Sobre este blog

Pez Banana es un club del libro que funciona así: por una suscripción mensual, recibís en tu casa un libro. La selección la hacen Florencia Ure y Santiago Llach.

Los libros son siempre de ficción y la cuota es equivalente al precio promedio de cualquier título que puedas encontrar en las librerías. 

También son nuevos, nunca te va a tocar uno que ya tengas. 

En sus redes entrevistan a autores, editores, traductores o charlan entre ellos sobre literatura. 

Para llegar al elegido del mes, leen (casi) todo lo que se publicará, así que aprovechan y escriben un newsletter con recomendaciones. El newsletter es buen espacio para hablar de libros favoritos que pelearon la final, de otros más de nicho que no imaginaron como “libro del mes” pero que por igual les gusta, presentar editoriales no tan conocidas, rescatar algún clásico que se haya publicado con nueva traducción. En fin, contar un poco el panorama editorial según sus miradas. 

Lecturas para empezar el otoño y seguir

Allen Ginsberg: vida y obra de la Generación Beat

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Arrancó el otoño austral. No encontramos un paper que lo confirme pero apostamos que otoño e invierno son estaciones de más lectura. Para averiguarlo, armamos una encuesta brevísima (esa sola pregunta), ¿la quieren responder? La próxima les contamos cómo salió.

Vamos con las novedades de este mes no sin antes recordar que por sólo 1600 pesos por mes podés tener nuestra novedad de ficción sorpresa en la puerta de tu casa. ¡Es también un gran regalo, por los meses que el regalador decida!

Flor: Al personaje se le muere la madre

Santiago: ¿Arrancás spoileando, con los tapones de punta?

Flor: ¡No! ¡Así empieza! 

La angustia se traduce en el texto en una sintaxis particular: inconclusa, inconexa, bocanadas de lo atragantado. No es fácil contar el dolor. Ni fácil lo que le pasa al cuerpo con el dolor. Abandono las interpretaciones y me meto en la metáfora que siempre ilustra bien las ausencias: el protagonista empieza un rally psicótico con el objetivo de comprar una cama perfecta para reposar su cuerpo golpeado por la tristeza. 

Este realismo afligido y maníaco le da al relato un superpoder, una combinación de la agonía y comedia de enredos domésticos que resultan conmovedores y también hicieron que me muriera de risa. Mientras repite “la cama. Mi madre. La cama. Morfina”, hace el duelo, compra camas que devuelve para comprar otras más caras, ingresa en una secta de camas premium, siente que es abducido por el colchón, que muere en las entrañas de su madre y así. Es espectacular. 

Cuento la anécdota de la cama, pero también está el kimono que confecciona su madre, el falso Van Gogh. Todo es hermoso e hilarante. Otra pegada de Chai.

 

Santiago: Hablaste de sintaxis particular y traigo este libro de un académico noruego que es una historia cultural de la puntuación, un manual para su uso y una manifiesto sobre el lenguaje escrito en esta época en la que atraviesa una gran transformación. No digo un manual para el uso “correcto” porque más que de corrección hay que hablar de usos que respetan o se apartan de la norma. El autor va mostrando a lo largo del libro cómo en las distintas lenguas los seres humanos se fueron poniendo de acuerdo y en desacuerdo acerca del uso del punto, la coma, el punto y coma, los dos puntos y los signos de interrogación y exclamación. El lenguaje escrito no es un tesoro guardado celosamente en un baúl sino un virus maravilloso, un sistema de archivo y un motor para la civilización, que al mismo tiempo que conserva estructuras profundas es maleable y le permite a los seres humanos adaptarse a los cambios. Borch Michalsen muestra todo esto en un libro muy breve y muy claro. 

Flor: ¿Habla de los emojis? Los odio.

Santiago: Habla. Cita a una autora que traza un posible escenario de “esquizofrenia permanente” entre la oralidad y la escritura a la hora de puntuar. Y me parece que ese concepto se traslada en general a la escritura en las pantallas. Los emojis son una manera de comentar el texto, de amortiguarlo. A vos te parecen horribles y a mí me parece que aclaran de más. 

Flor: ¡Pero vos te la pasás mandando esas horribles pelotas amarillas por Whatsapp!

Santiago: Bueno, me parece que a veces evitan peleas. Pero además, Florencia, vos sos la única persona del universo que tiene configurado su mail para escribir en VIOLETA. Nunca vi algo tan atroz. Pero ya no me quejo. 

Flor: Te quiero, Santi.

 

Flor: Ana publicó hace unos años Chicos de Varsovia y en el FIBA se acaba de estrenar su versión teatral que se llama igual. Este mismo mes lanzó un libro de poemas que había ganado un premio en España pero que nunca se había editado en Argentina, El libro de los polacos.

Es decir, todos los caminos de Ana conducen a Varsovia. Versión libro, poemas u obra de teatro. 

Meterse a revolver su pasado buscando los orígenes de los Wajszczuk en Polonia resulta en una historia muy emotiva. El levantamiento de Varsovia (convengamos que de lo más épico que dio la historia del siglo XX), el viaje con su padre (hermoso por donde lo mires), cada hallazgo. Todo es apasionante. Y la obra de teatro logra condensar la historia de una manera genial. 

Como están tan ligados los libros y la obra, te robo la idea del mes pasado e invité a Ana a que nos cuente ella misma el hilo que los conecta.

Santiago: Genial. ¡Hola, Ana! 

Ana: ¡Hola, Flor y Santi! Chicos de Varsovia (la obra de teatro) se basa en el libro Chicos de Varsovia (la investigación periodística pero también personal sobre mis antepasados en el levantamiento de Varsovia de 1944) y este libro, que se publicó en 2017, fue primero una nota periodística, tapa de una revista dominical, en 2014, cuando se cumplió el 70 aniversario del Levantamiento.

Pero en realidad empezó muchísimos años antes, cuando en el 2000 un tío de mi abuelo, Waldemar, nos contacta —a mí y a mi familia— desde Estados Unidos para sumarnos al árbol genealógico de los Wajszczuk. A través de ese contacto con ese tío hasta entonces desconocido, descubrí muchas historias de mi familia polaca que nunca se habían contado en mi casa, por desconocimiento pero también porque mis abuelos, arrancados a la fuerza por la guerra de su país natal, quisieron mirar para adelante y jamás hablaron del tema. De ese impacto, el de encontrarme con todo un lado de mi familia que yo desconocía, nació una serie de poemas que se convirtió en El Libro de los polacos. El manuscrito ganó un concurso en España, lo publicó la editorial Algaida allí, y nunca circuló en Argentina.

Yo creí que ya había cerrado el círculo, pero años después, leyendo sobre la historia del Levantamiento, casi desconocida por fuera de Polonia, recordé a esos tres primos de mi abuelo que pelearon y murieron siendo tan jóvenes durante esos días y emprendí la búsqueda de los ex insurgentes polacos que hubieran llegado a la Argentina. Encontré a algunos y también a varios hijos de ex insurgentes. Escribí la nota, se publicó. Y quedé —como dice Laura Oliva, mi alter ego, en la obra Chicos de Varsovia— muy, muy cebada con tanta información, tantas historias de un hecho a la vez heroico y trágico, un fracaso y una muestra de aquello a lo que puede llevarnos la guerra. 

Así es que volví a Polonia, esta vez con mi padre, a investigar específicamente sobre la historia de nuestra familia durante el Levantamiento de Varsovia. Sin hablar yo misma polaco, y tantos años después, sabía que iba a estar dando vueltas entre escombros del pasado. Dennis Smith, el director de la obra y quien adaptó el libro, lo dice así en escena: “Esto no es un rompecabezas, estos son escombros”. En este sentido, en el sentido de lo incompleto, de lo que nunca va a saberse es que me interesaba sumar al nuevo libro otros recursos más allá de los típicos de una investigación histórica. Las fotos, las transcripciones de diarios o reportes de la época, y sobre todo los poemas me servían para rondar ese agujero negro de lo real o fático sin caer, tampoco (porque Chicos de Varsovia es un libro de no ficción) en lo inventado o ficcional puro. Los poemas, que no son ni ficción ni no ficción, me servían para poder introducir una “verdad” (la verdad del poema) sin traicionar lo que sucedió en los hechos. 

Y una vez más, el círculo no se cerró. Con el libro surgió el interés de Dennis de adaptar la historia al formato teatral, y aquí estamos, con una nueva manera de contar la historia: con música en vivo, con performers, con canciones, con recursos del documental, con actores y actrices. 

Y como ya acepto que quizá nunca se cierre el círculo, que por alguna razón esta historia me sigue pidiendo ser contada, decidí que era un buen momento para que llegara a los lectores argentinos, y para acompañar a la obra de teatro como una suerte de precuela, una nueva versión de El Libro de los Polacos, editado por Caleta Olivia. Hice un trabajo de revisión del texto e incluí los poemas de Chicos de Varsovia, porque me parece que es también lo que Dennis hace en la obra: acompañar con otros recursos (música, danza, video) la parte “histórica” de esta historia sobre la guerra pero también sobre los orígenes, la identidad y los ancestros.

 

Flor: Todo lo que hiciste es divino, Anita. Lo recomiendo poderosamente.

 

Santiago: Cierro con este libro sobre una de mis últimas obsesiones: los beatniks. Me está pasando que vuelvo a los escritores que elegí en la adolescencia o a los veinte: Borges, Proust, los beatniks. Como sabés estuve este verano en California y puede decirse que California respira espíritu beatnik. Ellos son los inventores de los años sesenta, esa época contradictoria de experimentación individual y utopías colectivas, la mejor y la peor de las épocas como diría Dickens.

Este libro al que se le puso como título el más famoso de los versos de los beatniks, aquel con que se inicia el poema “Howl” (“Aullido”) recopila las clases de unos cursos que dio Allen Ginsberg en un experimento pedagógico llamado la Escuela Jack Kerouac de la Poética Incorpórea. Es increíble lo cuidadoso que es este testimonio literario. Ginsberg va analizando obra por obra a Kerouac, Corso, Burroughs, Diane di Prima (gran descubrimiento para mí) y arma así un mapa de las influencias y de la experiencia beatnik, una experiencia que sobre todo fue de una gran libertad de expresión literaria, en contra si querés de la correcta puntuación, para relacionar con mi recomendación anterior.

Flor: ¡Me encanta!

Flor y Santiago: ¡Nos vemos en mayo!

 

FU/SL

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Pez Banana es un club del libro que funciona así: por una suscripción mensual, recibís en tu casa un libro. La selección la hacen Florencia Ure y Santiago Llach.

Los libros son siempre de ficción y la cuota es equivalente al precio promedio de cualquier título que puedas encontrar en las librerías. 

También son nuevos, nunca te va a tocar uno que ya tengas. 

En sus redes entrevistan a autores, editores, traductores o charlan entre ellos sobre literatura. 

Para llegar al elegido del mes, leen (casi) todo lo que se publicará, así que aprovechan y escriben un newsletter con recomendaciones. El newsletter es buen espacio para hablar de libros favoritos que pelearon la final, de otros más de nicho que no imaginaron como “libro del mes” pero que por igual les gusta, presentar editoriales no tan conocidas, rescatar algún clásico que se haya publicado con nueva traducción. En fin, contar un poco el panorama editorial según sus miradas. 

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