Sin PASO, hay fractura

Escenario de cuartos o polarización: el peronismo debate la estrategia electoral de 2027

–Hay tiempos de paz y tiempos de guerra. Hay tiempos para ser candidata también. ¿Entendés lo que quiero decir?

–Entiendo perfecto. 

– Vos tenés que ser candidata ahora, en cuatro años no sabes si va a haber país. 

Patricia Bullrich se reunió durante más de dos horas con un importante dirigente del peronismo que intentó convencerla de hacer lo mismo que le vienen insistiendo empresarios y gobernadores: que rompa con Javier Milei y vaya por la presidencia. El peronismo presta mucha atención a los movimientos independentistas de Bullrich. Los celebra, los instiga. Fantasea –y trabaja para– una ruptura del polo de derecha que le permita hacer equilibrio con su propia interna. Cristina Fernández de Kirchner sostiene, desde hace tiempo, que el escenario electoral de 2027 no será de polarización, sino de cuartos. Bullrich, esperan, representa uno de esos cuartos. 

La clave está en las PASO. Cristina observa que la polarización que atraviesa a las sociedades, la misma polarización que hace girar el péndulo de gobiernos de izquierda a gobiernos de ultraderecha en toda la región, atraviesa también a los espacios políticos. Si el Gobierno logra eliminar las PASO, advierte, el tablero electoral podría organizarse fácilmente alrededor de cuatro candidatos competitivos. No solo dos. Así como en 2023 pronosticó la “elección de tercios” con Milei, CFK anticipa ahora que no cree que haya una sola oferta peronista unificada en 2027. 

Según la tesis de la expresidenta, hay dos cuadrantes en disputa en el oficialismo de derecha y otros dos en el campo “nacional y popular”. Milei se posiciona como el principal polo de poder, pero la caída de la actividad, el aumento del malestar social y la campaña de un sector del círculo rojo por un candidato que pueda garantizar la supervivencia del modelo económico alimentan las expectativas de emergentes centristas. Bullrich es la candidata ideal, pero no la única. Daniel Hadad, Jorge Brito, Hernán Lacunza: todos aspiran a capitalizar el descontento con Milei prometiendo una continuación del proyecto con buenos modales. La cara humana del ajuste.

El peronismo juega a posicionar a Bullrich, no solo porque le sirve para dividir el electorado de Milei, sino porque le conviene tenerla como aliada en el Senado. No para votar con ellos, pero sí para liberarles el campo de acción. Sucedió con la Ley de Tierras durante el tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada: el rechazo social a la extranjerización de tierras no solo permitió forzar a los gobernadores a plegarse a la estrategia opositora, sino que liberó a Bullrich para habilitar el acuerdo con los aliados que derivó en la caída del capítulo. “Si ella no nos liberaba el camino tal vez no llegábamos”, admiten en el massismo. 

Lo mismo sucedió con la reforma del régimen de zonas frías. Y lo mismo esperan que suceda con la eliminación de las PASO. Bullrich se reunió con senadores del peronismo y les blanqueó que ella creía que había que mantener las PASO, pero que no podía votar en contra del Gobierno. En el peronismo no le piden tanto, solo que los ayude con los senadores del PRO y de la UCR que quieren sostener las PASO y que el Gobierno necesita que ella los convenza de lo contrario. “Ganamos todos”, grafican en la bancada peronista. 

Sin PASO no hay paraíso

Axel Kicillof y Sergio Massa son los principales interesados en mantener las PASO. El gobernador bonaerense necesita internas para validar su liderazgo y ganarle en las urnas a su ex jefa política. En el kicillofismo están convencidos de que nadie mide más que él y que la única manera de resolver las resistencias que genera en el resto de la dirigencia peronista es con los votos. “Axel es mejor con la gente y con la militancia, la dirigencia no es su fortaleza”, admite, conciliador, uno de sus dirigentes de confianza. Kicillof, hasta ahora, no fue exitoso en aglutinar a gobernadores, sindicatos o jefes territoriales –muchos de los intendentes bonaerenses que fundaron el Movimiento Derecho al Futuro, su agrupación, hoy marcan distancia– detrás de su figura.

“Es cerrado y desconfiado. No convoca a nadie”, es el malestar que se repite en el peronismo no camporista. 

Massa, mientras tanto, cree que la batalla final será entre dos polos y que el peronismo necesita llegar a la elección con una propuesta electoral unificada. Hasta hace dos meses, el tigrense fantaseaba con ser ese candidato de unidad, con apoyo de la ex presidenta, los gobernadores peronistas y los federales del “centro”, como Victoria Tolosa Paz y Juan Manuel Olmos, que predican las bondades de un peronismo mercado friendly. El viaje al Caribe en el avión privado de Francisco De Narváez cambió los planes. La noticia de su escapada romántica con Malena Galmarini generó un revuelo mediático y, desde entonces, Massa oscila entre el desinterés por competir y la indignación por el escándalo que generó. “¿Qué quieren? ¿Que no me vaya de vacaciones?”, se lo escuchó quejarse. 

Massa, como su amigo empresario que le prestó el jet privado, tenía un plan. Con un perfil bajo, sin hacer declaraciones públicas, el tigrense se abocó a instalar el relato de la “estafa electoral” de Milei. Guardó silencio durante toda la primera etapa de gobierno libertario y, cuando la imagen del Presidente empezó a derrumbarse, empezó a hacer algunas apariciones públicas. Fotos, videos, gacetillas de prensa. Empezó a levantar el perfil y, cuando la oposición volteó el capítulo de Tierras, decidió escenificar el personaje que mejor le sienta: el de gestor de unidad y rosquero profesional. “El bicho en las sombras que opera para el bien”, ironiza un histórico dirigente del massismo.

La reunión en el Hotel Libertador, donde se acordó priorizar la defensa de las PASO para que todos aquellos que quisieran competir pudieran hacerlo, fue la frutilla del postre. Massa estaba listo para empezar a posicionarse como el principal competidor interno de Kicillof bajo la lógica de cuartos de Cristina: si el gobernador representaba una de las facciones del peronismo, él representaría la otra. La mayoritaria. Pero el viaje a Bermudas cambió los planes. 

Massa, hoy, no está convencido de ser candidato. Cree, a diferencia de Cristina, que la polarización se comerá todo y que el peronismo tiene que presentar un candidato nuevo, de centro, que pueda apelar a los votantes que se encuentran en el medio. Si Milei acelera su caída, cualquiera podrá ganarle, pero el ex ministro de Economía no ve que eso vaya a suceder. Se nutre de los sondeos que elabora su cuñado, el diputado y politólogo Sebastián Galmarini, y observa que la imagen de Milei repunta. En ese caso, explican en el massismo, el peronismo tiene que tener una estrategia. 

La receta es la misma que la de 2023: unificar el frente interno y romper a Milei. En el massismo creen que hay que levantarla a Victoria Villarruel, inflar su candidatura y la de todos los candidatos de derecha que puedan disputar el voto libertario. La gran apuesta es Bullrich, pero Massa no cree que la senadora vaya a terminar jugando. “La preeminencia de Milei en el polo no peronista es demasiado grande. Va a haber amagues, pero no les va a dar a ninguno. Ni a Patricia ni a nadie”, sostiene un dirigente bonaerense. 

El problema es que para que el peronismo llegue unido a 2027 necesita de unas PASO. Hoy por hoy, cristinistas, kicillofistas y massistas coinciden en que no hay escenario para resolver las diferencias internas con ninguna otra alternativa. Ni una interna partidaria ni un acuerdo de unidad: es PASO o ruptura. 

Si hay ruptura, habrá distintos candidatos. Uno será Kicillof y otro será el que acuerden Massa, Cristina y los gobernadores. La ex presidenta ya dejó en claro que el gobernador no será su candidato –Kicillof tampoco quiere serlo–, pero no define nombres. En la última semana comenzó a sonar con fuerza, una vez más, el del ex gobernador santiagueño, Gerardo Zamora. Es uno de los dirigentes más activos en el diálogo con los gobernadores, junto a Massa, para evitar que el Gobierno logre eliminar las PASO. Tiene el visto bueno de Cristina, los caciques del Norte y de Massa. El propio Kicillof quiere reunirse con él para definir reglas de juego. 

En el caso de que así sea, Cristina verá confirmada su profecía: un escenario de cuartos en el que ella opondrá su liderazgo al de Kicillof. En el massismo sospechan que es por eso que la ex presidenta no está colaborando para evitar la suspensión de las PASO. Están convencidos, como Kicillof, de que la ex presidenta quiere esa ruptura.

MCM/MG