El 'shock' de la guerra en Ucrania ya provoca retrocesos ambientales

Una persona reposta combustible en una gasolinera.

Raúl Rejón

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La guerra en Ucrania ha provocado un shock a nivel mundial. Las consecuencias han provocado la adopción de medidas extraordinarias en la Unión Europea. El riesgo es que la urgencia de la guerra se lleve por delante salvaguardas ambientales que se habían asentado.

“No es aceptable que las medidas adoptadas para combatir esta crisis afecten negativamente a la naturaleza”, reflexionan en organizaciones ecologistas como Amigos de la Tierra, SEO-Birdlife, Greenpeace, WWF o Ecologistas en Acción. Sin embargo, según se prolonga la guerra, surgen ideas que implican fondos para los combustibles fósiles responsables de la crisis climática, miran con renovada simpatía la energía nuclear o levantan exigencias ambientales a la hora de realizar ciertas actividades económicas.

Subvención para los carburantes

España, por ejemplo, ha sido advertida reiteradamente por la Comisión Europea de que debía reducir las subvenciones públicas perjudiciales para la naturaleza. Uno de los puntos principales era el tratamiento fiscal especialmente favorable al gasóleo. A pesar de rebajarse la diferencia entre gasolina y diésel, la última revisión de Bruselas de 2019 decía que el margen aún se mantenía en más de un 25%.

La subida de los precios de los hidrocarburos en el primer trimestre del año agravada finalmente por el ataque ruso –que conllevó una movilización patronal de transportistas o que parte de la flota pesquera no faenara– ha terminado por traer una subvención extra a los carburantes. No ha bajado el precio en sí mismo, se abona 20 céntimos públicos por litro para rebajar la factura del consumidor final.

¿Dinero nuevo para combustibles fósiles?

El objetivo de reducir la dependencia del gas ruso generada por Europa ha reavivado el interés por la conexión de gas que pasa por el mediterráneo, el Midcat. Pero esta infraestructura todavía no está hecha y su presupuesto ronda los 3.000 millones de euros. La comisaria europea de Energía, Kadri Simson, ha dicho este martes que prefiere que se destine dinero a conexiones eléctricas desde la península, aunque no ha cerrado la puerta definitiva a este gasoducto. El proyecto tuvo carácter de interés para la Unión Europea hasta 2020 cuando decayó. De hecho, sendas auditorías oficiales española y francesa habían analizado que era poco rentable.

Al mismo tiempo, se ha recuperado la paralizada planta de Enagás en El Musel (Asturias). Tras quedar apartada durante años por sus grietas legales, ahora cuenta con el visto bueno del Ejecutivo para que sea un almacén en la idea de que España actúe como reserva de gas que permita agilizar el tránsito de buques metaneros al resto de Europa.

La directora ejecutiva de Greenpeace, Eva Saldaña, pide que no se den “pasos atrás” hacia un “modelo insostenible” que, a su juicio, representa recuperar estos dos proyectos gasísticos.

El encarecimiento de la electricidad en Europa por su vinculación con el gas comprado a Rusia ha mutado la mirada sobre la energía nuclear en lugares donde estaba en fase de despedida. Sin ir más lejos, Alemania.

Allí tenían un calendario para apagar sus tres últimos reactores que ahora puede revisarse. Incluso un ministro de Los Verdes Robert Habeck, no lo ha descartado. De momento, la cuentas no le salen al Gobierno alemán: aportan poco a su generación eléctrica como para mantener sus riesgos, según la ministra de Medio Ambiente, Steffi Lemke. Pero eso era en marzo y la guerra sigue.

'Hipersimplificación' para campos de renovables

La implantación de grandes campos eólicos o fotovoltaicos ya estaban generando algunos movimientos de protesta en los territorios. Especialmente en casos de grandes extensiones elegidas para cubrirse con paneles solares o hileras de aerogeneradores de grandísimas dimensiones. La evaluación ambiental de los proyectos es la garantía a la que han hecho referencia tanto las instaladoras como el Ejecutivo.

Lo que ha ocurrido es que, al darse de bruces con la todavía dependencia fósil de Rusia, la Unión Europea ha pedido acelerar el desenganche. El decreto de medidas especiales por la guerra dice que “el incremento desorbitado del precio de la electricidad en los mercados mayoristas (…) impulsado fundamentalmente por el incremento en la cotización del gas” hace “imprescindible acelerar la transición ecológica para reducir emisiones y la dependencia de combustibles fósiles importados”. Así que se ha simplificado muchísimo la tramitación de campos de renovables: se podrá incluso eludir la evaluación de impacto ambiental tras un primer análisis en las instalaciones proyectadas que no pisen zonas protegidas.

Este artículo afecta a grandes plantas solares de unas 300 hectáreas y campos de unos 25 aerogeneradores. En este sentido, el diputado de Unidas Podemos, Juantxo López Uralde, ha dicho que la “necesaria” transición a energías renovables, “no puede suponer la supresión de garantías ambientales”.

Tierras en barbecho

La Comisión Europea ha permitido que se dediquen tierras de interés ecológico al cultivo sin penalizar. Bruselas mantiene los pagos a explotaciones agrícolas con “prácticas beneficiosas para el clima y el medio ambiente” aunque no se realicen esas prácticas a cambio de producir más.

Los fondos se abonan si se diversifican tipos de cultivo. Y la tierra que se deja en barbecho, que no se labora para que el suelo se recupere y se regenere, computa en esa diversificación. “Las tierras que iban a quedar en barbecho podrán ser pastoreadas o sembradas con cualquier cultivo sin que esto suponga ningún problema al agricultor en el pago de las ayudas de la PAC”, explicó el Ministerio de Agricultura al implementar esta medida.

Se van a poner en cultivo así 600.000 hectáreas que iban a descansar para “facilitar el aumento de producción agrícola”, según explica Agricultura. Para el secretario general de WWF, Juan Carlos del Olmo, esta medida muestra que “cuando llega la crisis se ponen en evidencia las grietas del sistema intensivista”.  

RR

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