"Vacunaron a gente de 30 años y a nosotras, nada": historias de adultos mayores que no consiguen turno

Un señor se vacuna en La Boca

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"Me da mucha rabia esto de los vacunados VIP. No me extraña porque en este país, en este país K, puede suceder cualquier cosa. Me da pena dejarles este país a mis hijos y a mi nieto, es terrible. Y me da mucha rabia". María Elena tiene 75 años, vive en La Matanza, y espera que le llegue un correo electrónico que le confirme su turno para recibir la primera dosis de la vacuna contra el CoVid-19. Ya está registrada como una de las personas que aspira a recibir la vacuna pero todavía no sabe cuándo ocurrirá.

"Estoy a la espera. Esperando que me llegue el mail de Provincia con novedades", afirma María Elena, que tiene lupus, diabetes y EPOC y, desde que el CoVid-19 llegó a la Argentina hace casi un año, redujo sus salidas a la calle al mínimo imprescindible. "Necesito salir a caminar por mi salud y lo hago mucho menos. Y la parte social, ir a tomar un café con amigas, es fundamental y tampoco lo estoy haciendo", suma.

Hasta el último miércoles, en la Provincia sólo el 5% de los mayores de 60 años registrados para recibir la vacuna habían conseguido un turno para hacerlo.

Sin turno en la Ciudad

Mariano no consiguió turno para que su abuela, que tiene 99 años y vive en La Boca, se vacune en la Ciudad. Lo intentó el viernes, cuando el Gobierno porteño habilitó el registro para las personas de más de 80 años, pero ya se habían agotado los 40.000 cupos que se habían habilitado. Antes de quedarse sin turnos disponibles, el sitio web porteño y la línea telefónica asignada habían colapsado.

"Decepción. Eso es lo que más siente, porque no sabe cuándo va a poder vacunarse y hace un año que está encerrada en la casa. Tiene 99 años pero ninguna enfermedad, es muy autónoma, muy independiente. Le gusta salir ella a hacer sus compras, elegir sus verduras, sus frutas, la carne, y no lo está haciendo porque obviamente se está quedando en su casa desde que empezó todo esto", cuenta Mariano. "También extraña a sus amigas. Si bien se fueron muriendo, porque tiene 99 años, siempre se hizo nuevas. Iba a un club y ahí se hacía amigas, y eso lo extraña mucho", suma.

Sandra tiene 91 años y vive con su hija de 69 en City Bell. Hace un año que está en cuarentena. Sus salidas ya no son hasta el centro de esa localidad para, de vez en cuando, comprar algo de ropa o ir al supermercado, sino al patio de su casa. "Por suerte tiene ese patio y no un monoambiente. Eso le permite estar afuera y nos permite, aunque muy poco, estar afuera con ella". Lo cuenta Emilia, una de sus nietas. "La vi tres o cuatro veces en el año y fue toda una logística. Siempre con barbijo, en el patio y a la distancia. Por suerte mi mamá tiene la opción de trabajar a distancia, porque aunque es muy activa, se guarda para no poner en riesgo a mi abuela". Ni Sandra ni su hija tienen turno para vacunarse en la Provincia, aunque se inscribieron en el registro apenas unos días después de que se habilitara.

Pocas expectativas

"Mi abuela está un poco enojada. Siente que falta un montón para que la vacunen a ella y a mi mamá. 'Mirá todo lo que está pasando, vacunaron a gente de 30 años y a nosotras, nada', me dijo. Tiene pocas expectativas de que pase pronto", cuenta Emilia. "Es una señora bastante casera, pero lo que más le complicó de la pandemia fue estar en contacto con nosotras, sus nietas. Lo que más cambió de su vida es que está menos tranquila en el contacto con nosotras, que somos su familia. Está mucho más encerrada en cuanto a sus contactos, y ese es el impacto: emocional", describe Emilia.

"Mi mamá ya chequeó tres veces que la inscripción en el registro fuera correcta. Siempre le salta el cartel de que están anotadas, pero del turno todavía no hay noticias", remata la joven. Su madre y su abuela son apenas dos de las personas que esperan que el Estado bonaerense o porteño les asigne una dosis de la vacuna contra el CoVid-19: les corresponde por edad.

BJ

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