Reunión del G7 en Alemania

Alberto Fernández viaja a la cumbre de las siete naciones más ricas, atentas al efecto de las sanciones a Rusia y la escasez de energía

"Lucha al G7. Paguen la guerra y el rearme", reclama un manifestante este sábado en Múnich.

Alberto Fernández viajará esta noche en un avión alquilado a Aerolíneas Argentinas a la cumbre del G7, el grupo de las siete naciones más ricas del mundo, que se celebrará en el castillo Elmau, que en el medio de los Alpes alemanes fundó a principios del siglo XX el filósofo y teólogo Johannes Müller y que después de la Segunda Guerra Mundial fue usado como refugio para los sobrevivientes de los campos de concentración. Sólo cinco jefes de gobierno están invitados por fuera de los líderes de los países del G7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia): Narendra Modi, primer ministro de India; Joko Widodo, presidente de Indonesia, que a su vez está presidiendo el G20, el grupo que en 1999 nació para reunir a las 20 mayores economías del mundo, que entonces incluía a la Argentina (bajó del puesto 16º al 26º actual) y que incluye a China y Rusia también; Cyril Ramaphosa, de Sudáfrica; Macky Sall, de Senegal, que encabeza la Unión Africana; y Fernández, en calidad de jefe de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

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Joe Biden, el anfitrión Olaf Scholz, el británico Boris Johnson, el francés Emmanuel Macron, el japonés Fumio Kishida, el canadiense Justin Trudeau y el italiano Mario Draghi buscan dar un mensaje contra la invasión rusa en Ucrania, pero también atender las consecuencias de sus sanciones económicas contra el gobierno de Vladimir Putin en el resto del mundo. Saben que sus cinco invitados son democracias, cuatro de ellos pertenecen al G20, que condenaron con diversos matices la guerra, pero mantienen con variados tenores su diálogo con Rusia. El G7, que representa ese concepto llamado Occidente, aunque incluya a Japón, quiere tener al mundo emergente de su lado o al menos que no se abrace a China y Rusia, que acaban de celebrar con el Brasil de Jair Bolsonaro, India y Sudáfrica la cumbre de los BRICS. Allí estuvo también Fernández como presidente de la CELAC aunque con intervención virtual.

Alimentos y energía

Entre las consecuencias económicas del conflicto bélico figuran la crisis de alimentos y la de energía. La primera amenaza con dejar en la hambruna a más africanos, latinoamericanos y asiáticos. La segunda golpea las puertas de la propia Alemania. Rusia ya le recortó el 60% del suministro de gas y el próximo 11 de julio iniciará tareas de mantenimiento de rutina del gasoducto Nord Stream, que conecta al territorio alemán, y eso ha provocado la reacción del ministro de Economía de Scholz, Robert Habeck: “Tendría que mentir si dijera que no le tengo miedo”. Alemania teme llegar al próximo invierno boreal, dentro de seis meses, sin calefacción ni agua caliente y los inquilinos advierten sobre desalojos si dejan de pagar el encarecido servicio de gas.

En ese contexto, “el gas de la Patagonia podría algún día reemplazar las entregas de Rusia”, destaca uno de los más prestigiosos diarios de Alemania, Süddeutsche Zeitung. Pero advierte que para ello la Argentina requiere de infraestructura y financiamiento, de lo que por ahora carece. De todos modos, el país viene batiendo récords de producción en Vaca Muerta que lo ubicaron el año pasado en el 18º puesto de extracción en el mundo. Entre los invitados al G7 también destaca Indonesia, en la posición 15º. Pero la Argentina también puede ofrecer al mundo soja, maíz, trigo, frutas y carne, según Süddeutsche Zeitung.

“La presencia es el mensaje”, analizan en la comitiva de Fernández, que viajará con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, enfurecido por el ingreso de Daniel Scioli al Gobierno, no conforme con que sólo le dieran la Aduana a uno de sus hombres, Guillermo Michel, por lo que sigue alentando insólitas pretensiones de ser ministro de Economía; el canciller Santiago Cafiero, los secretarios general de la Presidencia, Julio Vitobello, Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, y la vocera presidencial, Gabriel Cerruti. A último momento se bajó el embajador en Washington, Jorge Argüello, que está preparando la visita del Presidente a Biden el 25 de julio. “Alberto en el G20 muestra el rol de la Argentina en Latinoamérica, para los que se reían de la importancia de que buscara la presidencia de la CELAC... Como tal habló en la Cumbre de las Américas, ahora ante los BRICS y este lunes en el G7. La Argentina tiene mucho para decir de los temas de la cumbre: Rusia, crisis alimentaria, crisis energética, cambio climático, derechos humanos, democracia”, destacan en el Gobierno.

Precisamente, la crisis climática es uno de los asuntos de la cumbre, pese a que el gobierno del socialdemócrata Scholz, en el que están integrados Los Verdes, acaba de anunciar que reabrirá minas de carbón para producir la energía que ha dejado de recibir de Rusia. Nada más contaminante. El petróleo también lo es, pero el gas se ve como una energía de transición hasta que se desarrollen más las renovables como la solar, la eólica, el hidrógeno verde o el litio. Una más de las contradicciones de la cumbre del G7.

Fernández aterrizará este domingo en la tarde de Múnich y después se reunirá con Modi, que intenta mantener a India equidistante entre Occidente, China y Rusia, fiel a su tradición del Movimiento de los No Alineados. El jefe de Estado argentino apuesta a un sendero similar, aunque el país dejó de pertenecer a ese grupo con Carlos Menem en 1991, año de la disolución de la Unión Soviética y en que el entonces canciller Guido Di Tella habló de “relaciones carnales” con Estados Unidos. A la noche, Fernández participará de la actividad de bienvenida de los países invitados al G7 en el teatro Cuvilliés, con espectáculo de ópera, y posterior cena ofrecida por el presidente del estado de Baviera, Markus Söder.

El lunes será el día clave cuando Alemania trasladará en helicóptero a los líderes desde Munich al castillo Elmau para la cumbre. Allí Fernández tendrá además reuniones bilaterales con Scholz, después de la visita que le hizo en mayo y en la que avanzaron sobre posibilidades de exportarle gas e hidrógeno verde en el largo plazo; y con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, interesada en reflotar el acuerdo Unión Europea-Mercosur, que firmó en su momento Mauricio Macri, pero nunca se puso en práctica. Tal vez el pacto se reflote si Bolsonaro pierde las elecciones de este año y se frena la deforestación amazónica, aunque siempre quedará Francia -con un Macron debilitado por izquierda y ultraderecha tras los recientes comicios legislativos- para resistir la competencia agrícola. Después se ofrecerá una cena final del G7 y está en duda de si Fernández regresará esa misma noche o hará un vuelo diurno al día siguiente. Al igual que le sucedía a Macri con tanto protagonismo internacional, será la hora de volver a la tensión local.

AR

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