Hiperactividad y posicionamiento estratégico

La ilusión de una posible victoria reactiva a las tribus peronistas

La ex albertista Victoria Tolosa Paz se junta con el massista Guillermo Michel y el operador porteño Juan Manuel Olmos, y lanza un nuevo espacio peronista desde Parque Norte. La CGT moviliza a Plaza de Mayo y dice que quiere armar un gran frente nacional para desafiar a Javier Milei y que no descarta que esté el pastor Dante Gebel. Axel Kicillof moviliza a los intendentes bonaerenses al Ministerio de Capital Humano por fondos para alimentos, y se prepara para desembarcar en Córdoba. Máximo Kirchner impulsa la agenda “Cristina Libre”, viaja a Santa Fe y despotrica contra quienes dicen que Cristina Fernández de Kirchner no es la conducción del peronismo.

La hiperactividad del panperonismo en la última semana es un síntoma. El sistema político toma nota de que Milei puede no reelegir el año que viene, y se mueve en consecuencia. Mira encuestas y ensaya estrategias. Que si hay que apostar a la polarización y diseñar un gran frente anti Milei anclado en una idea progresista y desarrollista del Estado. Que sí, en cambio, hay que ofrecer un candidato de centro que recupere para el peronismo la bandera del déficit cero.

Los hay, especialmente dentro del massismo, quienes ya empiezan a hablar de la necesidad de instalar un candidato de “derecha” que divida el voto libertario. La aritmética es similar a la que se ensayaba en 2023, cuando Sergio Massa financió y organizó la candidatura de Milei para romper el voto de Patricia Bullrich. “Tenés un 35% (del electorado) en el polo de derecha y un 35% del polo peronista o progresista. En el medio hay un 20% que no vota y un 10% que define la elección. Nosotros tenemos que poner un candidato de centro que seduzca a ese 10% y poner a otro que rompa el voto del otro lado”, explica, como quien repite una receta para hacer pan, un dirigente de peso del peronismo. 

Esta estrategia escandaliza a un sector del kicillofismo, pero no a muchos más. Nunca lo reconocerían en público, pero gran parte del cosmos panperonista reivindica la decisión de haber avanzado con una ingeniería política que derivó, finalmente, en el triunfo electoral de Milei. “No salió mal, salió bien. Si no lo hubiéramos hecho hoy estaría gobernando Patricia y nosotros estaríamos todos presos”, señala un dirigente que estuvo detrás de la estrategia. 

Existe un sector del sindicalismo peronista, incluso, que especula con que la instalación del pastor influencer, Dante Gebel, podría robarle votos por derecha a Milei. Algunos, como el triunviro Cristian Jerónimo, deslizan la posibilidad de sumarlo a una gran PASO junto a Axel Kicillof. En el massismo y el cristinismo, sin embargo, niegan estar detrás de su instalación. Agarran las encuestas que le llegan todas las semanas y las esgrimen como prueba irrefutable: Gebel mide menos de 10 puntos, arrastra un elevado nivel de imagen negativa y no funciona como ariete para romper el voto libertario. 

A quien sí miran con interés es a la vice Victoria Villarruel, que viene coqueteando con un sector del peronismo históricamente anti cristinista que, en el último año, devino en anti kicillofista. Es el círculo de Guillermo Moreno y Miguel Ángel Pichetto, que retomaron el diálogo con Cristina Fernández de Kirchner y pretenden instalar un candidato de “centro” que le compita a Kicillof. Una posibilidad que CFK no mira con malos ojos.

Las tribus

“Vamos a ganar las elecciones. El tema es qué hacemos hasta que esto (el peronismo) se ordene”, se entusiasma un dirigente peronista de peso que dialoga con los tres principales socios actuales del panperonismo: CFK, por un lado, Kicillof, por el otro, y Massa, como articulador entre los dos frentes. 

La lógica tripartita que rigió durante los últimos tres años comenzó a mutar, sin embargo. La ilusión de la victoria tiene un efecto ordenador: lo que antes era una atomización dirigencial que giraba alrededor de tres vértices de poder, hoy busca reordenarse para acumular poder y sentarse en la mesa de negociación

Es el caso, por ejemplo, del lanzamiento en Parque Norte de un espacio de centro que incluye a ex albertistas, como Tolosa Paz y Olmos, massistas que quedaron heridos tras el cierre de listas en sus provincias, como Michel, y referentes territoriales del interior que se muestran “hartos” de la interna bonaerense entre La Cámpora y Kicillof. Este espacio, que aún no tiene ni nombre ni candidatos, apuesta a mostrarse como una opción market friendly que dispute lugares en la mesa donde se defina la estrategia electoral

No son los únicos. Massa, que nunca estuvo quieto, comenzó a instalar la posibilidad de su candidatura. Un sector del peronismo que le responde fantasea con la posibilidad de lanzarse con el respaldo de CFK, quien está en la búsqueda de un candidato que le haga frente a Kicillof. Ya se anotó en la competencia el ex gobernador de San Juan, Sergio Uñac

Preocupada por su situación judicial, que cree que solo podrá empeorar a menos que el peronismo gane las elecciones en 2027, CFK los deja hacer. “Cristina les dice a todos que corran, pero no eligió un candidato todavía. Todavía Axel puede llamarla y cerrar un acuerdo”, desliza una dirigenta bonaerense cercana a la ex presidenta que espera, como muchos en el cristinismo no camporista, que el gobernador bonaerense levante el teléfono y llame a CFK para ponerle un fin a la guerra fría. 

La interna bonaerense

La Cámpora, mientras tanto, también trabaja en instalarse. Máximo Kirchner viajó a Santa Fe cuando Kicillof estaba encabezando la primera reunión del PJ bonaerense, y señaló en una reunión privada que CFK era la conducción del peronismo. Un mensaje que llegó apenas un par de días después de que se filtrara el comentario de Mayra Mendoza sobre la intervención quirúrgica al ministro de Gobierno, “Carli” Bianco, en el chat de intendentes: “Entiendo la preocupación de Axel. Insisto con que hubiera sido HUMANO que exista también por la mujer que le dio la posibilidad de ser gobernador”.

El mensaje de la ex intendenta de Quilmes cayó pésimo en el peronismo, incluso en algunos sectores de La Cámpora. Pero fue sintomático de una disputa interna por el liderazgo que no encuentra solución y que, según coinciden en la mayoría de las tribus peronistas, tiene tiempo hasta diciembre para empezar a resolverse. Una interna, además, que no se traduce solo en las candidaturas, sino en las estrategias. Como cuando Bianco cuestionó la consigna de que lo que estaba proscripto era el peronismo, no Cristina, y en el cristinismo salieron a cruzarlo con fiereza.   

Kicillof, en público, intenta mantenerse al margen. Su mayor preocupación radica en la amenaza de que le estalle una crisis alimentaria y sanitaria en la recta final de su candidatura presidencial. Esta semana tuvo que suspender, por el recorte de la transferencia de fondos de Nación, el plan MESA, que asistía en materia alimentaria a 2 millones de bonaerenses. 

El gobernador bonaerense apuntó la responsabilidad contra el gobierno nacional y organizó una marcha de intendentes hacia el Ministerio de Capital Humano en reclamo de mayores fondos. Pero existe, una preocupación creciente en La Plata sobre cómo la crisis y el ahogo financiero de la Nación puede repercutir, a mediano plazo, en PBA. “Es el momento más duro para Axel de los últimos seis años de gobierno. Sabemos que el próximo año va a ser muy malo, pero hay que anticiparse, tomar decisiones y comunicarlas”, explica, optimista, uno de los armadores de Kicillof.

No todos son así de optimistas.

MCM/MG