Plácido Domingo, el derrumbe del gran tenor

Elena Cabrera

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Plácido Domingo necesitó meses para reflexionar sobre lo que había hecho. Eso escribió él mismo en un comunicado en 2020 sobre unos hechos que, según fueron revelados un año antes, comenzaron a suceder a finales de los años 80 y se prolongaron durante décadas. El gran intérprete de ópera admitió “toda la responsabilidad” sobre sus “acciones”. Tales acciones fueron las que denunciaron al menos 20 mujeres de su entorno laboral: besos, tocamientos inapropiados y la amenaza de no apoyar las carreras de esas artistas si no cedían ante sus requerimientos de carácter sexual. Pero “responsabilidad” no significa “culpa”, como puntualizó el tenor más adelante.

Cada verano, la gran figura artística que fue Plácido Domingo muere un poco. En el de 2019 se destapó una inercia de comportamiento inapropiado hacia mujeres de su entorno laboral durante décadas: una veintena de mujeres, la mayoría de manera anónima, se atrevieron a hablar con una agencia de noticias. En 2020 fue ingresado en el hospital por COVID, perdió trabajos y sufrió cancelaciones. En 2022, su nombre aparece en la investigación judicial como presunto cliente de una secta de trata de personas.

Fue Associated Press (AP) quien lo denunció por primera vez con los testimonios de nueve mujeres, en agosto de 2019, a las que se sumaron 11 más pocos días después. Una de ellas era una mezzosoprano que había conocido al músico en 1988 trabajando en la Ópera de Los Ángeles, ella tenía entonces 23 años. Durante un ensayo de Los cuentos de Hoffmann, la cantante relató que en la célebre escena de la orgía veneciana donde se canta la Barcarola y en la que debía besar al intérprete, este le devolvió un beso húmedo, restregando la saliva por su cara, para susurrarla después al oído: “Ojalá no estuviéramos en el escenario”. A partir de ese día, él se dedicó a llamarla a casa con asiduidad, aunque ella no le había dado su número de teléfono. Le dijo que era una cantante prometedora a la que quería ayudar en su carrera. La invitó a su apartamento para “cantar varias arias” y aconsejarla. Cuando se cruzaban en el backstage, él ponía la mano en su cintura o le daba un beso demasiado cerca de la boca. Además, entraba sin previo aviso a su camerino, mientras ella se cambiaba. Así lo relató la cantante a los periodistas de AP.

El tenor contestó con un primer comunicado en el que decía que los testimonios eran “inexactos” y que sentía haberlas hecho sentir “incómodas” a pesar de sus “mejores intenciones”. La mezzosoprano Patricia Wulf, una de las pocas que dio la cara y el nombre, dijo en una entrevista a EFE que “Plácido Domingo es un depredador que ha hecho esto repetidamente”. El cantante quiso convencer a la opinión pública de que esta confunde el acoso con “la galantería”.

Temor a la represalia

El reportaje provocó una serie de investigaciones internas en los teatros en los que trabajaba Domingo. En ese momento, era director de la Ópera de Los Ángeles, un cargo del que dimitió. La investigación de este teatro, encargada a un despacho de abogados, hizo asomar 10 denuncias de conducta inapropiada entre 1986 y 2019 que el investigador consideró “creíbles”. Estas se movían en diferentes niveles, desde mujeres que decían no haberse sentido incómodas hasta las que lo describieron como “un trauma significativo”. Algunas admitieron que no lo habían denunciado previamente debido al estatus de Plácido Domingo en el mundo de la música. De nuevo, él negó las acusaciones y sostuvo que todas sus interacciones fueron consensuadas.

También a consecuencia del reportaje, el sindicato de músicos de ópera y artistas de danza de Estados Unidos (AGMA) arrancó su propia investigación y pidió a las compañías inscritas en su organización que lo hicieran igualmente. AGMA advirtió de que abriría el foco para analizar los “fallos sistémicos” que permitían este comportamiento dentro de la industria. La investigación concluyó que el cantante “se había involucrado en actividades inapropiadas, desde el coqueteo hasta la provocación sexual, dentro y fuera del lugar de trabajo”. También aquí, las víctimas admitieron su temor a las represalias como explicación de su silencio a lo largo de estos años. 

Según se supo más adelante gracias a la filtración del vicepresidente de la AGMA, Samuel Schultz, los abogados de Plácido Domingo negociaron un pago de medio millón de dólares al sindicato. Según New York Times, que dio la exclusiva provocando un gran enfado de las partes y dinamitando el acuerdo, el dinero serviría para mantener en secreto los detalles de la investigación. Según la propia AGMA, la multa iba a ser utilizada para pagar a los abogados que habían redactado el informe, apoyar las campañas de la AGMA contra el acoso sexual y hacer una donación a oenegés que trabajaran en este mismo sentido. El vicepresidente dimitió por como la AGMA había tratado el caso y, en su carta de renuncia, se reafirmó en su versión de que los dólares se pusieron sobre la mesa como “un quid pro quo: silencio a cambio de dinero”. Schultz acusó al sindicato de “proteger la reputación de Domingo y permitirle continuar afirmando públicamente que no abusó sexualmente de esas mujeres ni dañó sus carreras”. Además, afirmó que si la investigación se hiciera pública algún día, confirmaría la falsedad del desmentido del tenor.

Lo cierto es que el sindicato nunca ha hecho público su informe, escudándose en la protección del anonimato de las víctimas, ni tampoco quiso mostrarlo al Teatro Real de Madrid, cuando este le pidió leerlo para tomar una decisión sobre la participación del tenor en la representación de La Traviata prevista en 2020. Es más, el sindicato estadounidense no pudo imponer ninguna consecuencia disciplinaria a Plácido Domingo, porque este se dio de baja antes de ser objeto de una posible expulsión, ni tampoco el Teatro Real tuvo que tomar decisión alguna, pues el cantante decidió retirarse del elenco

No admitió las acusaciones

Durante meses, después de que AP desvelara lo que calificó de “secreto a voces en la industria”, Plácido Domingo publicó dos comunicados pero, más allá de esas declaraciones, estuvo callado y alejado de la prensa. En ese tiempo, pasó por la COVID residiendo en su casa de verano en Acapulco (México) y temió perder la voz, cosa que no sucedió. Medio año después de que estallara el caso, Domingo rompió su silencio con una entrevista en Televisión Española en la que afirmó que nunca había entonado “un mea culpa” y que sus palabras habían sido “sacadas de contexto”. “Me disculpo si ofendí a alguien, nunca he abusado de nadie”, reiteró.

El tenor, que en los últimos años ha explorado también su registro como barítono, ha entrado en su década de los 80 años de edad alejándose de los lugares donde la reacción a las acusaciones de acoso sexual y abuso de poder en el contexto laboral han sido más inflexibles y se ha refugiado ahí donde se le defiende. Plácido Domingo se ha mudado a Europa y tras un breve paréntesis, que en parte ha coincidido con la pandemia, ha seguido dando conciertos, participando en óperas, y dirigiendo orquestas a su intenso ritmo habitual. Aunque a las puertas de algunos lugares donde ha cantado, como en Valencia o Mérida, se ha visto sometido a protestas y abucheos, en el interior de los lujosos auditorios insonorizados ha recibido ovaciones cerradas. En algunas ocasiones, en las primeras filas de esos teatros, había representantes institucionales.

Cuando las aguas parecían más calmadas, el cantante regresó a su ciudad natal, Madrid, donde en el portal de la calle Ibiza en el que vivió hasta los ocho años hay una placa en su recuerdo que colgó el Ayuntamiento en 1978. Ahora sabemos que la presunta calma de hace apenas unas semanas en realidad precedía a una nueva tormenta, la que ha provocado el escándalo en Argentina por su, también presunta, solicitud de servicios sexuales en una trama desarticulada alrededor de una, de nuevo presunta, red de trata. Según la exclusiva publicada por elDiario.es, el cantante mantenía vínculos desde hacía 26 años con al menos cuatro líderes de la secta Escuela de Yoga Buenos Aires que dirigía la red de prostitución.

Verano madrileño

Por primera vez tras la cancelación, este verano ha subido, una vez más, al insigne escenario del Teatro Real. Pero no lo hizo con una ópera ni en la programación oficial, sino en el ciclo programado por Universal Music Festival. Ahí se dio un baño de masas, aunque con la única presencia de la delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Andrea Levy, como representación institucional. No era la primera que un miembro de Gobierno acudía a un concierto suyo desde que se hicieron públicas las acusaciones de acoso. En el verano de 2021, Isabel Díaz Ayuso ocupó un asiento de primera fila en el Auditorio Nacional en una gala benéfica de la Cruz Roja en la que Plácido Domingo se hacía acompañar de diferentes cantantes, entre ellos, Ainhoa Arteta. La presidenta de la Comunidad de Madrid ya había respaldado anteriormente al tenor, pocos meses después de las denuncias de acoso, le invitó a la sede de la Puerta del Sol y le deseó “todos los éxitos”.

La noche del concierto del Teatro Real, que sucedió hace apenas un mes, la crítica hizo una lectura entre líneas de la elección del repertorio, el cual arrancó con La fuerza del destino de Verdi, su compositor más apreciado, el único con el que se quedaría si le obligaran a elegir. Después cantó un aria titulada Enemigo de la patria y una pieza verdiana de nombre Pietà, rispetto, amore a la que el crítico Benjamín G. Rosado de El Mundo asegura que el intérprete trastocó intencionalmente “amore” (amor) por “onore” (honor) para reforzar aún más los mensajes subliminales que quería transmitir.

Domingo es un cantante de ópera que, dice de si mismo, se debe a su hermana española, la zarzuela. Sus padres eran populares intérpretes de este género y él se sintió “influido desde la cuna” por este género que combina habla y canto. Por ello, la cancelación que le hizo el Ministerio de Cultura a dos representaciones que tenía previstas en el Teatro de la Zarzuela cuando estalló el escándalo de acoso, fue significativa. Ahora el cantante ha buscado una vía alternativa a la pública para apoyar la zarzuela, que es la participación como patrono en la nueva fundación Adipropoe, dedicada al fomento del patrimonio, desde la que quiere impulsar una academia y un nuevo teatro de zarzuela a los que les pondrá los nombres de sus padres, Plácido Domingo Ferrer y Pepita Embil. Esta es la misma entidad que, siendo asociación, le había nombrado “Embajador Honorario del Patrimonio Mundial en España”, un reconocimiento que se unió a otros espaldarazos en España en un momento crítico para el artista, como el premio de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera.

Fue el trabajo de sus padres el que le llevó a vivir en México desde los 8 a los 21 años, por lo que se considera tanto español como mexicano. Por casualidad, el conocimiento de la investigación del juzgado de Buenos Aires que analiza el entramado de una organización de explotación sexual, de la que forman parte unos audios donde supuestamente se escucha la voz de Plácido Domingo, ha coincidido con un concierto en Ciudad de México y otro en Monterrey. En esta ciudad debutó como tenor en 1959, interpretando a Alfredo en La Traviata de Verdi, uno de sus papeles predilectos. Poco antes lo había hecho como barítono en la ciudad mexicana de Guadalajara, ya que su extraordinaria voz le permite actuar en un registro y en otro. Si puede elegir, Domingo rehuye los papeles de villano y prefiere siempre los personajes “nobles”, en los que admite que se siente más cómodo.

Fue en México donde, con 16 años, conoció a su primer amor, Ana María Guerra Cué, con quien se fugó y se casó en secreto. Al poco, tuvieron un hijo. El matrimonio duró dos años. En 1962 conoció a la cantante mexicana Marta Ornelas, con quien se fue a vivir de inmediato a Tel Aviv. Allí, en la Ópera nacional de Israel, donde estuvo dos años y medio, comenzó el éxito de su carrera. Cuando Ornelas se quedó embarazada abandonó su carrera artística para cuidar de sus hijos. Más tarde, la retomaría como diseñadora de escena.

La “entrega” del artista

Ainhoa Arteta, una de las sopranos que más le ha defendido, dijo de él en el reportaje Imprescindibles realizado por TVE que Plácido Domingo “se entrega tanto que te arrastra”. “Ponerte a la altura de él es entregarte entero, en cuerpo y alma”, y añadió sobre su trabajo conjunto que él es “un colega que ayuda”, que “no solo canta su frase y va a lo suyo sino que está pendiente de que estés cómodo y bien también”. Arteta es uno de los talentos surgidos de Operalia, un concurso anual presidido por Plácido Domingo y que este año tendría que celebrarse en el Bolshói de Moscú en octubre, pero ha sido trasladado a Riga (Letonia). En 1993, el año de su fundación, Arteta fue la ganadora del premio del público.

La otra iniciativa de Plácido Domingo en relación a la formación y el nuevo talento es el Centre de Perfeccionament Plácido Domingo del Palau de les Arts Reina Sofía, en Valencia, que en febrero de 2020 y a raíz de la confirmación del sindicato estadounidense de los casos de acoso, perdió el nombre propio del cantante en la denominación de la escuela. Les Arts comunicó que ya no le unía ningún contrato al tenor ni lo haría en el futuro.