Opinión

Santo Domingo levanta una muralla entre la cruz española y el vudú creole de Haití

"Contará con sensores de movimiento, cámaras de reconocimiento facial, radares y sistemas de rayos infrarrojos", había anunciado en febrero el presidente Luis Abinader sobre la verja en construcción a lo largo de los 400 kilómentros del límite internacional entre su República Dominicana y Haití.

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La total militarización de la frontera entre la República Dominicana y la República de Haití, de 376 kilómetros de longitud, y el control mafioso del paso que contará por orden del presidente dominicano Luis Abinader  de una "doble verja perimetral” no impide que el Ejército con inspectores de Migración, detengan a otros 560 haitianos que cruzaron la frontera sin permisos, con lo que se eleva a 1.055 arrestados sólo durante la primera semana de septiembre .

La colonia española de Santo Domingo – luego República Dominicana-  , que los pueblos originarios taínos llamaron la Quisqueya, “gran madre de la tierra”, fue el asentamiento inicial de los conquistadores europeos en las Américas, entre ellos el teólogo y jurista dominico fray Bartolomé de Las Casas - el primero en denunciar los crímenes contra los indios en su Brevísima Relación de la destrucción de las Indias. Tuvo la primera iglesia en el Nuevo Mundo y la primera en recibir a los negros secuestrados en África para ser esclavizados en las plantaciones de caña de azúcar.

El país ubicado en la parte central y oriental de la isla Española, comparte con la República de Haití, ex colonia francesa de Saint Domingue, una frontera de 376 kilómetros heredada de la época colonial que ilustra la independencia de República Dominicana por separación de Haití, después de la “independencia efímera” de España en 1821 cuando se autodenominó Estado del Haití Español y luego afiliada a la Gran Colombia de Bolívar. Haití, la primera revolución independentista del continente que culminó con la liberación de los esclavos negros y la instauración en 1804 de la Primera República negra del mundo, en 1822 invadió la población dominicana con el firme propósito de hacer de La Española un territorio único e indivisible. 

“Huyó todo el que pudo hacia tierras extrañas", escribió el gran intelectual dominicano, Pedro Henríquez Ureña sobre el momento de la llegada de los haitianos a la parte hispanohablante de la isla. "Se cerró definitivamente la universidad; población y conventos abandonados quedaron pronto en ruinas... todo hacía pensar que la civilización española había muerto en la isla predilecta del Descubridor". Desde entonces, un sentimiento contrario a los haitianos fue creciente por las medidas dirigidas a un destino manifiesto de "haitinización” de la población dominicana. En contrapartida, las elites de la sociedad dominicana alimentaron un discurso nacionalista centrado en el antihaitianismo valido de pares antagónicos, catolicismo vs vudú, castellano vs creóle, población blanca vs población negra. 

En 1844, con el  "Trabucazo de la Independencia" se declaró la independencia de la República Dominicana. En los años siguientes, la zona fronteriza incrementó actividades económicas y comerciales, muchas en las ferias de Cabo Haitiano y Puerto Príncipe. La moneda más utilizada en los intercambios fue la gourde haitiana y las transacciones en creole. Paulatinamente, la radicación de familias dominicanas y algunas familias haitianas radicadas en Dajabón favoreció una sociedad fronteriza bilingüe y con una cultura común.

Con la invasión de los EEUU, en 1915 Haití y en 1916 República Dominicana,  los aduaneros estadounidenses impusieron el uso de documentos para cruzarla. Tras el acuerdo “Huges-Peynado” para la salida de las tropas estadounidenses, se implementaron varias medidas en vista a intensificar la presencia del estado dominicano en la zona.

Con el gobierno autoritario de Rafael Leónicas Trujillo (1930-1961) , un mulato de piel clara, nieto de una mujer haitiana, las fronteras fueron rediseñadas a través de genocidio y etnonacionalismo en una escala sin precedentes. Utilizó la legitimidad de los eruditos e intelectuales para reescribir la historia de República Dominicana conforme a un modelo de identidad apropiado para sus intereses. Haití como una peligrosa amenaza, y desconsideró la histórica colaboración entre dominicanos y haitianos. Si desde los inicios de la República, los indígenas pasaron a representar una categoría no blanca, pero tampoco negra, con una percepción diferenciada del mulato que no hacía ninguna alusión a cualquier herencia africana, esta visión fue exacerbada en el gobierno de Trujillo. La narrativa de las descripciones de la barbarie del haitiano negro, inculto, practicante del vudú y enemigo de la gran Nación dominicana eran frecuentes y fueron incorporadas  en la vasta obra xenofóbica  de la ‘era Trujillo’ por importantes figuras, en particular: Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer .

En octubre de 1937, Trujillo ordenó la masacre haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana - cuya cifra fue de 35 000 según el  historiador dominicano Bernardo Vega-, como parte del programa de “dominicanización” de la frontera. Este crimen de lesa humanidad fue conocido como la Masacre de Perejil.  La guardia dominicana usó la pronunciación de la “r” intervocálica para decidir quién era “haitiano” de origen africano, francófono o de lengua crèole. Y exigían que los detenidos dijeran “perejil” por la supuesta inhabilidad para pronunciar la relativamente suave “r” en español como indicador de la identidad haitiana. Una letra podía significar la vida, o la sentencia de muerte.

Fiestas y chivos  

El dictador – novelado en varios libros, entre ellos el del Premio Nobel Mario Vargas Llosa La fiesta del chivo, un título acorde al carácter depredador del personaje-  abonó el odio separando a los pueblos por presuntas "etnias". La antropóloga dominicana Saudi García sostiene que “Trujillo llevó a cabo un programa de inspiración nazi que llamó ‘dominicanización' de la frontera. Y los Gobiernos de República Dominicana, hasta hoy, se han encargado de cultivar esa animosidad en las comunidades fronterizas falsificando la historia, creando la leyenda de una permanente amenaza”. García, miembro de In Cultured Company, arguye que los intereses políticos y económicos crearon un enemigo como fórmula de sobrevivencia de grupos de poder sintetizado en el concepto de “invasión haitiana” desmentido por los hechos. Los guerrilleros luchadores nacionalistas contra la primera ocupación norteamericana (entre 1915 -1934 en Haití y entre 1916 - 1925 en República Dominicana) colaborarían entre uno y otro lado de la frontera. En 1965, cuando EEUU volvió a invadir Santo Domingo, numerosos combatientes haitianos tuvieron una destacada participación. El gobierno dominicano de Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD)  dispuso el primer y más grande centro de acogida de los desplazados cuando Haití fue asolada por el terremoto devastador en 2010. Sin embargo, en 2015 un comunicado oficial del gobierno dominicano presidido por Danilo Medina (PLD)  se refirió a los inmigrantes haitianos y haitianas como personas que han cruzado a República Dominicana “como Pedro por su casa”; calificándolos como “carga”, “fardo”. Más sencillo poner en peligro a los cientos de miles de inmigrantes haitianos que explicar el destino final de los U$S 92 millones pagados por Odebrecht en sobornos y la laxitud  de la  justicia, encausando solo a 14 funcionarios en libertad condicional.

Simpatizantes de estos conceptos alienantes, un grupo de dirigentes políticos, congresistas, periodistas y hacedores de opinión pidieron a  la ciudadanía un millón de firmas para apoyar la construcción de un muro fronterizo que separe ambos países. De hormigón armado y 6 metros de altura que cubra los 382 kilómetros lineales de la frontera domínico-haitiana. Un millón de veces el costo de la canasta básica de sobrevivencia de los que viven en condiciones de pobreza en República Dominicana. Un muro que atravesará cinco provincias donde hay más letrinas que sanitarios, más cubetas que acueductos y más ranchetas que casas dignas. 

Cuando el ex presidente Trump propuso modificar la Enmienda 14 de la Constitución de EEUU con el objetivo de que los hijos/as de inmigrantes sin papeles no tengan derecho a la ciudadanía quizás ignoraba que tenía un precursor. En 2013, República Dominicana incorporó a la Constitución la sentencia 168-13 que decide que todo dominicano/a hijo/a de inmigrantes indocumentados nacidos desde 1929 en adelante dejaban de ser dominicanos, tuvieran o no documentos. También en 2010, ilegalizó el aborto en todas sus formas y proscribió uniones legales entre personas del mismo sexo

Este año, el actual presidente Luis Abinader del Partido Revolucionario Moderno (PRM),  que apenas asumió -en agosto 2020- debió  la pandemia del Covid, en su informe anual de gestión, anunció la construcción del muro que incluirá una doble verja perimetral en los tramos más conflictivos y una simple en el resto. Además de sensores de movimiento, cámaras de reconocimiento facial, radares y sistemas de rayos infrarrojos. Y confirmó que en el mes de octubre se iniciará la obra. El anuncio resonó en un panorama donde los reclamos sociales por las desigualdades de género y la interrupción voluntaria del embarazo, medio ambientes, salud, educación,  y combate contra la corrupción están sin resolver

Sin embargo,  la segunda semana de este mes , un enorme operativo llamado Operación Falcón liderado por la Procuraduría General de la República y la Dirección Nacional de Control de Droga (NCD), con apoyo de la DEA de EEUU, contra una poderosa banda de narcotráfico que costó el arresto del director de Comunidad Digna Juan Maldonado Castro y otros funcionarios.  Y el presidente Abinader reiteró enfáticamente el compromiso de su gobierno de luchar contra el narcotráfico y la criminalidad.

Dos temas quedan con reservas para este gobierno: los derechos de la comunidad LGBTIQ+ y la restitución de la nacionalidad de los dominicanos de ascendencia haitiana afectados por la sentencia 168 de extremo de racismo institucional.

William Charpentier, coordinador de la Mesa Nacional para las Migraciones y Refugiados, sostuvo  "Es una persecución permanente. Lamentamos realmente que un Gobierno que dice ser de cambio, no esté respetando mínimamente la dignidad y el derecho de los inmigrantes en la República Dominicana”.

En República Dominicana viven 10,5 millones de personas, de ellos, 500.000".  son haitianos. Pero el éxodo no solo se registra hacia el país vecino, miles transitan por países de América Latina huyendo de la desigualdad, pobreza y crisis institucional  - principalmente después del asesinato de su presidente Jovenel Moïse. Haití recibió vacunas AstraZeneca contra el Covid-19 por parte del gobierno dominicano, que también entregó dosis a Honduras y Guatemala, los tres países menos inmunizados de Centroamérica y el Caribe, junto a Venezuela. En tanto, el país que inició la construcción del muro, reabre sus fronteras y  recupera el 96% de turismo pre pandemia.

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