Pez limón, vino rosado y entusiasmo matizado por Milei de los grandes empresarios en un José Ignacio a reventar
Para los grandes empresarios argentinos que copan Punta del Este y su vecino José Ignacio desde el 20 de diciembre hasta este fin de semana, la agenda de eventos sociales no para. Uno de los más convocantes fue el cumpleaños este martes de Mauricio Filiberti, el dueño de Transclor –proveedora de cloro para AySA y otras operadoras de agua potable y de insumos para fabricantes de artículos de limpieza– y accionista de Edenor, en uno de los restaurantes más reputados de José Ignacio: el parado La Huella, en la zona donde se mudó hace años la movida más top.
Entre bandejas con pez limón, sushi, risotto y vinos de la bodega uruguaya Garzón –del petrolero Alejandro Bulgheroni y su esposa y embajadora de la marca país Argentina, Bettina–, conversaban Alejandro Roemmers –del laboratorio homónimo–, Jorge Brito –del Banco Macro, que no sigue la tradición de su padre de organizar la cita esteña más emblemática en su chacra de Mamá Ganso–, José Luis Manzano –socio del cumpleañero en Edenor, con inversiones petroleras, mineras y en Telefónica del Perú–, el matrimonio Alejandro Gravier-Valeria Mazza –con negocios inmobiliarios, de turismo y moda–, Alejandro Macfarlane –dueño de la distribuidora gasífera Camuzzi y con un proyecto para exportar gas de Vaca Muerta con Brito–, Augusto Marini –propietario de streamings para públicos enfrentados como Carajo y Blender– o Federico Salvai, del fondo Inverlat, con intereses en energía eléctrica –acaba de quedarse con la privatización de dos de las cuatro hidroeléctricas del Comahue– los alfajores Havanna y el gas -desde la compresión del que sale de la formación neuquina hasta la fabricación de tanques de GNC–.
Al igual que en el resto de los encuentros del establishment argentino en estos balnearios uruguayos, reina el optimismo por 2026. Son empresarios con negocios favorecidos por el modelo económico de Javier Milei, incluidos aquellos que desde este mes cobrarán más de 7,5 millones de clientes que pierden el subsidio que recibían. Estaban entusiasmados porque el respaldo popular que consiguió en octubre pasado le permite al presidente seguir con su ajuste, con un bloque más numeroso en el Congreso, aceptando el consejo empresarial de que dialogue con la oposición amigable, con la perspectiva de una reforma laboral primero y otra tributaria después. Sólo admitían interrogantes por si el plan de Milei puede generar más actividad económica, dado que está concentrado en las materias primas, pero no en el consumo masivo, la industria y la construcción. Igual confían en que la economía podría ir de menor a mayor a lo largo de 2026, como para que el líder ultra pueda arribar al año próximo fuerte para ser reelecto. Alguno expresaba sus dudas por la acumulación de reservas en el Banco Central.
Como en otras citas esteñas, la intervención norteamericana en Venezuela daba que hablar. Se mostraban tranquilos porque Milei estuviera “jugado” con Donald Trump. No obstante, compartían la preocupación de que no en el corto plazo pero más adelante se recupere la industria petrolera de este país, el de mayores reservas de crudo del planeta. Eso podría disminuir el precio internacional por debajo de US$60 el barril y afectar entonces las inversiones en Vaca Muerta. Pero por ahora ronda los 61 dólares.
Incluso los proveedores de Vaca Muerta o la minería están relajados por la competencia importada porque por ahora el negocio se agranda. No es como el consumo masivo, donde la torta se achica y hay que compartila con los rivales del exterior. Pero con la mira en el futuro, los inversores financieros ya castigan las acciones de YPF (51% estatal y 49% que cotiza en bolsa), Vista (la petrolera de Miguel Galuccio, que no descansa sino que anda trabajando por Europa) y Pampa Energía (de Marcelo Mindlin).
Al mismo tiempo que Filiberti soplaba las velas, uno de los dueños de Globant y de los millonarios que había emigrado en el gobierno anterior por los impuestos a Uruguay, Guibert Englebienne, reunía sobre todo a colegas suyos de la tecnología en otro de los restaurantes más cotizados de José Ignacio, Mostrador, de la Bodega Oceánica. No estaba el emperador del sector y también vecino oriental, Marcos Galperin, que prefiere las reuniones de trabajo. En el mundo empresarial no se descarta su paso a la política ahora que el 1 de enero dejó de ser CEO –sigue de accionista– de Mercado Libre.
En cambio, armaron sus propios cócteles, siempre bien regados por vino –la bebida de moda también de día en la playa–, Amalia Amoedo –una de las herederas de la cementera Amalia Lacroze de Fortabat, también recolizada en Uruguay–, los vendedores de autos Dietrich –incluido Guillermo, que acaba de lanzarse con la marca china BYD casi al mismo tiempo que la Justicia lo procesaba por presunto incumplimiento de los deberes de funcionario público cuando siendo ministro de Transporte de Mauricio Macri renegoció los contratos de las autopistas de acceso norte y oeste a Buenos Aires–, Macfarlane, Manzano y el empresario retirado Santiago Soldati y su yerno, Darío Turovelzky, CEO de Telefe, en su estancia El Capricho, vecina del emprendimiento inmobiliario Las Garzas de Eduardo Costantini.
El mes pasado, Costantini se quedó con las tierras que el condenado Lázaro Báez llegó a tener en José Ignacio e instalará en ellas con Adolfo Cambiaso unas chacras dedicadas al polo. Algunos ejecutivos se preguntan quién compra tanto desarrollo de propiedades en el Este y si hay lavado de dinero.
A diferencia de las reuniones de rosca política que organizaba Jorge Brito, padre en Mamá Ganso, en la era Milei en las fiestas esteñas se habla más de los negocios que planean, de las empresas privadas por comprar o de las privatizaciones que acelerará el libertario. Francisco de Narváez, dueño de Changomás, vendió sus supermercados uruguayos Ta-Ta –con baja perspectiva de expansión en un país ya estable, con US$22.000 de PBI per capita, frente a los 14.000 de la Argentina– para apostar por Carrefour en esta nación. Compite con el grupo peruano Intercorp. Quedó fuera de combate Germán Coto, el hijo de Alfredo que, a diferencia de su padre, quería reorientarse a la Argentina tras varios desarrollos inmobiliarios en Miami. De Narváez sueña con un crecimiento del consumo a largo plazo, no este año.
Entre la inflación que los bancos privados prevén que persista en el 2% por lo menos hasta marzo o abril incluido, unas paritarias por debajo de estos niveles, el tarifazo de luz y gas de este mes y los altos niveles de endeudamiento y morosidad crediticia, el ex diputado y sus colegas del comercio y la industria de alimentos y bebidas descartan que en 2026 se recuperen unas ventas que se hundieron año a año. En las cerveceras ha habido reducción de turnos de producción y retiros voluntarios. Hay clientes que compran en el súper con tarjeta en cuotas. Unos que recortan hoy gastos por temor a quedarse sin empleo mañana, a la vista de lo que les sucede a otros. Con un panorama así, Milei sueña con la reelección en la medida en que no aparezca una mejor alternativa que un regreso al pasado del 12% de inflación mensual. El Gobierno presupuesta un índice de precios al consumidor (IPC), que a partir de este mes dará más peso a los servicios, del 10% anual, pero las empresas manejan desde un 15% hasta un 27%. Sueña con una expansión del 5%, pero las compañías trazan un 3%.
En una juntada de empresarios de seguros, electrónica y consumo masivo regada por vino rosado uruguayo y en la que se disfrutaron calamares, langostinos y corvinas, los primeros se ilusionaban con extender pólizas al agro, Vaca Muerta y la minería. Los segundos se encomendaban a vender televisores por el Mundial pero en la medida en que bajen las tasas de interés y la morosidad. Mientras, los terceros también se preocupaban por el endeudamiento y la necesidad de bajar precios para liquidar los stocks ante la baja demanda. Achicar costos para competir es el nuevo mantra de los hombres y mujeres de negocios. Claro que también resulta necesario disminuir la irregularidad en los préstamos sobre la base de menores tasas, mejora de la actividad económica y reducción de la inflación, según comentan en un banco de capital local.
Hay charlas esteñas que discurren en otros restaurantes de José Ignacio, como Osaka, Gurisa y La Olada. En alguna se hablaba de que la francesa Veolia aspira a ganar la licitación de AySA. Y pensar que a otra francesa Suez, el gobierno de Néstor Kirchner le había rescindido la concesión de la antecesora de AySA, Aguas Argentinas, por incumplimientos contractuales. El grupo ferroviario mexicano Ferromex aspira a quedarse con todos los trenes de carga. Por el Belgrano, que va al noroeste, enfrentará a un consorcio de cerealeras, Bunge, Louis Dreyfus, Asociacion de Cooperativas Argentinas (ACA) y Aceitera General Deheza (AGD), a la que el Gobierno le renovó por siete años: y eventualmente a la minera Rio TInto. Dreyfus viene de perder en alianza con Molinos Agro –de los Perez Companc– la disputa por hacerse con Vicentin, en concurso preventivo. La Justicia santafesina prefirió a un rival de menor monta, el corredor de granos Mariano Grassi, socio de Gustavo Scaglione, dueño de medios rosarinos y Telefe. Mientras, los tribunales de Comodoro Py embargaron a Javier González Fraga, Lucas Llach y al resto de la cúpula del Banco Nación en la era Macri y a la ex directiva de Vicentin por presunto fraude de US$300 millones por el megapréstamo que la entidad estatal le dio a la aceitera un año antes de entrar en convocatoria de acreedores.
Por el ferrocarril San Martín, que se dirige al oeste, y por el Urquiza, que corre hacia el noreste, no aparecerían más interesados que Ferromex. Habrá que ver si los actuales concesionarios de los trenes al sur, el Ferroexpreso Pampeano, en manos del grupo Techint, y el Ferrosur Roca, en poder de la cementera Loma Negra, se vuelven a presentar, pese a su reticencia al futuro sistema open access (acceso abierto) que permite que otras empresas operen sobre sus vías. Mientras, las constructoras de siempre, las mismas de la causa cuadernos, apuntan a las concesiones de rutas.
En la licitación de la hidrovía del río Paraná, cuya profundidad se aumentará de 34 a 38 pies con opción a llegar a 40, se espera que el actual contratista, el belga Jan de Nul, se enfrente a su compatriota DEME y a la neerlandesa Van Oord. Pero el que gane deberá subcontratar servicios y pueden allí aparecer empresarios amigos de funcionarios. Pero entre las cerealeras están cansadas de las idas y vueltas con el asunto y aspiran a que esta vez la subasta no se caiga como el año pasado. No les importan ya las objeciones a que haya una tarifa mínima, ni que no se obligue a profundizar hasta los 40 pies. Aspiran a que arranque la nueva concesión para cargar más sus barcos con granos, aceites y harinas, así como a una mejora del ferrocarril de cargos. Están envalentonados con la baja de retenciones, aunque aspiran a más. Aunque desearían mejores precios internacionales de los cultivos y del dólar, esperan exportar más, una buena cosecha de maíz, pero rezan para que llueva sobre las plantaciones de soja. Presionan por un cambio de la ley de biocombustibles que fomente los que usarán los aviones, como están haciendo EE UU y Brasil.
De macroeconomía y negocios se habló este miércoles en el evento que organizó el banco JP Morgan en Punta del Este. Merrill Lynch e Itaú armaron los suyos. Esta semana también el economista Damián Di Pace presentó acá su último libro, El futuro de las pymes, en el que pone casos exitosos de pequeñas y medianas empresas que mejoraron su actividad con la adopción de tecnología. Di Pace advierte que las pymes argentinas están complicada por la competencia porque la presión tributaria nacional bajó un poco en estos dos años de Milei, pero subió la de provincias y municipios, porque las tasas altas las dañaron en 2025 y porque las mejoras de competitividad vía reformas o inversión en infraestructura llegarán más tarde que la actual ola importadora. Incluso hay dudas empresariales de qué quedará del proyecto oficial de flexibilización laboral y si responderá a sus necesidades.
En una Punta del Este explotada de argentinos se multiplicaron también las acciones de promoción de marcas exclusivas, incluidas las automotrices. En 2025 se vendieron 48% más vehículos en la Argentina, unos 610.000, pero se produjeron 3% menos nacionales, la segunda caída consecutiva. Sólo se incrementó la fabricación de las pick ups de Toyota y Ford, dado que elaboran modelos que se venden en todo el mundo, no sólo en el Mercosur. Por eso, Prestige Auto, la empresa de Pablo Peralta, Daniel Herrero y Alfonso Prat-Gay que tiene la licencia local de Mercedes-Benz, aspira a crecer exportando no sólo a Brasil sino a nuevos destinos de Latinoamérica y África. Para 2026, la expectativa es que se vendan entre 620.000 y hasta 700.000, si se reactiva el crédito perdido en la campaña electoral y por el arancel cero para importar autos híbridos y eléctricos. Al menos comienzan a acelerarse los proyectos de competidores argentinos sin motor a combustión: Stellantis tomó la delantera el año pasado con los Peugeot 208 y 2008 y para 2027 se aguardan lanzamientos de pick ups de Toyota, Ford, Volkswagen y Renault. El problema es que cada vez los vehículos argentinos cuentan con menos autopartes locales, porque por la carga tributaria, la escala y el acceso al crédito y la tecnología los proveedores nacionales quedan desplazados por la importación. Pero quizás los que gastan divisas en productos foráneos son tan héroes como los que veranean en Punta del Este y otros destinos del exterior, como dice el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger.
AR/MC
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