Opinión

Un ministro no apto para tiempos de desmesura

Martín Guzmán

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En el mar de reacciones inmediatas que generó la renuncia de Martín Guzmán, dos de ellas, desde tribunas antagónicas, enmarcan el debate político-económico de la Argentina.

“Serás para siempre recordado como uno de los peores ministros de Economía. Soberbio, bruto, pedante y un total irresponsable. Dejás un país peor, memes y sarasa. Hasta nunca, pasante”, disparó la economista liberal Diana Mondino, docente del máster en Finanzas de la Universidad del CEMA y fuente de consulta habitual de los principales medios.

“Sea más sincero, joven Martín Guzmán. Usted vino a hacer un mandado: firmar un contrato de adhesión con el FMI que legalizó la conspiración entre Macri y el FMI para que los oligarcas fugaran la plata de Argentina. Lo cumplió y ahora le darán su % de comisión. Váyase”, sentenció la sindicalista, exembajadora y exdiputada Alicia Castro, una precursora, allá por 2020, en la denuncia contra Alberto Fernández por traición al Frente de Todos.

Son dos opiniones individuales por parte de referentes que no ocupan cargos ni conducen espacios políticos relevantes, pero cobran vuelo al comprobar que resumen, aun en su desmesura, los dos ángulos contrapuestos desde los que se apuntó a Guzmán, hasta empujar su renuncia.

De hecho, si se presta atención, la retórica de Castro no difiere demasiado de la de Andrés “el Cuervo” Larroque, ni siquiera de la de Cristina Fernández de Kirchner, quien explicaba en Ensenada, en el momento en que el exministro hizo pública su dimisión, que los países de la Unión Europea también cosechan déficit fiscal, por lo cual —según su particular cosmovisión—, éste es inocuo en términos de inflación.

La visión de Mondino también encuentra un eco inconfundible en la crítica ortodoxa que predomina en Juntos por el Cambio y los libertarios. Ese abordaje mide a Guzmán por la inflación, que este año será superior al 54% dejado por Mauricio Macri; por el número actual de pobreza, que excede en dos puntos a la escalada durante aquella administración, y por el déficit fiscal, el escaso financiamiento y la emisión.

La carta de Guzmán se dedica a hacer un balance más edificante de su propia gestión. Cita métricas positivas y advierte que la secuencia de una deuda monumental, el crédito cerrado, la pandemia y la guerra de Ucrania delimitaron un campo minado que dificultó subsanar los déficits que le endilgan sus críticos; sobre todo, reconstruir el poder adquisitivo de los ingresos populares a niveles previos a la crisis. Sería redundante reproducir aquí sus argumentos, desarrollados a lo largo de siete páginas.

Preguntas

El país se encuentra en una antesala electoral que aceleró sus tiempos y muestra dos vertientes claras entre los principales bloques en pugna.

Del lado del cristinismo, se escuchó su voluntad de aumentar el ingreso de los trabajadores aun a costa del déficit y la emisión. La líder y a la vez principal crítica del oficialismo muestra gráficos que ella entiende que comprueban que la inflación no está relacionada con esas variables. Se sabe además que La Cámpora no considera relevante modificar un cuadro de tarifas de servicios públicos vigente antes de que el país recorriera 200 puntos de inflación. Ayer mismo, la vicepresidenta insistió en la necesidad de abordar la “economía bimonetaria”, como viene haciendo hace meses. No surgen mayores detalles, ni de su parte, ni de sus voceros, ni tampoco se los preguntan, sobre si esa economía supone desdoblar el tipo de cambio, cerrar todas las importaciones, pesificar deudas, la libre circulación del dólar o qué otro recurso de política económica.

Cabe pasar por alto solicitar detalles sobre la dolarización a Javier Milei, ocupado en elaborar ideas sobre la venta de órganos y niños, y enfocarse en Juntos por el Cambio, que por el influjo o el pánico al libertario, parece haber enterrado la divisoria entre halcones y palomas.

Carlos Menem la llamó, a su turno, “cirugía mayor sin anestesia”. Con menos pericia política, menos carisma y menos calle, Macri, Bullrich y Rodríguez Larreta buscan, sin mucho esfuerzo, una narrativa que explique una receta ortodoxa

A partir de 2024, se viene una política de shock, idea no ocultada por los presidenciables de la coalición opositora, aunque eligen no usar un término que invita a pensar en traumas sociales. Carlos Menem la llamó, a su turno, “cirugía mayor sin anestesia”. Con menos pericia política, menos carisma y menos calle, Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta buscan a desgano a narrativa que explique una receta ortodoxa para subsanar todo lo que le criticaron a Guzmán.

Las voces de Juntos por el Cambio le cuentan a Guzmán los billetes emitidos y el déficit. Sobreabundante para explicar que su Gobierno colapsó por una sequía y una suba de tasas en Estados Unidos en 2018, la oposición conservadora se saltea la pandemia, Ucrania y, por supuesto, su propia herencia. Ni hace falta mencionar la ausente repregunta, especie desconocida entre la dirigencia del macrismo.

Tanto para kirchneristas como para macristas, vale mencionar un ejemplo europeo; por caso, España. Su déficit pandémico de 2020 fue algo mayor al de Argentina: 10%. El de 2021 fue el doble, 6,76%, y el de 2022 sería del orden de 5%, también 100% más que el estipulado por el FMI para este país. El crecimiento del PBI español el año pasado, 5%, sólo recuperó la mitad de la caída de 2020 (Argentina, 10%). Las dudas entre emisores de dinero y recortadores de presupuestos para solventar el déficit y empujar la maquinaria se resignifican al considerar que España, conducido por un Gobierno de centroizquierda también jaqueado por la división interna y la impericia, ya comenzó a recibir el fondo especial de recuperación europeo Next Generation, consistente en 77.234 millones de euros.

¿Qué significa recortar el gasto? ¿Cuánto aumentarán las tarifas? ¿Cómo subsanarán el agujero que dejará la rebaja impositiva que prenuncian? ¿Qué empresas públicas serán eliminadas? ¿Habrá reducciones salariales y de ayudas sociales?

Esas preguntas y las que le caben al peronismo cristinista no deberían ser formuladas como misiles de campaña, sino como instrumentos para que los presidenciables se hagan cargo realmente de sus promesas, con sus implicancias políticas, económicas y sociales.

En España, el déficit pandémico de 2020 fue similar al de Argentina: 10%. El de 2021 fue el doble, 6,76%, y el de 2022 sería de 5%. Pero el Gobierno de Madrid ya comenzó a recibir el fondo especial Next Generation, estipulado en 77.234 millones de euros.

Einstein decía no pensar “nunca en el futuro porque llega muy pronto”. Por ahora, le toca a Alberto Fernández encarar el último tramo de su Gobierno. A modo de sugerencia al Presidente para la elección de su sucesor, Guzmán dejó un párrafo que suena elemental. “Desde la experiencia que he vivido, considero que será primordial que trabaje en un acuerdo político dentro de la coalición gobernante, para que quien me reemplace cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política económica”.  

La vara implícita que deja el ministro saliente es no tanto pensar en el qué, sino el cómo, porque otro fracaso montado sobre espejitos de colores sería asfixiante para la sociedad argentina.

Guzmán, que en su tuit de despedida aclaró que seguirá trabajando en política, deja una segunda vara. Que sus críticos se las ingenien para hilvanar dos años seguidos de crecimiento de la economía, lo que no ocurría en la Argentina desde 2011. Casi un milagro.

SL   

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