La candidatura de Trump se dispara tras una condena y tres imputaciones

Javier de la Sotilla

Washington —

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“¿Saben qué dicen las encuestas sobre mis votantes? Que son los más fieles. Podría disparar a la gente en medio de la Quinta Avenida y no perdería votos”.

Estas palabras las pronunció en enero de 2016 un opulento empresario reconvertido en una celebridad, Donald Trump, durante su primera campaña para las primarias presidenciales, que ganó con una contundencia absoluta (44,9%), casi el doble de votos que su principal competidor, Ted Cruz (25,1%). Cinco meses después, se impuso por la mínima a la candidata demócrata Hillary Clinton y ganó la presidencia de Estados Unidos con un discurso conservador y muy polémico.

Siete años y un mandato después, Trump está acusado de intentar sabotear la democracia estadounidense, de llevarse y esconder cientos de documentos clasificados tras dejar la Casa Blanca, de falsificar documentos fiscales para ocultar el soborno a una actriz con quien había mantenido una relación extramatrimonial y de cometer fraude financiero con su negocio inmobiliario. También fue condenado por abusar sexualmente de una mujer y, años más tarde, difamarla cuando ella confesó.

Pero sigue liderando en solitario las encuestas de su partido y está técnicamente empatado con Joe Biden. En marzo, dos meses antes de ser condenado por abuso sexual, Trump tenía una ventaja de solo 8 puntos sobre su rival en las primarias, Ron De Santis, el gobernador ultraconservador de Florida. Una condena y tres imputaciones después, hoy los separan casi 40 puntos, según la media de encuestas elaborada por FiveThirtyEight.

“Necesito una imputación más para asegurar mi elección”

Hace cuatro meses, justo antes de que el expresidente fuera imputado por primera vez, veinte puntos ya separaban a Trump de su principal rival en el Partido Republicano.

Según la última encuesta, el expresidente lidera en solitario las primarias, con un 39% más de apoyos que DeSantis: Trump obtiene el 53% de la intención de voto de los republicanos, frente al 14% de su rival. A mucha distancia, otros tres candidatos: el exvicepresidente Mike Pence, el senador Tim Scott y quien fuera embajadora de Trump en la ONU, Nikki Haley.

“Necesito una imputación más para asegurar mi elección”, posteó Trump en Truth Social horas antes de acudir al tribunal de Washington.

En vez de convencer a sus seguidores de la gravedad de los delitos que se le imputan, a cada acusación el expresidente ve reforzada su retórica: la existencia de una “caza de brujas” contra él, promovida, entre otros, por “Joe Biden y su familia criminal”, así como por un supuesto “Estado profundo”.

Unas afirmaciones que se ven refrendadas por DeSantis, que cerró filas con su rival frente a todos los casos judiciales: “Como presidente, terminaré con la militarización del Gobierno, reemplazaré al director del FBI y garantizaré un estándar único de justicia para todos los estadounidenses”, tuiteó el martes, tras conocerse los cargos contra Trump, a quien ya aseguró que indultaría, si fuera condenado y DeSantis elegido presidente.

Los votantes de Trump siguen convencidos de que las elecciones de 2020 fueron robadas, restan importancia a las graves acusaciones que pesan sobre él y desvían la atención hacia los problemas judiciales del hijo del presidente Biden, Hunter, cada vez que se pone en cuestión a su endiosado líder.

Victoria muy ajustada

Si las presidenciales se celebraran hoy mismo, se repetiría el embate electoral de 2020 –Trump contra Joe Biden– y el resultado sería, cuanto menos, igual de ajustado.

Eso es lo que se desprende del último sondeo electoral, la encuesta de la Universidad de Siena para el periódico The New York Times, que proyecta un empate técnico entre el republicano y el demócrata, con el 43% de los apoyos para cada uno. El 14% restante es el que decidirá el rumbo que tomará la primera economía del mundo, al menos, en los próximos cinco años.

La encuesta deja dos conclusiones claras. En primer lugar, que la polarización, que renació tras la elección de Obama en 2008 y se disparó tras la de Trump en 2016, sigue muy presente en la sociedad estadounidense. En segundo lugar, que el republicano es un animal mediático capaz de sobreponerse a viento y marea, y que hace honor a su particular manual de resistencia: no hay publicidad mala, lo importante es que hablen de él.

Si en 2016 se ganó la atención del mundo a base de declaraciones lascivas, fake news flagrantes e incorrección política, en esta campaña lo está haciendo con sus enredos judiciales.

Cientos de medios acudieron este jueves a la histórica cita de Trump con la justicia en Washington, en un tribunal federal situado a escasos metros del Capitolio. Otros tantos acudieron a la también histórica audiencia del magnate en Nueva York, la primera imputación penal de un presidente en activo o retirado, y en Miami, la segunda.

Después de cada una de estas mediáticas comparecencias en los juzgados, Trump siguió ganando apoyos.

JS