Hace 20 años, con el país a punto de estallar, Bilardo lanzaba su candidatura presidencial para gobernar la Argentina

Bilardo y su candidato a vice Denis Pitté Fletcher

A la distancia, 20 años después, la imagen resulta extravagante, como algunas de las que involucraron a Carlos Bilardo fuera del fútbol. Ocurrió una noche de 2001, cuando el campeón del mundo en 1986 ya se había lanzado a candidato a presidente de Argentina para las elecciones de 2003. El entrenador no tenía experiencia en política pero, como todo aspirante a la Casa Rosada, mandó a imprimir afiches de campaña con su nombre para que fueran pegados por los barrios más transitados de Buenos Aires. Detallista como siempre, obsesivo para controlar todo, Bilardo también acompañaba a los empapeladores: les sugería cómo y dónde ubicarlos. Pero al llegar a la esquina de Rivadavia y Entre Ríos, a metros del Congreso, las cosas se le complicaron.

“Salíamos de radio La Red, donde Carlos tenía un programa a la medianoche, y seguíamos a los pibes que ponían los afiches. Eran los más baratos, blancos y negros. Decían ‘Bilardo presidente’, todo a pulmón”, recuerda Martín Sesana, productor del entrenador entre 1997 y 2011. “Los chicos los pegaban en la pared y con Carlos dábamos una vuelta a la manzana para ver si quedaban bien, pero nos topamos con otros pibes que colocaron afiches de ellos sobre los nuestros. Carlos se metió y les dijo ‘eh, son los míos’. Eran personas que no se apichonaban y no reaccionaron ‘ah, perdón, ya lo saco’, sino que apuraron a Carlos. El tema se puso picante y nos salvaron los recolectores de basura: pasó un camión de Cliba, vieron a Carlos discutir, bajaron, nos apoyaron y se calmaron las aguas”, detalla Sesana, que ahora vive en México pero durante 14 años fue una sombra de Bilardo, acompañándolo a todos sus trabajos y proyectos, también los más inesperados.

La personalidad impar de Bilardo explica que un técnico de fútbol sin relación con la política haya intentado ser presidente de la Argentina que iba en picada hacia el desastre de diciembre de 2001. Casos de deportistas ocupando el cargo político más alto de un país hay pocos: George Weah, fantástico delantero del París Saint Germain y el Milan en la década del 90, es presidente de Liberia desde 2018. Hace un mes sorprendió un caso inverso: el vicepresidente de Surinam, Ronnie Brunswijk, decidió incluirse en un partido del equipo del cual es el principal accionista, el Inter Moengotapoe, por la Liga Concacaf.

Bilardo había comenzado a delinear su salto a la política en los últimos meses de 2000. Quien sería el vicepresidente nacional de su espacio, el abogado Denis Pitté Fletcher, recuerda los inicios: “Con Carlos nos presentó José De All, el dueño de Medicus y diferentes sanatorios, como el Otamendi, que había sido su profesor en la Facultad de Medicina. Yo también quería meterme en política, fundar un partido y con Carlos nos pusimos de acuerdo. Empezamos a convocar gente. Tuvimos algún almuerzo con Patricia Bullrich y Roberto Cachanosky”. Aunque no se sumó al espacio de Bilardo, el economista confirma aquel almuerzo: “Me llamó un grupo de gente del partido conservador -dice Cachanosky-. Bilardo quería fundar un espacio político, y que fuera el primero del milenio. Almorcé con él y me pareció un tipo muy macanudo. Intercambiamos ideas pero no avanzamos más”.

El entrenador intentó ser presidente a su modo. Apostó a su voluntarismo y a los golpes de efecto para avanzar casilleros. El puntapié inicial fue su convocatoria en la confitería La Ideal, en Suipacha y Corrientes, para lanzar un doble anuncio: la creación de su Partido de la Unidad (UNO), y su candidatura a presidente para las elecciones de 2003. El detalle bilardiano fue el día y la hora: en el primer minuto del 1° de enero de 2001. Según recuerda Sesana, “Carlos fogoneaba lo del primer partido político del milenio. Algunos le decían ‘Carlos, no va a ir nadie, es Año Nuevo’, pero él tenía el aparato de prensa armado. Vinieron cámaras de todos los canales”. Para Pitté Fletcher, “el salón estaba lleno, había una multitud. Y su discurso comenzó a las 24 en punto”.

Crónicas del día siguiente al lanzamiento de UNO señalan que Bilardo definió a su partido como un "centro integrado por empresarios, gente trabajadora, médicos, ex fiscales y ex jueces". En aquella primera madrugada del siglo, el entrenador justificó su candidatura con frases de su estilo: “He enseñado cómo se viaja en un avión a diputados, cómo se reclina el asiento, cómo se hace para escuchar música. Les regalaban pasajes en primera clase y no sabían usar los botones”. El técnico también dijo que Diego Maradona podría sumarse como ministro.

Como al comienzo la justicia electoral no le adjudicó valor legal a su fuerza política, Bilardo se propuso que UNO fuera reconocido en Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Misiones; los cinco distritos que necesitaba para competir en las elecciones de 2003. “Yo iba a las canchas y los hinchas me firmaban para que UNO entre a la justicia electoral”, reconstruyó Bilardo en 2014. “Primero inscribimos el partido en Capital. Necesitábamos 4.000 firmas. Carlos puso una mesita a la salida de la cancha de San Lorenzo, se paró ahí, y todo el mundo nos firmaba. El partido llegó a siete provincias, avanzamos mucho”, agrega Pitté Fletcher. “Carlos venía con unas planillas y nos pedía a los empleados de la radio que le completáramos nombre y apellido para afiliarnos. También ponía una mesa con dos sillas, todos los días, en Lavalle y Florida. Decía que por ahí pasaban un millón y medio de personas”, recuerda Sesana. 

Pitté Fletcher, reconocido como Bilardo como “un prestigioso jurista” en su autobiografía Doctor y campeón (Planeta, 2014), en la que el entrenador le dedicó una página a su incursión política, recuerda una experiencia intensa durante 2001. “Viajábamos mucho a las provincias. Carlos mezclaba política con deporte: lo invitaban a dar charlas y me incluía a mí, que de fútbol no sé nada, pero nos quedábamos un par de días para armar el partido. Nos salía gratis el hotel, ahorrábamos mucho. Carlos tenía un entusiasmo que me impresionaba. En La Pampa y en Paraná me pasó que eran las 2 de la mañana, yo estaba durmiendo, y Carlos me tocaba la habitación del hotel y me decía ‘Denis, se me ocurre tal cosa’. De cada viaje por las provincias me volvía riendo”, agrega el entonces vicepresidente de UNO, hoy de 60 años, y ya lejos de la arena política. Según reconocieron Ricardo Giusti, Sergio Batista y otros futbolistas campeones del mundo en México 86, Bilardo también pasaba por las habitaciones de los jugadores durante la madrugada y los despertaba para recordarles conceptos técnicos.

Pero acaso la mayor particularidad es que Bilardo no quería arrancar ni terminar su carrera política desde el llano, sino como presidente. Consultado a los pocos días por qué no empezaba desde abajo, el técnico respondió:

-¡Porque me los conozco a todos! Conozco a muchísimos diputados y senadores. Y como sé cómo actúan, no quiero presentarme ni como concejal ni como diputado ni nada. Cuando estudié medicina, iba a todas las clases, incluso a las de las siete de la mañana. Pero ¡qué voy a aprender en política! No voy a perder 30 años.

Sesana explica el contexto: “Desde que dejó de ser el técnico de Boca (en diciembre de 1996), empezó a hablar de sus aspiraciones políticas. Decía que, salvo (Antonio) Cafiero, él era el dirigente más viejo de Argentina. Repetía que había estado afiliado a la UES (Unión de Estudiantes Secundarios, una organización política creada en 1953 por el ministerio de Educación de Juan Domingo Perón). Y que por eso era el político más antiguo, estaba obsesionado con eso”.

-¿Por qué se metió en la política si dijo que en el colegio ni se metía?-, le preguntó un periodista de la revista El Gráfico en 2001, pocos meses después de su lanzamiento.

-En la secundaria estuve en la UES desde los 13 hasta los 18 años. Asistía a los discursos de Perón-, respondió Bilardo, siempre con una salida a mano.

Sobre ese paso por la UES, como si hubiera significado un hito en su formación, el entrenador volvería a hablar muchos años después, cuando el experimento de UNO ya había fracasado. “Yo estudié en el colegio Bartolomé Mitre, cerca del Abasto. Había que poner un representante de cada división para la UES, y en primer año me pusieron a mí, que era el más chico de los muchachos. Inauguramos los complejos de Chapadmalal y Embalse Río Tercero, y después íbamos a los discursos de Perón. Fui a varios. Hasta al teatro Colón fui con Perón”, contó a Página 12 en 2014.

Después de diez años de Carlos Menem en el poder -al que el técnico había votado en 1989 y 1995-, y ya con la Alianza presidida por Fernando de la Rúa en crisis terminal, Bilardo se movía en una frontera movediza, difícil de encasillar: nunca se declaró antipolítico, pero sí repetía la falta de credibilidad de los partidos tradicionales. “A todos les digo: quieren seguir en ésta, sigan; pero después a mí no me digan nada. Probaste veinte años, cuarenta años, seguí como vos querés, pero después no me lloren más”, dijo en una entrevista a La Nación de febrero de 2001. Además repetía, sin mucha precisión, que su espacio era “de centro”. Otras, que era “centrista y peronista”. También que “yo no diría ni izquierda ni derecha ni centro. Es todo lo mismo”. Pero consultado sobre si sumaría al líder carapintada Aldo Rico, quien años atrás lo había convocado al Modín (sin que Bilardo aceptara), el técnico dijo que no. 

-¿Revisaría las privatizaciones?, -le preguntó una periodista.

-Será una de las primeras cosas, sí, seguro. Y a cada empresa le voy a poner un stopper, como en el fútbol, ¿vio?, que es la marca-marca. Vos, empresa, decime: ¿qué hiciste por el país? Dejame estudiarte a ver qué hiciste estos últimos diez años. Pum. Chau.

Pitté Fletcher precisa la ideología de UNO: “Liberalismo nacional”, explica el vicepresidente del partido de Bilardo. “De liberalismo de proteger los derechos individuales, de respetar la constitución y proteger la industria. Teníamos un plan muy serio en seguridad, de aumentar las penas en el código penal. Apuntábamos a la seguridad y a la economía en primer plano, sin descuidar la salud y la educación, donde Carlos siempre hacía hincapié”. A diferencia de Bilardo, el abogado tenía cierta experiencia en política. “En 1983 milité en La Plata para la UCeDé de Álvaro Alsogaray y en Magdalena fundé la filial. Luego dejé la política para dedicarme a mi profesión, hasta que en 2000 diseñé y armé la estructura legal del Partido de la Unidad (UNO). Carlos transmitía mucho entusiasmo, alquilábamos locales, no sólo ponía su nombre, también su energía. Yo soy liberal pero a Alsogaray no lo votaba ni el loro. Carlos generaba mucha penetración a nivel pueblo”.

Encasillar políticamente a Bilardo, más allá de su partido, no es tan sencillo. Según Sesana, su productor: “A la distancia creo que se autoproclamaba como peronista de centro, pero a la vez decía que el peronismo se había muerto con Perón, en 1974, y que entonces había que hablar de justicialismo, no de peronismo. Carlos había jugado al fútbol en los torneos Evita, hablaba muy bien de Evita y en la radio pasaba muchos discursos de Perón”. Pitté Flechter ajusta su mirada: “Él decía que era peronista pero peronista del último Perón, que había que rescatar al Perón del 73, ya con un discurso más capitalista que socialista, el león hervíboro”.

Aunque Bilardo se tomaba muy en serio su candidatura, muchos lo miraban como una particularidad más de un hombre que cada tanto se confundía con su personaje. El otro entrenador campeón del mundo -en 1978-, César Menotti, aprovechó para desempolvar la vieja pelea entre ambos. “La política es generosa si lo saca a Bilardo del fútbol”, dijo Menotti.

-¿Le molesta que algunos tomen su candidatura como un divertimiento?, le peguntaron a Bilardo en aquel 2001.

-Al principio, muchos pensaban en eso. ‘Bilardo, ¿qué es esto, una broma?’, me decían. No, les decía yo. Yo me voy a presentar en 2003 porque quiero que las cosas cambien. Ya lo dije antes: la Alianza no va a poder gobernar. Esta fue una alianza para ganar, nada más. Las cosas andan mal. La Argentina está en terapia intensiva.

Bilardo también hablaba de apoyo exterior. “Me llamó Gadafi, el hijo (Al Saadi, ex capitán de la selección libia, dirigido por Bilardo el año anterior). También (Silvio) Berlusconi”. Su vicepresidente, Pitté Flechter, lo recuerda: “Tuvimos muchas reuniones. Una fue con el hijo de Gadafi, que llegó a Buenos Aires para un Congreso de la FIFA en 2001. Nos reunimos en el hotel Alvear y se puso a disposición para ayudarnos, pero Carlos no aceptó”.

De su potencial gabinete, Bilardo habló poco y nada, aunque Roberto Solá (ex fiscal de investigaciones administrativas de la Nación) era un potencial ministro de Justicia, en las charlas de salud participaba Jorge Aufiero (actual presidente de Medicus) y el ideólogo en economía era Armando Ribas, el más liberal de los cubanos, residente en Argentina desde la década del 60.

Pero Bilardo finalmente no fue candidato a presidente en 2003. El entusiasmo inicial se fue apagando de a poco. En el Mundial 2002 ya casi no hablaba de su candidatura y poco después volvió al fútbol, a dirigir a Estudiantes. “Pasaron dos cosas, que Carlos se dio cuenta de que necesitaba muchísimo dinero para la campaña, y no lo tenía, y que su mujer, Gloria, que siempre apoyó sus iniciativas, le dijo ‘en esta no estoy de acuerdo’. Y entonces Carlos se bajó”, detalla Sesana. “Cuando avanzamos mucho, los costos de mantenimiento de estructura se hicieron enormes. Nos dimos cuenta que, sin dinero, no se puede hacer política. Hicimos los números y no llegábamos. Ahí nos desanimamos. Avanzamos hasta el 2003 y paramos”, agrega Pitté Flechter.

Una noticia breve en 2009, en la sección política de los diarios, informó que la Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires dispuso la caducidad de la personería jurídica de UNO, “el partido fundado por Bilardo”, que entre 2007 y 2008 sí había sido secretario de deportes del gobernador bonaerense, Daniel Scioli. “Mantuvimos el contacto siempre, comíamos juntos muy seguido, hasta que se enfermó, hace tres años. Extraño mucho a Carlos”, lo recuerda con sentimiento Pitté Flechter, el número 2 del partido más inesperado de Bilardo.

AB

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