 4,3% de la deforestación mundial ocurre en Argentina. En toneladas de recursos extraídos per cápita, el país se encuentra entre los treinta peores del mundo, más de un 40% por encima del promedio global. Los bosques son los pulmones que devuelven parte del oxígeno que los fósiles se llevan. El Presupuesto 2021 vuelve a desfinanciar la ley de bosques, otorgándole un 5% de lo establecido. Un área que requiere una intervención decidida del Estado para terminar con la deforestación.

Sin una sola mención a las energías renovables, el único pasaje vinculado a la agenda global en materia de transición ecológica fue el vinculado al litio. Como eje del desarrollo futuro, el presidente mencionó que enviará un proyecto de ley de electromovilidad, buscando promover toda la cadena productiva, desde la extracción de litio en el norte del país hasta la fabricación de baterías y colectivos eléctricos.

La deforestación interanual en el norte del país creció en el 2020, incluso sin contar las más de 1.300.000 hectáreas incendiadas en todo el país

El gobierno sabe que este recurso es estratégico. Entre Jujuy, Salta y Catamarca, el país concentra el 10% de las reservas mundiales. Junto a Chile y Bolivia conforma el triángulo del litio, que acapara el 64% de estas reservas fundamentales para alimentar las baterías que harán posible una transición rápida en el sector del transporte. La movilidad contaminante es la principal responsable por las más de 20 mil muertes anuales que sufre Argentina por contaminación fósil, y una de cada cinco muertes prematuras en el planeta. 

“El tema es para quién será ese litio”, se pregunta Nápoli. “El desafío es superar la creación de grandes zonas de sacrificio a un retorno muy bajo, para que el sector más privilegiado del norte global pase a moverse con autos eléctricos”, dice. Preocupa repetir el modelo extractivo intercambiando un recurso por otro, sin incorporar los costos sociales y ambientales de su extracción. La industrialización del litio de los salares norteños también puede encontrar un límite en el proyecto de Ley de Humedales si estos ecosistemas terminan considerándose en en proyecto que aguarda su tratamiento en el transcurso del año legislativo.

Minutos después del cierre del discurso presidencial, el ministro Matías Kulfas declaró en una entrevista con Radio con Vos la intención de que “Argentina fabrique colectivos eléctricos para que tengamos ciudades con menos contaminación y con menos ruido”. Esto supondría avanzar en la cadena de industrialización y focalizar su desarrollo en el sector del transporte público: en principio, una buena noticia. Sencillamente reemplazar los autos a combustión interna por autos eléctricos no será suficiente. Importar buses eléctricos, tampoco. Pero esto tendrá poco sentido si la generación eléctrica sigue siendo un 65% fósil, como hasta el día de hoy. El abordaje debe ser holístico y abordar la inclusión social, dentro de los límites ambientales.

Es importante que Argentina planifique una política nacional con respecto a este recurso estratégico para el siglo XXI, con participación de todos los sectores y sin repetir las fórmulas coloniales del pasado. Incorporar la variable de la industrialización parece alejado, pero es indispensable para que Argentina encuentre una senda industrial verde, en línea con los límites planetarios, mientras potencia una transición justa y redistributiva en el plano económico y laboral. Algo que, considerando los demás aspectos mencionados, sería una grata sorpresa.

Desde una perspectiva ecológica, el discurso de Alberto Fernández fue muy preocupante. Una mirada acorde con los principios del Acuerdo de París, o incluso de la encíclica Laudato Sí del Papa Francisco, que dice suscribir, es contraria al modelo de desarrollo que planteó el presidente. Una deuda ilegítima no puede justificar el desarrollismo extractivista en la búsqueda del cáliz del dólar. Si "el desarrollo del futuro será verde", animémonos. Para seguir proponiendo más de lo mismo, ya es demasiado tarde.

MF

Esta nota fue modificada el martes 2 de marzo a las 10:35. Por un error en la edición al cargar el texto se omitieron los tres párrafos finales.

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