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El mapa del nuevo tango argentino

Nacida en 2001, Fernández Fierro es una orquesta de doce músicos y una cantora que ha revolucionado la escena del tango con su violenta sonoridad y puesta en escena.

Para hablar del nuevo tango argentino hay que partir de 2001. Más de veinte años de historia de un nuevo circuito musical independiente en la Ciudad de Buenos Aires. En el contexto del último gran crack económico del país, la música se volvió autogestiva para no morir. Apareció el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), un lugar con orquesta propia y que serviría de refugio para las nuevas generaciones que pensaban en un nuevo tango. La Orquesta, con filas de violines y bandoneones, se constituyó como cooperativa y fundó un lugar de resistencia. 

“Así se baila el tango”, un plan a tono con la noche porteña

“Así se baila el tango”, un plan a tono con la noche porteña

En el CAFF luego hubo una radio, asambleas para definir la metodología de la independencia, rastas y tachas. El cambio estético de un género clásico estaría relacionado íntimamente con los subgéneros más contestatarios de la cultura rock (del punk al heavy, del post-punk al dark). Para la oleada musical, también asomaban por los bordes agrupaciones como La Chicana, Tape Rubín, Orquesta El Arranque, Tangata Rea, Barone González y sus trabajos junto con Alejandro Szwarcman. 

A modo de resumen ágil, las muertes de Piazzolla, Goyeneche y Pugliese, ocurridas en 1992, 1994 y 1995 respectivamente, fueron la vuelta de página de un libro que en la década del ochenta daba sus últimas producciones relevantes. En términos generales, el tiempo que se sitúa en lo que se conoce como las post-dictadura, encontraba al tango totalmente agazapado (otra vez), casi sin artistas jóvenes que exploten la faz creativa, y con interpretaciones que estaban ancladas en otros tiempos. 

Gustavo Varela, doctor en Ciencias Sociales y especialista en tango, autor de Tango y política (Ed. Paidós, 2018), dice que la palabra “decadencia” o la sencilla idea de la desintegración de un movimiento artístico que dio tanto, estaba asociada al género, inclusive con cierto grado de injusticia, mientras en Buenos Aires coexistían aún artistas de la talla de Rubén Juárez, Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos, Nelly Omar, Luis Cardei, Horacio Salgán, Ubaldo De Lío u Horacio Ferrer, por nombrar solo algunas de las figuras. Aún así las nuevas generaciones llegarían al tango.

Tangueros Siglo XXI: autogestión, estudio y un circuito sólido

Dice el historiador Sergio Pujol: “La gran diferencia de otras generaciones musicales que se dedican a otros géneros es que en el nuevo tango hay mucho estudio. Hay artistas formados para poder escribir, componer y además brillar con su instrumento”. Es que la primera década de este siglo implicó autogestión, estudio formal y real de la historia del género y los instrumentos. Incluso volver a los referentes musicales anteriores a Piazzolla y probar la mixtura con otros géneros musicales como los folklores regionales de Argentina, el rock, la música clásica y hasta el jazz. Tres músicos forjados en el CAFF fortalecieron orquestas con estas búsquedas estéticas mencionadas: Agustín Guerrero (de la OTAG), Yuri Venturín (de La Fierro) y Julián Peralta (de Astillero).

A un circuito musical no lo forman sólo los artistas. También debe haber lugares para tocar, sellos que apuesten por esa música, festivales, premiaciones e instituciones que fortalezcan al género. Además del CAFF, un lugar como Virasoro es, hoy, vital. Allí, el pianista Diego Schissi desarrolla su obra junto a un quinteto integrado por Guillermo Rubino en violín, Santiago Segret en bandoneón, Ismael Grossman en guitarra y Juan Pablo Navarro en contrabajo. Virasoro tiene capacidad para 40 personas y si te sentás en las primeras mesas podés sentir el calor que expande el piano que toca Schissi. Es como si fuera un lugar underground del circuito jazzero de Nueva Orleans pero en el barrio de Villa Crespo. 

Las milongas sirvieron para curtir a los intérpretes. Julieta Laso, ex cantante de La Fernández Fierro y actual solista con cuatro discos en su haber, dice que para ella fue fundamental esperar hasta la madrugada en la milonga Orsai para poder cantar sus primeras canciones. El Cuarteto La Púa, primera agrupación que le dio refugio con sus guitarras, y Alejandro Guyot (cantante de Bombay Buenos Aires, antes llamada 34 puñaladas) la vieron crecer desde ese espacio de trinchera hasta lo que es actualmente. En palabras de Guyot: “Una artista definitiva, disruptiva para el género”.

Hubo instituciones claves para la formación de esta generación del tango actual. La Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), el Conservatorio Manuel de Falla y Astor Piazzolla de Buenos Aires, Escuela Orlando Goñi y la nueva carrera de Música Popular en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, por ejemplo. Estos espacios se poblaron de nuevos músicos que pensaban en tango. De este contexto múltiple surgió la base que fue llenando las milongas, clubes de música y bares de una Buenos Aires que nutrió su escena under con el género local. De la mano de ese crecimiento, sellos de música como Club del Disco, Melopea y Los años luz, entre otros, comenzaron a incorporar en sus catálogos a artistas de esta generación. 

A su vez, lugares más de gestión estatal como La Usina del Arte (dirigida artísticamente por el músico Adrián Iaies). En ese escenario, por ejemplo, se presentó el fundamental Tanguera, una visión moderna sobre la música de Mariano Mores dirigida por Diego Schissi y tocada por su quinteto. El Centro Cultural Kirchner donde se grabó el capítulo del programa “Encuentro en la cúpula” de la Fernández Fierro cuando todavía tenía como cantante a Julieta Laso y el Festival Nacional del Tango donde supo dar sus primeros pasos la OTAG, la primera orquesta del menor de edad, en ese momento (2005), Agustín Guerrero. Tres lugares del estado que integraron a esta generación en su rúbrica de presentaciones y ciclos.     

La letrística del tango actual se desprendió de los parámetros normales de la composición del género más tradicional de Buenos Aires. Sus autores aseguran que las historias que están contando poseen una mixtura que mezcla a toda la música de tradición popular; del rock al jazz y de la canción urbana al criollismo. “El tango es una música de Europa pasada por las cloacas de Buenos Aires”, dice Daniel Melingo, ex Abuelo de la nada y actual referente de una nueva corriente de tango maldito, en el documental titulado Charco.

Gustavo Varela, especialista en tango, dice que la rima de los versos en muchos casos es asonante. “Eso es llamativo, en el tango es raro que ocurra. Uno espera que termine con la o y termina con la a. Eso en el tango clásico no pasaba, ahora hay como una perspectiva más libre. Si va esa palabra, la mandan y se terminó el asunto”, explica. 

El poeta, ensayista y profesor universitario, Oscar Conde, apunta que “naturalmente, en los letristas de tango contemporáneo, se presenta un dilema clave: cómo lograr que sus obras –sin desentenderse del todo de la herencia de los grandes letristas del siglo pasado– se constituyan en un discurso renovador pero que, al mismo tiempo, dicho discurso sea reconocible (más allá de la música que lo acompaña) como una letra de tango”. Además, agrega que el modo de resolver la pulseada herencia-renovación –y a la vez de insertarse en la tradición poética del tango cantado– está dado especialmente por la intertextualidad con letras del tango tradicional.

Hay en este siglo -y antes también- un influjo conceptual que se puede resumir en la idea de tomar al tango como punto de partida para concebir una música urbana libre, que toma elementos del jazz, de la música clásica, de la contemporánea. En esa amplia idea caben desde Luis Alberto Spinetta hasta Pablo Lescano, de Damas Gratis. Es por eso que en los nuevos discos de tango también hay hibridación de las formas, la metodología y, por supuesto, en la poesía. Hay, en efecto, hasta colaboraciones de Indio Solari y Andrés Calamaro. Una fija, y muy marcada en el último tiempo, es la diversidad sexual como una posible conducción militante y estética.

“Pero dónde estamos entrando, al Parakultural”, dijo el periodista cultural Mariano Del Mazo (autor de una biografía sobre Los Redondos, entre otros libros de música popular). No es ocurrencia, es sentido común: cuando entrás desde el barrio del Abasto, y por ese largo pasillo, al CAFF sentís la descendencia del árbol del Parakultural. De hecho, durante aquel abril de 2018, entraron a través de unas cortinas de almacén desde los poetas Noy y Pipo Lernoud hasta el músico y periodista Claudio Kleiman para escuchar la presentación oficial de Cambiando cordaje, un disco que marcó la vuelta del compositor clave del nuevo tango argentino: Tape Rubín. 

Entre 2018 y 2021 se editaron más de sesenta discos de tango. En 2018: Cambiando cordaje, de Rubín - Lacruz - Heler – Nikitoff; Nueva música argentina, de Guerrero-Scalerandi; Folkenstein, de Acho Estol; Ahora y siempre, de La Fernández Fierro y Sie7e, de Altertango. En 2019: New York sessions, de Noelia Sinkunas (la pianista que toca con todos: de Lidia Borda a Julieta Laso); Primero, de Chino Laborde (primer cantante de La Orquesta Fernández Fierro) y Solo tango Orquesta; Menesunda: tangolencia rockera, de Cucuza Castiello; La rebelión de las polillas, de Orquesta Típica Ciudad Baigón y Utopía, el disco que Ramiro Gallo (ex Orquesta El Arranque, otra fundacional del movimiento) hizo con Pedro Aznar. En 2020: Labia, de Alto Bondi; Arcadia, de Astillero; el homenaje a la obra de Villoldo de la Orquesta de Denise Sciammarella; el debut de la Orquesta Los crayones y Los andamios, de Julián Rossini Trío. En 2021: Hikikomori de La Chicana; Juntos y separados de Tango Cañón; Estupidez, del Quinteto de Agustín Guerrero (con textos de Pablo Marchetti); 100 de Escalandrum y Canciones con niebla del Cuarteto La Púa junto a Victoria Di Raimondo. Por mencionar cinco de cada año.  

Durante estos siete meses de 2022, los discos editados son más de 20. Cabeza negra, de Julieta Laso (que se fue a vivir a Salta junto a su pareja Lucrecia Martel), Buenos Aires de Delfina Cheb (que acaba de abandonar su Maestría en Improvisación Contemporánea del Conservatorio de Nueva Inglaterra en Boston para desarrollar su carrera como solista desde Buenos Aires) y Milongas descarriadas de Pablo Sensottera (primer trabajo solista por fuera de sus agrupaciones El Portón y del Cuarteto La Púa). Son artistas decididos a desarrollar su carrera y, por ende, a seguir vitalizando el nuevo tango argentino.

De Argentina  al mundo (y al revés)

El nuevo tango argentino también se compone fuera de la Argentina. Delfina Cheb desde Bostón (Estados Unidos) editó Doce milongas de amor y un tango desesperado, La Orquesta TaXXI comandada por Pablo Gignoli en París (Francia), Pablo Lacolla desde Zurich (Suiza) y el Quinteto Sónico en Bruselas (Bélgica). Proyectos importantes que anexan un sonido moderno como el de Cheb (cobijado por Casa Limón –que edita desde Calamaro a El Cigala-), una cancionística mezclada y equilibrada por Acho Estol como productor en el caso de Lacolla, una orquesta como la TaXXI Tango XXI dedicada a la temática de la alimentación y el estudio profundo de Eduardo Rovira que continúa Sónico. Se gestan, a paso lento, circuitos de tango contemporáneo con las mismas características en ciudades universitarias como La Plata y Rosario.

Sin ir más lejos, el Quinteto Sónico viajó hasta La Plata para presentar su trabajo dedicado a Eduardo Rovira. Fue en la casa Pesci, declarada de interés cultural por la Municipalidad, por su modelo arquitectónico. El artista Eduardo Rovira, fallecido en 1980, fue platense por adopción, habiendo vivido toda su vida en la ciudad. Fue bandoneonista y vanguardista del tango en la década del 60 y por eso el quinteto Sónico le rindió un homenaje más que significativo desde la calle 53 entre 5 y 6.

El Caff está a nueve cuadras del Centro Cultural Konex. Virasoro está a trece de la antigua sede de Café Vinilo. La EMPA también a trece cuadras del Shopping Alto de Avellaneda. Centros de operaciones del nuevo tango argentino cerca y a la vista de todos pero lejos de las luces. Lejos de la cultura pop de máximo consumo. Dos mundos posibles pero sin convivencia. El NTA es como el musguito en la piedra de Violeta Parra pero en clave González Tuñón: un agujero en la media. Y la fisura, como toda fisura, crece con el tiempo. 2022 mira de frente esa extensión que ya no sólo involucra a la ciudad más iluminada de la República Argentina. Que sea tango.   

FA

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