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El directorio del FMI se reúne informalmente para analizar la complicada negociación con la Argentina

Sede del FMI en Washington.

Alejandro Rebossio

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Los 24 directores del Fondo Monetario Internacional (FMI), que representan a sus 190 países miembros, se reúnen de manera informal cada 15 días en la sede de Washington. Este martes iban a celebrar su primer encuentro no oficial de 2022 y el tema más importante que los convocaba era el máximo préstamo que el organismo otorgó en su historia, los US$ 44.000 millones que en 2018 le otorgó a la Argentina de Mauricio Macri. Los directores de las potencias occidentales observan con preocupación el rumbo de la renegociación de esa deuda con el gobierno de Alberto Fernández y quieren escuchar los detalles de boca del staff del Fondo que está dialogando con las autoridades argentinas.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, reconoció en una entrevista con la agencia de noticias francesa AFP este martes que habla varias veces por día con los técnicos del FMI y que ha habido avances respecto de una semana atrás, cuando él mismo había advertido que el organismo le reclamaba ajuste del gasto público. Admitió diferencias de objetivos, aclaró que los suyos son de crecimiento económico y mejora social, reconoció que no hay acuerdo perfecto y que nadie quedará contento con lo que se firme.

Entre las potencias occidentales se advierte que la Argentina no quiere recortar lo suficiente y consideran que sin ello el plan económico resultará inconsistente. Como siempre, el FMI recomienda el ajuste. Observan que Guzmán puede comprender sus reclamos, pero no así la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Le piden paciencia al ministro cuando les solicita eliminar los sobrecargos que pagan 20 países, incluida la Argentina, por sus deudas con el FMI porque consideran que ese cambio no puede darse tan rápido como él pretende, al mismo tiempo que negocian contra reloj el acuerdo de la Argentina. En los últimos días, legisladores demócratas se unieron a la petición de Guzmán para presionar a su gobierno, el de Joe Biden, para que quite las sobretasas. Lo que sí descartan de plano las potencias es una reforma del estatuto del FMI para alargar de diez a 20 años los plazos para devolver los préstamos, tal como insiste Cristina Kirchner.

En el directorio ven casi imposible que se acuerde con el gobierno de los Fernández hasta marzo. Incluso consideran complicado que se pacte ese mes. El 22 de marzo cae un vencimiento impagable de US$ 3.588 millones con el FMI. Si no se arriba a un convenio para entonces, el país caerá en un atraso que puede complicar aún más su situación financiera y cambiaria. El dilema parece radicar en que el Gobierno acepte más ajuste o se atenga a una turbulencia mayor, aunque también están los oficialistas que abogan por pedir auxilio a China y Rusia, cada vez más enfrentados geopolíticamente y casi militarmente a Estados Unidos.

En el gobierno de Biden no quieren caer en lo mismo que el de Donald Trump en 2018, es decir, en que el FMI acuerde con la Argentina por cuestiones políticas. Hace cuatro años, el entonces presidente republicano respaldó a Macri como líder de la derecha en Latinoamérica y presionó para que el Fondo aceptara un programa económico que finalmente ahondó la crisis. En ese tiempo, el economista ortodoxo pero demócrata David Lipton era subdirector gerente del organismo y se resistía a tanto a Trump como al entonces presidente del Banco Central argentino, Luis Caputo, que gastaba las reservas reforzadas por el crédito del FMI para contrarrestar sin suerte el vendaval devaluatorio y la fuga de capitales. Ahora Lipton es asesor del Departamento del Tesoro en el gobierno de Biden y quiere que esta vez el Fondo se guíe por cuestiones técnicas para aprobar un plan argentino.

El canciller Santiago Cafiero intentó convencer este martes al secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, que la Argentina vuelva a guiarse por criterios políticos, como en 2018, pero esta vez no para defender un gobierno de derecha sino para evitar que la administración del Frente de Todos gire aún más a la izquierda, deje el multilateralismo y afiance sus vínculos con los presidentes chino, Xi Jinping, y ruso, Vladimir Putin. Claro que en las conversaciones diplomáticas no hay amenazas explícitas, pero en Occidente igual las perciben con desconcierto.

En la autoevaluación que el FMI elaboró en diciembre pasado del préstamo a la Argentina de Macri surgió la autocrítica de que aquel crédito se otorgó más por motivos políticos que técnicos y sin un análisis más detallado. Ahora el directorio del organismo quiere evitar el mismo error y prevé tomarse más tiempo para estudiar el programa económico al que vayan a arribar su staff y Guzmán.

AR

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