entrevista

Eduardo Fidanza: "La distancia entre la agenda de la sociedad y la agenda de la política se está acentuando"

Eduardo Fidanza

Eduardo Fidanza es el reconocido director de la consultora Poliarquía y también un fino analista político. Frente a la elección de hoy, en el contexto de la crisis profunda y las consecuencias de la pandemia,  Fidanza sostiene que sólo a la hora de los resultados podremos saber ante qué clase de fenómeno estamos. Pero advierte que "la distancia entre la agenda de la sociedad y la agenda de la política se está acentuando".

Fidanza cree que el proceso electoral que va de las Paso de hoy a las generales de noviembre acelerará la transición de los liderazgos en las dos fuerzas que hegemonizan la política en la Argentina. “Los liderazgos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri están en declinación”, dice, resultado de la “impotencia estratégica” de los dos expresidentes. 

Sociólogo por la Universidad de Buenos Aires, Fidanza fue titular de Teoría Sociológica en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde creó una cátedra sobre la sociología de Max Weber. Habitual columnista en publicaciones nacionales y extranjeras, ocupa una silla en la Academia Nacional de Periodismo. elDiarioAr lo entrevistó el jueves por videollamada. Habló de la pobreza de campaña electoral; de la anti-política y el voto anti-sistema; de la falta de horizonte de los jóvenes, del inveterado estancamiento de la Argentina y de las posibilidades de un acuerdo político. ¿Cuáles son los incentivos para que los haya? "En mi carrera de analista político, la única vez que yo vi un incentivo para sentarse a conversar, desgraciadamente, fue en el 2002”, asegura. 

-¿Cómo viste la campaña? ¿Cómo la caracterizarías? 

-No voy a ser muy original: por supuesto tuvimos una campaña mediocre. En general las campañas se han vuelto mediocres y no es un fenómeno argentino, es un fenómeno mundial. Estamos en una especie de cambio de paradigma en las comunicaciones y entonces si uno analiza las campañas de hace 10 ó 15 años, lo que va a encontrar es que las campañas se han convertido en un fenómeno estrictamente de imagen y no hay demasiados contenidos verbales o argumentativos. A la vez, lo que muestra esta campaña es un contraste con lo que la sociedad viene viviendo, que es una especie de catástrofe, de tragedia, por la pandemia y por las consecuencias de la pandemia. Esta vez el contraste entre la publicidad de campaña, la actitud de los candidatos, ha sido todavía mayor en la línea de lo que venimos diciendo mucho: que evidentemente hay un divorcio entre la agenda de la política y la agenda de la sociedad. Además, bueno, hay  agregados que sorprenden mucho. Si en ‘90 hablábamos de la “tinellización” de la política, hoy tendríamos que hablar de la erotización de la política. Un recurso que hubiera parecido insólito fue uno de los recursos de esta campaña.

-Hablamos de las expresiones de Victoria Tolosa Paz. ¿Fue una estrategia o fueron espontáneas?

-El tema lo lanza de alguna manera Tolosa Paz. Uno nunca debe atribuir que haya una estrategia donde a lo mejor hubo algo espontáneo. El programa de televisión al que ella va está hecho en clave farsesca, de modo que se genera esto. Pero después parece que se aprovecha y viene esta apelación a exhibir el cuerpo femenino, este tipo de cosas. Ahora, yo me cuidaría también de no moralizar, de no caer en una actitud moralista. Es lo que hay. Para algunos es un escarnio, para otros un bochorno, para otros un motivo de risa. Hay que entender que las redes además de todas las polémicas, la grieta y todo eso, han introducido en la vida social una dimensión humorística y farsesca. Yo las recibo como algo dentro de todo positivo, porque el humor tiene eso. Ahora, esto es una mezcla de recursos para atraer. Hay también una desesperación por atraer la atención y esto es lógico: el éxito es que el oyente o el televidente de lo que sea, del medio que sea, se detenga un segundo más ante el estímulo que le presentamos. Eso me parece que es el tiempo en el que estamos. 

-Una vieja lógica de la TV, aplicada... 

-Creo que sí. El gran fenómeno ahí es que la televisión está un tanto desplazada. También hay que preguntarse si la publicidad política por ejemplo, la que se hace a través de agencias de publicidad, está dando en la tecla o en realidad ya son recursos que están un poco anticuados. De hecho esta sexualización de la política no viene de la mano de la publicidad más convencional sino de una especie de espontaneidad que después se va convirtiendo en un tema de conversación, de intercambio. Entonces, bueno, habrá que revisar también si las campañas publicitarias tienen el mismo éxito. De hecho yo no veo mucha creatividad en las campañas. 

-En el marketing de campaña...

-Sí, no veo mucha novedad. Lo que se ve son las redes o las propias innovaciones de una candidata que baila semidesnuda frente al Congreso. Bueno, no creo que haya sido una idea estrictamente de una agencia de publicidad, no lo sé. En tal caso se combinan formatos. Bueno, ese es el estilo y esta es la actualidad. En general, vuelvo a decir que hay una disociación muy grande entre lo que la gente está viviendo y lo que son las campañas.

-En elDiarioAr acabamos de publicar un informe de la agencia Llorente y Cuenca sobre interacción en las redes sociales durante la campaña. Destaca precisamente una disociación entre la conversación de los dirigentes políticos y la conversación “ciudadana”... 

-A mí me parece esto. Y no solamente me parece, los estudios también lo registran. Ahí hay que introducir otro tema, que es la impugnación de lo que llamamos la anti-política. Los políticos aparecen para los ciudadanos comunes, para la gente que camina por la calle, como un extracto privilegiado. Cuando (Javier) Milei -candidato con el que por supuesto yo no comulgo, pero el fenómeno Milei me parece un fenómeno sociológico político muy interesante-; cuando Milei, digo, sin originalidad, empleando los mismos recursos que Trump, que Bolsonaro y que otros populistas de derecha se refiere a la casta -al punto tal que después la casta tiene que ser incorporada en el discurso de otras figuras políticas-; cuando Milei habla de la casta está dando en la tecla con una percepción que no es nueva pero que está acentuada respecto del estrato privilegiado al cual pertenecerían los políticos o pertenecen los políticos en la mirada de la gente. Entonces ahí no creo que haya solamente una diferencia de contenidos, es una diferencia en la percepción de cómo viven unos y cómo viven otros. En la política y en la grieta hay mucho “ellos” y “nosotros”. Pero también desde la sociedad hay un “nosotros” sufrientes y un “ellos” que se salvaron. Me parece que en esta campaña se dirimen dos cosas. Lo más explícito es la competencia entre las grandes coaliciones. Lo menos explícito es el establishment de la política, configurado por estas coaliciones y algunos otros partidos, frente a la impugnación de la anti-política, a la eventualidad del voto bronca, la abstención, etcétera. Y por eso tenemos que mirar muy bien lo que va a pasar en relación no tanto con la dinámica clásica de la disputa entre dos coaliciones sino entre el establishment de la política y la bronca de la sociedad.

-¿Hay una parte de la sociedad que es hoy anti-sistema o Milei y otros reproducen esa demanda con un discurso anti-sistema?

-En el caso puntual de Milei podemos hacer una distinción dentro de lo que es el liberalismo. Si vemos cómo fueron los procesos en los últimos años de surgimiento de los populismos de derecha con discursos anti sistémicos -en un momento en Italia, claramente en Hungría, bueno, el caso para nosotros más famoso, tal vez el más famoso porque fue en Estados Unidos fue Trump, lo tenemos muy próximo a Bolsonaro- es un discurso contra los privilegios de la clase política y de las élites te diría dirigido a poblaciones que en primer lugar, en el análisis general, han sido perjudicadas por el fenómeno de la globalización. En general son clases medias que han perdido el trabajo y junto con el trabajo muy importante han perdido la autoestima. Han perdido cierta forma de vida. La impugnación de Milei no es una impugnación programática en términos de la política económica, de la política de seguridad por ejemplo. Es una impugnación moral, donde se presenta un sistema que de alguna manera victimiza a una población y esa población victimizada padece. Ahora, a lo mejor nos podemos preguntar ante el fenómeno Milei si podría ser una especie de moda, de tendencia cultural de clases medias y medias altas de la Ciudad de Buenos Aires, como lo pueden ser algunas costumbres en el plano de la gastronomía, del cuidado del cuerpo... Estas tendencias podríamos decir. Ahora, este  domingo pongámonos a ver cuando salgan los datos cuál va a ser la intención de voto de Milei en Villa Lugano o Villa Soldati. ¿Por qué? Porque ahí viven las clases medias bajas de la Ciudad de Buenos Aires que es un perfil de población muy parecido al segundo y tercer cinturón del conurbano bonaerense. Si Milei no captura parte del voto de esos sectores, que por cierto están muy mal desde el punto de vista económico y social, entonces diremos que es un fenómeno, una moda si vos querés de clases medias altas de la Ciudad de Buenos Aires. Pero si él empezara a capturar votos en sectores de clases medias y medias bajas que de alguna manera lo que transmiten es la orfandad respecto de la política, entonces tenemos que empezar a preguntarnos si no habrá arraigado en la Argentina el populismo de derecha de base sociológica.

-¿Qué deberíamos mirar en esta elección? ¿Cuál sería una lectura apropiada de esta elección?

-En primer lugar este es un test muy importante electoral, como está ocurriendo en otros lugares del mundo, porque es al cabo de una catástrofe sanitaria que es inédita en la historia. Entonces hay que ver en primer lugar cómo va a acomodar el electorado los distintos factores que llevan a la gente a elegir.  Yo incluso el otro día escribí algo, la idea es de Sergio Suppo, el periodista que escribe en La Nación: él hablaba del voto “desesperado” pero decía en realidad que los que van a votar más que elegir a algún candidato lo van a “perdonar” antes de votarlo. Te voto porque te perdono. Cuando nosotros en las encuestas preguntamos a la gente, el 80%, 90% te dice que el país está mal. ¿Por qué está mal el país? Entonces hay gente que te dice que está mal por la pandemia. Cantidad de gente que dice esto, por la pandemia. Otra gente te dice por la herencia de Macri. Otra gente te dice por Cristina y Alberto. Entonces la pregunta es cómo la gente va a acomodar estos factores después de la experiencia que tuvo. Esto que hablábamos: la distancia entre la agenda de la sociedad y la agenda de la política también se está acentuado. Eso por un lado. En segundo lugar, en Argentina estamos en una crisis de liderazgos, en una transición entre los liderazgos dominantes de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, que hegemonizaron la escena por más de una década. Esos liderazgos a mi modo de ver están en decadencia.

En Argentina estamos en una crisis de liderazgos, en una transición entre los liderazgos dominantes de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, que hegemonizaron la escena por más de una década. Esos liderazgos están en decadencia.

-Sos de los que creen que son liderazgos en declinación...

-Sí, lo sostengo, los liderazgos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri están en declinación. Empezando porque más del 50% de la sociedad no quiere a ninguno de los dos y después por algo que yo llamé impotencia estratégica. Cuando vos ejercés un liderazgo fuerte tenés la capacidad para que la orientación que vos impartís sea acatada por tu grupo. Y tanto Cristina como Macri tienen aptitudes tácticas pero tienen impotencias estratégicas. Cuando Cristina convoca a Alberto y a Sergio Massa yo creo que es un golpe táctico brillante, pero estratégicamente lo que demuestra es la impotencia que ella tiene para valerse por ella misma como ocurrió en sus mejores momentos. Y a Macri le pasa lo mismo. A Macri lo quisieron poner fuera de la campaña. Después volvió, lo acomodan. Pero Macri ya no ejerce el liderazgo que ejercía. Ahora bien, quiénes son los postulantes a, digamos…

-Reemplazar esos liderazgos.

-Reemplazar. En primer lugar esta elección, la que va entre el 12 de septiembre y el 14 de noviembre, es un test muy importante para el que yo creo que hasta ahora, y lo digo en términos técnicos, no valorativos, tiene el proyecto presidencial más consistente que es Horacio Rodríguez Larreta. Rodríguez Larreta tiene un proyecto presidencial, tiene una gestión bien evaluada en la Ciudad de Buenos Aires, y viene incrementando su influencia por fuera del territorio que gobierna. Es muy importante para él cómo les vaya a sus candidatos. Este domingo después de las 23 vamos a empezar a saber la suerte de (Diego) Santilli. Y también la apuesta que Larreta ha hecho en algunas provincias Córdoba, Santa Fe. En la oposición hay otro factor, otros que van a medir su propio poder que son los radicales. El radicalismo está desafiando al PRO para tener más equilibrio de poder dentro de la coalición opositora y bueno, se juega con (Facundo) Manes en la provincia de Buenos Aires, se juega en Santa Fe, se juega en Córdoba. El radicalismo cree que puede equilibrar el juego. Y cree tener también líderes, Gerardo Morales, un (Alfredo) Cornejo, un (Martín) Lousteau, que están anotados, yo no te diría tanto a la carrera presidencial 2023 sino a aprovechar o, digamos, protagonizar esa transición de liderazgos.

-¿Qué ves del lado del Gobierno?

-Del lado del Gobierno, hace unos meses te diría, había un postulante que era el propio Alberto Fernández para hacerse de esa herencia. Debo confesarte que creí que Alberto estaba para más en realidad. Ahora, este Alberto que ha caído por lo menos 10 puntos en su aprobación en las encuestas, y cuya imagen se empieza a parecer mucho a la de Cristina, es un Alberto que nos hace dudar de la posibilidad de ser él un heredero. Después, el Frente de Todos no tiene muchas figuras, porque ni Axel Kicillof ni el hijo de la expresidenta tienen buena valoración en la sociedad, son figuras mediáticas. Tampoco Sergio Massa. 

-No son convocantes... 

-No son convocantes. Te diría que en ese punto Cristina sigue liderando, aún con limitaciones. Ahora, eso le plantea adicionalmente al Frente de Todos la cuestión de cómo va a reunir los votos. Es decir, en 2019 el 48% se compuso de casi un 30% de Cristina y un porcentaje de 10%, 12% de Massa y el resto de Alberto. Hoy Alberto no está reteniendo los votos que él aportó en 2019. Y los de Massa no sabemos, porque la impresión que da es que Massa no parece tener un juego coordinado, Massa es más bien un dirigente político silencioso en esta campaña. Ha acompañado a los actos pero no es un protagonista de la coalición oficialista.

El Frente de Todos no tiene muchas figuras, porque ni Axel Kicillof ni el hijo de la expresidenta tienen buena valoración en la sociedad, son figuras mediáticas. Tampoco Sergio Massa.

-De manera que esta elección abre la discusión de los liderazgos en los dos espacios que monopolizan la política...

-Sí, eso está presente. Si nosotros no lo tomamos en cuenta me parece que no vemos una cuestión que no está estrictamente en la superficie pero que está dirimiéndose. Yo no lo pondría tanto en 2023; este es un gran test porque algunos van a salir fortalecidos y otros no. Ahora, no va a ser fácil mover de lugar a Cristina y a Macri, porque alguna de las dos coaliciones va a poder decir el lunes: ganamos. Y la coalición que diga ganamos va a llevar adentro a Cristina o a Macri, con lo cual alguno de ellos se va a sentir más fortalecido.

-¿Vos crees que solo una coalición va a decir “ganamos”? ¿No tendremos una libre interpretación del resultado electoral?

-Eso es interesante para analizar. Pero si vemos las elecciones legislativas siempre sabemos que provincia de Buenos Aires te da el color, el tono de la elección. Si por ejemplo, como dicen muchas encuestas, Tolosa Paz ganara por tres puntos, es probable que si gana por dos o tres puntos el oficialismo pierda el resto del país. Porque en general lo que se espera para ganar es una victoria por siete u ocho puntos. Te garantizás, incluso por la proporción electoral de la provincia de Buenos Aires, ganar en el resto del país. Ahora, si vos ganas por dos puntos la provincia y perdés el país ¿cómo hacés? Si la coalición ganara la provincia, olvidate. Porque aparte ahí, y éste es el otro tema, está la cuestión mediática. Yo te diría esto: hoy los medios que reflejan las posiciones de la oposición -no voy a hablar como Cristina de sectores concentrados, de medios hegemónicos-; pero tal como están las cosas me parece que hoy los medios que reflejan los puntos de vista de la oposición, tienen más fuerza mediática que los medios que reflejan al oficialismo. Así que imaginate una derrota por lo que fuera, por un voto del oficialismo en la provincia de Buenos Aires. Si pierde en la provincia de Buenos Aires es muy factible que pierda el resto del país. De hecho si hacemos un agrupamiento geográfico, un poco sui géneris:  el segundo y tercer cinturón del Gran Buenos Aires, por ejemplo, en general decimos que es el lugar donde se concentra el voto de Cristina, el voto peronista fuerte, representa el 12% del padrón, ahí el Gobierno ganó por 30 puntos en 2019.  Después hay otro  agrupamiento: Ciudad de Buenos Aires, primer cordón del Gran Buenos Aires que vota muy parecido, e interior de la provincia de Buenos Aires, ahí tenés cerca de un tercio del electorado. Y resulta que ahí fue casi un empate, ganó el oficialismo por 2 puntos. Y no te cuento si juntas Córdoba, Santa Fe y Mendoza. En principio, el Gobierno tiene que hacer una muy buena elección en el segundo y tercer cordón y en el NOA y el NEA. Pero también tiene que hacer una buena elección en el interior de la provincia de Buenos Aires. El país  tienen una estructura que se repite: tenés las grandes ciudades donde están las clases medias y medias altas urbanas que son opositoras; tenés los cordones suburbanos que tienden a votar peronistas y kirchneristas, pero después tenés regiones agropecuarias que hoy están muy enfrentadas de vuelta con el Gobierno, entonces desde el punto de vista de la configuración regional, también se le presenta difícil al Gobierno. Ahora, con la ayuda, con la fortaleza que yo creo que el Gobierno tiene que es la vacunación, entonces hay que ver cómo evaluamos la cuestión de la salud, porque va a ocurrir que en ausencia de la variante Delta, como está pasando en estas horas, un alto porcentaje de vacunación y una declinación de números de muertos y contagiados, ese factor le da al Gobierno el plus que necesita para ganar.

-Hay que contemplar además lo que vaya de la elección primaria a la elección general de noviembre…

-Lo de hoy es, como decimos la gran encuesta. Vamos a saber cómo se va a ubicar la sociedad saliendo de la pesadilla en la que estuvo metida, ese es el primer punto y ahí vamos a tener dos meses muy intensos, donde se puede cambiar. No olvidemos que además entre Paso y general puede haber cambios importantes, fijate la cantidad de puntos importantes que recuperó Macri entre las Paso y las presidenciales. Vamos a tener una primera impresión de cómo es la conformación electoral y después vamos a tener que ver la dinámica.

-¿Los jóvenes están viendo algo que nosotros no?

-Para contestarte de una manera fundamental tendría que tener acceso a estudios sobre el voto juvenil, haber escuchado a jóvenes. Pero de cualquier manera los escuchás -aunque no en los focus groups-. Creo, y este no es un problema argentino, que los jóvenes no están viendo, de ninguna manera, un horizonte de posibilidades sociales y económicas. Esto es clarísimo, pero además, estos jóvenes actuales globalizados en la Argentina y en otros lugares, permanentemente están recibiendo testimonios de experiencias de otros países. Entonces es una juventud  extremadamente desilusionada, que no está encontrando una respuesta en la política. Ahora, ¿son los jóvenes o también son los padres de los jóvenes? Este es otro punto: la cuestión del voto juvenil hay que plantearla siempre -sobre todo en los jóvenes menores de 25 años que suelen vivir con los padres- en la interacción entre padres e hijos. En esa conversación. En lo que esos hijos miran en esos padres, qué ven en esos padres, esos padres qué proyectos ven en esos hijos menores de 25. Ahí me parece que tenemos que meter hijos y padres, o sea es una cuestión de la familia.

No veo en los políticos una percepción de lo que algunos análisis están empezando a mostrar sobre que la Argentina podría no tener una recuperación como nos acostumbró el ciclo económico argentino.

-¿Qué clase de emoción finalmente va a acompañar este voto? ¿Qué va a expresar?

-No podemos darle nombre al fenómeno que estamos por contemplar. Sí podemos hacer una hipótesis: que la gente va a expresar su desencanto. Pero  no creo que nosotros debamos decir esto ahora. Creo que tenemos que esperar unas horas para empezar a analizar este fenómeno. Porque insisto: esta es una elección distinta a otras elecciones, porque las circunstancias históricas son distintas y porque el Covid a mi modo de ver, cambió muchas cosas. La gente recién está viendo quiénes son los que pueden salir, de hecho todos estamos saliendo del tormento y del miedo porque la vacunación nos ha dado más seguridad, porque hay menos contagios; hay otros que están saliendo un poco desde el punto de vista económico; hay otros que todavía no pueden salir, hay una sociedad que está saliendo pero que está volviendo como a percepciones elementales de la vida normal que tenía antes. Ahora, más allá de la disociación entre la gente de la política y la gente de la sociedad, no veo en los políticos una percepción de lo que algunos análisis están empezando a mostrar sobre que la Argentina podría no tener una recuperación como nos acostumbró el ciclo económico argentino. Yo citaba el otro día en una exposición, un análisis de un economista, Fernando Navajas, que muestra el pobre desempeño de Argentina a la salida de la pandemia, uno de los peores desempeños en la región y en el mundo. Y mostrando, desde 1970 hasta 2014, el pobre progreso de la Argentina -cierto que también de América latina- en términos de PBI per cápita y  productividad de la economía. Entonces Navajas dice: no nos confundamos, podemos tener una recuperación, pero más que atender al ciclo, atendemos a la tendencia. Que el ciclo no nos impida ver la tendencia. La tendencia la llama  “estanflación estructural”. Cuando algunos comentarios o el mismo Sergio Massa o Horacio Rodríguez Larreta dicen que hay que llegar a un acuerdo con sobre ciertas políticas mínimas; o Cristina Kirchner que ha dicho: mañana nos sentamos a discutir sin agravios, tal vez estén empezando a ver este horizonte. Cuando (Pablo) Gerchunoff  habla del triste final, del parecido final de los gobiernos de Macri y Cristina, que terminan con un cepo, tratando de tapar la hemorragia de dólares, con el mismo problema estructural. Entonces si republicanos y populistas, que debaten dos modelos de país, terminan implementando políticas económicas desesperadas que son las mismas frente a pruebas estructurales que se agravan, tendremos que ver si no bajamos un poco el nivel de discusión ideológica, nos aplicamos a algunos acuerdos de los cuales se deriven políticas públicas que habrá que desarrollar para ver si la Argentina puede evitar este pronóstico. Hoy hay un récord absoluto de liquidación de dólares por exportaciones, estamos en un ciclo favorable de los precios de los commodities de la soja ¿Escuchamos hablar de que estamos por empezar un “ciclo virtuoso” o no? No, porque tenemos desinversión, porque tenemos cinco años de caída del valor del salario, porque tenemos tres años de recesión, que si quitamos el 2017 son muchos más años porque tenemos desinversión, pobreza, inflación creciente…

No podemos darle nombre al fenómeno que estamos por contemplar. Sí podemos hacer una hipótesis: que la gente va a expresar su desencanto.

-Los períodos de retroceso son mucho más profundos y más prolongados de lo que venían siendo.

-Más profundos y más prolongados. No olvidemos un detalle: Cristina obtiene su  más resonante victoria en 2011 y al día siguiente o a los dos días tiene que imponer un cepo. O sea que la economía argentina está estancada desde el 2010, bueno, éste me parece que es el punto.

-A propósito de los acuerdos, aparece una cuestión de agenda: la negociación con el Fondo Monetario por la deuda. El Fondo podría imponer entre otras condiciones un acuerdo entre Gobierno y oposición. ¿Ves ahí una vía por la que eventualmente los dos sectores lleguen a posiciones de consenso? 

-Hemos tercerizado la racionalidad. Una imposición desde afuera… 

-Un árbitro, claro.

-Va más allá de la imposición del Fondo. Pero sí hay un tema frente a la pregunta de por qué no hay acuerdos en la política argentina. Habría que preguntar más bien ¿cuáles son los incentivos para que los haya? En mi carrera de analista político, la única vez que yo vi un incentivo para sentarse a conversar, desgraciadamente, fue en el 2002. Entonces las crisis de gobernabilidad, o los problemas de un dólar que llega a 200 pesos, o la sensación de que corremos el riesgo de una rebelión social, más que el Fondo Monetario Internacional, o conjugado con el Fondo Monetario, tal vez sean incentivos para alcanzar un acuerdo.

-Una democracia con un 50% de pobres parece un incentivo suficiente

-Eso es lo que te quiero decir. Esta campaña electoral de la que empezamos a hablar sería hasta divertida si no fuera trágica, ¿Por qué nos tenemos que tomar la vida siempre seriamente? No, podemos decir entonces “señorita, en fin, muestra su cuerpo” y la otra no sé qué, y el otro hace una broma. Este es un país donde más de la mitad de los menores de 14 años están en situación de pobreza por ingresos y tiene 50% de inflación anual, como sólo cuatro países en el mundo. Ese es el escándalo argentino, porque malas campañas hay en todo el mundo. Pero no solamente ese es el escándalo: eso es lo que proyecta este fenómeno de estanflación, se proyecta un futuro realmente complicado. Los jóvenes, no sé si saben que quiere decir estanflación pero que la olfatean, que la perciben, eso te aseguro que es así.

-No hablamos de la palabra “ausentismo” ¿Creés que va a ser un rasgo de la elección?

-Las encuestas no lo están mostrando. Te digo dos cosas: hay que comparar para ver si hay ausentismo cuál ha sido el promedio de participación en Paso que es menor que en las generales. Si nosotros comparamos las generales con las Paso, en las Paso, la gente participa menos. El promedio en general es entre el 75 y el 80% de participación; yo creo que si en unas Paso estuviéramos debajo del 60% estaríamos viendo un fenómeno de abstención. Pero también hay que ver ahí la pandemia cómo juega, si toda la gente, sobre todo de cierta edad, se va a sentir segura de salir a votar, etcétera.

WC