Por dos días en su vida, Alberto Fernández busca alejarse de la interna y mostrarse como líder latinoamericano en el mundo

Fernández al llegar al aeropuerto de Múnich.

A Mauricio Macri le sucedía lo mismo cuando era presidente. Más allá de que el canciller Santiago Cafiero lo calificó de “arrastrado” en su política exterior, por su alineamiento con Estados Unidos y la Unión Europea, y de que Alberto Fernández practica un mayor multilateralismo, con mejores vínculos con China, ya no con Rusia tras la invasión a Ucrania. Pero así como Macri buscaba cambiar la agenda de su gobierno y mejorar su imagen en medio de la crisis socioeconómica de 2018 organizando la reunión presidencial del G20 en Buenos Aires, ahora Fernández apuesta a desplegar un rol de líder latinoamericano y aprovechar su buen tino de postularse a la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para ser escuchado como tal en las recientes cumbres de las Américas y de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y este lunes en la del G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Canadá e Italia) en Múnich, mientras suenan tambores de Tercera Guerra Mundial. No muy lejos de Alemania, separada sólo por Polonia, desde Ucrania Volodimir Zelenski ofrecerá un discurso virtual al G7.

Alberto Fernández viaja a la cumbre de las siete naciones más ricas, atentas al efecto de las sanciones a Rusia y la escasez de energía

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Por dos días en la vida, Fernández quiere alejarse de la interna del Frente de Todos, recalentada no sólo por los habituales reproches de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner sino ahora también por los gobernadores, que se suponían sus aliados, pero que a un año y medio de las elecciones temen por el impacto de la inflación, las protestas piqueteras y la falta de gasoil y piden más participación en el Gobierno. Durante dos días, el Presidente quiere concentrarse en una agenda internacional en la que la guerra de Ucrania ha puesto a Latinoamérica en un papel estratégico, ya no es sólo una víctima de las consecuencias negativas del conflicto bélico por la escasez y el encarecimiento de la energía y los alimentos, sino también es una potencial proveedora de ambos recursos clave. Serán dos días, hoy y mañana, en los que podrá lucirse y lucir a la Argentina, pero, como le sucedía a Macri, el martes deberá volver al barro local. La política exterior no cambia la interna, aunque puede influirla.

La Argentina está presente como uno de los cinco únicos países invitados a la cumbre del G7, junto con India, Indonesia, Sudáfrica y Senegal y lo hace porque ejerce la presidencia de la CELAC. También es cierto que las dos principales economías latinoamericanas ostentan liderazgos cuestionados en el mundo rico: Jair Bolsonaro ya estaba enemistada con la UE por la deforestación amazónica pero perdió a su aliado inicial Estados Unidos cuando cambió de presidente, de Donald Trump a Joe Biden, y reaccionó abrazándose a Xi Jinping y Vladimir Putin, que constituyen las sombras que el G7 quiere alejar del mundo emergente; y Andrés Manuel López Obrador, que también se ha distanciado del líder demócrata y faltó a la Cumbre de las Américas en solidaridad con Cuba, Nicaragua y Venezuela, excluidas de la cita. Después de Brasil y México, la Argentina es la tercera economía latinoamericana, por encima de Colombia (cuya alianza con Washington están en duda con el presidente electo Gustavo Petro), el Chile de Gabriel Boric, debilitado en el arranque de su gobierno, y el Perú del tambaleante Pedro Castillo. Fernández también está frágil, como la situación socioeconómica del país, pero puede exhibirse ante el G7, Asia y África como proveedor de lo que el mundo necesita: alimentos, aunque las cosechas no aumentan de un día para el otro, y energía, pero se necesita invertir hasta US$ 10.000 millones en cuatro años para exportar gas en barco a todos los rincones.

“Queremos llevar la voz de la región al mundo”, se proponen en la comitiva presidencial, que integran Cafiero, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa -otro que reclama más participación en el Gobierno-, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, entre otros. “Queremos contarles a los países ricos las consecuencias de la guerra en Latinoamérica, con un mayor grado de alarma de lo que venimos contando en las cumbres anteriores. Los países del G7 deben tener en cuenta las consecuencias de las sanciones que le aplicaron a Rusia”, agregan antes del discurso que Fernández ofrecerá este lunes en el castillo Elmau, en medio de los Alpes alemanes, ante Biden, el alemán Olaf Scholz, el japonés Fumio Kishida, el francés Emmanuel Macron, el francés Justin Trudeau, el italiano Mario Draghi y el británico Boris Johnson -el reclamo por Malvinas se hará hueco en el discurso-. Se esperan protestas de la izquierda alemana contra la decisión de su gobierno (socialdemócrata, aliado a verdes y liberales) y de las otras potencias occidentales de armar a Ucrania y castigar económicamente a Rusia, como las que ya ocurrieron este sábado en Múnich, a 90 minutos de viaje del castillo. Ni Occidente ni Putin se hacen cargo del impacto de sus acciones en el abastecimiento de granos ucranianos y energía rusa al mundo. 

“Pero también vamos a hablar de las oportunidades”, aclaran en el Gobierno sobre el potencial latinoamericano en alimentos y energía. Claro que no todos los países de la región se encuentran en la misma posición: están los productores agrícolas como los del Mercosur, los de energía como México, Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú, Brasil, Bolivia y, si invierte lo suficiente, la Argentina y los que sufren porque deben importar ambos recursos, como los centroamericanos o Chile. América Central también clama por acelerar la transición energética porque la crisis climática recrudece los huracanes y las tormentas, mientras que Alemania ahora quiere retrasarla por la falta de gas ruso y vuelve a abrir minas de carbón.

“Podemos ser friendshoring (puerto amigable) de gas y alimentos”, destacan en la delegación. “Las cadenas de valor colapsadas por la guerra pueden relocalizarse en zonas de paz”, se ofrecen en la Argentina como alternativa al gas ruso. 

“Queremos que el G7 se involucre para financiar la pospandemia y las consecuencias de la guerra”, proponen en la comitiva presidencial. Claro que los países ricos no son como China, que ofrece su propio financiamiento, sino que remiten a los organismos multilaterales. Por eso, la Argentina pedirá que el Fondo Monetario Internacional (FMI) emita más derechos especiales de giro (DEG), como los que repartió entre sus miembros por el Covid-19. Incluso está pendiente que los países ricos redistribuyan los DEG que recibieron en pandemia y no necesitaron utilizar. También la Unión Europea envió a ayudas a sus miembros y naciones como España e Italia tampoco los usaron. Son fondos que están ahí y que los estados pobres y de ingresos medios, como la Argentina, están ansiosos por absorber. 

El Gobierno intenta apelar a los lazos históricos con Madrid y Roma para pedir fondos, aunque la guerra ha creado nueva necesidad de Alemania por abastecerse de granos y gas y ha cambiado la lógica de la relación bilateral Berlín-Buenos Aires, antes acotada y concentrada en el FMI. En mayo o menor medida, toda la Unión Europea está urgida. “La guerra hizo a Sudamérica atractiva para Europa, como ya lo era para China”, analizan en la comitiva presidencial. “La clave está en cómo negociás tu riqueza.” La Argentina también busca ofrecerse como bloque continental, con el Mercosur, pero también con Estados Unidos y Canadá, como proveedores de alimentos. 

Fernández pronunciará dos discursos en la cumbre del G7: uno sobre alimentos y energía y otro sobre geopolítica internacional. También mañana se reunirá con Scholz y con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con la que se intenta reflotar el acuerdo UE-Mercosur, pero sobre todo si Bolsonaro deja el poder en enero próximo. Si Luiz Inácio Lula Da Silva vuelver al Planalto, cambiaría la política amazónica y podría reactivarse la negociación, aunque Francia quizá inventaría otro argumento para resguardar su sector agrícola. Una victoria electoral de Lula también lo convertiría en el nuevo líder latinoamericano y opacaría la circunstancial estrella internacional de Fernández.

El Presidente mantendría mañana otras dos reuniones bilaterales sorpresa, pero hoy también tiene un encuentro de relevancia: con el primer ministro indio, Narendra Modi. India es otra de las potencias del mundo, cuya economía intenta rivalizar sin éxito con China, y está elevando sus compras de aceite de girasol de la Argentina, ahora que Ucrania ya no puede producir por la invasión.

AR

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