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La maldición del exportador de alimentos: ¿verdadera o falsa?

Nota: Desde el el 9 de mayo de 2021, Sobremesa está también disponible en la plataforma Spotify, en la que, cada domingo, los lectores de elDiarioAR podrán encontrar un nuevo episodio.

PG: ¿Qué tal, Roy?

RH: Pablo, buen día. ¿Cómo estás?

PG: Bien. Bueno, siempre uno está con novedades. La novedad que creo que vimos los dos, nos llamó la atención a los dos en los últimos días, es el crescendo sobre la discusión acerca de los precios de los alimentos, algo que vimos con bastante frecuencia a lo largo de nuestras vidas. La mía es más larga que la tuya, lo vi más veces. Entonces, yo diría que tenemos dos preguntas para contestarnos. La primera pregunta tiene que ver con una frase de Fernanda Vallejos, funcionaria del actual gobierno..

RH: Diputada.

PG: Perdón, diputada, que dijo más de una vez la frase “la maldición del exportador de alimentos”, refiriéndose a la Argentina como un caso particular. Entonces deberíamos preguntarnos si realmente exportar alimentos es una maldición o no lo es o qué es. Y la segunda es, si es una maldición o es un problema de algún tipo, qué solución tiene el Gobierno actual para el problema. Te propongo que discutamos alrededor de estas dos preguntas.

RH: Ok. Bueno. Lo primero que se me ocurre es que efectivamente este es tema caliente en la medida en que venimos de varios meses con mucha atención sobre el tema inflación, precio de los alimentos, y ahí es donde entra esta formulación de Fernanda Vallejos, que es una suerte como de, diría yo, versión degradada, si querés, o de segunda importancia de un tema importante que es el de la maldición de los países exportadores de recursos naturales. De la maldición de los países exportadores de recursos naturales, que, por depender de un sector como por ejemplo el petrolero, han tenido dificultades históricas para complejizar sus estructuras productivas. Acá tenemos una discusión más chiquita pero muy importante. 

PG: Sí, además el petróleo no se come.

RH: No se come.

PG: Y eso es muy crucial. Como el cobre chileno, no se come. 

RH: Así es. Muy importante. Entonces tenemos esta cuestión allí en primer plano y yo me preguntaba, antes de ir a la cuestión, al tema de qué tiene que hacer o qué puede hacer, qué margen de maniobra tiene el Gobierno para enfrentar el dilema, lo que yo me preguntaba es: ¿cuándo empezó el problema y en qué medida esto nos ayuda a encuadrarlo mejor al plantear el problema de esta manera? Hay dos cosas que me gustaría señalar. Una es que si uno va hacia atrás y se interna en el siglo XIX -los historiadores siempre vamos para atrás- el problema no tiene tanta relevancia o de hecho no existe como problema. Porque, si bien la Argentina es un país que se caracteriza por la abundancia y la baratura de sus alimentos, ya en el siglo XIX se come mucha carne, como vamos a comer históricamente, no hay conexión entre esa industria que produce carne, esa actividad produce carne y la exportación. Entonces tenemos ahí un mundo en el cual Martín Fierro puede estar tranquilo porque la carne que comen, que en general además -hay que decirlo- es carne de oveja no de vaca, no está sometida a la presión de los precios internacionales, de la conexión con el mercado internacional. Después está el tema del otro costado de la canasta, el trigo y el maíz, que, bueno, que no tiene tanta importancia y que tampoco se exportan. Entonces, ¿cuándo empieza el problema a alcanzar cierta envergadura? Creo que es cuando la economía exportadora argentina se convierte fundamentalmente en una exportadora de cereales y carne. Y eso es el cambio de siglo, más o menos. A comienzos del siglo XX, sobre todo con la carne, que coincide justamente con el momento en el que el sistema político se hace más democrático. Y entonces acá aparece algo que quizás los contemporáneos no terminan de percibir del todo pero es una suerte de tensión entre la disponibilidad local de alimentos y los precios locales de los alimentos y la exportación de alimentos. Y yo creo que es el primer hito, y vos sabés de esto mucho más que yo, que manifiesta el problema político que significa esa tensión y lo tiene que manejar el primer gobierno surgido de elecciones con la Ley Sáenz Peña. El gobierno del presidente Yrigoyen. 

En el siglo XIX el problema no tiene tanta relevancia o no existe porque, si bien la Argentina es un país que se caracteriza por la abundancia y la baratura de sus alimentos, no hay conexión entre esa actividad que produce carne y la exportación". (RH)

PG: Pero, ¿vos me estás diciendo que Yrigoyen es el que descubre que hemos perdido el paraíso de los alimentos baratos?

RH: Bueno, no sé si es el que descubre eso, pero si es el que se enfrenta el dilema, que es que los precios están subiendo y ese señor mucho más que los anteriores, mucho más que los presidentes anteriores, tiene que ganar elecciones, ha llegado recientemente a la Casa Rosada, su posición es relativamente frágil, no tiene todavía esas mayorías que va a tener a fines de los años 20 y vive en una sociedad en la que la población está acostumbrada a que la abundancia de alimentos no sea un problema. Esa preocupación podría estar en los europeos, pero la Argentina es el país de la carne, es el país que...

PG: Y hasta y hasta su acoplamiento al mercado internacional, carne barata.

RH: Muy barata. Es un país que en el siglo XIX, dicen, -estas son estimaciones muy al voleo- pero 200 o 300 kilos de carne por personas...

PG: La capital mundial del colesterol.

RH: Sí, sin duda. Era otro sistema, recién estaba arrancando la industria frigorífica, recién estaban emergiendo las carnicerías como el punto que conectaba la oferta y la demanda. No sé si conocés, hay un lindo tango, vos que sabés de tango, que se llama “Chorra”.

PG: Sí, claro.

RH: Del año 28, de Discépolo. Ahí está construida la figura de carnicero, creo que por primera vez. Una figura con rasgos muy nítidos.

PG: Sí, sí, es verdad.

RH: Tiene la ganchera, el mostrador y la heladera ese señor. Ahí empezó esa historia de consumidores que consumen regularmente carne, además de trigo, por supuesto, pero la carne es lo más caro. Y esto planteó un problema.

PG: Trigo quiere decir pan. Carne y pan. Y de vez en cuando polenta con harina de maíz. Entonces, ¿qué pasó con Yrigoyen?

RH: Bueno, eso lo sabés más vos que yo, pero te doy la punta. Puso retenciones.

PG: Sí, señor. Puso retenciones, efectivamente. Además, notablemente, en una ley que pasó por el Congreso, de las pocas que pasó por el Congreso, y con los precios internacionales muy altos, producto de la demanda de la guerra, porque es un impuesto de 1917, todavía no había terminado la guerra, y con la Sociedad Rural y las entidades rurales que no protestaron casi nada. Lo aceptaron como un tributo por las rentas altas, que era más o menos como se llamaba el impuesto. Como vos decís, es en verdad el primer indicio de que se estaba descubriendo un problema. El problema de los precios de los alimentos ahora vinculados a los precios del mercado mundial. Hay una anécdota interesantísima que es Juan B. Justo cuando ve esto. Juan B. Justo era un librecambista dogmático, ultra, un ultra librecambista, que él se queda perplejo frente al hecho de que las retenciones móviles de Yrigoyen, porque fueron retenciones móviles, van a bajar los precios y termina siendo como era un librecambista votando a favor del impuesto. Uno hubiera esperado que no votara a favor del impuesto, pero de otro lado él se cree representante de las clases populares. Termina votando a favor. 

Yrigoyen puso retenciones (...) Es en verdad el primer indicio de que se estaba descubriendo un problema. El problema de los precios de los alimentos ahora vinculados a los precios del mercado mundial". (PG)

RH: Sí. Bueno, entonces él renuncia a uno de sus principios pero no al otro, que es la defensa del interés del consumidor.

PG: Exacto.

RH: Y es el gran tema de la historia argentina que nos recorre hasta ahora.

PG: Ese acople, con este pequeño desacople que es Yrigoyen, en realidad toma una forma más regular desde Perón. ¿Estás de acuerdo con eso?

RH: Sí, ese es el otro hito. Es Yrigoyen y Perón. Y también, ¿no?, un gobierno como es el de Perón, que en el 45, 46 es un recién llegado el escenario político, que tiene una clientela popular a la que le debe todo, que inevitablemente va a estar preocupado por los precios de los alimentos y que, por tanto, otra vez va a ir, va a poner en marcha iniciativas más ambiciosas que las de Yrigoyen para desacoplar los precios domésticos de los precios internacionales.

Perón (...) va a poner en marcha iniciativas más ambiciosas que las de Yrigoyen para desacoplar los precios domésticos de los precios internacionales". (RH)

PG: Sí, sí. Dejame ir a la primera pregunta, a la pregunta central nuestra. Creo que por el camino por el que vamos que estamos diciendo que la palabra maldición es desmesurada pero que ahí había un dilema entre comercio internacional y precio de los alimentos. Creo que se está nombrando un problema verdadero con un lenguaje que lo vuelve falso. Digo, pobre Fernanda, pero eso es lo que yo creo. Creo que ella está equivocada en la manera de pensarlo, aunque está nombrando un problema verdadero. Y que desde Perón, diría, es no una regularidad, porque si uno mira la sucesión de idas y vueltas que tuvimos desde los 60 en adelante, momentos de mayor acople y momentos de mayor desacople. Y tuvimos un momento de fuerte desacople, es decir, de fuerte acople, quiero decir, que es Menem. Es decir, la apertura de la economía es al estilo del 80, si se quiere, del 80 en adelante. Es: los alimentos tendrán el precio que tienen en el mercado internacional sin retenciones. No quiero decir que esté bien o que esté mal, pero es llamativo que en el momento en que la globalización, la segunda globalización comercial, empieza a dar frutos para la Argentina un gobierno peronista se anima a acoplar. Vade retro a acoplar. No es peronismo eso.

RH: Sí. Volvería un minuto para atrás para decir, bueno, ¿qué justificaba para Perón esto? La necesidad de desacoplar los precios. Yo creo que ahí hay dos cosas. Una, que quizá es la más importante, el precio de los alimentos, pero también una idea sobre hacia dónde tiene que ir la Argentina. Y esa idea es: tiene que ser un país más industrial y le vamos a hacer pagar al campo el precio de ese nuevo rumbo que toman la Argentina.

PG: Alimentos baratos para que la sociedad compre bienes industriales. Para lo cual hay que proteger a la industria que le va a dar esos bienes a los trabajadores y a la sociedad en general. 

RH: Entonces yo creo que de los 40 a los 80, con sus más y sus menos, dependiendo de cómo están los precios internacionales, cuál es el nivel de salarios reales, esa fórmula funciona. Ya en los 90 es que empezamos a entrar en otro mundo. Empezamos a entrar en otro mundo porque la percepción de que, creo, de que la industria va a ser la locomotora de crecimiento, está siendo cada vez más cuestionada, más impugnada y eso yo creo que también redefine un poco el problema de fondo de este debate.

En los 90 empezamos a entrar en otro mundo porque la percepción de que la industria va a ser la locomotora de crecimiento está siendo cada vez más cuestionada, más impugnada y eso, creo, también redefine un poco el problema de fondo de este debate". (PG)

PG: Sí, sí, y hace que hasta el propio peronismo empiece a poner en cuestión el desacople. Fijate el propio gobierno de Alberto Fernández, que tan intensamente nombra la cuestión de las exportaciones y de los dólares, es el gobierno que en en consecuencia no se anima a ir muy lejos en términos de restricciones al comercio de alimentos, más allá de aquellas que heredó. 

RH: En un momento de enormes dificultades para un sector muy amplio de la población uno de los rasgos que llama la atención es, si se quiere, la relativa modestia de sus iniciativas para cerrar las exportaciones. Ha habido mucho ruido...

En un momento de enormes dificultades para un sector muy amplio de la población uno de los rasgos que llama la atención es, si se quiere, la relativa modestia de sus iniciativas (del Gobierno de Alberto Fernández) para cerrar las exportaciones". (RH)

PG: Amenaza, amenaza pero no se concreta.

RH: Hay muchas voces, como la de Fernanda Vallejos, pero la Secretaría de Comercio, digamos así, Paula Español, la heredera de Moreno, es mucho menos enfática que Moreno al momento de proponer soluciones tradicionales. 

PG: Sí, sí, sí. Dice cosas duras y se retracta o se modera. Ahora, a mí me da la impresión de que ahí hay una cuestión central y es que la economía está desacoplada. Quiero decir, no solamente tenemos retenciones altas, sino que tenemos brecha. Y entonces la percepción del productor agropecuario, del productor ganadero, del productor de trigo, de maíz no es que tiene una retención del 30 y pico por ciento, sino que tiene 30 y pico más la brecha. Entonces es muy difícil en un momento como el actual, y en esto quiero poner un poquito de énfasis, en que en el mundo empieza a haber un aumento muy intenso del precio de las materias primas en general y de los alimentos en particular, es muy difícil intensificar todavía más ese desacople porque se corre el riesgo de una reacción tipo 2008. Es un gobierno marcado por el 2008 y, por lo tanto, cauteloso frente a nuevas medidas proteccionistas y anti exportadoras.

RH: Sí. Yo creo que ese temor está. Estuvo desde Vicentín en adelante.

PG: Estuvo desde Vicentín en adelante pero a mí me parece que el problema se les vuelve más complicado desde que... A ver, el miércoles hubo una noticia muy importante en el mundo que es la inflación en EEUU. No importa cómo se explica, si se explica por la expansión monetaria y fiscal... Dejémoslo. El hecho es que eso se tradujo en un aumento del precio de los activos y del precio de las materias primas y, particularmente, dada la revigorización de la economía china, en los precios de los alimentos. Con lo cual eso se parece al preludio de la crisis de la 125. La soja a 600 dólares. La soja a 600 dólares hoy como estuvo entonces. En aquel momento no tuvieron ningún problema en avanzar con una propuesta absolutamente desmesurada de aumento de retenciones que se convirtió al final en retenciones móviles. Y hoy no sé si pueden hacerlo.

RH: Probablemente, sí. Bueno, claro, el escenario político es otro y del otro lado hay un 41%, hay productores que ya han acumulado una experiencia y que están dispuestos a enfrentar al Gobierno y quisiera creer también que del lado del Gobierno ha habido aprendizajes. Y uno de los aprendizajes es que el mundo también puede ser un aliado para la Argentina. Y, volviendo a la cuestión de la la famosa maldición de los alimentos, hay un costado negativo de esto pero también el precio de los alimentos en ascenso para una economía exportadora de alimentos es una bendición. Es una bendición, por ejemplo, para las cuentas fiscales. 

Volviendo a la famosa maldición de los alimentos, hay un costado negativo pero también el precio de los alimentos en ascenso para una economía exportadora de alimentos es una bendición. Es una bendición, por ejemplo, para las cuentas fiscales". (RH)

PG: Totalmente. Y, por lo tanto, para el crecimiento de la Argentina. Entonces, si uno vuelve a la pregunta inicial, quiere decir que tiene un costado maldito y tiene un costado bendito el acoplamiento, sobre todo cuando suben los precios. Y, justamente, cuando uno pone estas cuestiones, estas cuestiones de política pública como dilema, que es lo que estamos haciendo en este momento, es cuando más difícil se vuelve tomar una decisión de política pública. No quiero estar en los zapatos, ya no de Fernanda, sino de todo el Gobierno frente a un problema que es un problema internacional. En el mundo se está discutiendo qué hacer con el aumento de los precios de las materias primas y nosotros, un poco provincianos, nos creemos que es un problema particular, específico de la Argentina.

RH: Sí. Diría dos cosas para cerrar mi comentario.

PG: Y el mío también.

RH: Uno: toda esta discusión sobre la maldición me hizo acordar a un dicho de Churchill sobre la democracia. Dice Churchill: la democracia es el peor sistema de gobierno a excepción de todos los demás. Yo creo que con la maldición de los alimentos hay algo de eso. Tiene un costado negativo, cuando un consumidor va al supermercado, pero viendo el panorama en su conjunto para la Argentina es indudablemente un problema menor, en el sentido de que hay muchas otras ventajas que a veces no tenemos tan en cuenta y que vale la pena considerar. Sobre todo poniendo sobre la mesa, como hizo Juan Carlos Hallak hace poquito en un trabajo con Victoria Luca, una de las cosas que muestra es que subsidiar o compensar el incremento de los precios de los alimentos para los que están por debajo de la línea de pobreza, en el incremento de los precios del último año -quizás hay que modificar un poco la cuenta porque la hizo hace un par de meses- significa solamente el 20 por ciento de los recursos fiscales generados por el incremento de las retenciones. 

PG: Eso me parece fundamental lo que estás diciendo. Yo creo que es crucial. Estás diciendo: una solución focalizada es la caja PAN adaptada a la tecnología actual. Bueno, digámoselo al gobierno, a ver si una vez podemos hacer una propuesta concreta.

RH: Ojalá vaya por este camino: proteger no la mesa de los argentinos, de los ricos y de los pobres, sino específicamente la mesa de aquellos que más lo necesitan.

RH/PG

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