Niños y gatos: un vínculo beneficioso física y emocionalmente

Inés Aguerri Alonso

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El pasado 20 de febrero se celebró el Día Internacional del Gato, un compañero de actividades, apoyo emocional y un motivo de cuidado y responsabilidad según los niños entrevistados en un estudio de la Fundación Affinity.

De hecho, “cuidar, jugar, alimentar, querer, compañía y amistad” son las palabras que más mencionaron cuando se les preguntó sobre qué significan para ellos sus animales de compañía.

Pero no solo lo dicen los niños, sino también la ciencia que estudia cómo el ser humano interactúa con otros animales y cómo se vincula a ellos: la antrozoología. En el caso de los gatos, como explica Alicia Gosálbez de la Clínica Veterinaria Consulta Felina “son muy sinceros, un gato no va a aguantar en una situación que le resulte incómoda, como sí lo hiciera con más facilidad un perro”.

La energía e impredecibilidad de los niños supone un reto para muchos gatos, por lo que “debemos entender que no están para entretenernos ni jugar con nuestros pequeños, el vínculo se crea a través de la paciencia y el respeto”, apunta Gosálbez.

“Debemos enseñarles que el gato les quiere, aunque en ese momento prefiera estar a otra cosa, aceptar esta idea es la base del vínculo”, añade la veterinaria.

Una vez que tengamos en cuenta lo que implica tener a un gato como compañero de vida y hayamos aprendido a leer sus señales, ya estaremos listos para descubrir todos los beneficios físicos, emocionales y educativos que conlleva para los más pequeños de la casa la convivencia con ellos.

Beneficios físicos

Reducir los niveles de estrés y ansiedad es uno de los principales beneficios que tiene para los niños el vínculo con los gatos. Las caricias tienen un poder relajante que hace que los nervios de los niños se calmen, reduciendo también la frecuencia cardíaca gracias al suave tacto del pelaje y a la tranquilidad que transmite el ronroneo.

Además, su compañía hace que se mantengan más activos y más alejados de las pantallas, pues como explica un estudio, “8 de cada 10 niños de entre 9 y 12 años prefieren jugar con su perro o su gato antes que con los videojuegos”. 

Y no, al contrario de lo que se pueda pensar, el hecho de que un niño se críe en compañía de otros animales no hace que desarrolle más problemas de salud, ni alergias, ni asma.

Es más, “hace que los niños inmunológicamente crezcan más fuertes y con menos problemas de alergia cuando son más mayores”, explica Paula Calvo, bioquímica, etóloga y antrozoóloga.

Así lo demuestran estudios como el publicado en la revista estadounidense de medicina respiratoria y de cuidados críticos ATS journal, entre otros.  

Compartir tiempo con estos animales no solo es positivo para el cerebro de nuestros mayores, sino también para el de los más pequeños. Concentrarse cuando juegan con ellos o responsabilizarse y acordarse de sus cuidados ejercita su cerebro

Además, también beneficia a la salud cardiovascular, pues “según un estudio realizado por investigadores del Instituto Stroke de la Universidad de Minnesota, las personas que conviven con gatos tienen un 30% menos de probabilidad de morir de un ataque al corazón, explican desde la Escuela Veterinaria MasterD.

Beneficios emocionales, psicológicos y educativos

“La responsabilidad y la empatía son dos de los aspectos claves a destacar, aparte del contacto con la naturaleza, porque a través de los animales reconectamos con ella” apunta Calvo. 

Tomar decisiones y ser consciente de que un ser vivo depende, en parte, de ellos, es una responsabilidad que enseña a los niños a hacerse cargo de los demás, a organizarse, a planificar sus tareas y, por tanto, a aumentar sus niveles de responsabilidad y empatía. 

Además de aprender el respeto por otros seres vivos, aprenden valores y conceptos como la lealtad, el amor y el cariño, que se suman a una fuente de seguridad, pues los gatos suponen compañía y ayuda a la hora de superar los tan comunes miedos e inseguridades en niños.

Pero ante todo, los gatos son un apoyo emocional en momentos difíciles, un animal que siempre está ahí cuando se necesita y que alegra los corazones de sus dueños solo con verlos o pensar en ellos, literalmente. 

Tan sorprendente es su poder que solo observarlos nos aporta alegría y bienestar: seguramente sea ese el motivo por el que las redes sociales están inundadas de vídeos de estos pequeños felinos.

De hecho, ya hay estudios que hablan sobre cómo aprendemos a regular las emociones gracias a ellos y los efectos positivos que supone para niños y adultos ver vídeos de gatos en las redes sociales. 

Además, como explican en la web de American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, “pueden ser recipientes seguros de secretos y pensamientos privados; los niños a menudo hablan con sus mascotas como lo hacen con sus animales de peluche”.

Con ello también mejoran aspectos como el lenguaje y la comunicación. “Además, proporcionan lecciones sobre la vida, incluida la reproducción, el nacimiento, las enfermedades, los accidentes, la muerte y el duelo.”

Los beneficios de la gatoterapia en niños con autismo

Como explica el equipo especializado en Trastorno del Espectro Autista de Red Cenit - Centros de Desarrollo Cognitivo, “los gatos son animales rutinarios, predecibles y no soportan los ruidos fuertes, poco invasivos y respetuosos, por lo que los niños con TEA se sienten identificados y cómodos con ellos.”

Una investigación liderada por Marine Grandgeorge, profesora de etología en la Universidad de Rennes ha descubierto el motivo principal por el que los niños con autismo se sienten a gusto con los gatos: estos se comunican con miradas cortas pero frecuentes, aportando la información que quieren transmitir de manera eficaz, breve y de forma menos intrusiva, por lo que los niños con TEA se sienten tranquilos y cómodos.

Además, estos animales les dan lo que tanto necesitan, “una sensación de calma, cariño y la comunicación no verbal que ayuda enormemente a las relaciones recíprocas.

Su actitud pausada y lenta, su ronroneo y su pelaje ayudan a su regulación sensorial, mientras que el respeto por el espacio vital es precisamente lo que hace que los gatos conecten tan bien con estos niños con necesidades especiales“, explica el equipo de Red Cenit.

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