Cumbre de líderes políticos en Alemania

Fernández condenó a Rusia, pero pidió al G7 que redirija fondos del armamentismo al reparto de DEG a los países emergentes

Alberto Fernández en la foto oficial del G7 en Alemania

Alberto Fernández vino invitado a la cumbre del G7 de hoy en el castillo Elmau, en los Alpes alemanes, como presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y como tal habló este mediodía ante los líderes de las siete economías más ricas del mundo, ninguno con corbata porque en este hotel de lujo no hay aire acondicionado para enfrentar calores poco usuales en el verano bávaro. El Presidente reiteró su condena a la invasión rusa de Ucrania, pero también le pidió a los jefes del G7 que destinen menos fondos al armamento, como el que Occidente suministra al gobierno de Kiev, y más a la alimentación, la educación, la salud y la lucha contra el cambio climático.

Por dos días en su vida, Alberto Fernández busca alejarse de la interna y mostrarse como líder latinoamericano en el mundo

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“Soy consciente de que sólo 1.800 kilómetros separan este recinto de donde se está librando una guerra”, arrancó Fernández ante la mirada del norteamericano Joe Biden, el anfitrión Olaf Scholz, el japonés Fumio Kishida, el británico Boris Johnson, el francés Emmanuel Macron, el canadiense Justin Trudeau y el italiano Mario Draghi. “La Argentina condenó la invasión de Ucrania por parte de la Federación de Rusia”, reiteró el jefe de Estado horas después de que Vladimir Putin volviera a bombardear Kiev después de tres semanas sin hacerlo, en lo que fue interpretado como un mensaje al G7. De hecho, los líderes de las siete potencias dialogaron ayer sobre la posibilidad de elevar las sanciones económicas a Rusia al ponerle un tope de precios al petróleo que aún le compran. Su principal preocupación en esta cumbre se centra en frenar el encarecimiento de la energía. Mientras, Fernández pidió diálogo ante la amenaza de una Tercera Guerra Mundial: “Ahora necesitamos impulsar el diálogo entre las partes involucradas. La historia da cuenta de que cada conflicto terminó, con acuerdos logrados sobre la base de iniciativas concretas. Tomemos ya la iniciativa en procura de la paz. Hagámoslo antes que sea demasiado tarde. El mundo entero, y no exclusivamente Europa, precisa una paz duradera, resistente y sólida”. 

“La guerra que nos ocupa es una tragedia. Los flujos comerciales y la logística, ya seriamente dañados durante la pandemia, llegaron a un punto crítico. Los mares están militarizados. La guerra promueve el gasto en armamentos en detrimento de la inversión en proteínas, salud o educación que tanto necesita la humanidad”, alertó el Presidente. Más adelante insistió: “Es un auténtico escándalo que no nos perdonarán las futuras generaciones el hecho de que se esté incrementando el presupuesto mundial en armamentos destructivos, mientras aún no se han cumplido los aportes mundiales para el Fondo Verde del Clima”.

Reclamó más reparto de fondos desde el Fondo Monetario Internacional por las consecuencias económicas negativas de la guerra, como la distribución que sucedió para enfrentar la pandemia: “Los Derechos Especiales de Giro emitidos por el FMI constituyen una oportunidad para mejorar las condiciones sociales. La canalización de los DEG a través del Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad (el nuevo instrumento que creará el Fondo) debe incrementarse incluyendo a los países de renta media -se refirió a que no sólo se atienda a las naciones pobres-. No deben ser instrumentos destinados a engrosar las reservas de bancos centrales que no los necesitan -aludió al hecho de que los estados ricos no utilizaron los DEG que el organismo envió por el Covid-19 porque no los necesitaban-. Deben tener un sentido social capitalizando bancos regionales para financiar infraestructura requerida para el desarrollo que el cambio climático además exige”. En tiempos en que Alemania retrasa la transición energética y vuelve a recurrir a su carbón por la falta de gas ruso, que atemoriza a los ciudadanos de a pie por la calefacción el próximo invierno boreal, Fernández señaló que sin “una paz climática”, el mundo asistirá “a un aumento de migraciones forzadas y a la disminución de la productividad económica”. Esta era una preocupación especial que Centroamérica quería que el jefe de Estado transmitiera.

“La política de sobrecargos cobrados por el FMI también debe ser revisada”, volvió Fernández sobre un reclamo en el que hacía hincapié Cristina Fernández de Kirchner. “Los derechos fiscales para las grandes corporaciones multinacionales, especialmente en la economía digital; el impuesto mínimo global como medio de implementación de protección climática; y un nuevo marco de tratamiento de las deudas soberanas también requieren una urgente implementación”, continuó el Presidente con su retahíla de reclamos. “Los paraísos fiscales generan infiernos sociales. Constituyen un ejemplo de injusticia social que posterga el derecho a un desarrollo sostenible e inclusivo”, disparó el presidente, con un mensaje tanto para los países ricos que cobija a las sociedades offshore como a la oposición argentina que las defiende, aunque las usan políticos de todos los colores.

Después de su discurso, Fernández continuó con su raid de reuniones bilaterales, que comenzó ayer con el indio Narendra Modi. Primero, con la presidenta de la Comisión Europea (Poder Ejecutivo de la UE), Ursula von der Leyen, interesada en reactivar el acuerdo de libre comercio Unión Europea-Mercosur. Después, con Scholz, con el que se prevé que profundicen el diálogo que mantuvieron en mayo en Berlín sobre la posibilidad de que la Argentina le exporta gas a Alemania dentro de cuatro años. La siguiente cita será el británico Boris Johnson, justo en el año del 40º aniversario de la Guerra de Malvinas. Más tarde será el turno del italiano Mario Draghi, que también busca abastecerse de energía por el faltante ruso. Luego el Presidente será verá con el presidente del Consejo Europeo (donde están representados los países de la UE), Charles Michel. Con Kishida, en cambio, habrá un encuentro informal en la cena de despedida del G7 en el castillo Elmau, el mismo que el nazismo usó para la convalecencia de sus soldados y que después de la Segunda Guerra Mundial sirvió como hospital de las tropas norteamericanas y luego como centro de rehabilitación de sobrevivientes de los campos de concentración.

AR 

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