Paleontología

Descubren en Argentina un depredador de dientes de sable de 100 kilos que se creía extinguido mucho antes

Ada Sanuy

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Un equipo de paleontólogos identificó en Argentina una nueva especie de depredador prehistórico que podría haber alcanzado los 100 kilos de peso y cuya existencia modifica lo que se sabía sobre la desaparición de los tilacosmílidos, un grupo de carnívoros nativos de Sudamérica. Bautizado como Pampaluctor calibar, el animal pertenecía a un linaje de mamíferos metaterios emparentados con los marsupiales y caracterizados por sus grandes dientes de sable. El descubrimiento, publicado en la revista científica Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology, indica que estos depredadores sobrevivieron más tiempo del que se había supuesto.

Los restos proceden de un acantilado costero próximo a Miramar, en la provincia de Buenos Aires, donde fueron encontrados en 2014 por integrantes de un museo local. El fósil, perteneciente a la Formación Vorohué, estaba compuesto por parte del esqueleto del animal, pero no incluía el cráneo ni los dientes. Inicialmente, su identificación planteó dificultades porque sus características apuntaban a un grupo que, según las interpretaciones anteriores, ya había desaparecido. Años después, Eric del Campo, paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales, comenzó a sospechar que podía tratarse de un tilacosmílido. La investigación posterior permitió describir un género y una especie hasta entonces desconocidos.

La importancia del hallazgo reside especialmente en su antigüedad geológica. Los esparasodontos, el grupo más amplio al que pertenecían estos depredadores, habitaron Sudamérica durante millones de años y se consideraba que habían desaparecido hacia el Plioceno medio o tardío. Sin embargo, el ejemplar de Pampaluctor procede de sedimentos de la Formación Vorohué atribuidos al intervalo comprendido entre el Plioceno superior y el Pleistoceno inferior. Esta datación lo convierte en uno de los esparasodontos geológicamente más recientes conocidos y obliga a reconsiderar la cronología de desaparición de este grupo de mamíferos carnívoros.

Un cazador robusto que probablemente atacaba por sorpresa

El estudio anatómico permitió reconstruir algunas de las características físicas de Pampaluctor calibar. Entre los huesos recuperados figuran vértebras del cuello, una escápula, elementos de las extremidades y dos vértebras caudales. Su comparación con otros animales actuales y extinguidos reveló semejanzas con los tilacosmílidos, aunque también diferencias suficientes para justificar su clasificación como un género y una especie nuevos. A partir de las dimensiones del fémur, los investigadores estiman que pudo pesar alrededor de 100 kilos, lo que lo situaría entre los mayores depredadores mamalianos conocidos de Sudamérica. Su anatomía sugiere que cazaba mediante emboscadas, inmovilizando a sus presas con la fuerza en lugar de perseguirlas durante largas distancias.

El propio nombre científico hace referencia a esa capacidad física. Los investigadores eligieron Pampaluctor incorporando el término latino luctor, relacionado con la lucha, para destacar la forma en que probablemente sometía a sus presas. Ante la ausencia de restos craneales, prefirieron una denominación vinculada a su comportamiento depredador en lugar de recurrir a los habituales nombres relacionados con los dientes de sable. El nombre específico, calibar, homenajea a un célebre gaucho del siglo XIX conocido por su habilidad para rastrear delincuentes y encontrar personas desaparecidas.

Una supervivencia que cambia la historia de los carnívoros sudamericanos

La identificación de Pampaluctor también aporta información sobre los ecosistemas que existieron durante una etapa de importantes cambios en la fauna sudamericana. Los investigadores consideran que pudo ocupar una posición destacada entre los depredadores de su entorno, donde también vivían otros carnívoros de menor tamaño. Entre ellos figuraban prociónidos, emparentados con los actuales mapaches, incluido un representante carroñero de unos 25 kilos. El estudio también contempla la probable presencia de zorros y mustélidos llegados desde Norteamérica. Esta convivencia demuestra que algunos grupos autóctonos persistieron después de la llegada de nuevos competidores, lo que cuestiona la interpretación tradicional según la cual los animales procedentes del norte sustituyeron rápidamente a determinados linajes sudamericanos.

El descubrimiento se suma a otras investigaciones que identificaron representantes de grupos sudamericanos en periodos más recientes de lo que se había considerado, entre ellos algunas grandes aves depredadoras incapaces de volar. Para Del Campo, estos hallazgos evidencian que todavía quedan aspectos importantes por esclarecer sobre la evolución y desaparición de los antiguos carnívoros del continente. Uno de los próximos objetivos será encontrar restos del cráneo o de la dentición de Pampaluctor calibar. Esos materiales permitirían reforzar su posición dentro del árbol evolutivo de los tilacosmílidos y comprender mejor las características de este singular depredador.