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“Me dijeron que en un rato viene”: faltazos y confusión por el rol del “facilitador sanitario” en los lugares de votación

La figura del "facilitador sanitario" generó dudas en los distintos centros de votación

Delfina Torres Cabreros

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Son las 8.45 y frente a las paredes celestes de la Escuela Técnica 32 “General José de San Martín”, en Chacarita, las mesas de votación están abiertas hace 40 minutos. Apostadas contra las rejas del ingreso, tres agentes de la Policía de la Ciudad con una orden clara: no dejar pasar a nadie que no haya sido asignado para votar en ese lugar, tampoco a periodistas. El flujo de personas es todavía muy liviano y la vereda está desierta. 

—¿Está el facilitador sanitario para que podamos consultarle por los protocolos? —pregunta elDiarioAR. 

—No, no tenemos. No hay. 

Las primeras elecciones nacionales celebradas durante la pandemia de Covid-19 se realizan con un protocolo sanitario nuevo, diseñado específicamente para adaptar las conductas históricas al contexto de emergencia actual, que demanda distancia y sanitización. “Se designará un (1) facilitador sanitario en cada establecimiento que ordene el ingreso de los votantes, y constate el uso de tapabocas y de sanitizante para las manos”, dice en uno de sus puntos la guía elaborada por la Cámara Nacional Electoral.

En una primera versión del texto se señaló que la responsabilidad recaería en “agentes provistos, a título de colaboración, por las respectivas autoridades provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. Luego se corrigió mediante una fe de erratas y se definió que sería responsabilidad de agentes del Comando General Electoral. Por eso Jorge Díaz, oficial del Ejército, sale algunos minutos más tarde de la escuela con su uniforme camuflado y un arma larga colgando de la espalda y dice: 

—Yo soy el facilitador. 

Según explica, su rol es el de garantizar que se mantenga la distancia. “No es que tuvimos una preparación exhaustiva, una currícula; fue una pequeña charla”, detalla sobre su preparación previa. Mientras habla, llega una camioneta del Ejército con cinco agentes más. Baja Daniel Moreno, que explica que ellos cumplen con el rol en esa y en el resto de las escuelas y puntos de votación. “Es una operación militar en tiempos de paz”, especifica.

Pese a ser la figura estrella de estas elecciones, las correcciones en el protocolo generaron confusión en los distintos puntos de votación, donde los actores involucrados tienen información que no coincide. Alejandro Villaverde trabaja en la Defensoría del Pueblo y llega a la escuela para constatar que se cumpla con el protocolo. Chequea que los padrones estén pegados en el exterior, que haya materiales de sanitización y dice: “Nos gustaría que hubiera un facilitador sanitario, que por lo que vemos no hay. No deberían ser los efectivos del Ejército, que están para garantizar la seguridad, sino un civil que se convoca y envía el Gobierno. Yo recorrí hasta ahora cuatro escuelas y en ninguno está cubierto este rol”. Afirma que dejará constancia en sus registros para que el Defensor evalúe hacer una presentación. “Esto es un descuido”, asegura.

Mientras tanto, los votantes entran y salen con fluidez, sin que llegue a formarse una fila. “No hay gente adentro”, dice al abandonar la escuela “Chelita”, que vive en el partido bonaerense de Ezeiza, pero vota en Chacarita. Prefiere no cambiar el domicilio para ayudar con su voto en un territorio más hostil para la fuerza partidaria que apoya. Salió a las 7.15 de su casa en colectivo para llegar temprano y evitar las aglomeraciones.  

También sale Jorge, que trajo su propia lapicera, como escuchó que debía hacer en las noticias, y la muestra orgulloso: una Bic negra que asoma por la solapa de la camisa. Detrás de él deja la escuela Ana, que vino con el número de su mesa y orden anotado en un papel y también trajo un bolígrafo personal. “Una chica 10”, dice sobre su acatamiento de las normas. Carlos llega con su hijo de acompañante, que trae en la mano un sobre translúcido de plástico azul a través del cual se ve un bolígrafo y un certificado médico para acreditar, en caso de que fuera necesario, la prioridad para votar. 

“Si era un civil, no apareció”, dice sobre el facilitador sanitario Nahuel Andreu, delegado de la Justicia Electoral en la Escuela República de Cuba, en Palermo. Según explica, el rol de facilitador lo está ejerciendo la Fuerza Aérea, pero pide un minuto para hacer llamados y consultar. “Me dijeron que el facilitador propiamente dicho va rotando por escuelas, así que en un rato estaría por acá”, corrige.

Una mujer se queja: trajo a su madre a votar y le toca en una mesa en el primer piso, pese a que el protocolo indica que “siempre que sea posible, se instalarán las mesas de votación en la planta baja de los establecimientos y en lugares ventilados”. “Apenas puede subir, es peor que antes”, refunfuña a la salida. Andreu admite que es una escuela con poca accesibilidad, sin ascensores, pero asegura que están organizando “un cuarto oscuro específico y estableciendo un sistema de comunicación” para que, en las próximas horas, se le pueda acercar la urna a las personas con problemas de movilidad. 

En las mesas, todo avanza tal como se anticipó. Las autoridades piden a los votantes que apoyen DNI en una bandeja plástica y luego invitan a tomar un sobre firmado de una pequeña pila. No hay nada que pase de mano en mano y por eso tampoco hay mates sobre la mesa, el decorado habitual. Las autoridades de esta mesa toman té en vasitos de telgopor. 

En San Telmo, la Casa del Historiador —sede de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Gobierno de la Ciudad— se convirtió este año en lugar de votación, del mismo modo que oficia de vacunatorio. Como parte del protocolo, se definió que no hubiera más de ocho mesas en cada espacio, lo que obligó a ampliar en un 30% los centros para emitir el voto y a cambiarle el lugar habitual de votación a un cuarto del padrón electoral.

Se acerca el mediodía y la fila en el exterior comienza a alargarse. Poco a poco suma metros hasta alcanzar la esquina.  Una mujer se acerca al ingreso y pide que le tomen la temperatura, solo para “chequear”. “No hay personal sanitario”, le responden. Uno de los responsables de ese centro de votación no tiene respuesta para la pregunta sobre el facilitador sanitario del lugar. “Posiblemente nos iban a enviar una persona, pero no llegó. Tenemos personal de seguridad, pero no sanitario”, dice, no muy convencido. Por eso piensa un poco más y ensaya otra respuesta: “Me dijeron que quizás en un rato viene”.

DT

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