Nuevas paternidades, viejas licencias: el derecho a cuidar sigue esperando
En los últimos 20 años algo cambió respecto de cómo pensamos a las familias y el rol de los padres en ellas, en especial respecto de la crianza. Hace tiempo que no es excepcional encontrar varones que quieren estar, criar, acompañar la vida cotidiana de sus hijos, no perderse un acto escolar. Estos avances no se tratan sólo del interés de los padres en cuidar, sino también de acompañar el deseo de muchas mujeres de perseguir su desarrollo profesional y la necesidad de procurar su autonomía económica, en el marco de acuerdos de pareja que también fueron cambiando.
Estos cambios los podemos verificar en nuestras familias y personas cercanas. También los hemos documentado en estudios más amplios, como el que recientemente realizamos junto a Equimundo, una organización global que promueve formas de paternidad más cercanas a modelos de familia basados en la igualdad. Según el estudio “Las Voces del Cuidado 2”, el 89% de los varones y el 78 % de las mujeres reconoce que, a diferencia de la generación de sus padres, cuidar dejó de ser algo excepcional entre los hombres. Cuando se les consulta en profundidad, muchos expresan el deseo de construir una paternidad distinta, más comprometida con el cuidado y con la posibilidad de acompañar la vida cotidiana de las familias, en contraste con aquella idea de padre proveedor y rígido que dominaba la escena en décadas anteriores. Además, el 88% de los hombres entrevistados para este estudio afirma que cuidar a sus seres queridos es una de las cosas que más disfruta en la vida.
Como sucede tantas veces, los cambios en la sociedad se producen a una velocidad mayor que la que reflejan las instituciones. Este cambio en el ejercicio de la paternidad y en el deseo de participar más activamente en la crianza no fue acompañado por las regulaciones del empleo. Mientras múltiples estudios destacan estas transformaciones en las familias siglo XXI, padres y madres se enfrentan a una realidad anclada en el siglo pasado. La Ley de Contrato de Trabajo reconoce sólo dos días de licencia por paternidad. Es decir, un fin de semana para conocer a un hijo y empezar a construir un vínculo. Una ley que se sancionó en 1974, en una época en la que el padre tenía el ejercicio total de la patria potestad y se asumía que su único deber era anotar al recién nacido en el registro civil, que no logró adaptarse a familias y realidades nuevas.
Ese mundo en el que era posible distinguir de forma tajante los roles de hombre proveedor y mujer cuidadora, ya no existe. En 1986, el 65% de los hogares argentinos dependía de un solo proveedor varón; hoy el 57,1% tiene dos ingresos, y la participación laboral femenina pasó del 27% en 1980 al 51,6% en 2025 (INDEC, 2025). Aunque el modelo “papá trabaja, mamá cuida” dejó de describir a la mayoría de las familias reales, una gran parte del marco normativo y laboral continua estando pensado para ese esquema.
Es cierto que hubo avances legales que reconocieron en parte estos cambios, como la reforma del Código Civil de 1985 que estableció la patria potestad compartida. Dos años después, con la aprobación del divorcio vincular, no solo permitió ordenar la separación con reglas claras sobre cuidado y manutención sino que también permitió reconocer pluralidad de formas de familias. Ya en este siglo, en 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el cuidado como un derecho humano, esto implica que los Estados deben garantizar el tiempo, los recursos y los servicios para ejercerlo, para que no sea solo una responsabilidad que las familias deben resolver como pueden y por las suyas, sino que se reconoce la importancia de contar con recursos, servicios y tiempos para hacerlo posible. Sin embargo, sabemos que entre el derecho y la vida cotidiana queda un tramo que las leyes laborales aún no terminan de abordar.
Esta distancia tiene consecuencias concretas. Cuando la ley dispone que un padre cuenta apenas con dos días de licencia por paternidad, la que queda sola para sostener las primeras semanas es, otra vez, la madre. Los datos son claros en ese sentido, 7 de cada 10 personas creen que las licencias por paternidad deberían durar al menos 30 días, y 9 de cada 10 sostienen que la presencia del padre en los primeros años es clave para el desarrollo de las infancias. Cuando se comparan los datos de Argentina con las experiencias internacionales, los retrasos en materia de legislación laboral se ven con más nitidez. A nivel global, las madres cuentan en promedio con 24,7 semanas pagas, entre 5 y 6 meses, y los padres con 2,2, unos quince días.
La Organización Internacional del Trabajo recomienda al menos 14 semanas para ambos progenitores. En esa comparación, Argentina aparece entre los países más atrasados en licencias laborales.
A estas limitaciones normativas, se suman las presiones económicas que van en sentido contrario al deseo de cuidar. El 77% de las personas percibe que hoy es mucho más difícil alcanzar la seguridad financiera que en la época de sus padres. Los datos indican que el mandato del proveedor aún pesa sobre la identidad masculina: el 55% de los varones acuerda con que no se siente “lo suficientemente hombre” si no puede mantener a su familia, un porcentaje que alcanza el 61,3% entre los más jóvenes (ELA y Equimundo, 2026). En contextos de crisis, muchos refuerzan su dedicación al trabajo remunerado, con jornadas extendidas o pluriempleo, en detrimento del tiempo para la crianza.
“Alcanza para sacarse una muela, no para tener un hijo”, resumió un padre argentino entrevistado sobre la extensión de la licencia por paternidad. Por eso los avances que valoramos como sociedad, necesitan un apoyo normativo para que la crianza compartida sea real. En 2013, el 58% de los varones cuidaban; ese porcentaje trepó al 75,1% en 2021, con 3,4 horas diarias en promedio (Encuesta de Uso del Tiempo, INDEC, 2013). Sin embargo, las mujeres dedican 6,3 horas, casi el doble que los varones), y a eso se suma el trabajo fuera del hogar. Esta diferencia también aparece en cómo cada uno percibe la distribución de tareas: en el estudio publicado por ELA y Equimundo, el 88% de los varones dice que divide las tareas en partes iguales con su pareja, pero sólo el 67% de las mujeres coincide con esto. El punto de divergencia no radica sólo en quién hace qué, sino mayormente en quién carga con la tarea de anticipar, planificar y coordinar la logística cotidiana, que sigue mayormente del lado de las madres. Para que esto cambie y se sigan consolidando arreglos más igualitarios, es importante reconocer para los hombres la disponibilidad de tiempo que los haga partícipes de la organización del hogar desde la primera infancia.
En estos últimos años, hubo intentos por impulsar esta conversación desde las políticas públicas, las prácticas empresarias, las negociaciones sindicales y también algunas propuestas de reforma normativa. En 2022 se presentó en el Congreso el proyecto Cuidar en Igualdad, que proponía un sistema integral de cuidados y una reforma general del régimen de licencias que además incorporaba a monotributistas y autónomos, hoy todavía excluidos de toda consideración sobre los cuidados. Aunque la iniciativa no prosperó, dejó planteada una agenda que sigue vigente y que hoy impulsan desde distintos bloques en el Congreso.
Las políticas públicas para facilitar los cuidados no reemplazan el amor ni la responsabilidad familiar, por el contrario: crean las condiciones para cuidar mejor. Licencias más amplias, servicios de cuidado, horarios laborales compatibles con la vida familiar y culturas empresariales que no penalicen a quienes cuidan permiten equilibrar la distribución de tareas al interior de las familias, acotar los costos laborales de la crianza y ejercer una paternidad más cercana sin que eso se interprete como falta de compromiso profesional.
Las nuevas paternidades requieren de políticas públicas y marcos normativos a la altura de los tiempos para generar las condiciones materiales y laborales para sostenerlas. Y también, para permitir el desarrollo de personas más plenas, que seguramente nos llevará a ser una sociedad mejor.
NG/MG
Sobre este blog
Algo en común: derechos, igualdad y democracia es una columna semanal en la que el Equipo ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género) ofrece una mirada feminista sobre los temas de la agenda de género en Argentina.
En un contexto complejo que parece cuestionar muchas de los acuerdos que fuimos construyendo en las últimas décadas, en esta entrega semanal se analiza lo que nos une, las convicciones que compartimos, los anhelos que sostenemos mirando el futuro. Con el aporte de las investigaciones de ELA en temas como las violencias, los cuidados, los derechos sexuales y reproductivos y la participación social y política de las mujeres, se ofrece un retrato de un estado de situación y se explora la realidad del país y de la región buscando recuperar aquello que nos une. No son “temas de mujeres”, son temas de la sociedad que atraviesan a las mujeres y diversidades. Algo en común propone recordar(nos) que sin igualdad no hay democracia y no hay democracia sin mujeres.
ELA es una organización de la sociedad civil apartidaria y feminista, creada en 2003 y que trabaja para alcanzar una sociedad más justa y equitativa, promoviendo los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género a través del derecho y las políticas públicas. www.ela.org.ar
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