ANÁLISIS The Guardian

Estados Unidos, entre el alivio de los demócratas y el bloqueo que se intensifica en Washington

Washington (EEUU)
El presidente Joe Biden, durante la rueda de prensa en la Casa Blanca este miércoles después de las elecciones de mitad de mandato.

0

“Un suspiro de alivio”, como dijo Joe Biden el miércoles, es lo que ha traído el resultado de las elecciones de mitad de mandato con la constatación de que los republicanos de la extrema derecha de Trump probablemente no volverán al poder.

En las elecciones que deciden quién manda en el Congreso, Biden se anotó una victoria y Donald Trump, una derrota. Pero igual que en 2020, este suspiro colectivo no es suficiente para acabar con la disfunción política de Estados Unidos. Las cosas están a punto de complicarse.

Aunque los republicanos se desinflaron y su margen será muy inferior al que sugería la historia y pronosticaban los analistas de bola de cristal, parecen encaminados a obtener una mayoría en la Cámara de Representantes.

Eso significa que se termina el mandato de la demócrata Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara, al menos por ahora. El líder republicano Kevin McCarthy ha anunciado su intención de hacerse con el cargo de la presidencia, aunque tal vez es más apropiado describirlo como un cáliz envenenado.

Si McCarthy se impone, su escasa mayoría le dejará poco margen de maniobra para legislar. Tendrá que llegar a acuerdos con los demócratas o con los fieles de extrema derecha de Trump. En una cámara donde todos los miembros se creen presidentes, el líder puede encontrarse sometiéndose a la voluntad de congresistas como Marjorie Taylor Greene.

Así no es como se logra la unidad nacional. Pase lo que pase en el Senado, cuya suerte podría volver a decidirse con una segunda ronda electoral en Georgia, Estados Unidos vuelve a una era de gobernanza dividida y de dos años de guerra de trincheras.

Esto representa un problema para el programa legislativo de Biden y es una situación similar a la que vivió el anterior presidente demócrata, Barack Obama. Tras protagonizar grandes logros durante los dos primeros años como presidente, en los seis que siguieron Obama se encontró con un escenario limitado con pocos resultados.

Laberintos sin salida

Biden ha hecho campaña como apóstol del bipartidismo y ha obtenido algunas victorias en infraestructuras, control de armas y prestaciones a los veteranos del ejército. Pero ahora tiene enfrente a unos republicanos más combativos que lo ven todo a través del prisma de las elecciones presidenciales de 2024.

Es de esperar que la mayoría republicana ponga en marcha una serie de investigaciones en el Congreso que vayan desde lo razonable (la chapucera retirada de las tropas en Afganistán ordenada por Biden) hasta lo insustancial y para la galería (las medidas tomadas por Anthony Fauci en la lucha contra la pandemia de la COVID o el ordenador portátil de Hunter Biden, hijo del presidente).

Se espera también una pelea que podría causar estragos en la economía sobre un aumento en el límite de la deuda pública de EEUU. También un intento por parte del ala trumpista del partido de acabar con la presidencia de Biden mediante un impeachment por motivos espurios y en venganza por los dos conatos demócratas de aplicar la máxima sanción sobre Trump.

Pero si los republicanos se extralimitan, podrían desatar una reacción en la opinión pública que aumente la simpatía por el presidente. Paul Ryan, el último republicano en presidir la Cámara de Representantes (entre 2015 y 2019), lo advirtió en Control, un nuevo podcast: “Creo que lo último que el pueblo estadounidense quiere ver es una nueva mayoría que se use como herramienta para una campaña vengativa de Trump o para una vendetta. Las mayorías no son para eso. Las mayorías son para cumplir con los intereses del pueblo estadounidense. Para mirar hacia adelante, no hacia atrás para que alguien ajuste sus cuentas. Así que eso va a ser un pequeño desafío”.

“Es importante que los congresistas responsables bajen la temperatura y se limiten a buscar la verdad asegurándose de controlar al poder ejecutivo, pero no haciéndose eco de teorías conspirativas, metiéndose en laberintos sin salida o exagerando”, añadió.

No va a ser saludable para el sistema democrático que los republicanos sean incapaces de resistirse a esos laberintos sin salida, sumándose a un bucle que ya hizo que millones de personas perdieran la fe en el sistema y pidieran un “drenaje del pantano”, como decía Trump desde el principio en referencia a Washington y sus dirigentes.

Echar leña al fuego

Televisiones por cable y redes sociales hiper-partidistas seguirán echando leña al fuego. Twitter, ahora bajo control de Elon Musk, podría volver a admitir a Trump justo a tiempo para una campaña presidencial especialmente bárbara.

El caos también perjudicaría la política exterior de Estados Unidos. Biden se ha pasado dos años asegurando al mundo que su democracia es segura y tratando de reconstruir alianzas.

Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, Biden volvió a contar la historia de cuando juró el cargo y asistió a una reunión de líderes del G7 para garantizarles que Estados Unidos había vuelto. “Uno de ellos se dirigió a mí y me dijo: '¿Durante cuánto tiempo?' Era una pregunta que nos habíamos ganado. '¿Durante cuánto tiempo?'”.

En otras palabras, ¿fue Trump la anomalía? ¿O la anomalía es Biden?

No parece probable que los nervios en Berlín o en Tokio se calmen con la posibilidad de extremistas que niegan la victoria de Biden en las elecciones presidenciales llevando la voz cantante en el Capitolio. “Con los republicanos, ni un céntimo más irá a Ucrania, nuestro país es lo primero”, dijo hace poco Greene, la congresista por Georgia de extrema derecha.

Incluso Kevin McCarthy advirtió el martes de que los republicanos no extenderían un “cheque en blanco” a Ucrania si finalmente se hacen con el control de la Cámara de Representantes. El consenso bipartidista en Washington sobre Ucrania –considerado como crítico para el mensaje constante de Biden de la democracia enfrentándose a la autocracia– puede desmoronarse con enormes ramificaciones globales.

“El pueblo estadounidense lo ha dejado claro, no quiere que cada día sea una batalla política constante. Ya hay demasiado de eso. Hay demasiadas cosas para hacer, el futuro de Estados Unidos es demasiado prometedor como para quedar atrapados en una guerra política interminable”, dijo Biden el miércoles junto al retrato de un pensativo Abraham Lincoln.

Pero mientras los periodistas preguntan a Biden si se presentará o no en 2024, y con la previsión de que Trump anuncie su propia candidatura a la Casa Blanca en los próximos días, la siguiente fase de la guerra política ya está en marcha. Teniendo en cuenta los defectos estructurales y déficits democráticos de Estados Unidos, lo más probable es que las cosas empeoren antes de que haya ninguna mejoría.

Traducción de Francisco de Zárate.

Etiquetas
stats