La oposición busca consolidar la ola de las PASO, con un ojo en el 2023 y en sus propias internas

Rodríguez Larreta, con Santilli y el ministro de Salud porteño Fernán Quirós, desayunan en San Fernando, el sábado.

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La contundencia del resultado de las PASO le robó gran parte del entusiasmo, la expectativa y la incertidumbre a las generales. La campaña entró en piloto automático desde hace semanas. En ese punto, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio llegan con un ánimo parecido al día de la votación definitiva. Ni el oficialismo ni la oposición cuentan con perspectivas fundadas de que se vaya a modificar demasiado el escenario de las primarias. La derrota generalizada del peronismo además potenció el proceso de provincialización de las campañas, en un sálvese quien pueda coordinado con La Rosada.

La mayoría de los dirigentes de JxC entiende que las PASO expresaron malestar con el gobierno. Un sentimiento de rechazo, principalmente económico, antes que entusiasmo y perdón a la oposición. Y mucho menos, un cheque en blanco al frente integrado por amarillos, radicales y lilitos.

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Un panorama sobre los vínculos entre el Poder Ejecutivo y la Política por Catalina De Elia

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Pero el sistema político argentino ya consolidó una dinámica. Se volvió un juego electoral volátil en el que si una de las dos coaliciones baja, a la otra le toca subir. Y esta vez, si se repite o profundiza la ola cambiemita de las primarias, será el turno de JxC.

La magnitud de la caída peronista, con derrotas históricas en La Pampa y en la provincia de Buenos Aires, aceleró los debates del 2023. Tanto las discusiones internas como las que la alianza opositora mantendrá con el oficialismo.

¿JxC peleará realmente por la presidencia de la cámara de Diputados? ¿O se trata de una mera bravata que anticipa una relación a cara de perro? ¿Qué actitud tomará ante el llamado al diálogo por parte de un presidente debilitado? ¿El intento de Moncloa criolla será algo más que la negociación de condiciones de un ajuste económico con la oposición? Y por último: ¿Juntos tendrá margen para decirle que no a todo lo que proponga Alberto Fernández?

La puja entre halcones y palomas al interior de la familia opositora, ya sea real o simulada, atentará contra la posibilidad de llegar a un consenso amplio en cada ítem.

Porque el éxito de las PASO generó problemas de abundancia en la coalición. Problemas que se harán cada vez más explícitos a partir del lunes 15 de noviembre. 

Uno es que ahora la UCR se le anima al partido amarillo. Tanto a Mauricio Macri como a Horacio Rodríguez Larreta. Y se apura por mostrar hambre de poder rumbo al 2023. La ansiedad se debe a que el alcalde porteño está parado en la pole position. Larreta planea desarmar esa avanzada con una contraoferta tentadora: que un radical sea su compañero de fórmula en el 2023. El reaseguro de un segundo premio.  

Sin apuro por negociar a la baja, los radicales enumeran cuatro presidenciables prematuros. ¿Quiénes? Manes, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Martín Lousteau. 

Otro dilema cambiemita se centra en un Macri fortalecido frente a la crisis del Gobierno. Si bien dejó el poder con niveles récord de repudio social, el ingeniero de la UCA encontró una sobresobrevida inesperada. En parte, ese oxígeno se explica por la decepción que generó el albertismo. Pero también por el corrimiento a la derecha en el debate que introdujeron figuras como Javier Milei y José Luis Espert. El expresidente fue el antídoto de JxC para evitar una mayor fuga de votos por derecha para el larretismo. Especialmente, en la Capital.

A casi dos años de haber abandonado La Rosada, los cambiemitas aprendieron lo que a la familia peronista le llevó casi cuatro. Y lo que además le costó al Frente de Todos una fractura expuesta difícil de cicatrizar. Podrán cuestionarlo, rebajarlo y hasta burlarse de Macri. Pero los integrantes de JxC no llegarán al punto de la ruptura. Saben que con Macri no alcanza, pero sin él no se puede. Y aunque se pudiera, no encuentran incentivos para intentarlo. 

Otra discusión a ser saldada dependerá del resultado finito de las elecciones. Si en las generales se replica un triunfo un poco más holgado al de las primarias, el interbloque de Juntos por el Cambio podría pasar a ser la primera minoría en Diputados. Es una proyección tentativa y optimista, porque el desafío para JxC es mantener los votos obtenidos en los distintos espacios que compitieron en las PASO dentro de su alianza. En caso de lograrlo, podría sacarle una pequeña ventaja al FdT en la cantidad de bancas: lograría tener uno, dos o tres diputados más que el oficialismo.

En Juntos por el Cambio no existe consenso respecto al intento de ir por el puesto de Sergio Massa. La tribu que pretende dar esa batalla se compone de la Coalición Cívica de Carrió, el bullrichismo y María Eugenia Vidal. Pero gran parte del radicalismo y una fracción importante del PRO no están de acuerdo. ¿Por qué? Dos motivos: principismo y practicidad. Los diputados Cristian Ritondo (jefe del bloque PRO) y Mario Negri (jefe de la UCR) coinciden en la doble inconveniencia de pulsear por el espacio que ocupa Massa. La jugada chocaría con el antecedente de la ofrenda a Emilio Monzó en 2016 y a su vez generaría un escenario de co-gobierno con la administración de Fernández.

Por debajo de esa controversia potencial, subyace una más inevitable al interior de JxC: el tironeo por la presidencia del interbloque opositor. Y otra mamushka más: la puja por la conducción de los bloques de la UCR y el PRO.

El cordobés Mario Negri pretende continuar como jefe del interbloque y del radicalismo en particular. Si bien perdió la PASO en su provincia, Negri se tiene fe para seguir al frente de ambos espacios. En su favor, la mayoría de los diputados radicales lo respalda. Incluso el macrista Ritondo se muestra dispuesto a que Negri siga en ese doble comando.

La conducción del interbloque tampoco es un puesto demasiado codiciado: requiere mucha experiencia parlamentaria, implica un enorme desgaste en las negociaciones y no se traduce en mayores recursos (cargos o plata) para administrar.

La jefatura de los bloques, en cambio, genera menos estrés y es más codiciada. El sector de Lousteau aspira a correr a Negri y reemplazarlo por un diputado afín a su grupo. 

En el PRO sucede algo parecido. Ritondo quiere seguir al mando de la bancada amarilla. Pero al igual que Negri con el sector de Lousteau, Ritondo encuentra una resistencia amiga: Patricia Bullrich y su tropa. La exministra de Seguridad busca que lo reemplace un diputado con un perfil más combativo. 

De fondo, en Juntos por el Cambio existe un hilo común entre sus principales referentes. Todos se declaran dueños y responsables de un clima triunfal que, en la práctica, todavía no se confirmó.

AF

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