Opinión

¿Es posible enseñar distinto?

Clases en pandemia

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Termina o ¿empieza? el día cuando un docente de cualquier nivel, agobiado o agobiada de dar clases, se pone a planificar sabiendo que las reglas del juego pueden cambiar día a día, minuto a minuto.

Ahora que empezamos a vislumbrar el ¿final? de la pandemia (o al menos algunas cosas empiezan a ser como antes), que sentimos el cansancio en nuestros cuerpos, ¿qué podemos hacer para reconocer que nuestro trabajo valió la pena?

Aunque a decir verdad, el problema del reconocimiento y la docencia viene antes de la pandemia. Es habitual escuchar frases como “los docentes ya no son lo que eran”, “la educación ya no es lo que era” o “la escuela quedó obsoleta”.

Como leí en el libro Defensa de la escuela, la escuela fue y es acusada, juzgada y declarada culpable todo el tiempo.

Como toda creación histórica, si efectivamente quisiéramos que suceda, la escuela podría desaparecer. ¿Pero es eso lo que queremos?

Qué difícil. Se vuelve inminente la necesidad de entender el problema o los problemas, ver cómo podemos empezar a explorar esos temas. Porque, a veces, pareciera ser que en el campo de la educación todo está perdido. 

¿Pero acaso todo está perdido? ¿Cómo podemos hacer los y las docentes hoy para defender, cultivar y mejorar nuestro trabajo? ¿Cómo podemos defender la escuela en tiempos en donde es tan analizada y criticada? ¿Cómo podemos aprovechar a chicas, chicos, adolescentes y jóvenes para que construyan, junto a nosotrxs, un mejor escenario posible? ¿Cómo podemos darles y darnos herramientas para despertar el deseo y las ganas de seguir aprendiendo?

Ilustro estas preguntas con una metáfora: la marea. Esa gran ola que fue la pandemia, que te pasa por arriba y borra las cosas tal como las conocíamos. Pero también, a medida que esa marea pasa, deja lugar a nuevos bordes, a nuevas aguas, a nuevas arenas

Una reflexión, muchas preguntas y una imagen. Algo empieza a cobrar sentido. 

Esa gran ola que fue la pandemia, que te pasa por arriba y borra las cosas tal como las conocíamos. Pero también, a medida que esa marea pasa, deja lugar a nuevos bordes, a nuevas aguas, a nuevas arenas.

Este ejercicio (y la metáfora incluida), se llama “Puente 3-2-1”, y forma parte de un libro maravilloso que me apuré en terminar de leerlo sólo porque quería llegar a reseñarlo.

Melina Furman responde estas (¡y muchas más!) preguntas de forma prolífica en su reciente libro: Enseñar distinto, guía para innovar sin perderse en el camino, de Siglo XXI editores. 

Enseñar distinto es un libro comprometido, que abre con preguntas que problematizan nuestro trabajo cotidiano pero con la hospitalidad necesaria de quien agradece también el enorme trabajo realizado. “El primer paso para revisar lo que hacemos es mirar nuestra práctica de manera amorosa (porque nos llevó mucho esfuerzo y lo hicimos lo mejor que pudimos), pero también reflexiva y crítica (porque queremos enseñar cada vez mejor)”. 

Porque sí, la profesión docente implica mucho esfuerzo, dedicación y compromiso. Y por eso, no se trata de “un borrón y cuenta nueva”, sino de pensar de verdad qué podemos hacer para que nuestras prácticas sean transformadoras y significativas. 

“Mis años de trabajo en educación me han convencido de que los cambios que buscamos no operan por demolición”, escribe y me llena de alivio. 

Porque Enseñar distinto no es un libro de esos que buscan resolver “el problema de la educación” con una serie de tips y recetas prefabricadas a seguir. 

Es un libro que cuestiona, indaga, profundiza, que ofrece recorridos y que, sobre todo, nos invita a pensar. Es un llamado a hacernos cargo desde nuestro rol de educadores. Rol activo, rol protagonista, rol que no es solitario sino en comunidad, con otros y otras. 

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Como docentes no tenemos que saber todo, pero sí sería deseable saber que todavía tenemos mucho por aprender y descubrir. Cuestionar, reflexionar junto a las y los alumnos, encontrar propósitos y sentidos. 

El pensar mira siempre hacia delante; surge de una duda, un quiebre, una incomodidad y se proyecta a un despliegue de posibilidades. Enseñar distinto es una invitación al pensamiento. 

Melina Furman propone las “tarjetas de salida” como una invitación a seguir pensando cada instancia, cada clase, cada encuentro.

Va la mía para invitarlos e invitarlas a leer su libro.

Una idea clara que me llevo del libro: ¡todavía hay mucho por seguir aprendiendo y enseñando! “La motivación es un pilar para aprender a cualquier edad de la vida”.

FS

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