Amores inquietantes, la raíz de la tristeza
En la cultura japonesa, preñada de matices, existe una palabra, utsuroi, que dibuja la relación secreta entre luz y penumbra, ese continuo fluir, sus fronteras débiles. Veo una película de Wim Wenders donde un hombre solitario, cuya ocupación es limpiar los retretes de Tokio, se distrae y atrapa la belleza observando las sombras de los árboles. Las fotografía. Las revela en blanco y negro. También lee libros sobre árboles, oye música. Cumple con su rutina de manera perfecta y reviste todo de dignidad. Suceden las mil pequeñas aventuras de aquello que llamamos vida. No es mucho, o tal vez demasiado.
Esa manera de mirar al bies. Esa ternura.
Mientras escribo, pienso que me parezco a él. Mi vida transcurre sin sobresaltos. Tacho una frase. La vuelvo a escribir. Soy como los niños que dibujan letras en el aire, las hacen volar. Pinzar el momento. Escribir un árbol.
A veces escribo una palabra y me quedo mirándola hasta que empieza a brillar.
Si regreso dentro de una hora, ya no serán los mismos árboles, ni la misma plaza, ni la misma mesa, ni el mismo cielo. Las hojas que se frotan no cantarán la misma canción, transformarán su misterio las infinitas variantes de la luz.
Entremos más adentro, en la espesura.
Subrayé muy conmovida este fragmento en Un árbol de compañía (Páginas de Espuma, 2026), un diálogo-diario-ensayo entre la escritora Clara Obligado, el biólogo Raúl de Tapia y una sucesión divina de árboles. Quería compartirlo en este espacio e invitarlos a la lectura del libro, si tienen ganas. Mientras tanto mi colección de árboles no para de crecer, atravesamos días de ramas que se van poniendo cada vez más frondosas y a varios nos acechan algunas sombras implacables.
Empieza una nueva entrega de Mil lianas. Una manera de mirar, también al bies, algunas cosas para aferrarse en medio del desconcierto.
1. Un amor sin futuro, de Betina González. “No es culpa de las amigas ni del feminismo. A muchos les resulta imposible pensar en un amor ‘sin futuro’, un amor que no termine en la tierra infértil de la familia”, apunta la protagonista de esta historia y sigue: “Hay secretos que no necesitan esconderse para ser guardados. Ahora mismo estás custodiando ese umbral que solo él y vos conocen. Lo estás guardando al escribirlo. Porque no querés que sean las palabras más vulgares de la lengua las que lo alcancen”.
En su reciente novela Un amor sin futuro (Tusquets, 2026), la escritora Betina González presenta una narradora que flota, que deambula, que se mueve entre sus lecturas alrededor de la belleza, el deseo y el amor y eso que le pasa cuando empieza a recibir correos electrónicos cada vez más encantadores de un joven estudiante de una de sus clases de literatura.
Con una segunda persona magnética, fragmentos de zonas ensayísticas y una prosa envolvente como el cortejo de los protagonistas ante un amor inquietante, la autora indaga lúcidamente en esa atracción singular que se produce cuando dos personas se desean. Pero al hacerlo, lejos de quedarse en estereotipos o lugares comunes, también propone una torsión: reparar en las expectativas ajenas, en los prejuicios de clase, en los pequeños actos de rebeldía que todavía pueden llegar a aflorar en un mundo cada vez más aplastante.
Hace unas semanas entrevisté a Betina González, una autora a la que siempre estamos volviendo en este espacio, para hablar sobre este libro. La charla nos fue llevando a la cocina de la novela, su experiencia como docente, los discursos que ella da en llamar “anti joven”, los prejuicios que siguen pesando sobre las personas que no se ajustan al modelo clásico de familia. Dejo la nota en este enlace.
Un amor sin futuro, de Betina González, salió por Tusquets. Más sobre el libro, en esta entrevista con la autora. Más novedades literarias, por acá.
2. La tristeza, de Consuelo Iturraspe. Como si la tristeza tuviera una raíz hundida en algún punto remoto de la Tierra. O como si existiera un cable subterráneo que se puede recorrer para saber dónde nace la tristeza, indagar cómo es que se prolonga en la profundidad, dar con su núcleo y, finalmente, arrancarla de un tirón. Me gustaron muchísimas cosas de la obra de teatro La tristeza, de Consuelo Iturraspe con la actuación prodigiosa de Fernanda Bercovich, y una es esa: que se anima a mostrar –tomándosela en serio y a la vez abordando el asunto con muchísima gracia– los lugares comunes que creamos o imaginamos alrededor de la tristeza. También los pequeños atisbos de complicidad donde ese pesar puede ablandarse, tomar aire, volverse absurdo.
En el centro está Sonia, una mujer que atiende llamados en la última remisería del planeta o algo parecido a eso. En las horas muertas de ese trabajo que la agobia –es decir, casi todo el tiempo porque la remisería es una especie en extinción en días de apps y celulares– habla por la radio con Caballo, un compañero que circula por la calle con su auto a la espera de pasajeros. Los dos saben que la tristeza está ahí, que los circunda, que es inevitable, pero no terminan de nombrarla. Hay días que hacen listados insólitos como para exorcizarla (famosos improbables que podrían asistir a un cumpleaños, frases en coreano, refranes con la palabra “caballo”), hay momentos en los que se preguntan qué pasó con otra compañera de la remisería que se quitó la vida, hay escenas que los enfrentan a un fantasma generalizado y muy íntimo a la vez: ¿qué se hace con tanta tristeza? ¿de dónde viene? ¿dónde ubicarla cuando el mundo nos pesa?
Si están por Buenos Aires o planean hacerlo, pasen por La tristeza. Se puede ver en el espacio teatral Zelaya, en el barrio del Abasto, y es una obra potente, preciosa.
La tristeza, de Consuelo Iturraspe, con la actuación de Fernanda Bercovich, se puede ver en la sala Zelaya (Zelaya 3134, CABA). Más información sobre entradas y funciones, por acá.
3. Hospital Británico, de Gloria Peirano y Gustavo Fontán. “Hospital Británico es el último libro de un enorme poeta argentino: Héctor Viel Temperley (1933-1987). Después de ser operado de un tumor en el cerebro, Viel escribió una de las obras más hermosas y perturbadoras que se han escrito en lengua castellana. Primero lo comprobamos en carne propia: no se sale indemne después de leer a Viel. O, como dice la poeta y crítica Tamara Kamenszain, ‘para escribir después de Viel habrá que aprender a nadar”. A lo largo de los años, escuchamos numerosos testimonios que coincidían con nuestra impresión: su lectura deja una marca irreductible. La potencia lírica de Hospital Británico se articula alrededor de la convivencia entre un profundo misticismo y un apego a la sensualidad. Esto impacta de modo radical en la forma del poema, en la cadencia de las palabras, que se sienten como brazadas infinitas. Nos propusimos en esta película dialogar con el poema de Viel Temperley, como una manera de manifestar la huella del libro en nosotros y de recoger los testimonios de ese impacto en otros lectores“, apuntan los directores Gloria Peirano y Gustavo Fontán.
Después de pasar por el festival internacional de cine de Marsella, por estos días se estrena la película Hospital Británico que, tal como los realizadores señalan, es una aproximación, un merodeo alrededor de esa obra fascinante de Viel Temperley que combina sus palabras con una serie de imágenes encantadoras, muchas de ellas hechas con una cámara estenopeica, de lugares bucólicos y misteriosos enrarecidos por esa técnica. Para ese movimiento, además de mostrar un viaje en tren por la pampa argentina, los directores invitaron a un grupo de peregrinos –la mayoría de ellos escritoras y escritores que quedaron también prendados de la poesía de Viel, como Alicia Genovese, Julián López o Teresa Arijón, entre otros– que a veces frente a cámara, a veces como voces radiantes, intentan dar cuenta de ese encantamiento. En el medio, se suceden tomas que lejos de venir a ilustrar los poemas, invitan a la percepción sin red, a desarticular la mirada, a ir, como señala uno de los versos más célebres del poeta en Hospital Británico, a lo menos conocido, al propio cuerpo.
Hospital Británico, de Gloria Peirano y Gustavo Fontán, se puede ver en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530 CABA). Más información sobre horarios y entradas, en este enlace.
Apostilla. Algo que me tiene impactada por estas horas (¡y ya estoy esperando que salgan más capítulos!). Tal vez conozcan a Diego Genoud por sus análisis, sus investigaciones, sus libros o sus entrevistas como periodista político. Por estos días lanzó Manuela Santucho. La vida, los nombres, el lugar, un podcast documental en el que Genoud tal vez haya encarado una de las misiones más difíciles de su carrera: contar la vida de su madre. Una vida que es la vida de una chica católica, de la hija de una destacada familia numerosa de Santiago del Estero, diezmada tiempo después por el terrorismo de Estado; de una abogada que defendía a presos políticos, de una joven que varios conocían como Mariana y fue perseguida por los servicios de inteligencia, de una militante revolucionaria comprometida, de una madre desaparecida por la última dictadura.
Dispuesto a hacer una arqueología familiar, entre la búsqueda documental y la indagación afectiva, Genoud recorre esta historia que es, a la vez, la de buena parte del siglo XX en Argentina. Y lo hace, con una enorme sensibilidad, a partir del testimonio de quienes conocieron a su madre, de quienes la vieron en acción, de las cartas que perduran en el acervo familiar, de los documentos históricos, de las voces que se escapan y de sus propias preguntas –como periodista inquieto, como hijo que busca descifrar el gran enigma de su vida–, alrededor de la memoria.
El podcast Manuela Santucho. La vida, los nombres, el lugar, de Diego Genoud, se puede escuchar en YouTube y en Spotify.
Banda sonora. Como les conté hace algunas semanas (pueden chusmear el listado completo por acá si se les pasó), uno de los estrenos más interesantes del mes en el universo del streaming es el documental Pulp: ¿Qué harías por una canción más?, que se podrá ver desde hoy a través de Mubi.
“Dirigida por su colaborador habitual, el aclamado director, productor y actor británico Garth Jennings, y narrada por el líder de Pulp, Jarvis Cocker, la película entrelaza imágenes de sus ingeniosos conciertos con cuatro décadas de material de archivo inédito”, informaron desde la plataforma y agregaron: “Con veinte canciones que abarcan toda su trayectoria, Pulp: ¿Qué harías por una canción más? es un tributo a una banda de inadaptados cuyo agudo comentario social, ingenio sarcástico pero sincero y empatía inquebrantable con su público siguen resonando a través de las generaciones”.
Este lanzamiento es la excusa perfecta para sumar varias canciones de Pulp a nuestra lista compartida. Se escucha, como siempre, en este enlace.
Bonus track. Para quienes no pudieron estar, para quienes prefieren escuchar este tipo de conversaciones sin apuro, una novedad: la Feria de Editores empezó a subir a su canal de YouTube las charlas que tuvieron lugar durante su última edición. Anoto dos que me interesaron particularmente. Por acá, una entrevista con Mauricio Kartun, donde habla sobre la creación, a partir de su trabajo y de la salida de su libro Crear, publicado por Ediciones Godot. Por otra parte, en este enlace pueden ver la charla Horizontes especulativos, que tuvo como participantes a Cecilia Garrafo, Juan Mattio y Ricardo Romero para hablar sobre el realismo especulativo, su influencia en las ciencias naturales y la literatura, y la necesidad de repensar ciencia ficción.
Posdata. Gracias especiales a Yanina, Mijal, Marisa, Diego y Alicia desde Mar del Plata por escribirme con sugerencias sobre los problemas en mis oídos que comenté por acá y por sus buenos deseos. Me encanta leer sus comentarios sobre este espacio de palabras despatarradas (ya que estamos, les recuerdo que siempre me encuentran por acá). Y, algo más: Mil lianas no tiene difusión más que el boca en boca de sus lectores y en mis propias redes. Así que, si tienen ganas de compartirlo, difundirlo como quieran o reenviarlo a alguien que le pueda interesar, estaré muy agradecida.
¡Hasta la próxima!
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