Elecciones legislativas en Francia

La alianza de fuerzas de izquierda de Mélenchon pone en jaque la mayoría de Macron en el Parlamento francés

El líder del partido Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, en un mitin en París de Nupes, la alianza de partidos de izquierda y ecologistas en la campaña de las elecciones legislativas.

Amado Herrero

París —

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A unas horas de la primera vuelta, con un resultado incierto y el equilibrio de poder en el Parlamento en el aire, la campaña para las elecciones legislativas no consigue despertar el interés de los franceses. El cansancio después de las presidenciales, la ausencia de debate entre los representantes de los partidos –especialmente en televisión– y un Gobierno que ha optado por la discreción hacen presagiar una alta abstención. Solo la Nueva Unión Popular, Ecologista y Social (Nupes), plataforma que agrupa a la mayor parte de fuerzas de izquierda, ha roto esa tendencia al desinterés y ha logrado colocarse en el centro de los debates.

Un sondeo de Ipsos-Sopra Steria para la radiotelevisión pública francesa situó este jueves a la plataforma al mismo nivel que la coalición de Emmanuel Macron y sus aliados en intención de voto (28% y 27%, respectivamente). En tercera posición estaría la Agrupación Nacional de Marine Le Pen (19,5%). Sin embargo, los expertos en demoscopia advierten sobre la dificultad de anticipar cómo se traducirán esos datos en el reparto final de escaños el próximo día 19, ya que cada diputado se elige de manera local en las 577 circunscripciones, con un sistema de doble vuelta y ecuaciones muy diferentes según cada territorio.

Una de las cosas que sí parecen claras es que la alianza de fuerzas progresistas va a mejorar los resultados de 2017 (64 escaños) y va a aumentar considerablemente su presencia en el Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional. Nupes, que agrupa a Francia Insumisa, Europa Ecología-Los Verdes, el Partido Comunista y el Partido Socialista –si bien una parte de los miembros del PS rechaza el pacto– se ha erigido como principal alternativa al partido presidencial. Su apuesta para lograr una mayoría parlamentaria que fuerce a Macron a nombrar a Jean-Luc Mélenchon como primer ministro ha conseguido prolongar la dinámica positiva de la campaña presidencial y movilizar a una parte importante de las fuerzas de izquierda.

Los primeros resultados en las circunscripciones de los franceses en el extranjero, publicados el pasado domingo, confirman este impulso. Aunque los candidatos macronistas han llegado en cabeza en la mayoría de territorios –con la notable excepción de Manuel Valls–, Nupes muestra una mejora importante al clasificarse para la segunda vuelta en diez circunscripciones de 11, el doble que las fuerzas de izquierda en 2017.

Las proyecciones de Ipsos publicadas este jueves apuntan a que el movimiento que apoya a Macron –llamado Ensemble, que incluye al partido del presidente, La República en Marcha– obtendrá entre 260 y 300 escaños, frente a los 175-215 de Nupes y los 20-50 de la Agrupación Nacional de Le Pen. La derecha gaullista, dividida en varias formaciones, recibiría entre 35 y 55, resultados históricamente bajos.

Hace cinco años, un mes después de la llegada al poder de Macron, su partido logró una abrumadora mayoría de 313 diputados, además de los 47 de sus aliados del MoDem. Después de su reelección, el presidente y sus apoyos contaban con una campaña relativamente fácil para repetir resultados y gobernar con un gran margen de maniobra gracias a una nueva mayoría absoluta –a partir de 289 diputados–, pero la dinámica impuesta por Mélenchon y Nupes ha cambiado el escenario.

Aunque la mayoría de expertos cree que La República en Marcha será el partido con más escaños y que Ensemble tendrá mayor representación que Nupes, existen muchas dudas respecto al margen de esa posible victoria y a las dificultades que puede suponer para el Gobierno no disponer de una mayoría de cara a las reformas más controvertidas que planea para este mandato. Y, aunque es improbable incluso la posibilidad de una derrota, impensable hace varias semanas, se considera ahora como “no imposible”, según ha transmitido el Elíseo a varios medios franceses.

Contra Mélenchon

En Francia, el presidente de la República es quien nombra al primer ministro y este el que forma un Gobierno, que debe obtener la confianza de la Asamblea Nacional. En 1997, la victoria de Lionel Jospin, que lideraba una coalición de fuerzas de izquierda, obligó al presidente Chirac a nombrarlo como primer ministro. Así que, para evitar sorpresas, las principales figuras del partido presidencial han subido el tono de los ataques contra Mélenchon para intentar capitalizar las reticencias que los electores moderados pueden tener ante el líder de Francia Insumisa, cuya imagen de radical y poco conciliador aparece en la mayoría de los sondeos.

“Una vez terminada la campaña presidencial y esa especie de estado de gracia de la que disfrutó, Mélenchon no consigue aparecer como un líder político tranquilizador de cara a las elecciones legislativas, sobre todo por el estilo y el tono muy duros con los que ha decidido hacer campaña, lejos de la imagen de ‘altura’ que tenía durante la campaña presidencial”, dice el politólogo Jérémie Peltier, en una nota de la Fundación Jean-Jaurès. Hace unos días el ministro de Economía, Bruno Le Maire, tachaba a Mélenchon de “Chávez galo” y el exministro de Sanidad Olivier Véran avanzaba otro argumento repetido por la mayoría presidencial: una cohabitación con la izquierda liderada por Mélenchon provocaría una “crisis institucional” y un bloqueo.

Un suceso reciente ilustra esta estrategia de sus rivales. El pasado sábado, Mélenchon denunció en Twitter “un abuso de poder inaceptable” por parte de la Policía de París, después de que una joven muriera en un tiroteo y un hombre resultase gravemente herido tras huir de un control –los policías afirman que el coche arrancó en su dirección, algo que los otros ocupantes del vehículo niegan–. Un día después, Mélenchon añadía: “La Policía mata y el grupo faccioso Alliance [sindicato policial de derecha] justifica los disparos y la muerte por 'negarse a obedecer”.

Las declaraciones han sido utilizadas por todos sus rivales para acusarlo de estar en contra de las fuerzas del orden. “Hay cosas que no puedo aceptar y una de ellas es que se insulte a quienes arriesgan su vida para proteger la nuestra”, dijo este jueves Macron en un viaje al pequeño pueblo de Puycelsi, en el departamento de Tarn. “Los extremos proponen añadir crisis a la crisis, retroceder en las alianzas”, dijo el presidente, poniendo al mismo nivel a Mélenchon y Le Pen, a los que acusa de “debilitar la unidad del país”.

El efecto Borne

La elección de Elisabeth Borne como primera ministra responde, en parte, a una estrategia destinada a restar fuerza a la alianza progresista: su experiencia en cargos relacionados con la transición ecológica, su pasado socialista y el anuncio de que su primer gran proyecto será una ley sobre el poder adquisitivo están, en gran medida, enfocadas a seducir al electorado de centroizquierda. Desde su nombramiento, la nueva jefa de Gobierno y sus ministros han intentado ser discretos y evitar polémicas, aunque las acusaciones de agresión sexual contra el nuevo ministro de Solidaridad, Damien Abad, y los incidentes alrededor de la final de la Champions League han complicado sus primeras semanas.

Según el sondeo de Ipsos, solo un 46% de los encuestados afirma que irá a votar este 12 de junio. La participación en la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2017 fue del 48,7% y esta podría estar aún por debajo. Además de la tardía designación del Gobierno y la discreción del nuevo Ejecutivo, que ha evitado hablar de reformas impopulares como la de las pensiones, otro factor importante es el perfil bajo de las figuras de los partidos de derecha y extrema derecha.

Le Pen, en particular, apenas se ha visto desde que acabó la campaña presidencial. El tipo de escrutinio penaliza particularmente a su partido y, aunque se espera que mejore los ocho diputados que tiene actualmente, la rivalidad con la nueva formación de extrema derecha de Éric Zemmour complica su progresión. Más difícil lo tiene el partido de derecha tradicional Los Republicanos, huérfano de liderazgo y en proceso de refundación después de la debacle electoral de Valérie Pécresse. De hecho, Macron espera suscitar un voto útil, esta vez entre la derecha, para frenar el ascenso de Mélenchon.

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