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Panorama Político

Peronismo en fase tribal: lo viejo, lo nuevo y los fenómenos morbosos más variados

De izquierda a derecha, Raúl Jalil, Juan Manzur, Axel Kicillof, Gildo Insfrán, Lucía Corpacci, Fernanda Raverta y Eduardo de Pedro votan en el Congreso del Partido Justicialista, en Ferro, el 22 de marzo de 2024.

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Un tema ardió en los últimos días en el chat Federales que comparten 70 de los 99 diputados de Unión por la Patria (todos menos los de La Cámpora, los que tienen terminal directa en el Instituto Patria y las autoridades del bloque). Con la reversión del aumento de 30% otorgado en febrero para integrantes de ambas cámaras, aprobado y luego desaprobado por la dupla Martín Menem-Victoria Villarruel, los diputados cobrarán en marzo $750.000, y los del interior sumarán $160.000 para viáticos.

Con ese dinero en el bolsillo y pese a que el Congreso vive meses intensos, los legisladores que pueden tratan de extender lo máximo posible la estadía en sus provincias para ahorrarse el piso de $500.000 mensuales que supondría pagarse un dos ambientes o un hotel discreto en en el Centro.

En la antesala del congreso del Partido Justicialista realizado en el microestadio del club Ferro, barrio de Caballito, la intervención televisiva de Victoria Villarruel la noche anterior era motivo de comentarios. Particularmente, diputados destacaban el fragmento en que la vicepresidenta defendió la legitimidad de que los encargados de redactar leyes ganen un sueldo digno.

Contexto: Hasta enero, los diputados cobraban cerca de $1,9 millones mensuales. Una cláusula de larga vigencia que ata los sueldos de los legisladores a los del personal del Congreso disparó un aumento de 30% en febrero, hasta $2,6 millones. Menem y Villarruel firmaron el alza que en los hechos compensaba poco más que la inflación de diciembre, pero cuando se difundió la noticia, los resortes de la antipolítica que imperan a derecha e izquierda pusieron el grito en el cielo y el aumento fue anulado. Con el sueldo de este mes, diputados y senadores deberán devolver el extra recibido. Incluso si ello no ocurriera y rigiera el aumento, nuestros hacedores de leyes se ubicarían entre los peor pagos de América Latina.

Escarmiento del prime time

Villarruel actuó con obediencia debida a los Milei —anuló la suba—, pero se atrevió a dar su punto de vista al ser entrevistada por Jonatan Viale en TN. Aludió a la obvia razón de que profundizar la tendencia de dejar la política en manos de millonarios o de quienes tengan fuentes alternativas de ingresos no sería lo más inteligente. Sobre todo, la vice puso énfasis en la dignidad salarial de quienes son electos por voto popular para cumplir una de las funciones esenciales definidas en la Constitución.

El expediente de los sueldos de los legisladores rankea muy abajo entre los principales problemas de la Argentina, pero es elocuente sobre el estado de situación de la política.

Si se busca un lado positivo, una de las lecciones del ascenso de Javier Milei y Villarruel es su desapego a la corrección política

Si para unos cuantos diputados y senadores cobrar salarios que marchan marcadamente debajo del de un gerente de banco, un petrolero o un juez se transformó en un inconveniente para cumplir su tarea, ¿por qué no dieron un debate público y razonado en defensa de la legitimidad de su puesto, sin atajos demagógicos o vergonzantes?

Algunas respuestas señalan la inconveniencia de verse apuntados por presentadores del prime time televisivo. Esos rostros enojados frente a cámara que corren con el caballo macri-mileísta y la pauta público-privada son impiadosos con sueldos que no son los propios.

Puestos a buscar un lado positivo, una de las lecciones del ascenso de Javier Milei y Villarruel es su desapego a la corrección política. Con sus dichos “institucionalistas” —los senadores tienen que ganar bien—, la vicepresidenta desafió el sentido común no sólo de la televisión, sino de las letrinas libertarias que hasta hace poco la celebraban por Twitter.

De su lado, Milei hizo de la desobediencia a ciertos tótems de los medios y el sentido común un trampolín de su carrera. Si Mirtha Legrand, quien le tendió el mantel para unas cuantas mesas propagandísticas durante la campaña electoral, denuncia el “rencor” que motiva el cierre del cine Gaumont y del INCAA, el ultra no se amilana y le responde que compre el establecimiento para proyectar las películas que desee. Milei hiere la vida y el espíritu del país con sus groserías y sus alardes de crueldad, pero lo hace con convicción. Algún rédito le ha dado.

¿No hubo espacio para que diputados y senadores peronistas dieran una discusión con altura sobre sus ingresos, antes de que lo hiciera la vicepresidenta nacida y criada en la política entre perpetradores de crímenes de lesa humanidad?

Milei hiere la vida y el espíritu del país con sus groserías y sus alardes de crueldad, pero lo hace con convicción. Algún rédito le ha dado.

Sol y letanías peronistas

Si Antonio Gramsci hubiera sido cronista del congreso del Partido Justicialista el viernes, acaso habría recordado, a riesgo de sonar grandilocuente para la importancia del evento, que “la crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer. En ese interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”.

En ese mediodía con sol y letanía peronistas no se jugaba la crisis del capitalismo, ni la demorada revolución comunista ni el auge del totalitarismo, pero el cuadro en el microestadio de Ferro permitía la boutade.

El peronismo transita desapasionadamente una etapa tribal. Están La Cámpora, el peronismo provincial harto del ombliguismo del PJ AMBA, la ortodoxia cristinista que remite al Instituto Patria pero no a Máximo, el kicillofismo, el kicillofismo sin Kicillof, el anticamporismo bonaerense, las organizaciones de base, la diáspora del no nato albertismo, las ramas sindicales, el peronismo provincial con ganas de seguir a los Vendidos del PJ Tucumano, los caciques que alambran su provincia, el peronismo derechoso que se ilusiona con imitar a Milei y un par de rambos carapintadas. Por fuera de ellos, Sergio Massa, en plena duda sobre su futuro entre la asesoría financiera y la actividad política, y Juan Grabois, el mayor contradictor público de Milei, pero un enigma en cuanto a su lugar en la política partidaria.

En todo el arco que no incluye al eje La Cámpora-Patria hay al menos una coincidencia, si bien explicitada en público sólo por unos pocos. La jefatura política de Cristina y la delegación vicarial en la organización de Máximo llegó a un punto límite, no sólo porque fracasó, sino porque conspira contra la supervivencia del resto. Lo que venga deberá ser sobre otras bases, aunque nadie atina a decir cuáles.

Una segunda coincidencia de ese arco —no sólo variopinto, sino que abiertamente contradictorio entre sí— es que, a diferencia de La Cámpora y el Patria, carece de líder siquiera en ciernes.

Qué dice el chat

El chat de los Federales del principal bloque opositor de Diputados congrega ese espíritu de quienes albergan diferencias ideológicas y de intereses dentro del peronismo, pero sus terminales no están ni en el Patria ni en La Cámpora. El grupo de whatsapp nació cuando cayó la ley ómnibus, el 7 de febrero, porque en paralelo se dio un choque entre Victoria Tolosa Paz y Máximo Kirchner. La primera proponía un proyecto para coparticipar el impuesto PAIS a las importaciones y el segundo se oponía.

La vigencia electoral de Cristina está lejos de ser una certeza

A partir de esa disidencia instrumental, se conformó el grupo que en un primer escalón llegó a 54 miembros y ahora alcanza 70, incluidos la gran mayoría de los legisladores de las provincias, el Frente Renovador, Patria Grande y los disidentes metropolitanos del cristinismo ortodoxo. Uno de sus integrantes refuerza desde una provincia norteña que si bien no hay un proyecto político consistente detrás de ese vehículo de comunicación —algo elemental en un bloque, que insólitamente no existía—, un factor de cohesión está dado por la voluntad de superar un celo excesivo de La Cámpora por determinar cada foto, cada coma y cada autoría de un proyecto.

No hay reemplazo a la vista, pero la vigencia electoral de Cristina está lejos de ser una certeza. La primera que parece no tener seguridades al respecto es la propia expresidenta. En 2017, acosada por el tándem macrismo-AFI-Comodoro Py, Cristina perdió la carrera por el Senado en la provincia de Buenos Aires contra un rival que no estaba a su altura ni brillaba por la frescura de su discurso: Esteban Bullrich. Antes y después, la exmandataria se vio compelida a apoyar a postulantes presidenciales que no sólo estaban fuera de su círculo, sino que habían sido depositarios de su íntima desconfianza: Daniel Scioli en 2015, Alberto Fernández en 2019 y Sergio Massa en 2023. El cristinismo y el país, vale reconocer, se privaron de ver a Florencio Randazzo en una boleta presidencial kirchnerista. La exjefa de Estado no se arriesga ella misma para encabezar listas, ni lo hace con su hijo, ni con nadie que se autodefina “soldado de Néstor y Cristina”.

Días atrás, Gildo Insfrán se sinceró ante uno de los protagonistas del peronismo de los últimos años. Enumeró el lugar en que se encuentran Cristina, Alberto Fernández, Daniel Scioli y otros. Les asignó virtudes, pero habló, como muchos en el movimiento, de la necesidad de que una generación entera diera paso a los que siguen. Recibió una respuesta punzante. “Sí, nos tenemos que hacer cargo y dejar lugar a los que vienen. Pero vos, que llevás 28 años como gobernador de Formosa. ¿No creés que también sos parte del pasado?”.

Apetencias bonaerenses

Axel Kicillof, gobernador de la provincia más poblada, reelecto con 45% de los votos, es el eslabón perdido entre lo viejo que no acaba de morir y lo nuevo que no nace. Ese jueves, muy activo en los salones de Ferro, Kicillof volvió a padecer el fuego amigo de La Cámpora, que hizo esfuerzos denodados para que el reemplazo de Alberto Fernández como presidente del Partido Justicialista —tomó licencia— no recayera en la vicepresidenta, Cristina Álvarez Rodríguez, hoy en la órbita del gobernador bonaerense.

Sectores no cristinistas lanzaron un pleno improbable para darle protagonismo a la exgobernadora catamarqueña Lucía Corpacci, quien tampoco pasó el filtro. En consecuencia, quedó conformada una Mesa de Acción Política para el Desarrollo Argentino, un sello para disimular el vacío en la conducción.

Los pares del gobernador le atan su suerte al cristinismo puro, y con ello, le quitan toda chance de superar las fronteras del territorio bonaerense, donde no tiene reelección. Por arriba, por abajo y por el costado, se acumulan voces que dicen que es “imposible que Axel haga algo que Cristina no quiere”.

Quienes orbitan en Máximo Kirchner no están tan seguros de que Kicillof renuncie a soltar amarras, ya que cada vez que pueden, le aclaran que lo de la “nueva música” fue una osadía que no están dispuestos a olvidar.

No sólo por una cuestión de lealtad política imperturbable, sino porque deberá llevar adelante un Gobierno con un sistema de coparticipación que perjudica a Buenos Aires como a ninguna provincia y un Ejecutivo nacional en plan de eliminar todas las transferencias no automáticas que le daban oxígeno, tanto a él durante el mandato de Alberto Fernández, como a María Eugenia Vidal con Macri. En ese contexto, el margen para la aventura personal se torna más delgado.

Se ve que quienes orbitan en Máximo Kirchner no están tan seguros de que Kicillof renuncie a soltar amarras, ya que cada vez que pueden, le aclaran que lo de la “nueva música” fue una osadía que no están dispuestos a olvidar.

En el círculo de Kicillof observan el riesgo de afrontar una crisis social sin recursos como una amenaza seria, pero anotan otro: cederle espacios decisivos a Martín Insaurralde, “que las pelea todas, en tándem con Máximo”, dijo un protagonista de esa pulseada. A veces en pinza con esa dupla y otras en competencia, Massa pugna por puestos y presupuestos, con un ancho de bastos en la mano. El Frente Renovador puede transformarse en garante del quórum en la Legislatura Bonaerense, y si se abre, Kicillof no podrá aprobar leyes.

Mientras es investigado por su viaje obsceno a Marbella y probable enriquecimiento ilícito, el exintendente de Lomas de Zamora opera a través de Alejandro Dichiara, premiado nada menos que con la presidencia de la Cámara de Diputados provincial. “Insaurralde sigue moviéndose como si representara a diez intendentes del conurbano; no tengo claro de que sea tan así”, dice un alcalde peronista que mira esa entente desde afuera.

Puertos, rutas, juego y obras públicas son algunos de los grandes presupuestos que disparan la puja. Por ahora, el gobernador bonaerense bloqueó algunas apetencias o se aventuró al riesgoso juego de poner a un segundo de su propia confianza para que vigile a quien ocupa la silla principal. En ese plan, Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura, se transformó en el principal aliado de Kicillof.

Gramsci habló de lo nuevo, lo viejo y los monstruos que surgen en el claroscuro.

Milei paga traidores

Sergio Berni, la carta de Cristina y Kicillof en Seguridad —Javier Alonso, ministro en la Provincia, le responde—, ya demostró todo lo que puede dar para emular el panegírico del gatillo fácil y la mano dura que sostienen Patricia Bullrich, casi cualquier encargado de seguridad en una provincia argentina y la voz omnipresente en los medios.

El exministro y hoy senador provincial se hizo notar en Ferro con un discurso guerrero, sin que quedara claro el destinatario, y en las horas posteriores, dio un paso más: quiere a Victoria Villarruel en su equipo.   

Tucumán obtuvo un anticipo financiero de $32.000 millones, a ser devueltos vía detracción de la coparticipación a tasas muy por debajo de la inflación

La ofensiva por ofrecer una versión mileista en el peronismo muestra sus cartas con Guillermo Moreno, Miguel Pichetto y Berni, tres líberos con auspicio mediático. Pasan la ambulancia en busca de algún gobernador dispuesto a dar el salto, como ya lo hizo el tucumano Osvaldo Jaldo. El catamarqueño Raúl Jalil siembra dudas sobre si apoyará no sólo la ley ómnibus, sino también el decreto de necesidad y urgencia.

El Ministerio de Economía muestra el camino. Esta semana, Tucumán obtuvo un anticipo financiero de $32.000 millones, a ser devueltos vía detracción de la coparticipación a tasas muy por debajo de la inflación.

El sigilo de la cartera de Luis Caputo para manejar ese beneficio y su renuencia a dar información sobre ese manejo de fondos públicos contrastó con la necesidad de Jaldo de esgrimir ese crédito —que le alcanzará para no retrasarse un mes en el pago de sueldos provinciales— como parte de su jugada magistral de cambiarse de bando para apoyar la ley ómnibus.

Son fenómenos morbosos variados.

Este domingo, centenares de miles marcharán para conmemorar el Nunca Más al terrorismo de Estado. Será una manifestación a la defensiva, porque activistas a favor de la impunidad habitan la Casa Rosada y el logro colectivo por Memoria, Verdad y Justicia está en peligro.

Del espíritu que se traduce en ese ejercicio popular, diverso y de profunda integridad que se repite cada año, difícil de encontrar en otro país que haya transitado el terror de Estado, saldrá la capacidad reflexiva y la fuerza emocional para pensar lo que Argentina está viviendo, y superarlo. 

SL/DTC

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