Cuál es la expectativa de vida de las y los argentinos con el Covid-19

Por la pandemia, la esperanza de vida en la Argentina retrocedió a valores de hace una década

De las provincias con mayor cantidad de muertes, Jujuy fue la que sufrió el peor impacto en la esperanza de vida de sus habitantes.

La esperanza de vida al nacer retrocedió a valores inferiores respecto de los que había hace más de una década en la Argentina: a mediados de 2021 esa expectativa de vida se estimó en 71,9 años para los varones y 78,1 años para las mujeres. En el trienio transcurrido entre 2008 y 2010, último del que el Indec tiene registro de ese indicador, la esperanza de vida al nacer en el país era de 72,08 años para los varones y de 78,81 años para las mujeres. La pandemia de Covid-19 -y el exceso de mortalidad que implicó respecto de las llamadas “muertes esperables”- es, según la investigación que el demógrafo Leandro González llevó a cabo junto a su colega Sonia Pou, el motivo por el cual se produjo ese retroceso.

“Son resultados provisorios porque el cálculo correcto de esperanza de vida, especialmente si se tienen en cuenta las muertes a causa de Covid-19, lo vamos a poder hacer cuando estén debidamente procesadas las causas de muerte de este año. Eso normalmente tarda un año”, describe González, que lleva a cabo sus estudios en el Centro de Investigaciones y Estudios de la Cultura y la Sociedad (Ciecs) que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba.

La estimación de González, según explica, está basada en datos disponibles en 2019, antes de que la pandemia tocara suelo argentino. “Estimé las muertes que dábamos por ‘normalmente esperables’ en 2020 y 2021 antes de saber sobre la llegada de la pandemia, y a esos datos sí les agrego las muertes registradas por Covid-19, de acuerdo las publicaciones diarias del Ministerio de Salud de la Nación. La limitación de hacerlo así es que esa base de datos es un conteo sobre la marcha, es decir que es imprecisa y puede tener errores, porque es normal que, por ejemplo, se retrasen algunas partidas de defunciones. Son datos móviles con lo provisorio propio de una emergencia”, explica González.

Lo que el demógrafo radicado en la capital cordobesa midió fue el potencial impacto de la pandemia de Covid-19 en la esperanza de vida para 2020 y también para 2021. “Es a la pandemia a lo que debemos atribuir la baja en la esperanza de vida para estos dos años. Podemos esperar que si se logra dominar la pandemia este año, la esperanza de vida aumente: eso es lo habitual en este indicador, que aumente un poquito cada año. Lo raro es que se estanque o baje, que es lo que está pasando por las muertes que no estaban previstas”, sostiene el especialista. “Son muertes inesperadas y, a medida que corrieron los meses, esas muertes fueron impactando cada vez en población más joven: eso explica la baja en la esperanza de vida al nacer”, suma.

En su investigación, González estimó cuántas muertes debían esperarse en la Argentina de acuerdo a la tendencia registrada en los diez años anteriores. “Eso implica suponer que todas las causas de muerte se mantuvieron estables, por lo que es un supuesto eventualmente discutible. Durante la pandemia, algunas muertes bajaron, como las muertes violentas, y otras han aumentado porque se descuidaron determinados aspectos de la salud: fue lo que pasó con las patologías cardíacas, por ejemplo”, explica.

Si se logra dominar la pandemia este año, la esperanza de vida aumente: eso es lo habitual en este indicador, que aumente un poquito cada año. Lo raro es que se estanque o baje, que es lo que está pasando por las muertes que no estaban previstas

Leandro González — Demógrafo - Conicet y Universidad Nacional de Córdoba

Su estimación de muertes no producidas por el Covid-19 en 2020 fue de 343.954: es un número cercano a los 342.341 fallecimientos que el Ministerio de Salud de la Nación estimó como “umbral esperado” para ese año en su estudio sobre exceso de mortalidad en contexto de pandemia, del que dio cuenta Clarín.

“Para estimar la esperanza de vida al nacer se toman las distintas tasas de mortalidad que hay por edades y se distingue la tasa según el sexo. Digo ‘sexo’ y no ‘género’ porque la diferencia de mortalidad entre sexos tiene que ver con sus características biológicas: hay un patrón genético que va para el lado de que la expectativa de vida sea menor para varones que para mujeres. A eso se le suma el hecho de que los varones, en general, somos más autoagresivos y descuidamos más nuestra salud”, describe González, y agrega: “Una tabla de cálculo simula cuánto viviría una población si a lo largo de toda su vida estuviera expuesta a una tasa de mortalidad del año que estás analizando, y de esa manera se obtiene el índice de esperanza de vida al nacer. Ese índice es dinámico: cambia todo el tiempo de acuerdo a la variación de esas tasas de mortalidad”. Tendencialmente, sostiene el especialista en demografía, esas tasas de mortalidad bajan y hacen que aumente la esperanza de vida.

Aunque el último registro oficial del Indec es en relación a datos de hace más de diez años, han habido actualizaciones sobre la esperanza de vida al nacer en la Argentina por parte de equipos científicos. Para 2019, González explica que el indicador era de 73,5 años para los varones y de 79,5 años para las mujeres: la caída de la expectativa de vida desde ese momento hasta mediados de este 2021 es de aproximadamente 1,5 años para cada uno de esos dos grupos. El desembarco del CoVid-19 apenas empezado el 2020 impactó en esa expectativa, según la estimación demográfica: ese año la esperanza de vida al nacer retrocedió a 72,2 años para los varones y a 78,3 para las mujeres. En el primer semestre de este año la caída no se detuvo: llegó a 71,9 años para los varones y 78,1 años para las mujeres. “Falta la segunda mitad de este año”, advierte González.

“La esperanza de vida va a bajar en todo el mundo, no es un fenómeno exclusivo de la Argentina. Esto será obviamente más pronunciado en los países en los que la pandemia haya sido más severa, porque es una causa directa de muertes, y por lo tanto, del aumento de la tasa de mortalidad”, explica el investigador del Conicet. Hace menos de dos semanas, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) anunció que en 2020 se produjo la mayor caída de la esperanza de vida en ese país desde la Segunda Guerra Mundial. Según el relevamiento de ese organismo, la expectativa de vida al nacer se redujo 1,5 años durante el primer año pandémico y se situó en 77,3 años en promedio.

Uno de los hallazgos del análisis realizado en Córdoba fue que, entre las doce provincias argentinas con mayor cantidad de muertes por Covid-19, Jujuy fue la que sufrió mayor impacto en la baja de su esperanza de vida: “Los varones bajaron de 72,9 años en 2019 a 70,5 años en 2020, y las mujeres pasaron de 79,5 a 78,1 años en ese mismo período. Ese impacto tiene que ver con que se produjeron más muertes de gente joven, relacionadas por ejemplo a la falta de intensivistas en la provincia”, sostiene González. En ese mismo lapso de tiempo, la Ciudad pasó de tener una esperanza de vida de 76 años a 74 para los varones, y de 80,7 años a 79,4 para las mujeres. En el caso de la Provincia de Buenos Aires, la caída fue de 73 a 71,3 años para los varones y de 78,3 a 77 para las mujeres.

“La esperanza de vida tiende a subir por el constante descenso de la mortalidad infantil, que es la que se produce en bebés de hasta un año. Ese es el factor que más influye en la esperanza de vida total, y durante toda la década ha ido descendiendo en la Argentina. Aún así, el crecimiento de la esperanza de vida fue suave y hasta inestable en algunos momentos, por el impacto de las muertes por accidentes en adultos jóvenes de 30 a 50 años, y porque no han bajado las muertes por tumor, sino que han crecido, sobre todo en el caso de tumores ginecológicos, de colon, de vías respiratorias, de próstata y de garganta. También se vio un aumento de mortalidad por diabetes y por neumonía. Todo eso hizo que la esperanza de vida aumentara de forma suave y se amesetara por momentos, y es por eso que el impacto de muertes no esperadas, como son las del CoVid-19, hace que el indicador retroceda varios años”, argumenta González.

JR

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