¿Qué pasa generala Richardson? Asado, queja por China y mediación con Gran Bretaña

Stanley y Richardson, en la oficina de la vicepresidenta Cristina Kirchner, el último martes.

Mientras el diputado Leopoldo Moreau denunciaba un golpe blando contra el gobierno por parte de la embajada de Estados Unidos, Cristina Kirchner lo contradecía en los hechos. Tras la acusación del cristinista Moreau, vinculada al fallo de la Corte Suprema sobre el Consejo de la Magistratura, la vicepresidenta se reunía con el embajador Marc Stanley y con la representante del mítico Comando Sur estadounidense, Laura Richardson. 

En la foto difundida por la vice los tres posaban muy sonrientes en la oficina de la presidenta del Senado. Cristina Kirchner le dio valor de género al encuentro. Destacó por tweet que la generala de cuatro estrellas Laura Richardson, del Comando Sur de los Estados Unidos, era “la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia”. 

La embajada de Estados Unidos también difundió la cita: “La General Laura J. Richardson, primera mujer jefa del Comando Sur de Estados Unidos, se reunió con la vicepresidenta Cristina Kirchner y conversaron sobre el importante rol de las mujeres en el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región”.

El del Sur es uno de los once comandos de combate de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Representa los ojos militares de la potencia en Latinoamérica. Y tiene una relación especialmente estrecha con Brasil y Colombia. 

Antes de encontrarse con Cristina Kirchner, el martes por la tarde, Richardson había sido recibida por el ministro de Defensa Jorge Taiana en el Edificio Libertador. “Abordamos temas de interés común en relación a la cooperación en materia de defensa”, afirmó Taiana.

Estados Unidos es el destino más elegido por los militares argentinos para perfeccionarse. En el 2021, 174 integrantes de las Fuerzas Armadas hicieron cursos de capacitación en EEUU. Los militares argentinos suelen inclinarse por Texas y Florida. Ahí pilotean aviones y practican en simuladores.

Además de ser la primera mujer en alcanzar un rango tan alto, tal como subrayó Cristina Kirchner, Richardson es piloto de helicópteros. Tiene 58 años y ya es veterana de dos guerras: la de Irak y la de Afganistán. La embajadora del Comando Sur no habla español. Comparte profesión y pasión con su esposo, quien es teniente general.

Tras su mano a mano con Taiana y la vicepresidenta, Richardson fue agasajada en el Regimiento de Patricios. La cena de homenaje se concretó en el quincho de la unidad del Ejército ubicada en Palermo. La primera plana de las Fuerzas Armadas argentinas la recibió con un asado, ensalada, vino y Coca-Cola. Ni siquiera en ese ámbito la generala cuatro estrellas relajó sus formas marciales y tono protocolar. Dio apenas algunos datos sobre su expertise como helicopterista. 

En los encuentros se evitaron los temas potencialmente incómodos, como la influencia de China en la región a partir de la expansión de la Ruta de la Seda y los gestos amistosos de Alberto Fernández hacia Vladimir Putin poco antes de la invasión a Ucrania. En el 2021, Argentina firmó un acuerdo de formación militar en Rusia. A partir de año, Rusia iba a volverse otro destino posible de formación y capacitación militar para las Fuerzas Armadas locales. Pero la invasión de Putin a Ucrania desactivó el acuerdo. 

El ministro Taiana le comentó a Richardson los problemas que genera el veto británico a la compra de armamentos por parte de la Argentina. Se trata de una secuela de la Guerra de Malvinas. Desde 1982, Gran Bretaña ejerce una suerte de prohibición a la venta de insumos para las Fuerzas Armadas. Hace más de una década que Inglaterra tiene incautada una turbina para un barco destructor, comprada por la Argentina. Y en octubre del año pasado se suspendieron abruptamente las gestiones para incorporar 18 aviones FA-50. Las gestiones entre el Ministerio de Defensa y la empresa surcoreana Korean Aerospace Industries estaban avanzadas. Hasta que la compañía avisó por carta que no podría continuar con la operación. ¿El motivo? Los aviones coreanos cuentan con seis piezas de origen británico. Frente al pedido de mediación del Departamento de Defensa de Joe Biden, la generala del Comando Sur simplemente asintió. 

Richardson partió hacia Chile. Antes de irse prometió volver a la Argentina. Y explicitó los mensajes políticos que omitió dar en los encuentros con Cristina Kirchner y Taiana. La generala optó por abrir su corazón ideológico ante Infobae. “Siento gran respeto por este país. La vicepresidenta Cristina Kirchner muestra una gran pasión por su país”. Y agregó: “Argentina es un socio muy importante para los Estados Unidos, por eso estoy aquí”.

Richardson además metió el dedo en una de las llagas de la bilateral entre Argentina y los Estados Unidos: la estación científica que China desplegó en Neuquén. “Son instalaciones de un gobierno autoritario, que no deja que los argentinos accedan a ellas, excepto si van de visita. Ellos no tienen las mismas preocupaciones que nosotros en términos de libertad. Me preocupa. Está manejado por una empresa estatal y el Ejército chino. ¿Para qué usan eso?”, protestó.

En marzo pasado, Richardson había sido incluso más concreta. La generala blanqueó la agenda de los Estados Unidos hacia la región. Fue el 24 de marzo en Washington. La representante del Comando Sur, dependiente del Departamento de Defensa de Joe Biden, expuso ante el Senado estadounidense. Se mostró especialmente preocupada por la influencia de Rusia y de China.

“Las visitas recientes de los presidentes de Brasil y Argentina a Putin en Rusia demuestran una preocupante ampliación potencial de los lazos rusos en la región. En este hemisferio, las organizaciones criminales transnacionales operan casi sin oposición y abren un camino de corrupción y violencia que crea una cuña y permite que la República Popular China y Rusia exploten estos países”, aseguró en el Congreso.

Richardson detalló con absoluta franqueza el tablero de intereses estadounidenses. Afirmó que “China, nuestro competidor estratégico de largo plazo, continúa su marcha implacable hacia ampliar las relaciones económicas, diplomáticas, tecnológicas, informativas y la influencia militar en América Latina y el Caribe, y desafía la influencia de Estados Unidos en todos estos dominios”. 

Y concluyó en marzo pasado: “sin liderazgo estadounidense y una modesta inversión, la influencia negativa de China en esta región pronto podría parecerse a la influencia depredadora que ahora tiene en África. Vamos a ser claros: la República Popular China no invierte; extrae”.

Desde la mirada de Cristina Kirchner, las reuniones con Stanley y Richardson esconden algo más que encuentros de ocasión y perspectiva de género. “A ella le sirve para relativizar el mote de pro-rusa que tiene. Lo que no se sabe es qué quiere hacer en adelante, a partir de eso”, opina un funcionario nacional. 

El 28 de marzo pasado, la ex presidenta ya se había visto con Stanley, un texano movedizo, enérgico y amigo de Joe Biden. Ahí se gestó el cruce posterior con Richardson. Las bilaterales de la vice con los representantes políticos y militares de EEUU se inscriben dentro de un tablero político amplio, cruzado por la interna del Frente de Todos y las proyecciones políticas del cristinismo rumbo al 2023.

AF

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