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Sobre este blog

Punto de Encuentro es un espacio de Amnistía Internacional para amplificar las voces y miradas de periodistas, comunicadoras y fotógrafas que trabajan en temas relacionados con mujeres y disidencias.

En un contexto de violencia creciente contra activistas de derechos humanos y ante la reducción de estas agendas en muchos medios masivos de comunicación, Amnistía Internacional y elDiarioAR se unen para dar un espacio destacado a contenido federal e inclusivo. 

El rol de periodistas feministas ha sido clave en los avances de los últimos años y el ejercicio profesional riguroso y libre es clave para garantizar esas conquistas que son para toda la sociedad. 

Punto de Encuentro pretende ser precisamente un espacio de coincidencia, pero también de debate constructivo. Porque no se puede ser feminista en soledad.

La Nación Trava: una geografía que se lleva en la piel

Travestis y trans en Rosario, donde la militancia se traduce en políticas públicas pioneras y en comunidad organizada

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Primero fue un poema. La escritora y pensadora Morena García definió lo que eran con dos palabras: una Nación Trava. Hablaba de una forma de vida extendida por todas las provincias, una geografía que llevan en los cuerpos hormonizados, una lengua propia –el carrilche– inventada para escapar de la Policía, un modo de gestionar lo político y de hacer cultura. Pero, sobre todo, detrás de la idea de la Nación Trava estaba lo que construyen desde hace años en Rosario.

La ciudad que siempre tuvo fama de ser distinta es la tierra donde travestis y trans lograron derechos impensados en tiempos de avance de las ultraderechas. Es donde, mucho antes de que se sancionara una ley nacional, nació la primera ordenanza de cupo laboral trans del país en 2016, con más de 50 ingresos. El cupo llegó a la Universidad Nacional de Rosario (UNR), con 25 personas en distintas facultades, y al Estado santafesino, con otras 30.

A nivel provincial, tiene la Ley 5110 que da una pensión a más de 180 personas trans mayores de 35 años en situación de vulnerabilidad. Y es donde se gestaron dos reparaciones históricas: la de las víctimas de la dictadura militar en 2018 y la Ley 14.220, sancionada justo después del triunfo de Javier Milei, que abarca a sobrevivientes de la violencia institucional en democracia. Ambas otorgan dos pensiones mínimas y obra social.

Con cupo laboral trans, pensiones para personas mayores y reparaciones históricas, Rosario consolida derechos travestis y trans y abre camino a nuevas conquistas

La Nación Trava va más allá de avances legislativos. Detrás hay una praxis que se extiende a instituciones, organizaciones sociales, gestión cultural, rosca política y trasvasamiento generacional. En un país donde tienen una expectativa de 35 a 40 años –mientras la esperanza de vida general ronda los 77–, en Rosario una comunidad construye un pequeño país donde ese número se transforma en la esperanza de vivir mejor y llegar a viejas.

La militante

–Las naciones tienen cultura, historia y lenguaje propios. Y nosotras tenemos todo eso. La diferencia es que nuestra Nación no es solo para travestis. Es un paraguas para todo aquel que se sienta por fuera del sistema hegemónico.

Michelle Vargas Lobo, La Miya para todo el mundo, habla desde una oficina en el Programa Andrés Rosario, el PAR. Tiene 44 años, el pelo lacio negro con un flequillo perfecto, los ojos achinados, la cara redonda y una sonrisa grande con hoyuelos. Está abrigada con un buzo de peluche rojo chillón.

–Y es una Nación donde laburamos desde el abrazo. Trabajamos con situaciones muy complicadas y la única manera es desde el amor.

Nació en Bahía Blanca, se crió en Río Gallegos y en la adolescencia salió de la casa expulsada. Recorrió el sur, vivió dos años en Chile, la pasó mal en Buenos Aires y llegó a Rosario en 2003. Los primeros años fueron duros. Tuvo problemas de consumo, vínculos violentos y llegó a vivir en la calle. Pero encontró algo que la hizo quedarse.

–A mí me cambió la vida la militancia. No es un lugar común: antes estaba completamente sola.

Esa militancia empezó casi por casualidad en 2010, cuando una amiga la invitó a una asamblea para organizar la marcha por la Ley de Matrimonio Igualitario. De ahí salió el primer grupito: Comunidad Trans Rosario, que sigue hasta hoy con otras cinco compañeras. También es militante peronista y trabaja en la UNR en el Programa de Inclusión Educativa y Laboral (Piel), donde hacen seguimiento de todas las personas travestis y trans en la universidad.

–El problema no es el ingreso al trabajo, es la permanencia. De qué te sirve trabajar si te van a tratar mal o no te respetan la identidad. La universidad todavía es un espacio hostil. Nosotras atajamos todas las pelotas y tratamos de mover la fibra sensible.

Todas las tardes está en el PAR, una asociación civil que nació en 1993 en distintos lugares del país para atender personas con problemas de consumo. Con los años, la sede de Rosario se independizó e hizo un giro en la forma de atención, volviéndose una referencia en salud mental y para la comunidad travesti. Tiene dos sedes, una donde hacen eventos culturales y reparten comida, la otra donde funciona la atención clínica, talleres y otros proyectos. De la comunidad trans, ya pasaron más de 200 personas. En 2025 funcionan cuatro talleres a los que van 60 jóvenes bajo el programa estatal provincial Nueva Oportunidad, que apunta a chicos y chicas de entre 18 y 35 años vulnerables o en contacto con la violencia urbana.

–Hay que tener una mirada muy particular para trabajar con nosotras porque somos muy quemacocos. El Estado nos deriva un montón de pibas porque no sabe cómo hacer y entiende que nosotras sí podemos contenerlas.

Michelle Vargas Lobo, “la Miya”, militante y presidenta de la cooperativa Juntas y Unidas, referente de Comunidad Trans Rosario

En el PAR armaron la cooperativa de cuidados Juntas y Unidas. Son 15 socias y la Miya es la presidenta. También es enfermera. Se recibió el año pasado en la UNR. Y es una red en sí misma: articula con la Secretaría de Salud por las hormonas, con sindicatos y organizaciones, con la Justicia Federal y la Unidad 5 donde hay 15 travestis presas. Con Comunidad Trans coordinan con el Ministerio de Capital Humano para darle comida a 200 compañeras. Apenas asumió la nueva gestión les habían cortado el envío pero después de varios trámites donde demostraron el trabajo que hacen volvieron a mandar comida.

En un momento dejaron de mirar a Buenos Aires. Se dieron cuenta de que tenían que hacer su propia agenda.

–Hubo algo de asumirnos como sujetas políticas y accionar desde ahí, siempre con lo colectivo en la cabeza.

Hoy están viendo los resultados de objetivos que se pusieron hace quince años. Con la reparación garantizada pueden enfocarse en otras poblaciones.

–Salvó a la franja más vulnerable, las mayores de 45. La mayoría de las compañeras están beneficiadas y eran las que más nos preocupaban. Ahora trabajamos más con la juventud.

Ella no cobró la reparación. Tiene los requisitos pero por ahora no la necesita. Entre los nuevos desafíos están las políticas de vejez. Están tramitando la jubilación de travestis que tienen edad para jubilarse y no lo sabían. Y quieren un espacio habitacional para infancias y vejez.

–Porque la expulsión es en la infancia y en la vejez. Te criás sola y te morís sola.

La intelectual

Morena García entra al bar con un poncho rojo y negro, el pelo gris larguísimo y ondulado, los ojos delineados hacia arriba con un firulete y un aro gigante amarillo que le roza el hombro. En la Nación Trava es el brazo intelectual, la que le pone palabras a las cosas. También produce un podcast, da clases de cocina en el PAR y está en el teje de todas las movidas.

Se sienta y lo primero que dice es que para ella no hubo una transición a la democracia para las travestis.

–En democracia la cana te detenía por zurdo, hippie, rockero. Hubo sujetos peligrosos por lo que pensaban, pero las travas portaban el cuerpo político. Muchas ni comprendían por qué las detenían.

Le gusta indagar sobre la historia de las travestis aunque dice que hay poco escrito. Apoya cuatro libros y un cuaderno arriba de la mesa y habla de que en épocas medievales las trans eran guardianas de los espíritus.

–Y la pregunta es cómo llegamos de eso a ser las mendigas de cualquier consideración social y de derechos humanos.

Se crió en Fisherton, en el norte de la ciudad, y se fue muy chica. No le gusta la palabra transición. Piensa que es un concepto con punto de partida y de llegada. Y ella no llegó a ningún lado.

–Yo soy esto desde siempre. Yo estoy siendo travesti, soy un gerundio.

Morena García, escritora y pensadora, autora del poema Nación Trava y referente intelectual de la comunidad travesti en Rosario

Sí marca un momento en el que descubrió lo que era y fue cuando conoció a otra como ella: La Perla, una travesti de Barrio Godoy. Apenas la vio dijo: “Soy esto”. A los 12 la echaron de la casa. Salió con un bolsito, paró un camión y la llevó a Formosa. Después cruzó a Paraguay, donde fue víctima de trata durante cuatro años. Volvió a Rosario a los 16.

–A esa edad ya había pasado parte de la vida putoneando gratis porque era lo que me decía la sociedad que tenía que hacer. Nadie quisiera pasar por lo que pasamos nosotras para cobrar una pensión. El deseo lo pagamos con la vida. No lo digo como kamikaze del género, de “matenme porque estoy dispuesta a todo”. La travesti lo da todo, no hay clóset para nosotras.

Nación Trava es un poema de su libro Una sospecha de maquillaje, aunque dice que no nació de ella.

–Mis ideas se cruzan con otras, si pasás por lo mismo se nos ocurre lo mismo.

Sí cree que en la popularización Susy Shock fue fundamental. La define como una mula de la cultura, que trafica conceptos por todo el país. Para ella, cuando Susy viene a Rosario se permite lo que en Buenos Aires no puede.

–La Nación Trava es una de las más peligrosas porque no tiene territorio, se lleva la piel. Cada cuerpo travesti, marica, puto, hetero que conforma ese paraguas porta una geografía que se desplaza. Una travesti es paria de todas las naciones. Está cocida por geografías de otras travestis. Cuando migra lleva una lógica de gentrificación. No busca un tipo o una mina, busca otra travesti y arma comunidad. Esas son las células que conforman la Nación.

Ese país travesti tiene, además, un dogma: deshabitar la nación binaria. Para Morena García lo heterosexual puede habitar lo trava si se lo permite. Recuerda una conversación con Hebe de Bonafini en la Facultad de Psicología, cuando la madre de Plaza de Mayo le dijo que ella se sentía un poco travesti, por la locura y el coraje.

–El otro día le propuse a alguien un travesti shower. Una fiesta para recibir a un cuerpo que no va a pertenecer a una norma.

La Nación Trava tiene sus propios símbolos y pilares que Morena García define: la ternura política, la acción y el cuidado. Ayudar y devolver, sostener la vida, una que se queda sin medicamentos de VIH y otra le da unas pastillas. Piensa el concepto más allá de Rosario, como un rasgo federal. Y como toda Nación tiene discusiones.

–Durante mucho tiempo no podías discutir lo travesti porque era cancelativo. Nos habíamos ubicado en un lugar de víctimas. Y yo creo que hay que discutirlo todo. Una travesti era “dame, dame, dame”. Quedó una costumbre que también hay que discutir: la travesti como mendiga de algo sin generar política pública.

Para ella, eso está cambiando con las nuevas generaciones. En Rosario lo ve en La Peluche, una organización de jóvenes trans, travestis y no binaries que ella adoptó como una madre. Nacieron por un emprendimiento: una feria vintage que se mueve por la ciudad. También hacen gestión cultural, videos, garantizan acompañamientos y articulan con las más viejas.

–No les expliqué nada, yo ya estoy de modé. Nacieron siendo sujetos políticos, nosotras nos tuvimos que constituirnos como tales. La pendejada es la semilla del viento de la Nación Trava. Para algo que no tiene capacidad de reproducción lo que tenemos es la osmosis travesti. Nos quitan las hormonas, nos persiguen, pero cada vez somos más.

Su deseo es que en su lápida diga solo una palabra bien grande: TRAVESTI.

Pamela Rocchi, funcionaria trans y directora provincial de Igualdad y Diversidad Sexual de Santa Fe, clave en la Ley de Reparación

La funcionaria

Pamela Rocchi atiende el teléfono desde San Justo, en el norte santafesino. Tiene 39 años, es mujer trans, socialista y directora provincial de Igualdad y Diversidad Sexual.

–No estamos en Disney. Hay muchos problemas y años de abandono estatal pero nuestro desafío es garantizar que cada persona pueda vivir como quiera en esta provincia.

Nació en Alcorta y en 2021 se presentó como candidata a presidenta comunal. También es secretaria de la Asociación de Varones Trans de Santa Fe y fue autora de la obra de teatro Reparadas, donde travestis y trans contaron la violencia vivida en dictadura.

Fue clave en la Ley de Reparación. Cuando se trató en la Legislatura era asesora de la diputada Clara García y colaboró con la rosca legislativa que impulsó Karla Ojeda, otra de las referentas e imprescindibles de Comunidad Trans. La ley se aprobó en noviembre de 2023 y en diciembre la ministra de Igualdad y Desarrollo Humano, Victoria Tejeda, convocó a Pamela Rocchi para su gabinete. Para ella fue un desafío doble: pasó de militar la ley a implementarla.

Durante 2024 dos abogados de la Dirección se dividieron la provincia y reunieron la información de cada beneficiaria. Tenían que probar que habían sido detenidas y violentadas por el solo hecho de ser travestis y trans. El límite temporal era 2010, cuando la Legislatura derogó las contravenciones que habilitaban a la Policía a llevarlas presas.

La información venía de la Policía, los libros de comisarías, los centros de salud y la Justicia. Algunas tenían prontuarios del tamaño de varios diccionarios. Toda esa documentación pasó a formar parte del Archivo de la Memoria Travesti-Trans de Santa Fe que llevan adelante Marzia Echenique, Carolina Boetti y Karla Ojeda. Mientras los abogados juntaban pruebas, Pamela hacía la rosca política.

–Me tocó sentarme con muchísimos funcionarios para explicar por qué esta ley salva vidas. Siempre lo digo: ellas corrieron para que nosotras caminemos.

Para ella lo que pasa en la provincia de Santa Fe es un orgullo. La fortaleza está en que, a pesar de pertenecer a partidos distintos, entendieron que primero son comunidad travesti-trans. Desde la Dirección aplican la Ley 5110 y se ocupan de hacer llegar las hormonas, aún en tiempos de recortes. En 2024 la provincia recibió 93% menos de tratamientos hormonales, preservativos y anticonceptivos. Toda esa faltante fue cubierta por el gobierno provincial, que invirtió alrededor de 6 mil millones de pesos.

–Cuando estás cerca de la comunidad, escuchás lo que necesitan y los abrazás, cambia todo. A veces no vienen por una política pública, sino por un oído.

El vínculo entre Estado y comunidad también es una virtud de la Nación Trava. La Miya Vargas define a Pamela como una compañera que sabe el lugar que ocupa. Se formaron juntas políticamente, cada una desde su espacio.

–Ella sabe muy bien lo que hace y es muy acertado su lugar. También es importante el reconocimiento que le da el socialismo, algo que el peronismo no hizo con nosotras. La reparación casi le costó la cabeza. Las leyes son re lindas pero el costo político es ejecutarlas. Y ella estuvo ahí peleando en un contexto en que para el gobierno de Milei nosotras somos lo peor que le pasó al país. Y con un gobernador que lo apoya en lo discursivo.

Morena García dice que la funcionaria es un animal político. Siempre que puede le marca los puntos. Se pregunta por las hormonas y los medicamentos que faltan. Una vez le dijo: “Cuando todo se complique vos saltá. Toda tu Nación te va a respaldar”.

La gestora

La Mara Prat, gestora cultural y ferretera, organizadora del Festival Nación Trava en Rosario

En una vidriera de La Ferretería cuelga la bandera de Argentina, en la otra la del arcoiris. La Mara Prat aparece detrás del mostrador. Tiene 38 años y además de ser ferretera, es gestora cultural. Con sus dos socias de Capra organizan el festival Nación Trava que en septiembre tendrá su tercera edición. También están detrás del carnaval travesti, el ciclo Brasa y de otras movidas culturales.

La Mara Prat viene de familia de ferreteros y abrió la propia hace cuatro años con su pareja, Fede, un varón trans con el que tienen una hija de cuatro años. En una de las manos tiene tatuado su nombre, en la otra unos dibujos tipo hindúes. Lleva puesto un pulóver verde, jean, el pelo largo, la cara sin maquillaje. Prepara el mate mientras cuenta que ella transicionó de vieja, a los veintipico.

–Y por más que fue de grande perdí privilegios que ni sabía que tenía.

“Podés ser puto pero no travesti”, le dijeron en la casa. Ella ya vivía sola pero durante muchos años la relación se cortó. Cuando nació su hija el vínculo se recompuso, dice que sus padres son abuelos hermosos.

La Ferretería es un búnker travesti en Rosario. Arriba tiene una oficina en la que trabajan con Capra y en la terraza hacen asados, asambleas y reuniones. La Mara siempre estuvo vinculada a la música. Tenía 14 años cuando juntó laburando 550 dólares y se compró su primera batería. Su mamá travesti fue Ayelén Beker, cantante rosarina. Se conocieron en la grabación de un videoclip.

–Nunca más me dejó sola. Tuve una transición amorosa. Aprendí todo de ellas. Rosario es uno de los mejores lugares del país para ser travesti. Hemos girado mucho por las provincias y la construcción política de acá no está en ningún lado. Las peleas son infinitas pero se saben poner en un frasquito e ir todas juntas.

Con Ayelén Beker se volvió gestora. Se fueron de gira cuando tenía una banda de cumbia, grabaron discos y un video para Netflix en plena cuarentena, registraron temas y organizaron shows. Sobrevivieron en comunidad a los dos años de pandemia y conoció la amistad travesti. Siempre se acuerda de una noche que estaban sin un peso y la Beker las echó de la casa para hacer un servicio de trabajo sexual. Quince minutos después compró fideos con salsa para todas y les dio de comer.

–Todo eso hizo a la gestión cultural. La potencia artística que tienen las maricas está desde el sobrevivir.

En 2023 organizó con Capra el primer Festival Nación Trava. Tuvo como concepto la Constitución de la Nación Travesti. Fue dos semanas después del balotaje y se convirtió en un primer acto de resistencia. En el verano de 2024 decidieron juntar en la terraza a todos los satélites de la comunidad alrededor de Capra para ver cómo seguir en la era Milei. Y el apoyo fue unánime para seguir haciéndolo. El segundo Nación Trava tuvo como tema al lenguaje y las voces travestis.

Este año será el 5 y 6 de septiembre en el Centro Cultural Parque España y estará atravesado por la idea de “amor puto”. La Mara pensó el concepto en la Diplomatura en Gestión de Proyectos Culturales LGBTI+, del ex Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, a partir de otro poema de Morena García. Parte de la idea de ese primer beso que, como una molotov, detona todas las construcciones cisheterosexuales y determina “vivir tu vida a lo puto”.

Para ella la particularidad de Rosario tiene que ver con muchas cosas pero marca a la organización Comunidad Trans como determinante.

–Son referencias vivas, vienen acá a la ferretería y tejemos cosas juntas. Y también la entrada al Estado, se metió una y empezaron a entrar más. Y es literal lo que dice Lohana, es una fórmula matemática.

Lo dice por la frase de Berkins: “Cuando una travesti entra al Estado, cambia la vida de esa travesti. Cuando muchas travestis entran al Estado, cambia la vida de toda la sociedad”.

–Milei nos arrasó pero también produjo una reorganización. Me siento tranquila de que las más viejas no están poniendo solas el cuerpo. No son el motor principal, somos un montón de motores nuevos.

AB / MA

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