Ruido y silencio

El hilo musical de Almudena Grandes

La escritora Almudena Grandes, y el cantante Joaquín Sabina, durante el acto de toma de posesión del nuevo director del Instituto Cervantes, Luis García Montero

Montero Glez

elDiario.es —

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El lunes pasado miles de personas se acercaron hasta el cementerio para despedir a Almudena Grandes. En su último adiós sonó “Noches de boda”. Llegados aquí, podemos sacar un hilo sentimental cuyo momento definitivo sea la canción que Joaquín Sabina canta con Chavela Vargas; un tristísimo adiós para un hilo cuyo origen nos sitúa muchos años atrás, cuando Chicho Sánchez Ferlosio cantaba “A contratiempo”, tema que sirvió de banda sonora para la película del mismo título.  

Sabina, libros y rosas en el último adiós a Almudena Grandes

Sabina, libros y rosas en el último adiós a Almudena Grandes

Porque en el principio de todo fue el cine. Años antes de que Las edades de Lulú se convirtiese en una de las novelas de referencia de la época, Almudena Grandes aparecería en una especie de road movie de tono intelectual donde, además de la escritora, también salían Juan Cueto y Carlos Boyero. Al contrario de lo que sucede con las buenas películas, la película A contratiempo quedaba muy lejos de la magia cinematográfica. Si alguna vez se acercó a ella —a la magia cinematográfica— fue gracias a la aparición de Almudena Grandes que salía en la peli haciendo de arqueóloga cheta.  

La canción que da título a la película venía firmada por Agustín García Calvo, y Chicho la cantaba con todas sus vocales, denunciando la llegada de Colón a selvas que hoy son de cemento. Eran otros tiempos, tiempos en los que aún todo estaba por definir; tiempos en los que el capitalismo financiero de este país se preparaba para hacernos creer que el PSOE era un partido de izquierdas. Y con estas prestidigitaciones, mientras a unos gamberros les daban la posibilidad de hacer cine, Chicho cantaba con toda la conciencia social abrasando su garganta roja.  

Mucha gente conoció a Almudena Grandes por aquella película en la que ella brillaba como una pepita de oro entre una montonera de chatarra. Años después, Almudena ganaría el premio La sonrisa Vertical por Las edades de Lulú, una novela donde la protagonista es una mujer que va descubriendo las variantes del sexo según pasan los años; un texto donde subyace una estructura freudiana en cada uno de los encuentros amorosos. 

La novela fue un éxito sin parangón. Hasta entonces, era impensable que una mujer alcanzara los primeros puestos de las listas de libros más vendidos. Es más, la novela de Almudena Grandes fue determinante para que el verano del amor estallase durante el solsticio del 89. Aquí aún no se llevaba lo del acid house ni lo de la rayadura; aquí, el afrodisiaco fueron las distintas edades de Lulú durante aquel verano cuyo recuerdo trae noches de arena y cuerpos enredados a la luz venérea de la luna. 

La novela fue llevada al cine por Bigas Luna, y en ella aparecía Oscar Ladoire en un papel principal; sí, el mismo actor que dirigió en su día A contratiempo. También tenía una breve, pero intensa aparición, el bueno de Javier Bardem, haciéndoselo al estilo de Nacho Vidal años antes de que Nacho Vidal existiese. 

Hay recorridos vitales donde los momentos iniciáticos se sincronizan con los momentos finales, sucede de tal forma que parece cosa de brujería. De esta manera, A contratiempo y Noches de boda son las dos canciones que van a servir de banda sonora para mostrarnos el momento de origen y el momento final de una escritora que permanecerá para los restos en el imaginario colectivo de este país. Porque Almudena fue la escritora de la memoria; la mujer que enseñó a un pueblo que sin memoria es imposible conquistar la lejanía.

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