Opinión

La fidelidad del olvido

El 24 de marzo de 1976, las fuerzas militares en las calles

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“La Idea de que ‘la verdad es revolucionaria’”, fue el comienzo de la carta abierta a (2001) con que llamaba a no repetir en automático a la convocatoria de ese 24 de marzo, sin antes detenerse a dar cuenta de lo pensado sobre lo vivido, más allá de ese casi ritual que lo actualiza. Mi intención no era el olvido sino apelar a su función que es la de transponer la mera rememoración, esa re-memoria, hasta alcanzar lo traumático que enmudeció los deseos entonces sin realizar.  

En la actual efemérides falta, si la muerte y aniquilación de la vida se evoca, la conciencia histórica de aquella sociedad, la movilización de la sociedad que luchaba contra la decadencia de nuestro país y presagiaba la continuidad de su crisis que hoy lo asola. A la derrota de esa decisión de lucha no fue ajena la falta de perspectivas políticas que preservara los ideales de cambio frente al avance de la hegemonía mundial del Capital sin competencia terminada la Guerra Fría y la simplificación que confundía las luchas de liberación con la revolución social para cambiar sus estructuras.

Una de las mayores bajas de la violencia fue el abandono de la política como práctica de elaboración discursiva de los destinos culturales e ideológicos comunes pos caída del fascismo.  

De ahí que a la ausencia de la política en esa convocatoria, que sigue repitiéndose, opere de síntoma que condensa el desaliento por la política y el mal recuerdo del Terror que la escarmentara. Por algo la democracia ha pasado a ser una forma de gobierno, la justicia falla en cuestiones de valores y la discusión de las diferencias duerme en el aburrimiento de la tolerancia que rechaza las alternativas de pensamiento que fundan y agrietan de verdad la divisiones de la sociedad. El escándalo de la desigualdad luce los afeites de una civilizada diversidad. 

Este año la higiene licencia el rito custodio del pasado para que aventar sus fantasmas tan deseados como deseados. Para eso la remake permanente de las frustraciones desoídas se ahorra sus gastados reclamos de seguir pidiendo lo imposible, revival de una juventud que da el presente en la academia y el mercado, cuando no emigrado. Siempre está a mano, menos por sus logros de fondo, derrocha pasión por la incapacidad de los gerenciadores del sistema con la sensatez obligada de ya no reclamar a la imaginación asuma el poder. Basta con que los  discursos sean más o menos sustentables, o por lo menos, creíbles. 

La variedad de identidades contra el sistema se esmera por distinguirse de los libertarios, los antipolíticas y se desgranan en las micropolíticas, y movimiento sociales aparentemente más modestos pero con más futuro: el feminismo, la ecología, y cierta herejía contra el trabajo, obligada a agradecer por “el amor de dios”, en generaciones pasadas con buena memoria. El inevitable estallido de los explotados confiados en que “esto así no puede seguir”, siguen confiados en el cambio.  Una visión pesimista, aunque no imposible, es el retorno de fascismos y totalitarismos débiles, salvavidas que el populismo siempre abona y cobra. La marquesina a ir “Por la Verdad”, sin decir cuál es la que está en discusión. Ninguna sorpresa: la primera baja de una guerra es la verdad, de ahí que todo vale. Postular la verdad en abstracto lleva a su vaciamiento. Rememorar, como regurgitar la savia añorada pasado consuela el hambre sin saciarla. Falta recrear en el presente ese contexto viviente y consciente en el que el resueno lo desea sin realizar que derrocha su insistencia ahogada en una identificación sin maduración temporal. La fidelidad del olvido pasa por la negativización, la crítica, función de eternizado inerte, y abrirlo a lo aún por venir, aunque inconsciente. 

El problema para quienes rechazamos la idea que la tolerancia salva del fanatismo sectario confunde la búsqueda de lo cierto con lo relativo, ese truco para ganar amigos, o votos. 

Una forma de evitar pensar la violencia es animalizarla: su fuente es la inclinación a asesinar de los beligerantes. Algo simple para quienes la racionalizan como razón de Estado.  El criterio de verdad rige para un problema dado: la división en dos demonios falsea su elección. 

Mi criterio es que no por azar sino que identificada con una tradición política histórica,  la verdad de la subversión se continuaba con principios comunes del ideal de emancipación universal, que apostaban al desear “un mundo sin gobernantes ni gobernados”.

Por lo tanto es ruin, más que interesado,  reducir los motivos de la violencia política que conocimos a animalizar a sus protagonistas para destruirlo. La humanidad, salvo especificidades patológicas que nunca son absolutas,  siempre persiste en todo comportamiento humano. Sartre decía de esa imposibilidad: “Se puede intentar tratar a un semejante como perro. Nunca lo será más que 'como' tal para otro”.  

El caso del bando opuesto merece idéntica intelectual y teórico política, so pena de simplificar por el sin sentido o la inhumanidad del otro. Al margen de las perversiones individuales que el poder dispone al aprovechar su tendencia perversa, tanto de las fuerzas represivas como al comportamiento de la militancia armada, les cabe la misma consideración para el análisis de toda conducta humana. De otro modo estaría desdiciendo lo anticipado por verdad, es decir, sin alcanzar las razones, las causas y los contextos socio- históricos. Conocer y explicar dista de justificar o perdonar. Esa verdad objetiva y subjetiva filtra la experiencia personal y afectiva de los sujetos sociales y se funde en la ideología circulante de una determinada época que hace su conciencia social, ya no privada. Esa es la forja de las vocaciones en el yunque de la división del trabajo que mejor sirve a los fines del sistema en vigencia productivo vigente. Formar parte de una legión armada por el Estado, formada en la obediencia a órdenes, sin abrir juicio ni con sus razones ni con sus consecuencias pesa en toda intención bélica. Toda la guerra es fratricida. Implica matar al semejante antes que el otro lo haga. Espejo a imitar, sin sentido.  

Otra concepción de la política propia la hace instrumento racional de un deseo de concebir la realidad como oficio terrestre y por eso recreable. Las condiciones subjetivas y éticas en que las políticas asientan son ajenas a las condiciones en que las libran sus protagonistas. 

El hecho cierto que debe ser objeto de reflexión es sin dar cuenta del abandono que la acción directa sometió a la voluntad de unos medios, que iban en estrecho sentido opuesto. Las contracciones sin pensar se vuelven enigmas. Como la intención de acompañar al “movimiento social real”, ese verdadero sujeto, acompañante de una  revolución en curso, se volvió su agente, sustituyente y redentor, identificado con el espíritu del enemigo. 

La Memoria, la fidelidad del olvido,  pasa por levantar el recuerdo que los eterniza en deseos sin realizarse. El retorno de lo muerto en vida que la repetición actualiza en lo aún por venir. Que la melancolía agoniza en el “Prohibido olvidar” y una ilusión de una Justicia por “ordenadores”.  

En coincidencia con el aniversario del 24 del marzo y el aumento de casos detectados de Covid-19 asistimos al riesgo de una Inmunidad de rebaño. Tal cual marchan las vacas por las mismas mangas que las inmuniza de la aftosa, que desvalorizaba su mercancía en pie. Idéntica a las que lleva al matadero. Vacuna, altar de la renovación del productivismo y el consumismo, vital para el capital. Condición de la libertad del ser mortal. Ese pensar que humaniza. Por eso: ¿lo importante es la Salud?

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