Relatos

De Viel Temperley, la poesía y sus mil formas de traspasar por amor

Héctor Viel Temperley

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Voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo.

Héctor Viel Temperley, Hospital Británico, 1984.

A fines de los '90 estudiaba Letras, la actividad seria junto a teatro que no lo era en mi configuración productivista, y descubrí a Héctor Viel Temperley. Más bien, fue Delfina Muschietti quien lo puso en nuestras manos. Delfina daba clases en Puán, en la cátedra Panesi de la materia Teoría y Análisis Literario. Delfina nos dejó Hospital Británico en la fotocopiadora de la facultad porque la publicación original se había acabado y el libro no se conseguía. Delfina nos leía esas líneas con pasión y yo no entendía nada de lo que estaba pasando pero esa poesía me entró, esas palabras me tocaron, me hirieron aunque no de dolor y se fueron conmigo, hasta hoy. Entraron y se alojaron en algún lugar, para quedarse. Anduve con esas fotocopias tocadas y sobadas en colectivos y trenes, conseguí el Crawl de Ediciones del Dock, compartí el hallazgo con mi amiga Clara, memoricé todo el principio del largo poema para mis clases de actuación, para repetirlas como mantra en la entrada de calor, la muchacha regresa con rostro de roedor, desfigurada por no querer saber lo que es ser joven/Llevando otro embarazo sobre las largas piernas, me pide humildemente fechas para una lápida.

Al año siguiente estudié actuación en el estudio de Pompeyo Audivert y ahí terminé de coincidir con Cynthia Edul, a quien ya conocía de los pasillos de la facultad, pero fue el estudio de Yito el que nos unió. Habíamos estado hablando ya de hacer algo juntas. Algo juntas significaba algo de teatro juntas, una escena, una obra de teatro.

Pensamos en materiales sobre los que trabajar. Una noche llevé mi ejemplar de Crawl a una de las clases para improvisar en torno a él. Pasé sola a hacer el ejercicio, me senté a una mesa, abrí el libro en cualquier página, leí la dedicatoria A Ernesto del Castillo, que me prestó un salvavidas, y levanté la mirada. Entonces Pompeyo desde la oscuridad gritó, te lo sabés de memoria y supe, y no era Crawl, pero otra cosa así e improvisé e improvisé, e iba y venía, y pasé por distintos estados y no dejé nunca de decir, por el tiempo que duró. Fue mediúmnico y no pude nunca volver a tocar otra nota así, no ahí. Y por esos meses alguna bienintencionada persona en Ediciones del Dock edita la obra completa de Viel Temperley en un volumen precioso color tiza y tapa rugosa. Y un día nos encontramos Cynthia, Francisco (otro amigo de las clases de Pompeyo), y yo, cada uno con su volumen entre las manos, y supimos que eso era, que era él, que era sobre la obra de Viel Temperley que iríamos a/queríamos trabajar.

Y eso hicimos. Y leímos frenéticamente. Y nos entrevistamos con una de sus hijas para ver si nos autorizaba a trabajar sobre textos de él, y Verónica fue más que generosa y nos trajo ediciones anteriores de los libros de su papá para que viéramos. Y nos contó historias de su papá, para que supiéramos/ conociéramos. Por ejemplo nos contó que cuando los padres se separaron, en el departamento que habitaba él, a sus hijas les estaba permitido pintar las paredes sin pedir permiso. Que andaba vestido de jean, botas y camisa a cuadros como un leñador, que llevaba un hacha en el baúl del auto y le gustaba ir a hachar a los bosques de Palermo. Que las pasaba a buscar por la escuela católica y paqueta vestido así y que ellas se preguntaban por qué no les habría tocado un padre más formal.

También nos contó que era un gran nadador, que tenía una relación muy especial con el mar y con su propia madre, la abuela de ellas; que no pertenecía ni al canon ni al mundillo literario de su época. Que él hacía otras cosas y también escribir, pero no presumía de escritor. Eso no lo dijo ella, eso lo digo yo, ella dijo algo en esa dirección. Después nos dio su permiso y no la volvimos a ver. También quedó claro que para ella el excéntrico escritor había sido sobre todo y ante todo, su papá.

En ese momento también dimos con la única entrevista a Viel Temperley, que le hizo Sergio Bizzio en 1987, en la revista Vuelta Sudamericana.

Y ahí, entre otras cosas, Viel Temperley, ya cerca de su muerte había dicho la siguiente frase: “Fui traspasado por una sensación de amor tan intensa que me arruinó la vida en el mundo”.

Algo así es lo que hace la obra de Viel con uno, en uno, traspasar por amor, pero sin arruinar la vida, más bien todo lo contrario, otra de esas personas de un vivir tan intenso y amor al andar por acá, el mundo, y a observar, y poder nombrar, algo de ese beneficio, esa bendición, que hacen que valga la pena algo, esto por ejemplo, esto ahora acá, estar y ver y decir: yo vi, yo viví, y dije.

Hicimos la obra, la estrenamos en el Espacio Callejón, fue mi primera obra como directora, decíamos muchos textos de Viel, tenía algunas cosas lindas la obra, a muchas otras le faltaba, pero en la trama personal Temperley le estaré agradecida siempre a Viel, por haber escrito.

Repaso cada una de las líneas de Hospital Británico que es, a su vez, el repaso que hace el propio Viel Temperley de su poesía y al mismo tiempo que me pregunto cómo y por qué nos interpelaban tanto sus palabras a los veinte, veinte años después, las leo, y entre esas mismas palabras están agazapadas las nuestras, nuestra lectura de entonces, la de la obra, la del teatro, la de la amistad. ¿Cómo y por qué nos interpelaba de ese modo la poesía de un señor místico de zona norte, combatiendo contra una enfermedad en su cuerpo? ¿Cómo y por qué? ¿Qué ese poder de la poesía que todo lo traspasa y es ubicuidad y es experiencia compartida? El amor es lampo y lobreguez, decía Juan Filloy, lectura de esas épocas también, y digo que la poesía también lo es, lampo que ciega y permite ver todo, estar viendo todo como si fuera la única vez. 

Vi una pelota/igual a todas/que el viento se llevaba/mar adentro.

Después de perseguirla/ una milla marina/ colores de planeta y África/ tiraban de la punta/ de mis dedos.

Y yo pensaba:/ si te sigo, muero.

Héctor Viel Temperley, Humanae vitae mia, 1969.

 RP

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