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Avances científicos del 2021
Informe
Ciencia sin descanso: los aportes de las y los investigadores argentinos en el segundo año de pandemia

En los laboratorios científicos argentinos se trabaja desde el 2020 en componentes para la vacuna contra el Covid-19

Nadia Luna

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El coronavirus los agarró desprevenidos como a todo el mundo. Y ellos, que dedican años a moldear sus líneas de investigación, tuvieron que pausar sus proyectos y trabajar a contrarreloj para enfrentar una pandemia mundial. En el 2020, los principales esfuerzos de las y los científicos argentinos estuvieron centrados en aliviar la saturación del sistema de salud. Hubo desarrollo de kits de diagnóstico en tiempo récord y fabricación de insumos como alcohol en gel, barbijos y respiradores artificiales. 

En el 2021, con esas urgencias resueltas, los investigadores pudieron abocarse a otro tipo de desarrollos, con desafíos técnicos más complicados de sortear pero de mayor valor agregado. Las grandes protagonistas fueron las vacunas: varios grupos de investigación del país están avanzados en el desarrollo de uno de los insumos más codiciados del planeta. 

“Tener soberanía de vacunas significa tener la capacidad de producirlas y poder decidir de forma autónoma cuánto producir, a quién aplicarlas, cómo distribuirlas. Eso es fundamental para esta vacuna y para cualquier otra porque evita tener que depender de decisiones de otros países”, explica a elDiarioAR Guillermo Docena, investigador del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y director del candidato vacunal bautizado como ARGENVAC. 

Su grupo de investigación desarrolló el principio activo de la vacuna, basado en fragmentos de la proteína Spike, mientras que el equipo de su colega Omar Azzaroni fabricó el “nanovehículo” que transporta el principio activo hasta las células. “Esta vacuna es una oportunidad única. Yo trabajo hace 20 años en el desarrollo de vacunas y es la primera vez que tengo la posibilidad de aplicar una en un ensayo clínico. Esto ocurre gracias a que hay un apoyo institucional y financiero muy importante, tanto del sector público como del sector privado”, señala Docena.

Además de ser un desafío tecnológico en sí mismo, los científicos tuvieron que sortear otros obstáculos para avanzar en el desarrollo. En el equipo que dirige Osvaldo Podhacer, investigador del CONICET en la Fundación Instituto Leloir y director de un proyecto vacunal basado en adenovirus (como la Sputnik V), hubo un momento en el que tuvieron que frenar los ensayos porque varios integrantes se habían enfermado de Covid. “A pesar de las dificultades, estamos muy conformes con lo que logramos. Una ventaja de tener vacunas propias es que si hace falta adaptarlas contra nuevas variantes, como la Ómicron, tener las capacidades instaladas en la Argentina permitirá que en pocos meses pueda estar disponible para la población”, indica Podhacer. 

Otro proyecto avanzado es el que está dirigido por Juliana Cassataro, investigadora del CONICET en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). La “ARVAC Cecilia Grierson” es una vacuna basada en proteínas recombinantes, una de las tecnologías más seguras que existen. Los tres proyectos obtuvieron apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCYT), se asociaron con contrapartes privadas  y hoy están en las puertas de comenzar con los ensayos clínicos. 

Algo que remarcan siempre los investigadores de estos proyectos es que si pudieron llegar a esta instancia en poco tiempo fue gracias a las décadas de experiencia que ellos y sus equipos tienen en sus respectivos campos disciplinares. Esto pese a los vaivenes presupuestarios que atravesó la ciencia argentina a través de los cambios de gobierno y de la fuga de cerebros que hubo en los ’90 luego de que un ministro de Economía los mandara a lavar los platos. 

Medidores del aire, camillas seguras  y evidencia para decidir mejor

Además de las vacunas, en 2021 también se encararon numerosos desarrollos destinados a resolver diversas necesidades vinculadas a Covid-19. Por ejemplo, los medidores de dióxido de carbono (CO2) ideados por el físico Jorge Aliaga y fabricados por docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) que indican cuándo es necesario ventilar mejor un ambiente. “Algo que quedó muy claro en estos años es que el Covid-19 es una enfermedad que se transmite por el aire. Por eso la importancia de mantener distancia, usar tapabocas y ventilar ambientes cerrados”, señala Aliaga. 

Ellos fabricaron varias tandas y las entregaron a escuelas y universidades, además de publicar el diseño en internet para que lo fabrique todo aquel que lo desee. También en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), otra institución del conurbano bonaerense, construyeron dispositivos para medir la calidad del aire a partir de bioplásticos e impresión 3D. En tanto, a un grupo de ingenieros del Hospital Rawson, en San Juan, se les ocurrió fabricar una cápsula biosegura que permite trasladar pacientes con coronavirus reduciendo el riesgo de contagio para el personal de salud. Ya entregaron varias unidades a centros de salud de la provincia.

En Mar del Plata, las investigadoras del CONICET Vera Álvarez y Verónica Lasalle, especialistas en el área de materiales, desarrollaron un spray antiviral para aplicar sobre superficies y telas que logra inactivar al SARS-CoV-2 por más de 24 horas. Está hecho en base a un residuo pesquero llamado quitosano y este mes firmaron un acuerdo con un laboratorio para comenzar a producirlo. “Esto también es fomentar la industria nacional: desarrollar productos innovadores que no queden solo en una publicación científica”, remarca Álvarez.

Desde Bariloche, investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) trabajan para aportar una solución al aumento exponencial de residuos hospitalarios. Basados en sus trabajos previos, están desarrollando un sistema de gasificación por plasma para tratar residuos peligrosos de forma más segura y eficaz. “Las formas que existen para tratarlos, como la incineración y la autoclave, son un poco antiguas. El proceso que usamos nosotros no requiere una separación previa y permite obtener dos subproductos: un residuo convencional de menor volumen y un gas que se puede reutilizar como fuente de energía”, cuenta Franco Benedetto, el ingeniero que dirige el proyecto.

Por otra parte, varios equipos de investigación del país se abocaron al trabajo de detectar SARS-CoV-2 en aguas residuales para monitorear la circulación del virus. En la misma línea, otros grupos se unieron para conformar el Proyecto PAIS, un consorcio de estudios genómicos coordinado por la investigadora Mariana Viegas que sigue de cerca a las nuevas variantes del virus para brindar información relevante para que las autoridades nacionales y provinciales puedan tomar medidas sanitarias más adecuadas.

Impacto psicológico, creencias y fake news

El 2021 también fue el año en que quedó más claro el impacto de la pandemia en la salud mental y psicológica de la población. Según un relevamiento realizado por el Centro de Estudios de Investigaciones Laborales (CEIL – CONICET), un 47% de los encuestados dijo haber sufrido trastornos de ansiedad en pandemia. “Entre ellos, un porcentaje importante pudo consultar a profesionales de la salud mental pero otros no, y solo pudieron hablarlo con familiares y amigos. También comentaron haber tenido otro tipo de afecciones, como alergias y problemas de piel”, señala la socióloga Gabriela Irrazábal, una de las autoras del estudio.

A su vez, casi la mitad de los encuestados declaró haber acudido como cuidados complementarios en salud a plantas medicinales e infusiones de hierbas, así como también un 27% recurrió a cadenas de oración. Además, los investigadores quisieron conocer su opinión sobre las vacunas. “Encontramos que hay una amplia confianza en la vacunación masiva como herramienta para frenar la propagación del coronavirus. Alrededor de un 70% se manifestó a favor de que sea obligatoria. En tanto, entre quienes no aceptan la vacunación, el primer motivo es temor a posibles efectos adversos y algunos también mencionaron la creencia de que las vacunas pueden modificar el ADN”, agregó Irrazábal.

Este punto también fue analizado por la Red ENCRESPA (Estudio Nacional Colaborativo de Representaciones sobre la Pandemia en Argentina), un trabajo en el que participan más de 200 investigadores en ciencias sociales de 18 instituciones académicas. Las entrevistas fueron realizadas entre marzo y junio, poniendo especial cuidado en que sea una muestra representativa de la sociedad argentina en cuestiones de clase, género y etnia. En los primeros informes, observaron que la mayoría de las personas consultadas sostiene que el virus fue producido por una manipulación humana. Algunos argumentos planteados fueron que se liberó accidentalmente de un laboratorio, que es producto de un conflicto geopolítico y que está vinculado a las grandes farmacéuticas.

Muchas creencias respecto al coronavirus se apoyan en otra pandemia: la infodemia, cuya principal herramienta son las fake news. Por eso, muchos científicos se encargaron de desmitificar una por una durante todo el año. Un ejemplo de esto son las y los investigadores nucleados en el grupo Ciencia Anti Fake News. También hay científicos que se volvieron referentes en redes sociales por aportar información basada en evidencia, como el físico Jorge Aliaga, el bioinformático Rodrigo Quiroga, la infectóloga Florencia Cahn, el neurocientífico Fabricio Ballarini y el biólogo Ernesto Resnik, entre otros.

“Empecé a realizar ese trabajo de comunicación porque, si bien tenemos muy buenos periodistas científicos en el país, también circula mucha información falsa y me pareció que podíamos contribuir a difundir información de calidad. Además, creo que la comunicación es también una responsabilidad social del científico, especialmente en tiempos de pandemia”, sostiene Quiroga. También considera que, aunque mejoró, habría que reforzar la articulación entre la comunidad científica y los tomadores de decisión. “Por ahora sigue siendo una cuestión más informal de grupos de whatsapp y reuniones eventuales”, agrega.

Hay ciencia más allá del Covid

Por fuera del tópico Covid, un tema vinculado a ciencia y ambiente que preocupó bastante en 2021 fue la bajante histórica del río Paraná. Si bien los ecosistemas que desarrollan su vida en torno al río están adaptados a los ciclos de crecientes y bajantes, el problema es que fue la más pronunciada de los últimos 77 años. El gobierno nacional tuvo que declarar la emergencia hídrica e investigadores de las distintas provincias afectadas por este gigante fluvial siguieron de cerca las causas y consecuencias del fenómeno.

Graciela Klekailo, integrante de la cátedra de Ecología Vegetal de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que estudia los ciclos de sequías e inundaciones, advierte: “La bajante del Paraná es preocupante porque acentúa los eventos extremos que estamos viviendo en los últimos años, en un contexto de Niña (fenómeno climatológico) muy marcado. Si bien en los últimos meses subió un poquito, todavía sigue muy bajo. La semana pasada, en Rosario, tuvo una altura de sólo 16 centímetros. Es un contexto bastante preocupante que hay que atender y pensar en relación a la mitigación del cambio climático”.

Otro tema importante vinculado al cambio climático tiene que ver con la necesidad de impulsar una transición energética hacia fuentes renovables y no contaminantes. Pero como explicaron especialistas en esta nota, aumentar la proporción de energías limpias sería solo una parte de la solución, ya que también es clave definir de qué forma hacerlo: si importando tecnologías o desarrollándolas acá. En esta línea, el MINCYT, la UNLP e Y-TEC anunciaron que invertirán 500 millones de pesos para la instalación de la primera planta de desarrollo tecnológico de baterías de litio que se está construyendo en Berisso (Buenos Aires). También INVAP, la empresa estatal rionegrina conocida por desarrollar satélites, ha emprendido la fabricación de generadores y palas para molinos eólicos.

Hablando de satélites, en 2021 la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) cumplió 30 años. Uno de los proyectos en los que trabaja actualmente es la fabricación del primer lanzador nacional de satélites, el Tronador II. En este marco, investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de Mar del Plata están desarrollando materiales compuestos resistentes y ultralivianos para el lanzador. “Uno de los factores clave para asegurar la viabilidad técnica y económica del desarrollo aeroespacial en Argentina es que se nutra de tecnología desarrollada en nuestro país. De esta manera se cumple un doble objetivo: asegurar la soberanía tecnológica y garantizar que la inversión derrame hacia otras industrias”, comenta Exequiel Rodríguez, investigador a cargo del proyecto.

El sueño del pibe (científico)

Los desarrollos mencionados en esta nota son solo una muestra del trabajo que realizan las y los investigadores del sistema científico argentino. Pero todos tienen algo en común: pueden avanzar gracias al financiamiento recibido, sobre todo, del ámbito público. Un punto importante en este sentido es que en el 2021 se logró la aprobación de la Ley de Financiamiento para el Sistema de Ciencia y Tecnología, que buscará cuadruplicar la inversión pública en el sector hasta alcanzar al menos el 1% del PBI nacional en el 2032.

Quien tiene un rol clave en el financiamiento de muchos de estos proyectos es la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i). En estos dos años, realizó 9 convocatorias para financiar proyectos vinculados a COVID-19, adjudicó 130 proyectos e invirtió 1200 millones de pesos. 

Por otro lado, pensando en los desafíos a futuro, en noviembre se realizó en el Centro Cultural Kirchner un encuentro para reflexionar sobre los lineamientos del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030. Es la primera vez que el plan científico y tecnológico se discutió a puertas abiertas entre la comunidad científica. Otra novedad del año fue que hubo dos ministros de Ciencia: el saliente Roberto Salvarezza, quien puso su renuncia a disposición luego de las PASO, y el actual Daniel Filmus. 

El 2021 se terminó pero los proyectos científicos y tecnológicos de las y los investigadores argentinos continuarán. Aparecerán nuevas demandas y habrá que seguir poniendo manos a la ciencia. Ellos lo saben y no se quejan. Para Vera Álvarez, la científica del spray antiviral, “aportar algo en este contexto, aunque parezca mínimo, es un poco el sueño del pibe”. Y agrega: “Creo que muchos investigadores sentimos eso. Es poder devolverle algo a esas personas que trabajan 12 horas por día, viajan cuatro horas y nos pagan el sueldo a través de los impuestos. Ser consciente de esa realidad nos motiva a seguir trabajando y nos hace entender qué significa realmente que la ciencia esté al servicio de la sociedad”.

NL

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