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Descubrimiento

El agua más antigua hallada en la Tierra tiene 1.600 millones de años y una científica se atrevió a probarla: tiene un sabor horrible

Los investigadores hallaron señales en el sulfato que apuntan a la presencia de microorganismos que habitaron el subsuelo en épocas remotas

Héctor Farrés

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Beber un vaso de agua debería ser una experiencia neutra para el paladar, porque en teoría el agua pura carece de sabor. Esa afirmación científica procede de la idea de que la sustancia está formada únicamente por hidrógeno y oxígeno, dos elementos que no aportan matices gustativos por sí mismos. Sin embargo, la práctica contradice esa neutralidad, ya que incluso una mínima presencia de minerales, gases disueltos o impurezas modifica la sensación en la boca.

Pero una cosa es que el agua adquiera un ligero matiz por los minerales que arrastra y otra muy distinta es que llegue a volverse imbebible, como ocurrió en 2013 y 2016 con las muestras encontradas en Kidd Creek. En esa mina de Ontario, la geóloga Barbara Sherwood Lollar identificó filtraciones en la roca granítica que habían permanecido selladas durante millones de años. El volumen del líquido sorprendió a los investigadores, que esperaban encontrar pequeñas bolsas, y en su lugar observaron un flujo constante. Sherwood explicó a BBC News que “estas cosas fluyen a una velocidad de litros por minuto”.

El líquido presentaba una densidad extraña y un sabor extremo que sorprendieron incluso a los científicos

Las pruebas de laboratorio realizadas en la Universidad de Toronto permitieron calcular que la antigüedad del agua era de 1.600 millones de años. Esa datación la convierte en una cápsula geológica capaz de ofrecer pistas sobre cómo se originaron formas de vida en el planeta. En conversación con CNN, Sherwood afirmó que “si eres un geólogo que trabaja con rocas, probablemente hayas lamido muchas rocas”, y esa costumbre la llevó a probar también el agua más antigua del mundo, que describió como “muy salada y amarga”.

La rareza del hallazgo no se limitó a la edad del líquido. Su composición reveló indicios de procesos biológicos desarrollados en tiempos remotos. Sherwood señaló a BBC News que “al observar el sulfato en el agua, pudimos ver una huella dactilar que indica la presencia de vida”. Según la investigadora, esa señal se generó durante un periodo muy prolongado, lo que apunta a la existencia de microorganismos que habitaron el subsuelo en un entorno sin luz.

En una mina de Canadá salió a la luz un flujo constante de agua atrapada durante millones de años

El análisis posterior, en el que participó Long Li, profesor de la Universidad de Alberta, identificó una reacción entre agua y roca capaz de producir sulfato e hidrógeno de forma continua. Li explicó a BBC News que “lo que hemos encontrado es que el sulfato, como el hidrógeno, en realidad se produce en el lugar por la reacción entre el agua y la roca”. Esa interacción química pudo mantenerse activa durante miles de millones de años, lo que convierte al subsuelo en un ecosistema independiente del sol.

El interés científico no se centró únicamente en los indicios de vida, ya que el líquido también presentó rasgos físicos insólitos. Sherwood contó al diario Los Angeles Times que “debido a las reacciones entre la roca y el agua, ésta es extremadamente salada”. Además, indicó que la densidad resultaba poco habitual, porque “tiene la consistencia de un sirope de arce ligero”. El contacto con el oxígeno producía un cambio inmediato de color hacia el naranja por la presencia de hierro.

El hallazgo abrió un nuevo frente en astrobiología al mostrar cómo la vida puede persistir bajo la superficie

La trascendencia del hallazgo abrió una vía de investigación en astrobiología. Si el agua pudo mantener organismos en condiciones tan extremas bajo la superficie terrestre, los científicos consideran posible que procesos semejantes se desarrollen en otros planetas o lunas con entornos subterráneos. El descubrimiento en Canadá, aislado y sellado durante un tiempo inimaginable, se convirtió en una ventana hacia la historia más temprana de la Tierra y hacia las preguntas sobre la vida más allá de ella.

Sherwood reconoció en declaraciones a CNN que el sabor del agua le sorprendió por su intensidad y lo describió como “mucho más salada que el agua de mar”. La paradoja es clara: un líquido que en teoría no debería tener gusto alguno ofrecía un perfil extremo que se explica por millones de años de contacto con la roca. El agua más antigua del planeta, lejos de confirmar la idea de la neutralidad, acabó recordando que en la práctica todo lo que toca la Tierra se impregna de ella.

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