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Opinión
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Los tamales de Gerald Ford y las empanadas de Horacio Cartes

Funcionarios distribuyen el 28 de abril material electoral en Asunción. Paraguay permanecía el último viernes del mes en calma y sin actividades proselitistas de los candidatos. Regía la veda política y la restricción a la difusión de propaganda impuesta por la autoridad electoral. Faltaban dos días para los comicios generales del domingo 30, en los que se definirán el nuevo presidente del país, el Congreso de la República, y autoridades locales.

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Fue la última vez que el Estado de la Estrella Solitaria votó en las presidenciales por el candidato demócrata. “Dos cosas aprendí en Texas: la primera es que nunca hay que subestimar al adversario, la segunda es que antes de comértelo entero, al tamal hay que pelarlo”. Esta doble pedagogía le reconoció a su viaje de campaña por el Sudoeste de EEUU el candidato Gerald Ford. Vice de Richard Nixon, había ascendido en 1974 a la primera magistratura después de la renuncia a la mitad de su segundo mandato del popular gobernador republicano de California elegido presidente en 1968 por las resentidas 'mayorías silenciosas' blancas que lo reeligieron en 1972. Dos periodistas del Washington Post habían descubierto que desde la Oficina Oval de la Casa Blanca se supervisaba el espionaje de las oficinas partidarias de la oposicón demócrata en el edificio Watergate de la capital norteamericana.

No fue sin embargo por el caso Watergate que Ford fracasó en su aspiración a ocupar el Ejecutivo gracias al voto popular en vez de debérselo a la inmoralidad de un superior en fuga. Fue por su culpa. Y de los tamales. Para cortejar el voto latino, se había hecho fotografiar comiendo uno de sus snacks favoritos -o eso insinuó-, el tamal. En la foto no logra contener la descompostura, y casi se desmaya por el ahogo. Se había tragado el tamal sin quitarle el envoltorio de chala, de hojas de maíz -en materia de tamales, era todavía virgen. El republicano no era virgen en mentiras y, n° 2 de Nixon, en mentiras que se descubren muy rápido. (Las del n° 1 llevaron más tiempo, la superioridad era sustantiva). La foto y el pie de foto movieron a desconcierto, hilaridad, furia, asco y rechazo al electorado hispano, aquel por cual casi muere, mártir de la asfixia y el tamal. Era 1975, Texas votó demócrata, y ganó las elecciones Jimmy Carter.

Orgullo y prejuicio federales, o ¿desde cuándo tienen que ver Texas y Arizona?

Casi cincuenta años después, los tamales vuelven a ser mito, indicio y emblema del nombre del futuro dueño del poder norteamericano. Al oeste de Texas, en Arizona, estado también fronterizo con México, la gobernadora demócrata Katie Hobbs vetó la ley que había sancionado el Congreso estadual y que autorizaba la venta pública de cocina casera cocinada o preparada en puestos al aire líbre o portátiles, que permiten vender tamales o tacos en el jardín delantero de una casa, en las calles, en las plazas céntricas los días laborables, fuera de los estadios a la hora de las competencias. Hobbs justificó su obrar en su voluntad de elevar el estándar de control bromatológico.

La decisión del Ejecutivo que frustraba una iniciativa popular votada en el Legislativo de Arizona sufrió el inmediato y audible repudio de la base latina que en 2020 había resultado decisiva para que, en una lucha voto a voto, Hobbs venciera a la candidata ultratrumpista Kari Lake, una estrella de los medios. Muchas de las figuras demócratas que en el Congreso de Arizona fueron elegidas en la misma boleta junto a Hobbs amenazan con formar un nuevo bloque en oposición a la gobernadora.

Entrevistada por el New York Times, la demócrata Alma Hernández, hija de migrantes de México, declaró: “No podemos criminalizar a la pobre gente que trata de llegar a fin de mes trabajando honestramente en lo que sabe hacer bien”. La madre de la diputada del Congreso en Phoenix (ciudad capital del estado) había salaido a vender tamales a la calle cuando la familia se había quedado sin ingresos después de que su padre sufriera un accidente laboral que no le había valido indemnización sino despido. En Arizona, los vendedores callejeros sin licencia (como las que podrían haber gestionado en la legislación vetada) son castigados con multas de 500 dólares y aun sentenciados a penas de prisión efectiva en situación de reincidencia.

La cruzada higienista de Hobbs ya ha irritado a la comunidad latina de Arizona, donde representa el 32% de la población. No sólo en el estado donde la demócrata acabó ganando por pocos votos (una diferencia que sin embargo aumentó la hostilidad republicana al punto de comprometer la convivencia política), sino en todo el país, donde el voto latino es cada vez más un voo republicano. El ejemplo de Florida es uno de los más conspicuos.

El problema más grueso, que Hobbs ha contribuido a abultar hasta el límite de un estallido irreversible no es estadual, sino nacional: All Politics is Local Politics. Es el peligro consumado para una victoria demócrata en las presidenciales de 2024, a las que Joe Biden ha ratificado formalmente esta semana que se repostulará como candidato para ganar un segundo período en la Casa Blanca. La victoria depende de ganar tres estados clave. La incertidumbre sobre el triunfo sigue en pie para Georgia y Wisconsin; para Arizona, la incógnita se ha despejado, y se ha visto sustituida por una clara certeza, la de la segura derrota demócrata, si las elecciones fueran hoy.

Las empanadas paraguayas de don Horacio Cartes

El domingo hay elecciones presidenciales en Paraguay, y por segunda vez en muchas décadas la oposición a la Asociación Nacional Republicana (ANR) parece tener posibilidades de quebrar los 75 años de continuidad casi perfecta en el gobierno del Partido Colorado, como se lo conoce al oficialismo. Casi: interrumpida en 2008 por el triunfo electoral de Fernando Lugo, destituido en 2012 vía impeachment express antes de terminar su gestión en ocasión de la tragedia recordada como 'masacre de Curuguaty'. La versión en sede del Poder Legislativo del lawfare propiamente dicho, aquel procesado en los tribunales del Poder Judicial, en un ensayo exitoso, como de pieza coral de cámara, para la gran ópera wagneriana de la destitución de la presidenta petista Dilma Rousseff en el Congreso de Brasilia en 2016.

El Partido Colorado ha sido un aliado tradicional de EEUU en el Ejecutivo paraguayo al menos desde la presidencia del colorado Higinio Morínigo (1940-1947), como lo fue también bajo la dictadura del general colorado Alfredo Stroessner (1954-1989), sostenido por la Secretaría de Estado en el cargo como seguro baluarte anticomunista (lo era, lo fue).  

Esto cambió. Cuando las campañas electorales estaban a punto de comenzar, el 26 enero, el embajador estadounidense convocó otra conferencia de prensa en la que hizo públicas las sanciones impuestas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EEUU al expresidente Horacio Cartes y al vicepresidente, Hugo Velázquez, “por su participación en corrupción desmedida que socava las instituciones democráticas en Paraguay”. El 26 de marzo Cartes anunció la disolución del Grupo Cartes. En vísperas de la campaña que debía lanzar a favor de la candidatura presidencial de Santiago Peña, 'chongo' (favorito, delfín) de Cartes, el Partido Colorado se encontró desorientado. Los bancos no le otorgaron ningún préstamo: por estatuto, solo el presidente del partido –Horacio Cartes– puede firmar cheques. Hasta 2023, cada campaña del oficialismo colorado era omnipresente, poderosa, organizada con generoso despilfarro.

Cualquier relación comercial con Cartes o sus empresas sancionadas se volvió comprometedora. Un día, cientos de empleados de su cadena de empanadas Don Vito se toparon con que no podían trabajar: no tenían Word ni Excel para asentar los pedidos, registrar las ventas, llevar la contabilidad. Microsoft les había bloqueado el acceso a sus productos. Si esta historia es así de cierta, no sólo demuestra la eficacia de Washington para combatir la corrupción de manera severa, no sólo prueba que el Dios tecnólogico castiga con una eficacia que no depende de la violencia del palo y del cuchillo (en especial, cuando castiga a Asunción y no, por ejemplo, a Moscú). Tenía un efecto paradójico. La detención súbita, repentina, del acceso a los servicios de internet de Microsoft, como si fuera la consecuencia instantánea de una tecla decisiva oprimida en el Norte por el dedo índice idóneo, parecía revelar que, a menos en un punto, Cartes era menos corrupto, menos piratesco que otros capitanes del empresariado sudamericano, sus hipócritas colegas, sus semejantes, sus hermanos. La eficacia perfecta de la cancelación dependía de que las empresas de Cartes usaran software legal, mantenido al día.

Los melindres pudientes de las élites demócratas y los panes que en la puerta del horno se les queman

En Arizona, la gobernadora demócrata Hobbs sostuvo que al vetar la ley de venta de tamales en las calles, velaba por la salud pública, se ocupaba de poner un límite a la difusión y contagio de enfermedades agusanadas e infecciosas que los alimentos latinos transmiten y de combatir toda laxitud cuando se trata de la vida y de la muerte de la ciudadanía sana. Repetía, acaso sin advertir hasta qué punto de identidad, el discurso de las centro-izquierdas occidentales de tiempos de la pandemia. Casi como llamar antivax a las que cocinan, preparan y venden tamales. La Ilustración moderna contra la oscuridad colonial, medieval, hispana, de gente de menor cultura y menores ingresos. El futuro, contra el pasado.

El alarde de intransigencia principista laica y racional, mal aplicada, y mal informada (¿se enferma la gente por comer tamales o por comer las grasas que dejan indiferente a la FDA?), puede tener el efecto de hacerle perder votos decisivos a Joe Biden en 2024 en un electorado decisivo pero renuente. Perder Arizona por el espectáculo de racionalismo público de la gobernadora Hobbs puede significar la diferencia entre el fracaso y el buen éxito de la aspiración del presidente demócrata a que lo reelijan para un segundo mandato. Los demócratas se comportan a la perfección, hasta el último detalle, según la caricatura de Donald Trump y de su electorado. Con la altanería del elitismo de sus votantes (es un electorado con educación superior o con media completa), que les dan una lección a los desposeídos que no saben. Pero son Ford y Hobbs quienes de tamales saben bien poco, y como políticos, son insípidos y no saben a nada.

La misma intransigencia de incorruptible intransigencia con la corrupción del gobierno del Estado, inadmisible en una Democracia, impulsa a la denuncia pública, por el Embajador en funciones de EEUU en Asunción, del la corrupción de los números y los asientos contables de las empresas del multimillonario empresario Horacio Cartes, ex presidente de la República y actual presidente del oficialista, mayoritario, popular y tradicional Partido Colorado. No es posible disimular que la estridente, indignada, pomposa enumeración de sospechas y alarmas sobre los orígenes de la fortuna y el manejo de los dineros de Cartes busca favorecer, en el voto urbano, la alternancia de fuerzas políticas en la presidencia, y el triunfo del candidato opositor, el liberal veterano Efraín Alegre, que va al frente de una coalición centrista.

Paraguay es el país más importante, el de mayor superficie, el de más antiguos y firmes lazos anudados sin equívocos, entre la decreciente docena de países que reconocen a la nacionalista isla de Taiwan como legítima República China en lugar de a la comunista y continental República Popular China. Es decir que Asunción tiene embajada en Taipei y no en Pekín. El oficialismo nunca ha mostrado flaquezas ni se le han visto signos traicioneros en esta decisión de alianza anticomunista. El opositor Alegre, en cambio, ha declarado que convendría venderle soja paraguaya a China, y que convendría acordar con Pekín.

En una lucha voto a voto por la Casa Blanca, la jactancia científica de la gobernadora de Arizona que prohíbe los tamales podría costarle la reelección presidencial a Biden. En un conflicto abierto con China, en la tan solemne Nueva Guerra Fría de la prensa de Washington y Nueva York, la vistosa intransigencia de la Democracia sin mácula tolerable y de la Inviabilidad de políticos corruptos extranjeros que no paguen hasta el último centavo que deben al fisco (de EEUU) puede resultar en una ironía geopolítica. Que el intervencionismo en favor de la alternancia del poder en Paraguay lleve a que un nuevo país de América Latina se distancie de Taipei, sea recibido por China comunista con los brazos abiertos, ingrese en su esfera de influencia, Xi Jinping invite a Alegre a Pekín, le sirva un banquete en la imperial Ciudad Prohibida a la medida de la notoria dentadura postiza del candidato liberal, y cierre la puerta.

AGB

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