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La motosierra recortó libros, medicamentos, comida, trenes, universidades y gas

El presidente Javier Milei, con una motosierra, durante su visita a la Sociedad Rural, en la víspera de su viaje a Córdoba.

Alejandro Rebossio

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Ya hubo experimentos libertarios fallidos en el mundo. En un pueblo de EE UU, Grafton, duró entre 2004 y 2014 y terminó colapsando por el retiro del Estado de servicios esenciales. Y en Reino Unido, en los 45 días que duró Liz Truss como primera ministra –la máxima autoridad de un país donde no gobierna el rey– se vino abajo por el desfinanciamiento del Estado al recortar los impuestos a los más ricos.

Javier Milei se autoproclama como el “primer presidente liberal libertario de la historia de la humanidad”, una frase que puede ser cierta porque Truss no tenía ese cargo exacto, aunque era tan jefa de gobierno como él. Al igual que la británica pretende bajarle los tributos a los más tienen: de eso se trata el alivio a Bienes Personales, el blanqueo y el Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) que se tratarán este miércoles en el Senado, al mismo tiempo que se sube el monotributo a las categorías más bajas. Y en su primer medio año aplicó la motosierra a casi todo el gasto público –no todo, porque los pagos de deuda, los ejercicios militares y la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, quedaron a salvo–, desde algunos pocos de la “casta política” hasta varios de servicios esenciales para la vida en sociedad... y no es que apareció todavía la “mano invisible” del mercado para suplirlos. 

“Voy a bajar más el gasto público hasta que le duela a la política”, prometió el jefe de Estado la semana pasada, tras el aumento jubilatorio votado por la Cámara de Diputados, pero por ahora a los que más les duele es a determinados ciudadanos. Miremos los datos oficiales de los primeros cinco meses de 2024 ajustados por inflación (para ver su impacto real) relevados por la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP):

– Uno de los primeros recortes más polémicos del Gobierno fue aplicado en enero pasado por la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, después de denunciar uno de los supuestos curros que detectó: la entrega de medicamentos a pacientes de enfermedades graves como cáncer, que estaba en manos de la Dirección de Asistencia Directa por Situaciones Especiales (Dadse). La Dadse después pasó a manos del ministro de Salud, Mario Russo, pero aún continúa con déficits en el reparto, según constató esta semana el diario Clarín. No es casualidad: el gasto en el programa Cobertura Sanitaria Compensatoria redujo su ejecución en los primeros cinco meses del año en un 93,7%. Hay una causa judicial contra la ministra por el presunto abandono de pacientes graves.

– Cuando comenzaron las clases en marzo, los alumnos de escuelas públicas no recibieron los libros gratuitos que cada año se entregaban por el plan Libros para Aprender. Se trata de otra poda de Pettovello y, en este caso, su secretario de Educación, Carlos Torrendell: el programa Mejoramiento de la Calidad Educativa se ajustó en cinco meses un 99,6% en términos reales. Es decir, quedó reducido a casi nada. Mejor suerte tuvieron quienes zafaron de la motosierra en Educación: los 300 contratados allí sin restricciones presupuestarios a través del mecanismo investigado ahora por la Justicia de pagarles el sueldo a través la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

– Desde que comenzó el gobierno libertario, Pettovello y su ahora exsecretario de Niñez, Adolescencia y Familia, Pablo de la Torre, dejaron de entregar alimento a los comedores con el argumento de eliminar intermediarios políticos, es decir, las organizaciones sociales, y se firmaron convenios para enviar dinero a los merenderos de iglesias evangélicas, Cáritas o la fundación Conin. Más allá de los casos investigados por la Justicia de desvíos en los movimientos sociales, o del impacto negativo de la organización comunitaria en barrios asolados por el narco, la poda real de la política de comedores y merenderos comunitarios fue del 46%, o sea, casi a la mitad. Pese al aumento de la pobreza por el nuevo salto inflacionario, Pettovello y Torrendell tampoco compensaron dando más comida a los comedores escolares, que redujeron su presupuesto ejecutado en un 87,5%. 

– Uno podría pensar que la ministra y el despedido De la Torre iban a contrarrestar el ajuste a comedores con la Tarjeta Alimentar, cuyo fuerte aumento anunció con bombos y platillos el ministro de Economía, Luis Caputo. Es cierto que ya en el anterior gobierno, en los primeros cinco meses de 2023, por cada peso destinado a merenderos comunitarios iban $32 a la tarjeta, que además fue creada por esa administración. En lo que va de 2024, esa proporción se elevó a $54 a $1. Pero eso no implicó un aumento real del gasto en la prestación Alimentar sino su reducción, pese a la inflación y la pobreza: disminuyó 10% en términos reales. Por eso, en el conjunto de políticas alimentarias, que incluye la Alimentar y los comedores, las erogaciones disminuyeron 17%. No por nada hay más gente que come menos veces al día, como refleja la encuesta de la Universidad Católica Argentina (UCA), mientras se multiplican los casos de inseguridad en la ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Los 90 heridos del accidente de tren del pasado en el ferrocarril San Martín también podrían sumarse a la lista de víctimas del ajuste si la Justicia termina de comprobar que el choque ocurrió porque se robaron cables de los semáforos y no se repusieron a tiempo. Los números de la desinversión ferroviaria son elocuentes en comparación con un gobierno anterior que tampoco se destacó en la materia: las transferencias del Tesoro a las empresas de ferrocarriles para inversiones se podó 90,1%. No es casualidad el accidente ni que haya trenes que se queden en el camino o deban reducir su frecuencia porque tienen que andar más lento por vías sin mantenimiento o porque salen de funcionamiento locomotoras y vagones que no se reparan. Los millones de viajeros que demoran más a diario para ir del conurbano a la capital para trabajar o estudiar son los perjudicados. Si antes demoraban dos horas entre tomarse colectivo, tren y otro bondi o un subte, ahora quizás agregan media hora más, según reconocen algunos usuarios. Se les van cinco, en lugar de cuatro, viajando de las 24 que tiene el día.

El desfinanciamiento a las universidades han sido motivo de la marcha más multitudinaria contra un ajuste de Milei. Tanto fue así que después el Gobierno, con Torrendell a la cabeza, debió negociar enviar más partidas. Sin embargo, el recorte llega al 25,2%, lo que explica por qué, pese a que la luz y el gas están asegurados en las casas de estudios, todas las semanas hay paros de los docentes malpagos.

– Por último, los taxistas o las industrias que sufrieron el 29 del mes pasado la interrupción del suministro de gas (el natural comprimido, GNC, se cortó en estaciones de servicio) también pueden sumarse a las víctimas de la motosierra. Por suerte fue un solo día. Se podría haber evitado si se terminaban las dos plantas compresoras que duplicarían la capacidad de transporte del gasoducto Néstor Kirchner, que demoró el gobierno anterior y también el presente. También se podría haber evitado si se hubieran encargado más barcos con gas natural licuado (GNL) importado para mayo. Pero pasó el ajuste y no hubo gas. Con un junio cálido como hasta ahora, se evitaría otro corte. Al buen tiempo, mejor cara.

AR/MG

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