La facultad donde estudiaron Marcelo Piñeyro, Carlos Sorín y Raymundo Gleyzer: historias del cine platense que marcaron una época

Clara Zappettini, Enrique Liporace y Carlos Piaggio en un rodaje en la Escuela de Cine de La Plata

El cine como herramienta para generar conciencia, artefacto de lucha política, de denuncia social y a la vez de pensamiento y forma estética. En los ´70, La Plata era un hervidero político; sus facultades, una cuna de la militancia. Y la concepción sartreana del artista comprometido, en efecto, se expandía por los pasillos tanto como los panfletos, las asambleas y los debates intelectuales que fluían febrilmente entre la academia y calle. 

En 1973, con Héctor Cámpora en el poder, la vieja Escuela de Cine se convierte en facultad y su matrícula se potencia con la llegada de nuevos profesores y estudiantes de todo el país. “Siempre proyectábamos La hora de los hornos. Y después fuimos incorporando otro material, por ejemplo: México, la revolución congelada de Gleyzer, u Operación Masacre. Así, llegó un momento en que se planteó la necesidad de que nosotros mismos tendríamos que producir nuestro propio material fílmico”, cuenta Adán Huck, estudiante de la facultad de Cine de La Plata en aquella época y uno de los testimonios del reciente libro “Huellas e historias del cine platense” (1955-1978), compilado por el Movimiento Audiovisual Platense (MAP). 

A la hora de filmar, todo parecía posible: los rodajes se hacían desde la autogestión y con colaboración colectiva; se conseguían locaciones a pulmón, se juntaban fondos de manera creativa y se aprendía a usar equipamiento técnico para terminar procesos creativos. El espíritu grupal contenía cualquier singularidad. No había manera de concebir la carrera, no había manera de esperar las materias de realización sin antes agarrar la cámara y salir a la calle: en ese gesto radicaba una voluntad tan política como social. 

El actual director de la serie “El reino”, Marcelo Piñeyro, fue estudiante entre 1975 y 1978, año en el que la dictadura cerró la carrera. Así recuerda esa etapa: “La Plata en aquella época era una ciudad que tenía la mitad de su población golondrina. Teníamos jóvenes del interior que llegaban y sin adultos, con una libertad absoluta, mientras que los platenses éramos platenses, es decir vivíamos con los viejos. La actividad que teníamos de filmar era más de autogestión, utilizando los fierros de la escuela, las cámaras de la escuela. Habíamos armado un grupo, y tratábamos de rodar intercambiando los roles. Yo dirigía en una, en otra hacía producción, y en otra hacía fotografía”. 

El libro “Huellas e historias del cine platense”, casi emulando aquel vigor del pasado, es una obra colectiva que contiene textos originales -análisis, crónicas, interpretaciones-, además de testimonios, anécdotas, documentos históricos y fotográficos. Acaba de ser presentado en el marco del 12º REC Festival de Estudiantes de Artes Audiovisuales de Universidades Públicas y Privadas organizado por la Facultad de Artes UNLP, el MAP, el Departamento de Artes Audiovisuales y la Secretaría de Producción y Contenidos Audiovisuales (FDA). “Esperemos que esta sea la culminación de una obra muy grande que comenzaron por los años ’90 los profesores y jefes de departamentos de la carrera para recuperar nuestra memoria fílmica”, dijo uno de sus autores, Martín Bastida.

Conjuntamente con el libro se estrenó el canal de la videoteca del Departamento Artes Audiovisuales, donde se pueden ver gratuitamente las digitalizaciones de las obras fílmicas recuperadas de la legendaria Escuela de Cinematografía de La Plata. “Como estudiantes y luego como egresados, cuando comenzamos a realizar nuestros trabajos, muchas veces nos hemos sentido huérfanos. Por eso sentimos la necesidad de encontrar quiénes fueron nuestros padres. Ese fue el deseo primordial que nos llevó al libro, donde oficiamos como una especie de detectives de la historia”, expresó Bastida. 

Coproducido con Papel Cosido, el libro contiene textos de diversos autores: Nicolás Alessandro, Paula Asprella, Martín Bastida, Betiana Burgardt, Igor Galuk, Marcelo Gálvez, Marcos Tabarrozzi, Adriana Sosa, Rodrigo Sebastián, Lía Gómez y Diego Eijo. “Antes de este trabajo, hubo otros dos que buscaron recuperar el pasado”, contó Bastida.

Luego del cierre de la facultad por los militares, y de la posterior vuelta a la democracia en 1983, un grupo compuesto por estudiantes y profesores luchó casi diez años para recuperar el espacio académico. Las aulas se abrieron tardíamente, en tiempos menemistas. El rescate de la memoria, en rigor, fue una tarea primordial. 

Todo comenzó en la reapertura de la carrera, allá por 1993, cuando Carlos Vallina,  como jefe de Departamento, le concedió al crítico Fernando Martín Peña una cátedra que se llamó Seminario de Mediateca. Allí se comenzó a recuperar el material fílmico de la vieja Escuela de Cine. Ese trabajo se transformó luego en un libro que se llamó “Creación, rescate y memoria”, escrito por Romina Massari, Vallina y Peña y editado por EDULP en 2006. 

El otro antecedente se dio cuando el crítico e historiador Eduardo Russo, como jefe de Departamento entre 2004 y 2005, y por intermedio del profesor Marcelino López, encaró el trabajo de catalogación de todas las películas producidas en la facultad. La labor había sido ardua y engorrosa, al no contar con la tecnología adecuada. “El MAP surgió en 2015, vimos la necesidad de juntarnos en la región de La Plata ante las políticas del macrismo. Ahí surgió la idea de hacer una película documental sobre la historia de la facultad, algo que sabíamos muy poco. Y los propios entrevistados nos empezaron a dar sus cortos y fotografías, por lo que se armó un importante caudal fílmico”, reconstruyó el cineasta Igor Galuk, parte del colectivo audiovisual. 

Luego de una espinosa pesquisa, y a través de la pista de un trabajador no docente, los investigadores hallaron latas abandonadas en un galpón de la facultad. Eran cerca de 200 cortos, una gran parte producidos por ex alumnos de la carrera. Empezaron, entonces, a digitalizarlos con apoyo de fundaciones y organismos cinematográficos. 

Entre otros materiales se encuentran tesis de los estudiantes, imágenes de La Plata de la época y un documental de 1973 que se llama “Informes y Testimonios”, un relato sobre la dictadura de Onganía y  uno de los primeros documentales de Derechos Humanos del país. Varios cortometrajes que aparecieron en el hallazgo habían sido novedad  académica, con la incorporaron de procedimientos técnicos como el color, la animación, y la filmación en 35mm, gracias a la nueva cámara Arriflex. 

En la primera parte del libro, Igor Galuk y Rodrigo Sebastián desarrollaron una exhaustiva crónica histórica de la Escuela de Cinematografía creada por Cándido Moneo Sanz, desde los antecedentes ligados al cineclubismo platense de los ´50 a la dramática desaparición de estudiantes y docentes, que se perfiló en 1975 y se determinó en 1978. Otros se exiliaron en el exterior, varios se marcharon a distintas ciudades y pueblos de provincia, y otros se incorporaron a las guerrillas urbanas, donde serían “secuestrados, desaparecidos y/o abatidos en combate”. El 27 de mayo de 1976 fue secuestrado y desaparecido Raymundo Gleyzer, que había estudiado en la facultad; por su parte, los integrantes del Grupo de Cine de la Base La Plata abandonaron la actividad y debieron pasar a la clandestinidad. “Algunos de sus integrantes se exiliaron en Brasil y otros permanecieron en la ciudad”, concluyeron los autores. 

La Escuela de Cine de La Plata había sido pionera en Latinoamérica. Allí, a lo largo del tiempo, se formaron grandes realizadores y realizadoras, técnicos, docentes y escritores que nutrieron el Cine Argentino a lo largo de su historia y que aún siguen vigentes: Marcelo Piñeyro, Carlos Sorín, Clara Zappettini, Alejandro Malowicki, Alberto Yaccelini y Raymundo Gleyzer, uno de los pilares de documental político en Argentina y Latinoamérica. 

Como también nombres como Carlos Piaggio, Miguel Pérez (montajista de Operación masacre, Tango feroz), Oscar Montauti (montajista de La Patagonia Rebelde, Los Traidores, Invasión), Pepe Grammático (sonidista de Boquitas Pintadas de Leopoldo Torre Nilson y Los gauchos judíos, entre cientos de otras películas). “Y asistentes de dirección cómo Lizzie Otero, Rodolfo Mórtola (asistente de de toda la vida de Leonardo Favio). Productores como Luis Fernández, Eduardo Chappa, y muchos otros como Silvia Verga, Alfredo Oroz, Abelardo Martínez, Oscar Garaycochea, Ricardo Moretti, Diego Eijo. No hay que olvidar a los colectivos de cine político: El Grupo de los seis y el Grupo de cine Peronista de La Plata”, sintetizó Galuk. 

Marcelo Piñeyro dejó su testimonio en el libro sobre su pasión audiovisual: “El cine me gustó siempre. Siempre, desde que tengo memoria, inclusive cuando vivía en Ayacucho, un pueblo muy chico, pero que tenía dos cines. Uno era de un tío mío, por lo que podíamos entrar y salir todo el tiempo; no leía los subtítulos y ya me gustaban las figuritas digamos. En Navidad, para mi cumpleaños, para Reyes, pedía proyectores, películas. A los nueve años ya me regalaron mi primer cámara Súper 8 y era juntar plata todo el tiempo para comprar lo necesario para filmar. En mi casa escuchar conversaciones de cine: mis viejos y sus amigos discutían las películas que veían, Bergman y Fellini, matrimonios amigos discutiendo hasta tarde”. 

Ya en el colegio secundario, Marcelo Pineyro había empezado a filmar sus primeras historias.  “Y más grande, en La Plata y en Buenos Aires, iba a los cines a pedir afiches o restos de película: me los guardaba y yo tenía mi proyector 16 milímetros mudo obviamente y cortaba por la mitad los 35 para poder pasar así cuadros fijos, te imaginás ¿no? Y dibujaba películas, viste, las dibujaba”, contó en el libro, como antesala de sus estudios en la facultad. 

Para el director de “Kamchatka”, en La Plata se hacía cine “dinamita” entre los ´60 y ´70, al calor militante del Nuevo Cine Latinoamericano. “Siempre se creyó que en la Escuela del Litoral de Fernando Birri se hacía documental social y, en La Plata, sólo ficción. Pero hemos comprobado por el material que encontramos en las latas que era una falsa dicotomía, ya que en la facultad de Cine de La Plata se hacían muchos documentales con improntas políticas muy fuertes y con un gran aporte a la vertiente del docu-ficción”. 

Recuperar un legado propio fue la principal misión del MAP con la edición de “Huellas e historias del cine platense”. En este último punto Galuk rescata también la experimentación del Nuevo Cine Argentino en los ´60, con nombres como Simón Feldman, David Kohon, Rodolfo Kuhn, José Martínez Suárez y documentalistas como Humberto Ríos, los cuales fueron docentes de la facultad de Cine en La Plata. “Esa historia estaba olvidada porque la dictadura hizo estragos y diezmó la memoria. A pesar de los avances de la democracia, Fernando Martín Peña dijo lo difícil que es todavía unir un puente con el pasado. Ese el pequeño aporte de este libro”. 

JMM

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