Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Gabo Entrevista

“En el hormiguero digital de medios no todo nace y muere, hay proyectos que se mantienen”

Jaime Abello Banfi

Hace 27 años que Jaime Abello Banfi dirige la Fundación Gabo. Fue en 1995 que Gabriel García Márquez lo llamó para que lo ayudará con un proyecto: ofrecer talleres para la formación práctica y la búsqueda de la excelencia en el periodismo. Colombiano, abogado -aunque casi no ejerció-, es quizás uno de los hombres que conoce más nombres y apellidos de periodistas de Iberoamérica y de los dueños de los medios también. Ni él sabe cuántos han pasado por los talleres y los festivales de la Fundación. Llegó a Buenos Aires esta semana para estar en el primer taller presencial después de la pandemia. El sábado a la mañana, cuando el predio de la Rural estaba en silencio, el periodista Jorge Carrión puso a andar la ya tradicional ceremonia educativa entre un maestro y talleristas. También vino para participar en el homenaje a los 40 años de la entrega del Nobel de Literatura a García Márquez en la Feria del Libro 2022. Cuenta que está contento de volver a la presencialidad en la formación periodística en un momento en el que el periodismo tiene demasiados retos. Jaime Abello asegura ser medianamente optimista ante este panorama. Desde la Fundación están a punto de presentar un estudio sobre el “hormiguero digital” que forman los medios digitales en América latina. Describe cierta vitalidad en el periodismo que también existe en lo que él llama el “árbol Gabo”, el legado del autor de Cien años de Soledad y de crónicas periodísticas inolvidables.  

El Premio Gabo al periodismo lanzó su décima convocatoria con nuevas categorías

El Premio Gabo al periodismo lanzó su décima convocatoria con nuevas categorías

¿Cuál es el reto del periodismo hoy?

El periodismo tiene demasiados retos, tiene más retos que nunca y son de distinto orden. Creo que hay un reto muy claro en materia de viabilidad de los medios, eso ya se sabe, pero no solo de los medios, sino que la comunidad de los medios, su transformación incide en la capacidad de hacer cosas, de producir contenidos de calidad. Un segundo reto, no cabe duda, es un reto de impacto, en el sentido de que estamos en una era de ruido digital, en la cual la competencia por la atención y por el tiempo de la audiencia no solo entre periodistas, medios o contenidos informativos, sino con toda clase de alternativas. Además, hay una serie de contenidos que son similares al periodismo. Por ejemplo, la famosa categoría de las noticias falsas. Entonces distinguirse y llamar la atención, visibilizarse es un reto enorme.

Eso en cuanto al contenido y modelo de negocio, ¿hay más?

Sí, hay un tercer reto que, definitivamente, es la manera cómo nos insertamos en las dinámicas generadas por las plataformas digitales que, no solo por un lado imponen dinámicas económicas, que entre otras cosas han dado lugar a las empresas de mayor crecimiento y de más éxito económico del mundo, pero trabajan con el periodismo del mundo entero y de los productores de contenido en general. Pero, aparte de eso, los algoritmos tienen unos secretos que no se manejan con transparencia y que inciden en la capacidad de que el periodismo se perciba, impacte y se rentabilice. Entonces, yo diría que hay un reto algorítmico de penetración que se podría definir como el secreto de los algoritmos.

Que, además, van cambiando todo el tiempo.

Claro. Y no es una lógica estrictamente tecnológica. Luego hay otro reto de orden político. Es decir, la política usa cada vez más la comunicación como herramienta de opción directa, y este populismo digital que estamos viendo en las propuestas políticas de todas las tendencias. No sólo en los extremismos. Tienen una capacidad más de invertir en la comunicación a veces con recursos oficiales, otras veces con recursos de partidos y otras veces con recursos oscuros, pero, muchas veces, inclusive, de manera no abierta y explicita, sino clandestina, los famosos “troll”. Usan herramientas del periodismo. Mucha gente que pasó por el periodismo trabaja ahí. Eso genera una dinámica de explotación, siguiendo pues, obviamente las tendencias de los algoritmos y los modelos de negocios de las redes sociales donde se explota el enojo, la indignación, la molestia, la grieta, la polarización. El periodismo queda en un sandwich que se lleva la peor parte, porque hay una tendencia de muchos sectores a reclamar tomas de posición. Dentro de esta hipocresía se espera que todos los que estén en la escena pública, incluyendo a los medios y periodistas, tomen posición, se radicalicen. Es un panorama realmente complicado.

Y el ejercicio de la profesión, ¿cómo la evalúas?

Tiene otro problema: los recortes progresivos de la libertad de expresión, que se traducen de muchas maneras. Hay países donde, conectados a la dinámica anterior, los periodistas, por ejercer el periodismo de investigación o la crítica dentro del periodismo de opinión, son catalogados y etiquetados como oposición política del gobierno de turno. Observamos que hay en muchos países un aumento de herramientas de espionaje, de acoso digital, cuando no, verdaderas campañas con desprestigio contra periodistas, en los cuales, muchas veces, son víctimas las mujeres. También está este acoso judicial, y en algunos países directamente sancionan las agresiones. Cuando se presentan guerras comunicacionales, que son otra dimensión de las guerras reales, como está pasando en Rusia, muchos medios han tenido que cerrar para no violar las normas. Entonces, todo eso hace muy complicado el trabajo periodístico. Y eso es, no solo a nivel de América Latina, sino global, son tendencias globales. 

En este panorama tan complejo, ¿cómo se sitúan los periodistas?

Pero, al mismo tiempo, y esto es lo que hay que decir de los retos, lo que observamos es que hay muchos periodistas -como decía García Márquez- en los que sigue prevaleciendo la vocación, las ganas y el idealismo. Lo que observamos es, justamente, una enorme cantidad de proyectos periodísticos en los premios y los talleres de la Fundación, lo estamos viendo es vitalidad, gente que toma riesgos, que se ilusiona. Entonces, eso también es bastante interesante.

Entre este panorama desafiante y lo que describís como actitudes individuales o de proyectos hay una gran diferencia de fuerzas, ¿cómo actúa la Fundación Gabo para apoyar al periodismo que fue siempre su objetivo?

Lo primero es tratando de entenderlo y de adaptarse, es decir, gracias a la red de maestros, consejo rector, a las investigaciones y las consultas que hemos hecho. Llevamos 25 años en cambio permanente, nos tocó la época de las transformaciones del periodismo, y la Fundación también se transformó. Una organización creada por Gabo para hacer talleres, ya no solo hace talleres; tenemos un premio, que es nuestro premio Gabo, que es uno de los observatorios más potentes que hay para mirar las tendencias al cambio del periodismo. Hemos podido convertirlo en un espacio para detectar y para resaltar la innovación, la capacidad de respuesta y la creatividad. Yo estoy muy orgulloso de que, en los últimos años, el premio Gabo es el mejor indicador de dónde están las iniciativas más interesantes y los intereses mayoritarios del periodismo. 

En esta edición anunciaron cambios, ¿cuáles son?

En la décima edición hemos implementado mutaciones en las categorías. Por es quiero hacer una invitación muy especial a participar a todos los periodistas, a todas las personas que lean o hagan periodismo, porque hay espacio para todos dentro de las categorías, que incluyen ahora, por ejemplo, periodismo de audio, que no es solo para los podcasts, sino para la radio, con una categoría especifica que antes estaba en la de cobertura y ahora tiene un espacio propio. A lo que aspiramos a veces es a una posibilidad de que sean híbridas, por ejemplo, las categorías de imágenes permiten, no solo videos, sino visualización de datos, animación, una gran cantidad de cosas. Lo más importante es tener buenos jurados y tener rigor, que creo que ha sido una característica nuestra, para permitir, justamente, que el premio cumpla esa función.

Y los talleres de formación, ¿en qué se han convertido?

Se han transformado. Nosotros hicimos el primer taller de periodismo por internet en 1997, cuando algunos de los lectores no habían nacido, y desde entonces hemos trabajado mucho todos los temas relacionados con la dinámica de que, definitivamente, los medios tienen que verse hoy en día, no como unos simples usuarios, sino como empresas que necesitan ejercer cierto liderazgo tecnológico, más allá de familiarizarse, entender y aplicar todas las posibilidades en la dinámica de cambio tecnológico que ofrece para llegar a las audiencias, para contar mejor las historias.

Tiene también una pata de estudio, ¿por dónde pasa en este momento las investigaciones que están generando?

Estamos por publicar un estudio sobre algo que llamamos “el hormiguero digital”, es un nombre que escogió German Rey, que es el director del estudio, y es un estudio sobre los medios nativos digitales en América Latina. Se hizo en 12 países y participaron 1512 medios nativos digitales certificados. Arrancamos con un número mucho mayor, casi 10.000, pero se aplicaron una serie de revisiones y controles hasta constatar que estos 1512 son medios activos, que están funcionando. Las encuestas nos han dan muchos datos interesantes sobre las necesidades, la manera en cómo se organizan, cómo se financian las agendas.

Más allá del formato digital, ¿qué otra tendencia han detectado?

Otra cosa que estamos constatando es el surgimiento del periodismo sobre causas que ya se ha instalado. Es un periodismo muy interesante porque, a veces, algunos lo han querido descalificar como activismo comunicacional y no es activismo comunicacional, hay activismos sobre causas, por supuesto, siempre lo ha habido. Pero es más un periodismo que se concentra en una agenda y, además, establece un diálogo con el público, con la base temática o con de una causa. Puede ser el género, los movimientos sociales o el medio ambiente, eso yo diría que tiende a ser mayoritario en ese escenario que hemos encontrado. Todo esto lo vamos a reflejar en el festival “Gabo”, que este año va a hacer del 21 al 23 de octubre. Vamos a tener, no solo muchas hormigas del hormiguero digital, sino también mucha claridad de las secciones de periodismo sobre causas. Hablando de que el festival es puramente pluralista, la idea es que dialoguen todos los tipos de periodismo.

A parte de los premios, el festival, de los talleres, de estas investigaciones, de las publicaciones que hacen, Jaime Abello Banfi asegura que lo más importante que hacen desde la fundación es animar a decir la verdad de los retos enormes que el periodismo enfrenta. “Animar a la inspiración, a recordar que, como decía Gabriel García Márquez, nuestro fundador, este es el mejor oficio del mundo, vale muchísimo la pena y las recompensas son grandes”. En esa trayectoria de más de dos décadas en el periodismo iberoamericano reconoce que lo que se define como ecosistema de medios empieza a mostrar casos que se consolidan. “En este hormiguero de medios no todo nace y muere. En este hormiguero empiezan a verse las hormigas reinas, y empiezan a destacarse los casos de proyectos que se mantienen. Entonces, sí es posible”, asegura.  

En el inicio la Fundación Gabo, cuando era la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y García Márquez vivía, tenía como objetivo esencial la formación de jóvenes cronistas de menos de 35 años, son ahora periodistas de unos 50 años o más, ¿cómo se mantiene el legado de él con las nuevas generaciones? 

El legado de Gabo es un campo de actuación cada vez más consciente y estratégico, porque nos dimos cuenta que teníamos que asumir una posición, entonces hemos asumido las responsabilidades de promover la apropiación colectiva del conocimiento sobre García Márquez, su obra y lo hacemos, no solo alrededor del periodismo, también tenemos un espacio llamado “Centro Gabo”, en el cual constantemente estamos produciendo contenidos para entenderlo mejor. Entonces, parte de nuestra tarea es que no envejezca, que se renueve. Tenemos una máquina de pensamiento, porque el público se renueva. La máquina de pensamiento es para que el público se pregunte qué es y eso es el archivo y antes que nada una matriz conceptual sobre las múltiples dimensiones de García Márquez. 

¿Cómo definirías a esa matriz conceptual?

Esa matriz conceptual es lo que nosotros llamamos “árbol Gabo”, esto contiene una serie de ítems, casi que puede ser una herramienta de catalogación, una agenda o una taxonomía, que hace énfasis en cinco aspectos: En primer lugar, la vida personal, la historia de la vida. En segundo lugar, el escritor, o sea, los oficios, las pasiones y las obras en literatura, en periodismo y en cine. En tercer lugar es el Gabo educador, que fundó instituciones, que reflexionó sobre educación y que dio talleres tratando de transmitir una serie de valores, enseñanzas y técnicas. En cuarto lugar, el emprendedor, el hombre de las iniciativas. Y, finalmente, la quinta es la del ciudadano, sus preocupaciones políticas. Yo creo que el periodismo, no solo está en el campo del Gabo investigador y contador de historias, sino en el campo del educador, en el campo de las iniciativas, fue fundador de medios y promotor de ciudadanía. Creo que una de las maneras en las cuales García Márquez entendió su papel de ciudadano fue a través del periodismo, y ese fue su modo de ser activo políticamente, un periodismo crítico, que en una época fue muy militante y en otras épocas fue más descifrador a través de la crónica y del humor y de muchos procesos.

Estuviste con él desde el principio de la Fundación. En las últimas charlas, ¿cuál era la preocupación con respecto al periodismo? Porque él vio el inicio de la transformación.

Claro, a él le tocó internet. Era un hombre tan sabio que le sacó el cuerpo a las redes sociales, no se hubiera dejado meter en esa vorágine. Pero sí creo que apreciaba mucho la capacidad del internet de buscar, de averiguar, de servir de explorador. “El explorador” es el nombre que le damos originalmente, nuestro explorador web. Eso lo usó muchísimo y también apreció mucho las computadoras para hacer sus ejercicios literarios periodísticos, porque decía que le ahorraban una gran cantidad de tiempo. Él tenía la manía de destruir borradores y ahora bastaba solamente con escribir sobre la pantalla. 

¿Y en cuanto al oficio del periodismo?

Se manifestó con las necesidades que teníamos que tener: una propuesta no solo de aprovechamiento creativo y técnico sino de ético del internet, eso nos lo dijo con toda claridad. Y segundo, también un poco consciente del reto de comprender la complejidad decía que el mundo se le escapó el periodismo y concluía “ahora nos va a tocar reinventar el mundo”. Lo lógico es que hubiese dicho reinventar el periodismo, me pregunté por qué había dicho reinventar el mundo y entendí que había que reinventar la manera de comprenderlo. Y parte de esa fragmentación o de esta crisis epistemológica es, justamente, el impacto de lo digital, de la multiplicación de los contenidos, el fraccionamiento, los canales, de la ampliación casi infinita de la capacidad de hacer cosas, de generar interpretaciones, de generar más rapidez y también de mentir. Entonces toda esta especie de inundación, catarata o maremoto de datos es un reto para el periodismo, pero también es una oportunidad. El periodismo es capaz de afianzarse en relación a determinados grupos de audiencia, los que les correspondan a los distintos proyectos, y ser constantes y coherentes en ofrecerles un servicio épico para comprender, para orientarse, para explicar, para descifrar y también para invitar al riesgo. Si es el caso de ir más allá.

En qué sentido ir más allá: ¿en el contenido, en la forma…?

El periodismo, específicamente, está llamado a ser como prometíamos que iba a ser, es decir, el periodismo que puede tener futuro es el periodismo que realmente le responda a la gente, al público, en cuanto a la promesa ética y la promesa de servicio de que iba a hacer todo lo posible por ayudarlos, no solo a descifrar, a investigar, a encontrar, sino a explicar y a tratar de comprender. El periodismo que logre ser consistente creo que es el que tiene sentido y futuro, los demás no valen la pena. Por ejemplo el periodismo banal, que sobrevive muy bien, no es el que la sociedad necesita. La sociedad necesita el periodismo de las grandes aspiraciones de servicios, que siempre ha habido y que ahora pienso que tiene muchas posibilidades, porque aunque la competencia es mayor, los costos de acceso y gestión disminuyeron mucho, y se facilitaron con lo digital, pero es un reto. El reto es cómo construir esa comunidad y cómo fidelizarla. 

SH

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