La sombra de la CIA tras el asesinato del poeta Roque Dalton
El 10 de mayo de 1975, Roque Dalton, uno de los poetas más influyentes de El Salvador y de toda Centroamérica, fue ejecutado en su país por integrantes de la guerrilla a la que se había sumado. Desde el primer momento, sobre el hecho trágico se difundieron versiones contradictorias. El crimen fue sometido a distintas interpretaciones. Medio siglo después, aún resta echar luz sobre los motivos reales que tuvieron quienes idearon y decidieron su ejecución. La sombra de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos sobrevuela aquel infausto desenlace.
En 1964, algo más de una década antes de su asesinato, el poeta había sido secuestrado por la Policía Nacional de su país. Sus captores lo mantuvieron oculto durante más de cincuenta días. El objetivo de la maniobra había sido ponerlo en manos de un directivo de la CIA que había viajado especialmente a San Salvador con la misión de convertirlo en doble agente, hacerlo desertar o «anularlo» («Our object is to double, defect or nullify Dalton»). Su caso fue parte de la estrategia más amplia tendiente a desbaratar a los movimientos de liberación que surgían en Centroamérica. El poeta aún no había cumplido 30 años, pero ya era una figura pública conocida por su poesía, por su participación en las luchas antidictatoriales de El Salvador y por su compromiso con la revolución que había triunfado en Cuba y se propagaba por toda la región.
Aquel secuestro a instancias de la CIA y su posterior crimen en la guerrilla están unidos por lazos difusos —como sucede en todo caso relacionado con operaciones de inteligencia— pero verificables.
De la captura del año 1964, Dalton logró fugarse de manera fortuita. Se exilió en Praga, en un intento por salir del radar de sus perseguidores. Dos años después se instaló en La Habana. Allí trabajó en diversos proyectos culturales hasta que, finalmente, decidió prepararse para ingresar a la guerrilla salvadoreña. Aunque se creía a salvo mientras estuviera en los países socialistas o bajo el amparo de sus camaradas, la inteligencia norteamericana no le perdió el rastro.
El agente responsable de su seguimiento se instaló en la Base Frankfurt de la CIA, cerca de Praga, donde Dalton cumplía su exilio. La Agencia mantuvo registros de las actividades del poeta, incluso las clandestinas. Los ecos de las amenazas de muerte que le había hecho el norteamericano durante aquel secuestro lo persiguieron hasta el momento mismo de su asesinato. Las coincidencias entre el plan que había trazado la CIA para anularlo y el accionar de los guerrilleros responsables del crimen reclaman poner la lupa en esa trama. El rompecabezas se completa a partir de los rastros dejados por sus matadores con los años: todo encaja.
Para reconstruir los hechos, analizamos los cables secretos de la inteligencia norteamericana desclasificados a lo largo de los años. La historia sobre cómo se dio a conocer información secreta sobre este caso —aun cuando lo que allí se dice compromete al gobierno de Estados Unidos— es atrapante. Con el telón de fondo de la Guerra Fría, se ven involucrados personajes misteriosos y figuras de peso histórico, como el presunto magnicida del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy (JFK); un desertor de la inteligencia cubana que cambia de bando; un agente secreto que habla español con acento gringo, da órdenes a la policía salvadoreña y se entrevista con presidentes centroamericanos; guerrilleros sospechados de trabajar para el enemigo; el líder revolucionario Fidel Castro y el poeta perseguido, en una trama que resultaría increíble si no fuera porque está rigurosamente documentada.
El cúmulo de evidencias que contienen esos reportes secretos es abundante. Entre los documentos que vieron la luz en distintas tandas de desclasificación, los que mencionan al poeta o a personas relacionadas con su caso superan el centenar. Algunos de ellos, los más recientes, se dieron a conocer en 2025, mientras esta investigación llegaba a su fin. Allí hay nuevos datos que permiten reconstruir los hechos, despejar dudas y achicar el cerco sobre los responsables. Resulta revelador contrastar esa evidencia con los testimonios del poeta —en ocasiones injustamente cuestionados— y con las informaciones erráticas que se difundieron durante los primeros años, que de algún modo marcaron la versión más asumida sobre el asesinato.
En las páginas finales anexamos el listado de los principales archivos de la CIA analizados para este trabajo. Copias de todo el material fueron entregadas en El Salvador, en el marco de la conmemoración de los cincuenta años del asesinato del poeta, al Centro de Recursos para la Investigación de la Universidad Centroamericana Simeón Cañas, y a la Fundación Roque Dalton que dirige su familia.
Reconstruir esta historia resultó, de por sí, un desafío apasionante. Sin embargo, tratándose de una figura como la del poeta, hubiera sido mezquino limitarse a narrar las meras circunstancias. Su producción literaria dio cuenta de su experiencia de vida con intensidad y originalidad. Apologistas y detractores coinciden en destacar la imbricación fascinante de su arte y de sus vivencias, tanto íntimas como revolucionarias. Las huellas que dejó en su obra sobre sus padecimientos en más de una cárcel, sobre sus aventuras amorosas, sobre su militancia y sobre el seguimiento al que lo sometió la CIA, ofrecen un mapa inequívoco que permite identificar cada uno de sus pasos.
La expresión que da título a esta nota introductoria y la del epígrafe que la acompaña fueron pronunciadas por Dalton en diálogo con el poeta cubano Fayad Jamís. Resulta oportuno prestar atención a la cita más amplia que la contiene:
Creo que el gran material del poeta es la vida en todas sus manifestaciones. Todo lo que cabe en la vida cabe en la poesía. Para escribir acerca de la revolución debemos partir del hecho de que en el mundo actual existen cosas que no podemos ignorar. El poeta debe ser un testigo de su tiempo, pero un testigo especial, un testigo corroído por la pasión.
La integración de literatura, historia, identidad y compromiso que en otras sociedades podría haber sido motivo de prestigio, en una América Central arrasada por dictaduras y vigilada de cerca por la CIA fue motivo del más severo hostigamiento. A poco andar, aquella pasión y aquellas persecuciones llevaron al poeta a dejar de ser un simple testigo: se convirtió en protagonista, junto a su pueblo, no solo de la historia viva de su país sino también de los intentos por cimentar la tan ansiada revolución continental.
No hay forma de abordar la vida y la obra de Roque Dalton sin estar dispuestos a navegar en un mar bravío que sacude y entremezcla poemas que a la vez son crónicas, con narraciones que parecen ficción pero reflejan sus vivencias. Así sucede con la novela que incluye, en medio de un registro presuntamente ficcional, su más seria denuncia, la que apunta a la CIA por la responsabilidad en su secuestro. Todo ello mixturado con cartas públicas, fuentes históricas, intertextos y paratextos revueltos con fruición y audacia, y con una eficacia que vuelve ingenua la pretensión de clasificar.
Influido por ese estilo, este trabajo fue adoptando un carácter ecléctico. En abundantes pasajes consideramos apropiado nutrirnos de su poesía, que integramos al relato. Hay capítulos donde prima el análisis de material de archivo —cartas personales, documentos de las organizaciones revolucionarias, los reportes de la CIA— bajo un método que remite a la investigación periodística, cuando no detectivesca. La vocación ensayística se vuelve explícita desde el momento mismo de la elección del tema: de entre todas las ventanas en el rostro del poeta, nos motiva e identifica su voluntad por revolucionarlo todo: la literatura, el sentido del compromiso, el orden social.
Los archivos de la CIA resultan una fuente privilegiada para contrastar la versión de Dalton con la de sus captores. La lectura combinada de los cables secretos que refieren a su captura, redactados con una prosa rudimentaria, torpe y telegráfica, por un lado, y la expresión literaria del poeta, audaz, potente y transgresora, por el otro, provocan cortocircuitos de sentidos que reclaman aguzar la atención para captar la particular manera en que el salvadoreño honró, por medio de su experiencia vital y su literatura, su compromiso con la verdad.
Si en toda producción cultural son determinantes los contextos históricos y sociales, en el caso de Dalton esos factores son mucho más que mera condición de circunstancia. Por esa razón, en este trabajo los aspectos históricos y políticos dialogan y se funden de manera definitiva con su poesía y con el relato de los hechos.
Ya había dicho el poeta que su poesía nunca estuvo hecha solo de palabras. Confiamos en que algo de ese espíritu impregne este trabajo. De ser así, será mérito suyo. Al igual que sucede con el mar de fueguitos que describió su amigo Eduardo Galeano en el Libro de los abrazos, sucede con la obra del salvadoreño: quien se acerca, se enciende.
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