Denuncian que un periodista francés fue secuestrado y torturado por soldados rusos en Ucrania

Imagen de archivo de varios soldados en un tanque ruso en una carretera cerca de Armiansk, Crimea.

Lara Lema

elDiario.es —

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Soldados rusos secuestraron y torturaron durante nueve días a un asistente e intérprete ucraniano que trabaja para Radio France, según denuncia Reporteros Sin Fronteras (RSF). Nikita (nombre ficticio para proteger su identidad) fue capturado el pasado 5 de marzo y, según su relato, fue sometido a torturas, repetidas palizas, privación de alimentos durante 48 horas e incluso a un simulacro de ejecución.

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RSF, que ha verificado su relato con varias fuentes, tiene previsto transmitir su relato al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI). “Nikita nos ha dado un testimonio escalofriante que confirma la intensidad de los crímenes de guerra perpetrados por el ejército ruso contra los periodistas”, dijo el secretario general de RSF, Christophe Deloire. “Transmitir su testimonio al fiscal de la CPI es lo menos que podemos hacer por este joven y valiente guía”.

La CPI ya pidió a Rusia la semana pasada que cesara sus operaciones militares en Ucrania, algo que Rusia rechazó.

El secuestro del 'fixer'

Nikita, de 32 años, trabajaba para la radio como ayudante periodístico, lo que en el argot se llama “fixer”, habitualmente un periodista local que ayuda a enviados y corresponsales extranjeros. El secuestro se produjo cuando estaba acompañando a un equipo de Radio France que estaba de visita en el centro del país, no muy lejos del pueblo donde su familia se había refugiado. Tras enterarse que la carretera hacia el pueblo estaba abierta, pidió prestado el coche de Radio France para ir a evacuar a su familia.

Nikita relata que sufrió una emboscada por parte de una unidad de reconocimiento rusa al borde de un bosque de carretera mientras conducía con un cartel de “prensa” en la parte delantera del coche. Cuenta que le dispararon entre 30 y 40 tiros a su coche con armas automáticas y no fue capaz de huir. Gritó que era un civil, mostró sus manos para demostrar que estaba desarmado y salió del coche. Pero los soldados, él contó seis, parecían pensar que era un soldado que actuaba como explorador para guiar el fuego de artillería: lo agarraron, lo tiraron al suelo, lo registraron y lo golpearon.

A continuación, le taparon los ojos y lo llevaron a una casa situada a unos minutos de distancia. Le registraron el teléfono y encontraron información relacionada con su trabajo para Radio France (búsqueda de chalecos antibalas y el trazado de rutas) que les pareció sospechosa. Según cuenta, los soldados pensaron que era un espía que utilizaba su trabajo como tapadera, a pesar de que él les explicó que trabaja para periodistas extranjeros.

Le amenazaron pasándole un cuchillo por la cara y le golpearon repetidamente con las culatas de los rifles automáticos, en la cara y en el cuerpo. Nikita dice que sintió trozos de dientes en la boca y tosió sangre. También le arrojaron a una zanja, junto a un perro muerto, y le sometieron a un simulacro de ejecución: un soldado fingió que quería comprobar que su arma funcionaba y efectuó un disparo que rozó la cabeza de Nikita.

Dice que pasó casi tres días con las manos a la espalda atado a los árboles en un campamento en el bosque. Cuenta que le siguieron golpeando y llegó a perder el conocimiento varias veces. Además, le robaron el anillo de matrimonio y le quitaron los zapatos. Nikita dice que los soldados parecían hacerlo para divertirse.

Torturado con descargas eléctricas

Después de otros dos días atados, él y otros dos prisioneros fueron llevados en un coche blindado a un lugar situado a unos 40 minutos de distancia. Al llegar, los soldados lo sacaron del vehículo, lo tiraron al suelo, un soldado se sentó en su espalda y le hicieron las mismas preguntas que en el bosque.

Según denuncia, el soldado le subió el pantalón derecho a Nikita hasta la rodilla y otro le dio descargas eléctricas. En el testimonio recogido por Reporteros Sin Fronteras, relata que, con la cara pegada al suelo, no pudo ver qué instrumento se utilizó para administrar las descargas eléctricas, pero contó tres o cuatro descargas, cada una de las cuales duró entre cinco y diez segundos. Los otros dos civiles también fueron torturados. La otra persona que contactó con RSF dijo que le pusieron una bolsa en la cabeza para impedirle respirar y que le golpearon muy violentamente.

Nikita también cuenta que le obligaron a escribir y firmar una carta en la que declaraba su apoyo al Ejército ruso y a la invasión de Ucrania. A continuación, le llevaron a él y a los otros dos civiles al sótano de una casa cuyo suelo estaba lleno de agua y los dejaron allí durante dos días hasta que, tras rogar a sus guardias que los llevaran a un lugar menos frío, finalmente los trasladaron. El 10 de marzo, los llevaron al sótano de otra casa, donde se les unió otro preso, un antiguo funcionario ucraniano de alto nivel.

El intérprete relata que ahí fueron interrogados por un tipo diferente de soldado. Solo pudo verle las piernas, con los pantalones planchados, y las botas, limpias y pulidas, pero cree que podrían ser miembros del FSB (Servicio Federal de Seguridad de Rusia) o del GRU (Directorio Principal del Alto Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia).

Finalmente, el 13 de marzo fueron liberados. Nikita fue liberado en un bosque tras una hora de viaje. Cuenta que echó a correr pensando que lo iban a ejecutar, pero no oyó ningún disparo. Tras ser detenido por otros soldados rusos en la carretera, temió que le volvieran a secuestrar pero consiguió subirse a un coche de civiles ucranianos. “Si no se lo llevan le dispararemos en el acto”, dijo un soldado a los civiles.

Nikita se está recuperando, pero sigue teniendo moratones por todo el cuerpo, una pierna hinchada y dificultad para mover las manos como consecuencia de las descargas eléctricas. El médico que le examinó encontró hematomas en la cabeza y el cuerpo, una hinchazón en la pierna derecha y un entumecimiento de las extremidades que podría ser consecuencia de las descargas eléctricas.

Uno de sus compañeros detenidos está hospitalizado con heridas graves. Se desconoce la suerte del exalto funcionario. El otro preso, con el que RSF pudo contactar, dijo que se había librado sin demasiadas heridas ni otras consecuencias. Cuando RSF le preguntó por qué creía que habían sido liberados en lugar de ejecutados, respondió: “No creo que tuvieran el valor de cavar tumbas”.

RSF estableció contacto con él Nikita tras su liberación a través del Centro de Libertad de Prensa abierto en Leópolis. Las distintas partes de su relato fueron corroboradas por entrevistas con un miembro de su familia, con uno de sus antiguos compañeros de prisión y con dos periodistas de Radio France. Un colaborador de RSF le acompañó durante su examen médico, que confirmó los malos tratos físicos a los que fue sometido. RSF también estuvo presente durante sus llamadas a su familia.

Más ataques a periodistas

Desde que comenzó la guerra, los periodistas en Ucrania han denunciado en repetidas ocasiones ataques por parte de las fuerzas rusas. En la segunda semana de la invasión, un grupo de periodistas denunció que las fuerzas armadas rusas los atacaron mientras se dirigían en su vehículo de vuelta a Kiev.

El 1 de marzo, el cámara Yevhenii Sakun murió en el bombardeo ruso de la antena de televisión de Kiev. El 13 de marzo, el cámara estadounidense Brent Renaud falleció por un disparo en un ataque ruso en Irpin, en el que resultó herido otro reportero, el fotógrafo Juan Arredondo. Dos días más tarde, el cámara de la cadena Fox News, Pierre Zakrzewski, y la periodista ucraniana Oleksandra Kuvshynova murieron en otro ataque en Horenka, en las afueras de Kiev. El comité para la protección de periodistas (CPJ, en sus siglas en inglés) y otras organizaciones han denunciado también la desaparición y posible secuestro de varios periodistas, entre ellos el fotoperiodista y documentalista ucraniano Maks Levin, que está en paradero desconocido desde el día 13 de marzo.

Los periodistas de la agencia de noticias Associated Press (AP) Mstyslav Chernov y Evgeniy Maloletka denunciaron este lunes que sus nombres estaban en una lista negra y que las tropas rusas les persiguieron en Mariúpol mientras hacían su trabajo.

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