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Opinión

Tel Aviv en La Haya, o el caso de las víctimas genocidas

Estatua de Nelson Mandela en Johannesburgo. Hasta el fin del apartheid en 1994, el régimen supremacista blanco sudafricano sufrió un ostracismo internacional mitigado por nexos con los gobiernos de Chile, Paraguay, Surcorea, Israel.

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Reunidas sus pruebas en un documento de 84 páginas presentado en diciembre ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya, Sudáfrica acusó formalmente a Israel de violar en Gaza la Convención sobre Genocidio de 1948, de la que ambos países son firmantes. El máximo órgano judicial de la ONU sólo admite abrir procesos en los cuales las demandas son formuladas por Estados nacionales en contra de otros Estados integrantes de la misma Organización internacional.

En la primera audiencia, el equipo de juristas de Sudáfrica expuso su caso contra Israel; en la segunda, Israel respondió a las acusaciones.

Vimos las dos audiencias.  

Una acusación sudafricana

La acusación sudafricana planteó su caso en el contexto amplio: 25 años de apartheid, 56 años de ocupación y 16 años de asedio de la Franja de Gaza.

Adila Hassim documentó con estadísticas los actos genocidas por los que acusan a Israel: asesinato en masa, destrucción del sistema sanitario, freno a la natalidad palestina, daño físico y mental, desplazamiento forzado de la población y bloqueo de alimentos.  

Tembeka Ngcukaitobi citó declaraciones de dirigentes y funcionarios, como la arenga “bíblica” a las tropas israelíes pronunciada en octubre por el premier Benjamin Netanyahu llamando a destruir a los “amalecitas”.

Las palabras de Blinne Ní Ghrálaigh sonaron particularmente duras: “Este es el primer genocidio en la historia en el que sus víctimas transmiten su propia destrucción en tiempo real con la esperanza, hasta ahora vana, de que el mundo haga algo”. Dio cifras: “Cada día mueren 247 palestinos, 1 cada 6 minutos; 48 madres, 2 cada hora; 117 niños, 5 cada hora; cada día, 10 niños son amputados sin anestesia”.

La jurista irlandesa mostró dos fotos. Vimos una pizarra y un mensaje manuscrito: “Hicimos lo que pudimos. Recuérdennos”; vimos la misma pizarra, o lo que quedaba de ella, destruida por una bomba israelí, la misma que mató al médico que había escrito el mensaje.

No menos importante: sabiendo que un fallo lleva tiempo, Sudáfrica solicitó a la Corte una orden de emergencia de cese del fuego para detener las muertes en Gaza. 

Según la acusación sudafricana a Israel, a la fecha de la primera semana de enero 2024, “cada día mueren en Gaza 247 palestinos, 1 cada 6 minutos; 48 madres, 2 cada hora; 117 niños, 5 cada hora; cada 3 horas, 10 niños son amputados sin anestesia”.

Una defensa israelí

Después fue el turno del equipo israelí.

Según Tal Becker, Sudáfrica había presentado un “cuadro legal profundamente distorsionado”: había demostrado ser aliada de Hamás y la Corte de La Haya debía adoptar medidas en contra de Pretoria.

Galit Raguan culpó a Hamas del número de víctimas y declaró que Israel no ha bombardeado hospitales.

Christopher Staker sostuvo que Israel ha brindado ayuda humanitaria.

Gilad Noam se opuso al cese del fuego. Tal es la postura de Israel: rechazar toda solicitud de cese al fuego, dado que el fuego es en “defensa propia”.  

“Animales humanos”

Como se sabe, Israel tiene uno de los Ejércitos tecnológicamente más sofisticados y poderosos no solo de Medio Oriente, sino del mundo; Palestina no tiene ejército. Es también de público conocimiento que desde el 7 de octubre el Ejército israelí ha bombardeado en Gaza población civil en departamentos, casas, hospitales, escuelas, mezquitas. Ha bombardeado incluso zonas designadas como “seguras” a las que ordenó huir a los palestinos. Hasta ahora han muerto al menos 23 mil palestinos. Al menos 10 mil niños han muerto en Gaza desde el inicio de la ofensiva y hay más de 8 mil cuerpos bajo los escombros.

La mayoría de la población de la Franja de Gaza ha perdido su hogar, su trabajo o a sus seres queridos. Miles han sido heridos o mutilados, el sistema de salud ha colapsado y la muerte por hambre y sed se ha vuelto tan probable como la muerte bajo fuego. Así había anunciado en octubre el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, que sería el asedio sufrido en Gaza: “Ni electricidad, ni comida, ni agua, ni combustible: estamos luchando contra animales humanos y actuaremos en consecuencia”.  

Todos los fuegos un alto el fuego

Sudáfrica pide una orden urgente de cese del fuego. Antes que castigar a genocidas, el propósito de la Convención de 1948 es identificar un genocidio y detenerlo; el propósito de Sudáfrica no es condenar a Israel por aniquilar palestinos en Gaza: Sudáfrica busca impedir que los aniquile. Cada minuto cuenta. En el primer día de las audiencias murieron cientos de palestinos por bombardeos del Ejército israelí , en el segundo día, la ONU dcclaró que su ayuda humanitaria encontraba obstáculos para llegar a Gaza por la inseguridad y por los controles israelíes.

Lo que Sudáfrica denuncia en La Haya como actos genocidas bajo la Convención de 1948 no comenzó el 7 de octubre, pero, pese al silencio parcial impuesto por los asesinatos de periodistas palestinos, en estos tres meses se ha hecho inocultable por lo que Blinne Ní Ghrálaigh señaló sobre la difusión en línea de testimonios directos por las propias víctimas. Sin embargo, el equipo legal israelí ha tildado de “asombroso” el urgente pedido de Sudáfrica a la Corte de imponerle medidas cautelares que incluyan el cese del fuego en Gaza. 

¿Qué es y qué no es un genocidio?

Es comprensible, en cierto modo, que Israel considere “asombroso” cualquier intento de objetar su impunidad. Incluso frente a una acusación tan grave como la que enfrenta hoy puede esperar importantes apoyos, suponemos. Hay gobiernos que tienen mucho que perder si la Corte de La Haya llega a la conclusión de que los actos hoy en juicio se ajustan a la definición de genocidio. Gobiernos que han respaldado esos actos, gobiernos que los han financiado, gobiernos que los han justificado, gobiernos que han enviado armas para cometerlos, gobiernos que pasarían a ser cómplices. Lo lógico sería que esos gobiernos enfrentaran juicios más adelante.

(Sé que tan óptima conclusión está todavía lejos, pero renunciar a conseguirla, créanme, sería el primer paso hacia un futuro de pesadilla distópica. Porque lo que está en juego en Medio Oriente, oh mis queridos drugos, es bastante más amplio de lo que suele pensarse.)

El término genocidio fue definido por Raphael Lemkin en su libro de 1944 Axis Rule in Occupied Europe. Este jurista judío-polaco investigó las políticas de exterminio del Tercer Reich de diversas comunidades (judíos, polacos, gitanos). El juicio en La Haya ha planteado que Israel estaría violando normas establecidas por el Derecho Internacional para evitar un exterminio como el Holocausto nazi que inspiró a Lemkin.

Esto puede parecer paradójico debido a que las relaciones filosóficas del sionismo y del nazismo, y las relaciones históricas del movimiento sionista con los funcionarios de la Alemania nazi, cruciales para comprender el verdadero carácter de su proyecto en Palestina, que empezó hace más de siete décadas, son poco conocidas.

Lo son porque todo intento de exponerlas tropieza con acusaciones de “antisemitismo”, campañas de difamación o formas de disuasión todavía peores. Esta censura del debate histórico y del conocimiento filosófico ha dado como resultado una ignorancia generalizada del carácter ideológico del sionismo y de la historia sionista. Los aspectos históricos y filosóficos están relacionados: si sionismo y nazismo comparten bases filosóficas, es porque sus raíces se hunden en el colonialismo.

Que los actos de Israel en Gaza puedan ajustarse a una definición de genocidio inspirada en el Holocausto nazi parece paradójico porque estos parentescos ideológicos están oscurecidos por la imagen más extendida del sionismo y de Israel como antítesis del nazismo y del antisemitismo. Una imagen impuesta en gran parte por la industria cinematográfica. Una imagen desmentida por los hechos documentados.

AGB

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